¿El imperialismo colonial fue relevante como causa de la primera guerra mundial?



Entre finales del siglo xix y principios del siglo xx, mientras la Segunda Revolución Industrial acababa de forjar las bases del sistema capitalista, se intensificó el proceso de expansión colonial de las potencias mundiales. La Segunda Revolución Industrial transformó la economía de las potencias reduciendo el coste del transporte y de las comunicaciones [1]. Las causas principales de esta expansión colonial eran económicas, ya que las potencias recientemente industrializadas necesitaban más materias primas, nuevos mercados donde propagarse y nuevos territorios donde distribuir el exceso de población; políticas, debido a la búsqueda del prestigio nacional y la presión de algunas figuras políticas relevantes como Jules Ferry y Benjamin Disraeli; geoestratégicas y culturales, por el creciente interés por conocer nuevos lugares y extender la cultura occidental [2]. Sin embargo, cabe destacar que, en algunas ocasiones, las colonias no supusieron un buen negocio económico para las metrópolis, ya que comportaban más costes que beneficios [3] pero el prestigio nacional provocó que estas se mantuvieran. Algunas fuentes afirman que el imperialismo colonial surgió de la unión entre los emergentes capitalismo y nacionalismo colonial de la época, y acabó siendo una de las causas de la Primera Guerra Mundial [4]. ¿Lo fue realmente?

En primer lugar, sería importante definir el imperialismo colonial. Siguiendo las ideas de Hannah Arendt[5] entiendo el imperialismo colonial de esa época como uno de los resultados de la dinámica económica de expansión permanente causada por el capitalismo y un creciente nacionalismo agresivo, basado en ideas racistas, eurocentristas y social-darwinistas. Esta situación provocó una tendencia hacia la ampliación territorial ilimitada que intensificó el proceso de colonización, desencadenando el imperialismo colonial. En Europa cada vez había más potencias, entre las cuales destacaba Alemania, y los territorios para colonizar eran limitados. Este contexto provocó, además de las tensiones entre los imperios coloniales más grandes, Gran Bretaña y Francia respectivamente, que se celebrase la Conferencia de Berlín en 1885, donde se dividieron los «territorios coloniales» entre las potencias europeas del momento; el Reino Unido, Francia, Alemania, Bélgica, el Reino de Portugal, España y el Reino de Italia [6]. De todas formas, el Reino Unido y Francia obtuvieron la mayor cantidad de territorios, cosa que entonces no resultaba un problema para la Alemania de Bismarck, que prefería evitar cualquier casus belli contra otra potencia ya que no priorizaba la política colonial [7]. Este frágil equilibrio se deshizo cuando Guillermo II, el nuevo káiser a partir de 1888, reclamó un «sitio bajo el sol» para Alemania, estableciendo una política expansionista, la Weltpolitik, factor importante que hizo aumentar las tensiones entre poderes coloniales. El káiser consiguió la concesión del ferrocarril de Bagdad, la ocupación del enclavamiento chino de Kiao-Cheu, las islas Carolinas, las Marianas y parte de Nueva Guinea [8]. Hay que tener en cuenta que entre 1890 y 1900, Alemania superó al Reino Unido en la producción de acero y consiguió mercados que antes dependían de Londres [9] a parte de iniciar una gran política naval. En ese momento, las potencias consideraban que el peso de un estado en el contexto internacional se medía en sus potencias industriales y coloniales [10]. La Alemania del káiser Guillermo II tenía la primera parte, pero anhelaba expandir su poder colonial. En general, las potencias europeas del momento tendían a querer más poder, siguiendo la idea de Nietzsche de la «voluntad de poder» [11], y la tensión y los choques entre imperios siguieron sucediendo aún con las bases que la Conferencia de Berlín había establecido.

