La tutmanía

17/10/2020

El arqueólogo y egiptólogo Howard Carter descubrió el 4 de noviembre de 1922 la tumba de Tutankamón. El periódico The Times pagó una suma considerable de dinero por la primicia y acceso exclusivo a la excavación, así como por todos sus derechos de noticia, imagen y fotografía; la exclusiva fue vendida por el propio Lord Carnarvon. Los periódicos rivales no estaban muy contentos y hubo una feroz competencia entre los reporteros para informar sobre la historia y sus mitos, como ocurrió con el suceso de la «maldición del faraón». Las fotografías de la excavación fueron encargadas a Harry Burton para The Times, y los registros, dibujos y dibujos originales fueron realizados por el propio Howard Carter.

 

Este descubrimiento científico y académico dio paso en los primeros años del siglo xx a una ampliación de motivos egipcios a todo tipo de obras artísticas. Por primera vez un descubrimiento arqueológico fue tan conocido universalmente, y la Egiptomanía reforzada por la imagen de Tutankamón, dio lugar a la Tutmanía. Aunque el descubrimiento inicial llegó a los titulares de todos los países europeos y a gran parte del mundo, Carter mantuvo a Tutankamón en las noticias al lanzar un flujo constante de descubrimientos. Su descubrimiento de más impacto tuvo lugar en octubre de 1925 cuando se quitó la máscara de Tutankamón y se desenvolvió la momia y se reveló el rostro del niño rey momificado.

 

El descubrimiento de la tumba a inicios de los años 20 siguió los trastornos globales de la II Guerra Mundial. Los medios de comunicación de masas pudieron llevar las noticias de los objetos que se hallaban en la tumba a un público más amplio y de una manera más rápida de lo que se había hecho nunca. Todos estos artículos muestran cómo el descubrimiento de Tutankamón tuvo un impacto en las artes y en la cultura de la década de 1920. Aparecieron motivos egipcios en ropa, joyas, peinados, tejidos, muebles y arquitectura.

 

América se obsesionó con «El Rey Tut», incluso el presidente de los EE. UU. Hebert Hoover usó este nombre para su perro. El mago estadunidense Charles Carter cambió su nombre a «Carter The Great», y realizó su publicidad con temáticas y motivos egipcios. El compositor Harry Van Tilzer tuvo un gran éxito en 1923 con la canción «Old King Tut». La letra de la canción decía: «Abrieron su tumba el otro día y saltaron de alegría. Aprendieron mucho sobre la historia antigua/ su tumba en lugar de lágrimas estaba llena de recuerdos/…». La canción «Old King Tut» fue uno de los grandes éxitos de la época, justo cuando el Charleston estaba convirtiéndose en el baile más popular.

 

Los publicistas comercializaron sus productos como si de reliquias egipcias se tratasen, un ejemplo de ello fue el anuncio para Fruit Company Johstan (marca de limones), cuya idea era relacionar su producción limonero con el faraón, pues su eslogan fue «Los limones del Rey Tut». Pero la pasión por esta cultura no se quedó ahí, aun hoy se refleja en los edificios, como el caso del Chrysler de 1930, cuya parte superior simula hojas de papiro abiertas. El movimiento art déco tuvo una época egipcia, esto se refleja en los escarabajos que adornan los dos lados de la entrada del edificio de la compañía de seguros del 130 Montgomery Financial District, de estilo art déco fue construido en 1930 por los hermanos O’Brien junto con Wilbur D. Peugh.

 

La Tutmanía coincidió con el nacimiento de Hollywood y con el auge de la construcción de los palacios cinematográficos, por lo que se hicieron muchas películas inspiradas en la vida de Cleopatra, la momia, los faraones, la maldición y un sinfín de temas que aparecieron en todos los géneros. Georges Méliès, en los estudios Pathé, rodaba el film Cleopâtre en 1899. Esta fue la primera ocasión que se narraba en fotogramas la vida de la célebre reina, inaugurando una larga saga de películas en las que Cleopatra ha sido a la gran musa. De hecho, la biografía de esta mujer puede considerarse como uno de los temas clásicos y más reiterados del cine egiptomaníaco, posiblemente por permitir mostrar el relato de un amor tempestuoso en el que se mezclan la pasión y la ambición, y a la vez, por enmarcarse en el lujo exacerbado de una corte decadente y afianzada en la Alejandría de las matemáticas y la ciencia, con su famoso faro y su no menos famosa biblioteca. La película muestra una estética propia del art déco y un vestuario atrevido que sorprendentemente escapó de la dura censura del Hollywood de la época.

