Europa no será lo que es, ni es lo que era

Imelda @unleashed_

 

Durante los últimos siglos, Europa ha vivido una época de esplendor, incluso de dominio mundial. Sin embargo y como todos sabemos, todo tiene un principio y un final, al menos en nuestra realidad material y en nuestras cortas vidas. Los imperios y civilizaciones, como construcciones humanas que son, no se libran de esta ley de vida. Decía Huntington (1927-2008), politólogo y profesor universitario, en su artículo ¿Choque de civilizaciones?, publicado en la revista Foreign Affairs en 1993 que "Las civilizaciones son dinámicas: ascienden y descienden, se dividen y se fusionan. Y, como sabe cualquier estudiante de historia, desaparecen y quedan enterradas en las arenas del tiempo". Europa no es ninguna excepción. Al menos en el corto-medio plazo, va a perder de manera casi inevitable su importancia internacional y civilizacionalPara terminar con las frases célebres, he aquí la expresión latina "Sic transit gloria mundi". Dicha expresión puede ser traducida como "así pasa la gloria del mundo" y viene a decir lo efímero de la gloria, de los triunfos. Al igual que al Imperio egipcio, que consiguió dominar Oriente próximo hace más de 3500 años, se le pasó la gloria y cayó y ahora solo puede contemplarse a través de las pirámides y de las piezas de museo, a Europa también se le pasará la gloria.

 

Podemos señalar el final de la Segunda Guerra Mundial como la fecha clave que certifica el relevo en el podio de Europa por Estados Unidos y por la Unión Soviética. Así, se inaugura una nueva etapa en la que el mundo se rige por una competición a todos los niveles (la Guerra Fría), excepto el militar directo, entre dos superpotencias: Estados Unidos y la Unión Soviética. Europa continuaba siendo muy relevante desde el punto de vista económico, cultural y político, pero ya no al nivel de ambas superpotencias. Al final, las dos partes de Europa (que tuvieron que reconstruirse y que recibieron dinero de Estados Unidos -Plan Marshall- y la Unión Soviética) se habían convertido en términos generales en el socio preferente de las superpotencias, Europa occidental de Estados Unidos y Europa Oriental de la Unión Soviética. Tras la disolución de la Unión Soviética en 1991, Estados Unidos se erigió como la potencia hegemónica en el mundo. Mientras que la Unión Europa, un proceso de integración forjado a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, se configuraba como una importante organización y potencia en el escenario comercial internacional y económico. Es decir, y a grandes rasgos, durante los años 90 y 2000, Estados Unidos era la potencia hegemónica y la Unión Europa y Japón sus socios preferentes y principales potencias económicas.

 

Sin embargo, es en la primera década de los años 2000, sobre todo después de la Gran Recesión de 2008, cuando una serie de potencias emergentes, con China a la cabeza, comienzan a despuntar económicamente y a modernizarse. Destacan las llamadas potencias BRICS: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Estas potencias sobresalieron por sus elevadas tasas de crecimiento económico y su potencial demográfico, económico y territorial. De forma paralela a su crecimiento, estas potencias comenzaron a luchar por tener mayores cuotas en el sistema internacional, configurado principalmente por los países occidentales y por la Unión Soviética, países vencedores de la Segunda Guerra Mundial.

 

En la actualidad, la situación y configuración de la realidad internacional parece estar cambiando. De la aparente unipolaridad estadounidense de los años 90 y 2000, hemos pasado a una situación de transición hacia un orden más multipolar. Los expertos exponen que vivimos actualmente en una era de Competición Estratégica Global o Power Politics en la que existen un cúmulo de potencias que con sus respectivas áreas de influencia y alianzas entre sí buscan adaptarse a la situación cambiante. Esta nueva situación supone una pérdida de poder de las potencias occidentales a favor de las nuevas potencias.