Más concretamente, nos podemos centrar en dos incidentes que ejemplifican esta tensión, aunque hubo más; Fachoda y las Crisis Marroquíes. La Conferencia de Berlín especificaba que los países que controlasen el litoral de un territorio tendrían la autoridad sobre el interior de este si lo exploraban completamente [12], cosa que aceleró el proceso de colonización hacia el interior del continente africano y provocó fricciones entre potencias, que se lanzaban a la vez a conquistar el mundo. Francia y el Reino Unido se encontraron en 1898 en Sudán, donde los dos países pretendían construir un ferrocarril. Este incidente, conocido como el «incidente de Fachoda», casi provocó que las dos potencias entrasen en guerra [13]. Por lo que respecta a las Crisis Marroquíes, que implicaron tensiones entre Francia, el Reino Unido y Alemania [14], muchos historiadores consideran que son un ejemplo de la creciente arrogancia y beligerancia de las potencias europeas [15]. La Crisis de Tánger, entre 1905 y 1906, casi provocó un enfrentamiento entre Francia y el Reino Unido contra Alemania, ya que Guillermo II hizo declaraciones públicas a favor de la independencia de Marruecos, claramente dirigidas para contrariar a Francia, que cada vez dominaba más la zona [16]. Las tensiones se resolvieron con la Conferencia de Algeciras de 1906, a la cual asistieron todas las potencias europeas, y donde Alemania quedó aislada porque los británicos apoyaron a los franceses [17]. Aunque en 1909 Francia firmó un acuerdo con Alemania para aumentar su influencia política, económica y militar en Marruecos, en 1911 sucedió el incidente de Agadir, la Segunda Crisis Marroquí, cuando los alemanes enviaron su buque cañonero Panther a Agadir (Marruecos), desafiando a Francia [18]. De todas formas, finalmente se resolvieron las tensiones gracias a un tratado franco-alemán a través del cual Alemania obtenía una parte importante del Congo francés a cambio de dejar Marruecos en manos francesas. El Reino Unido apoyó a Francia, asustada por el poder naval alemán [19].

En parte, a consecuencia de este contexto se dio la denominada «paz armada» entre 1904 y 1914, que implicaba un rearmamento mayoritariamente naval de las potencias, desconfiadas las unas de las otras [20], y fue provocando la polarización de las tensiones en dos bloques: la Triple Alianza, formada en un principio por Alemania, Italia y Austria-Hungría; y la Triple Entente, formada principalmente por el Reino Unido, Francia y Rusia [21]. Según Polanyi, la formación de dos bloques enfrentados «agudizó los síntomas de la disolución de las formas de la economía mundial existente: la rivalidad colonial y la competencia por mercados exóticos» [22] y fue un precipitante hacia la guerra [23]. Es interesante fijarse en que las dos potencias coloniales más grandes, el Reino Unido y Francia, estaban en el mismo bando, probablemente porque las dos tenían interés en mantener sus colonias, mientras que la potencia que lideraba el otro bando, Alemania, deseaba obtener más. Podemos concluir que el imperialismo colonial, entre otras cosas, agudizó y cronificó las tensiones económicas, políticas y militares entre las potencias europeas, las cuales siguieron luchando por repartirse del mundo y tener influencia en más sitios, aunque la Conferencia de Berlín hubiera establecido unas bases alrespecto [24] Así pues, el imperialismo colonial fue relevante como una de las causas de la Primera Guerra Mundial, aunque no fue la única.

1 Willebald, H., 2011. Natural Resources, Settler Economies And Economic Development During The First Globalization: Land Frontier Expansion And Institutional Arrangements. PhD. Carlos III. 2 Quijano Ramos, D., 2011. Las Causas de la Primera Guerra Mundial. Claseshistoria, (192). 3 Ibídem. 4 Millán, M., 2014. Una breve mirada panorámica sobre las causas y el desarrollo de la Gran Guerra (1914-1918). Cuadernos de Marte, (7). 5 Ibidem. 6 Quijano Ramos, D., 2011. Las Causas... 7 Ibidem. 8 Ibidem. 9 Ibidem. 10 de la Torre del Río, R., 2006. Entre amenazas e incentivos. España en la política internacional 1895-1914. Ediciones Universidad de Salamanca, (24), pp.231-256. 11 Quijano Ramos, D., 2011. Las Causas... 12 Ibidem. 13 Ibidem. 14 Evans, R., y von Strandmann, H. (2001). The Coming of the First World War (p. 90). Oxford University Press. 15 La Porte, P., 2017. La espiral irresistible: la Gran Guerra y el Protectorado español en Marruecos. HISPANIA NOVA. Primera Revista de Historia Contemporánea on-line en castellano. Segunda Época, 15(0). 16 de la Torre del Río, R., 2006. Entre amenazas e incentivos... 17 Quijano Ramos, D., 2011. Las Causas... 18 de la Torre del Río, R., 2006. Entre amenazas e incentivos... 19 Quijano Ramos, D., 2011. Las Causas... 20 Maiolo, J., Stevenson, D. y Mahnken, T., 2016. Arms Races In International Politics. New York: Oxford University Press, pp.18-19. 21 Ibidem. 22 Polanyi, K., Stiglitz, J., Levitt, K., Block, F. y Chailloux Laffita, G., 2006. La Gran Transformación. Los Orígenes Políticos Y Económicos De Nuestro Tiempo. México: Fondo de Cultura Económica, p.66. 23 Ibidem.

24 Millán, M., 2014. Una breve...

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