Las naumaquias


Dario Veronesi @dariovero_


Muchos turistas cuando pasean plácidamente por la romana Piazza Navona o se sientan en una terraza a cenar no son conscientes que todo aquello se levanta sobre el antiguo Estadio de Domiciano, donde también se celebraron naumaquias. Allí se celebraban principalmente pruebas de caballos y espectáculos deportivos. Incluso durante parte del siglo iii funcionó como anfiteatro, mientras se restauró el Coliseo, dañado por un incendio.


«Si asistes tardío espectador de lejanas riberas,

para quien ese fue el primer día de los juegos sagrados,

que no te engañe la Enío naval con sus barcos y las olas

semejantes a la de los mares: esto era ha poco tierra.

¿No lo crees? Mira, mientras las aguas fatigan a Marte:

pequeña es la espera y dirás esto era ha poco el mar»

(Marcial, Epigramas. Libro de los espectáculos, 27. Naumaquia de Domiciano).



¿Qué eran las naumaquias?


El pueblo de Roma amaba el espectáculo y disfrutaba de los combates de gladiadores (munera gladitoria), de las carreras de caballos (ludi circenses) o de las matanzas de animales salvajes (venationes). Por supuesto, en muchos casos, aderezado por un buen baño de sangre. Los dirigentes lo sabían, especialmente en la época imperial, que los usaban como medio de control y manipulación de la masa. Aunque fuesen censurados por algunos sabios y filósofos como Varrón, Cicerón o el propio Séneca; también tenemos a Marcial y Estacio que los alababan.


Entre estos juegos tenían un espacio muy significativo los simulacros de combates navales, menos usuales pero mas espectaculares y ostentosos. Naumachia, nombre adoptado del griego, significaba, por un lado, combate naval, la representación de esa lucha llevada a cabo por actores (naumacchiarii) y, por otro lado, aludía al escenario del espectáculo para el que era muy raro se utilizara el mar o un lago natural.


Generalmente, tenían lugar en recintos que se cerraban a tal efecto y se inundaban de agua gracias a mecanismos especiales, rodeados de gradas para el público. Conocemos una serie de ellas gracias a Tácito y Suetonio.


Se trataban de auténticos simulacros de combate con toda su cruda realidad. No ya solo por la reproducción fidedigna de escenarios, embarcaciones, tripulantes y combatientes con sus adecuadas ropas dependiendo de la representación: tirios contra egipcios, atenienses contra persas, por ejemplo, sino que la batalla se escenificaba en toda su expresión: sangre, heridos y muertos tomaban protagonismo real. Los actores eran reclutados entre prisioneros de guerra y condenados a muerte por delitos comunes o políticos. Como dice Malissard, «el agua dejaba ya de ser un mero elemento ornamental para transformarse en instrumento mismo del espectáculo».


A su carácter de espectáculo se sumaba la idea que suponía para el organizador reforzar su imagen y demostrar su poder económico. Implicaba gastar sumas exorbitantes de dinero para construir esos escenarios, inundarlos de agua y llenarlos con naves y hombres para la representación.



Las primeras naumaquias


El primer espectáculo conocido de estas características data del año 46 a. C, y se le debe a Julio Cesar como celebración de un cuádruple triunfo. Para ello, se hizo llenar con agua del Tíber un estanque en el Campo de Marte. Dos flotas de tirios y egipcios se enfrentaron allí. Participaron 4000 remeros y 2000 combatientes. La novedad del espectáculo atrajo a Roma a un número cuantioso de ansiosos y curiosos espectadores y muchos hubieron de dormir en la calle. Fueron tal las aglomeraciones que se ocasionaron que se registraron muertes por asfixia y algunos fueron pisoteados. Tres años después, al declararse una epidemia en Roma, de la que se culpó a las aguas del estanque, Octaviano, entonces triunviro, ordenó cegarlo y construir sobre su superficie un templo dedicado a Marte Vengador. En el 40 a. C. se celebró la única naumaquia que conocemos se hiciera en el mar. Fue en el estrecho de Mesina organizada por el hijo menor de Pompeyo, Sexto, para celebrar una victoria naval sobre uno de los legados de Octaviano.



Naumaquia de augusto


La primera naumaquia estable que se conoce en Roma se la debemos a Augusto. Se construyó en el año 2 d. C. en la orilla derecha del Tíber. Se representó la Batalla de Salamina (480 a. C.) entre atenienses y persas. El estanque oval, con unas dimensiones de más de 18 ha, estaba abastecido por un conducto de agua, el aqua Alsietina. Alrededor de la naumaquia se plantó un bosque que más tarde recibiría el nombre de nemus Caesarum.