 

Es el atentado del 11-S el que indica que la supuesta unipolaridad estadounidense era solo aparente. Este ataque terrorista supuso para Estados Unidos un jarro de agua fría y una advertencia: su hegemonía en el mundo no estaba tan clara, surgían nuevos tipos de amenazas a la seguridad de los países y nuevos enemigos a su unipolaridad. Una de las consecuencias del atentado fue el aumento de la intervención militar de Estados Unidos en Oriente Próximo, en Afganistán en 2001 y en Irak en 2003. Esto no solo empeoró la reputación internacional de Estados Unidos, y les ocasionó problemas de insurgencia en los respectivos países, sino que supuso y ha supuesto miles de millones de dólares de gasto al erario estadounidense. A este hecho hay que añadirle el considerable daño que ha supuesto la Gran Recesión de 2008 a las finanzas y a la economía estadounidense, el ascenso de las potencias emergentes, en especial el ascenso diplomático, económico y militar de China, y la vuelta como potencia de Rusia bajo el mandato de Vladimir Putin.

 

Es en la segunda década del siglo XXI cuando esta situación okde transición hacia la multipolaridad se intensifica: sube al poder en China Xi Jinping, quien potencia la modernización militar, crea nuevas instituciones internacionales como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII) o propone grandes iniciativas económicas como la Nueva Ruta de la Seda y crece el intervencionismo militar de Rusia (algo que fue iniciado a finales de la década anterior con el enfrentamiento con Georgia en 2008) y su voluntad de reafirmarse como potencia en su entorno próximo, (invasión de Crimea en 2014 o participación en la guerra de Siria desde 2015).

 

En cuanto a Europa y en concreto la Unión Europea, pese a seguir siendo una potencia económica y comercial importante, ha sido duramente golpeada por la Gran Recesión de 2008 y los acontecimientos geopolíticos de su vecindario próximo en la última década: las Primaveras Árabes. Podemos señalar una triple crisis dentro del seno de la Unión Europea, que hacen tambalear al proceso de integración europeo: la económica, que ha llevado a las instituciones comunitarias a rescatar financieramente a países de la zona euro como España, Chipre, Grecia, Irlanda o Portugal; la migratoria, resultado de los cientos de miles de refugiados como consecuencia de las Guerras civiles de Libia (2011- 2014)  y de Siria ( 2011) y la política o de representación. Esto, junto a otros factores ya existentes, como la desigualdad de desarrollo entre los distintos países miembros o la manera en la que se toman las decisiones comunitarias han originado un  aumento del euroescepticismo y del voto a fuerzas políticas populistas, anti-establishment (Movimiento 5 Estrellas, Syriza, Liga Norte, Podemos, Vox…) o independentistas (como el conflicto que generó el movimiento independentista catalán en 2017). Un hecho significativo y que contribuye a poner en duda el futuro del proyecto europeo es la materialización de la salida de Reino Unido de la UE, el llamado Brexit, en 2020.

 

Con respecto al euroescepticismo en el seno de la Unión Europea cobra gran relevancia la actuación de contrapeso que está ejerciendo el llamado Bloque o Grupo de Visegrado. Este grupo hace referencia a un conjunto de países (Hungría, Eslovaquia, Polonia y República Checa) que tras la caída  del muro de Berlín y de la URSS abandonaron el sistema socialista y apostaron por la integración europea, pero que en la actualidad destacan por su deriva iliberal y euroescéptica.

 

A todo esto hay que añadir el coste que supondrá la reconstrucción económica post-coronavirus. Si ya existía una cierta desaceleración económica a finales del 2019 en Europa y visos de crisis económica, este acontecimiento parece haberla confirmado. Mientras, otras potencias como China crecen en el tercer trimestre de 2020, Europa continúa reduciendo su PIB.

 

De esta forma, a la caída de Europa como hegemón desde 1945 y el ascenso de las potencias emergentes en los últimos años hay que sumar la terrible situación en la que se encuentra sumida en la actualidad (caída del PIB, inexistencia de una política exterior clara en el seno de la UE, desintegración del estado del bienestar…).Si observamos una serie de indicadores, Europa, y la Unión Europea como su máximo exponente, va camino de convertirse en una potencia en decadencia y con una menor importancia que el resto de potencias que emergen (Pakistán, India, Brasil, México, China, Indonesia, Nigeria…).