 

El antiguo Egipto se convirtió en una auténtica escusa, en un marco esplendido en el que situar un relato con el que derrochar auténticos tesoros para levantar decorados magníficos y exhibir vestuarios extravagantes. Buena parte de la imaginería presente en el cine egiptomaníaco entronca con una larga tradición estética desarrollada en la pintura europea de los siglos xviii y xix. Se trata de obras que muestran un Egipto lleno de tópicos: esclavos fustigados, palacios suntuosos, oro, imágenes bucólicas de las orillas del Nilo, cortesanas ligeras de ropa e inmensas construcciones. Los tópicos, los equivoco y hasta los errores eran algo común. Pero no menos relevantes para la formación de la estética han sido las obras teatrales, especialmente las óperas. Lo cierto es que las escenografías desarrolladas en espectáculos como Aida han reunido un intenso influjo en el arte cinematográfico. Tal era la magnificencia que permitía desarrollar esta ópera que incluso existían versiones de Aida en el cine mudo.

 

La pintura europea, las tramoyas de óperas, los grabados de libros de viajes eran creaciones fantásticas, capaces de generar imágenes impresionantes, llenas de lujo y esplendor. Y fue ahí donde el cine buscó la inspiración, en un Egipto que, en realidad, ya era un Egipto reinterpretado y filtrado por una óptica deformada. Además de las epopeyas históricas, en la narrativa del cine egiptomaníaco ha sido muy reiterada la temática de la biblia. Un buen ejemplo lo constituyen las dos más grandes versiones de Los Diez Mandamientos, la de 1923 y la célebre de 1956.

 

En 1932 la momia de un sacerdote, sepultado vivo por amor, finalmente resucitó. La terrible momia revivida quería llevarse a la paz del más allá a una joven inglesa, Zita Jochann, que se aprecia como dos gotas de agua a la princesa que el sacerdote había amado cuatro mil años atrás. El rostro de la momia, con los ojos hundidos por los milenios de la muerte aparente, era el de Boris Karloff; la película era The Mummy y el director Karl Freud, fotógrafo del impresionismo alemán que debutó en el cine incomodando los sarcófagos egipcios, el Libro de los Muertos y el culto de la diosa Isis. La Hammer, una pequeña productora británica, especialista en files de terror de bajo coste, realizó una auténtica saga de películas centradas en el tema de las momias resucitadas. La Universal compró los derechos y lazó un ciclo de filmes en los que se reactualizan los resortes estilísticos del expresionismo alemán.

 

El cine de terror ha hecho que las momias retornasen del mas allá con sed de amor o venganza. Regresan envueltas en raídas vendas, provistas de una descomunal fuerza y de una mirada escalofriante. Estos engendros milenarios persiguen a sus víctimas con paso lento y pesado, aunque, sorprendentemente, siempre terminan alcanzándolas. Pero como contrapartida el cine también ha generado momias cargadas con fuertes dosis de inseguridad, como la que en 1952 aparece en dialogo con Bug Bunny, el conejo tenía una «terrible» aventura entre momias, esfinges y pirámides en Water, Water Every Hare. Pero no es la única vez que la momia se topa con la animación, también la vemos en Egyptian Melodies, dirigida por Wilfred Jackson (1931) y producida por la Walt Disney. El mismo Superman en Superman: La maldición de la momia (1943) y hasta la surrealista pantera rosa en La esfinge rosa (1968) han tenido experiencias similares. Mummies Alive! fue una serie animada de 1997 creada y producida por Ivan Reitman (director de Ghost Busters y productor de Space Jam) en colaboración con DiC Entertainment.

 

El cine de misterio y aventuras también ha encontrado en Egipto un marco magnifico en el que situar sus narrativas, este es el caso, por ejemplo de Muerte en el Nilo de Agatha Christie llevada a la gran pantalla con el mismo título en 1978 por el director John Guillertín. En esta ocasión, una doctora en egiptología viajó a Egipto interesada por la vida de un antiguo visir llamado Menefta.