«Di al pueblo [dice Augusto] el espectáculo de un combate naval al otro lado del Tíber, donde hoy se encuentra el bosque sagrado de los Césares, en un estanque de 1800 pies de largo y 1200 de ancho. Se enfrentaron allí treinta trirremes o birremes provistos de rostros y muchos navíos más pequeños; en aquellas aguas combatían, además de los remeros, unos 3000 hombres» (Res gestae divi Augusti).



Naumaquia de Claudio


Años mas tarde, en el 52, Claudio organizó un gigantesco simulacro naval para festejar el final de las obras del canal que iba desde el lago Fucino al rio Liris y que tuvo como escenario el propio lago. Participaron unos 20 000 hombres simulando a sicilianos y rodios. Alrededor del lago se colocaron balsas para evitar accidentes y para que nadie cayera al agua y se ahogara. El espacio era más que suficiente no solo para albergar tal cantidad de combatientes y remeros, sino incluso para apreciar la maniobrabilidad de las naves y su evolución. El espectáculo resultó altamente simbólico: un tritón de plata, surgido repentinamente de las profundidades para dar la señal de combate, solo acataba órdenes del emperador que iba revestido con su manto de guerra, y parecía someter a la omnipotencia de éste las agua del lago, que sus súbditos habían transformado en mar antes de desecarlo.


«Antes de soltar las aguas del lago Fucino [Claudio[ ofreció allí un combate naval; pero cuando los combatientes exclamaron “¡Ave, emperador! ¡Los que van a morir te saluda!”, respondió: “¡Vete a saber si morirán!”, con esto, so pretexto de que les habían dado permiso para ello, ninguno quiso luchar mas; entonces estuvo él preguntándose durante largo tiempo si debía hacerlos morir a todos a hierro y fuego, y luego, finalmente, saltó de su asiento y corriendo de acá para allá en torno al lago y titubeando de manera ridícula, bien por sus amenazas bien por sus exhortaciones, los decidió a combatir. En este espectáculo, una flota siciliana y una flota de Rodas, cada una delas cuales comprendía doce trirremes, trabaron batalla al son de una trompeta tocada por un tritón de plata que una máquina había hecho surgir en medio del lago» (Suetonio, Claud. 21).



Las últimas naumaquias


Nerón celebró naumaquias dos veces, en el 57 y en el 64, de forma aun mas espectacular pues combinó, en un anfiteatro de madera construido en el Campo de Marte, los distintos espectáculo: lucha de gladiadores, caza de fieras y naumaquias. Tras una venatio inundó la arena para celebrar un combate naval y una vez finalizado y retirada el agua continuó el espectáculo con una lucha de gladiadores.


A Tito le debemos, en el año 80, unas naumaquias en el Anfiteatro Flavio, cuestión que también hizo su hermano Domiciano. El ultimo espectáculo naval conocido fue ya en el año 248 celebrado por Filipo el Árabe para conmemorar el milenario de Roma. Según la Historia Augusta, obra de finales del siglo iv. Las naumachias, a pesar de su espectacularidad y brillantez resultaban muy caras y laboriosas en todo lo referente a su preparación, de ahí que no fueran muy utilizadas por las autoridades.


«La labor de Augusto aquí había sido enfrentar escuadras

y turbar las aguas con el clarín naval.

¿Qué tiene que ver ésta con la de nuestro César? Vieron

en las aguas Tetis y Galatea fieras desconocidas;

Vio en el polvo del mar carros chispeantes y creyó

Tritón que pasaban los caballos de su señor.

Y mientras Nereo prepara fieros combates en crueles naves,

se horroriza de ir a pie por las límpidas aguas.

Lo que se contempla tanto en el Circo como en el Anfiteatro,

eso, César, te lo ofrecen las ricas olas.

Que callen Fucino y los estanques del tétrico Nerón:

que los siglos conozcan unicamente esta naumaquia»


(Marcial, Epigramas. Libro de los espectáculos, 34. Naumaquias).






Bibliografía

  • Roldan, J. M. (2002). Juegos Navales. Un sangriento simulacro en el corazón de Roma. Aventura de la Historia, (40).

  • Fernández uriel, P. y mañas romero I. (2013). La vida pública (II) Los espectáculos, Las civilización romana. UNED.

  • Malissard, A. (1996). Los romanos y el agua. La cultura del agua en la Roma antigua. Barcelona: Ed. Herder

  • Marcial. (2001). Epigramas. Traducción de Antonio Ramírez de Verger. Madrid: Gredos.

  • Blázquez martínez, J. M. (1974). Circo y fieras en la Roma antigua. Pantomimas y naumaquias. Jano 119.


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