 

En primer lugar, podemos observar la evolución del PIB en Paridad de Poder Adquisitivo (PPA) de las principales potencias mundiales de aquí a 2030 y 2050 (son cálculos anteriores al impacto de la pandemia). En el año 2016, China era el país con mayor PIB en términos de Paridad de Poder Adquisitivo. Le seguían en el top 10 EEUU, La India, Japón, Alemania, Rusia, Brasil, Indonesia, Reino Unido y Francia. De los diez primeros países solo tres eran europeos. Y al top 20 hemos de sumar Italia y España. En 2030, entre los 10 primeros solo habrá dos países europeos, Alemania (que pasa del 5º al 7º puesto) y Reino Unido (que pasa del 9º al 10º). Y entre los 20 primeros nos encontraremos a Francia (del 10º al 11º), Italia (del 12º al 15º) y a España (del 16º al 17º). En 2050, Alemania baja al 9º,Reino Unido se mantiene en el 10º y Francia baja al 12º puesto. El resto de los países europeos se colocan en puestos por debajo del 20. Así, la importancia de los países de la UE cada vez será menor, en contraposición a países como India, China, Indonesia, México, Brasil o Rusia. 

 

En el 2016, la UE representaba el 23,8% del PIB mundial. En 2030, la UE representará el 15,1% del PIB mundial mientras que China pasará de 11,5% en 2012  a un 25,1% en 2030. Además, un  estudio de PwC sobre el nuevo orden económico en 2050, recoge que la UE representará el 9% del PIB mundial en PPA, reduciéndose desde un 15%  del PIB mundial en PPA en 2016.

 

Poblacionalmente, la Unión Europea y Europa van camino de tener la población más envejecida del mundo, con los problemas que eso acarrea a la hora del gasto en sanidad y pensiones y de disponibilidad de población activa. En 2030, el promedio de edad en la UE será de 44,7 años frente a otros continentes y zonas como África (21,3) o Asia  (35,4).  Según Eurostat, el porcentaje de población superior a 65 años en la UE era de un 19% sobre la población total en 2018. Ellos calculan que pasará a constituir el 23,8% de la población en 2030 y el 28,5% en 2050.Con respecto a la población mundial, según los datos proporcionados por el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas en su informe World Population Prospects 2019: Highlights la población mundial alcanzará los 8.500 millones de personas en 2030 y los 9.700 millones de personas en 2050. Si en 2015 la UE representaba el 7% de la población mundial, en 2030  será el 6,15% y en 2050 el 5,44%.

 

De cara a dominar la tecnología del futuro, los países europeos no se encuentran a la vanguardia de la Inteligencia Artificial, en una carrera que está dominada por China y EEUU. En cuanto al 5G, Europa tiene a dos empresas, a Ericsson (3º) y a Nokia (10º) entre las 10 empresas con más patentes registradas de tecnología 5G.

 

Otro ranking que también es importante de cara a saber la importancia de Europa y la UE en el mundo y cual será en el futuro es el ranking de las empresas más valiosas de 2020.  Entre las veinte primeras, la mayoría dedicadas al sector energía, tecnologías y finanzas, dos son europeas, concretamente suizas y en los puestos 15º y 19º, por lo que no hay ninguna empresa en el top 20 de algún país de la UE.

 

No obstante, en cuanto al gasto militar, en la actualidad de los mejores 25 ejércitos del mundo 6 serían europeos (Francia, Reino Unido, Italia, Alemania, España y Polonia). Un posible ejército europeo podría tener una gran importancia a nivel mundial, pudiendo acercarse a los mejores ejércitos del mundo.

 

En definitiva, Europa y la Unión Europea seguirán siendo una potencia en el mundo, pero ni con tanta importancia ni con tanto renombre. Además de la incapacidad para marcar una política exterior clara y única, producto de la gran diversidad de opiniones y de intereses entre los países comunitarios, hay que tener en cuenta que las potencias emergentes, a la vez que aumentan su poder diplomático, político y económico,  reivindican su cultura y podríamos decir su civilización. Si tomamos ciertas premisas del pensamiento de Huntington, plasmado  en su artículo podríamos hablar de que la civilización europea está perdiendo su lugar prominente en el mundo a causa de la lucha por destacar y permanecer en el mundo de las demás culturas y civilizaciones. No obstante, podemos decir que la civilización occidental seguirá liderada durante un tiempo por EEUU.

 

Al igual que el Imperio romano entró en decadencia, la Unión Europea y Europa en su conjunto también lo están haciendo. Es ley de vida. De la misma manera, algún día China y la India también lo harán y serán sustituidas por otras: sic transit  gloria mundi.

 

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