 

La influencia egipcia en la moda de la década de 1920 se puede ver en muchos vestidos de mujer de la época, incluidos los elegantes diseños de este modelo, usados por la actriz Alice Joyce, que se asemejan a una joya que se encuentra en la tumba de Tutankamón. Los ejemplos más notables de «Tutmanía» se encontraron en las industrias de moda y maquillaje para consumidores, dirigidas principalmente a mujeres. Las mujeres del antiguo Egipto eran conocidas por ser las primeras conocedoras del mundo en productos de maquillaje y belleza. Algunos, de hecho, fueron encontrados en la tumba de Tutankamón. Los publicistas comercializaban el jabón, la sombra de ojos y el lápiz labial como descendientes de las tradiciones egipcias o que tuvieran cualquier cosa que pudieran pensar en el antiguo Egipto. Los diseñadores de moda, que ya tenían un apogeo en la creciente cultura de consumo de la posguerra, encontraron una rica inspiración en los diseños y motivos del arte egipcio. En consecuencia, los vestidos de mujer a principios de la década de 1920 utilizaban patrones de loto, los ricos colores de bermellón y lapislázuli que adornaban las pinturas egipcias, y el largo y suave aspecto de las mujeres egipcias tal como aparecían en las antiguas representaciones. Tutankamón había revolucionado la moda occidental.

 

La apariencia clásica de glamour de los años 20, que enfatizaba el maquillaje pesado de ojos oscuros, el cabello desgastado y los largos escotes, estuvo muy influenciada por la apariencia de las mujeres en el antiguo arte egipcio, la viva imagen de esta tendencia fue Clara Bow.

 

Pero, ¿por qué la Tutmanía se afianzó tan firmemente en la conciencia pública? Después de estar oculto durante 3200 años, Tutankamón volvió a aparecer en el mundo en un momento interesante. La cultura popular, impulsada y definida por las revistas, la publicidad masiva, la cultura del consumo, el cine y la radio, estaban encontrando su lugar a principios de los años veinte. El público occidental estaba cansado de la guerra y la política, por lo que los medios con fines de lucro empezaron a ofrecer contenido más frívolo y con temas de ocio. La repentina chispa de interés en Tutankamón se hizo perfectamente para transformarse en cosas que los ingresos disponibles podían comprar, como el maquillaje y los vestidos de lujo. Además, la Tutmanía era adictiva, los pueblos antiguos y exóticos siempre ejercen una atracción magnética en las audiencias masivas modernas.

 

Los medios contemporáneos se comportan con estos eventos exactamente como lo hicieron los medios en la década de 1920, a menudo publicando historias frívolas sobre el repentino interés en los temas egipcios o la introducción de productos similares a los egipcios. Estas miniexplosiones generalmente se conocen como «Tutmanía» y muestran el impacto duradero de la primera moda de los medios modernos en la década de 1920.

 

Bibliografía

 

  • Cannuyer, C. H. (1991). Visions d´Égypte: continuité et ruptures du Moyen Age aux débuts de l´égyptologie Chronique d´Égypte (CdÉ) 66 (1991), 136-147.

  • Dannenfeldt, K. H. (1959). Egypt and Egyptian Antiquities in the Renaissance”, Studies in the Renaissance, 6 (1959) 7-27.

  • Dawson, W. R. y uphill, E. P. A. (1995). Who was who in Egyptology. (3a. Edición revisada por BIERBRIER, M.). Londres.

  • Doursther, H. (1945). Dictionnaire Universel des poids et mesures anciens et modernes. Amsterdam.

  • Gil Palenque, C. (2001). El impacto de los descubrimientos egipcios en las corrientes de pensamiento del siglo XIX en J. M. CÓRDOBA ZOILO, R. JIMÉNEZ ZAMUDIO Y C. SEVILLA CUEVA (edit.): El Redescubrimiento de Oriente Próximo y Egipto. Viajes, hallazgos e investigaciones. (Supplementa ad Isimu. Estudios Interdisciplinares sobre OrienteAntiguo y Egipto II Series: Acta et Symposia, Vol. I). 337-345. Madrid.

  • Gómez Espelosín, F. J. y Pérez Largacha, A. (1997). Egiptomanía. El mito de Egipto de los griegos a nosotros. Madrid.

  • Guérin Dalle Mese, J. (1991). Égypte, la mémoire et le reve. Itinéraires d´un voyage, 1320 (Bibliotheca dell´Archivum Romanticum, Série I, vol. 237) Florencia.

  • López Grande, M. J. (2002). Aventureros, sabios y arqueólogos a la orilla del Nilo. El redescubrimiento del antiguo Egipto Sociedad Geográfica Española, 13, 64-83. Madrid.

  • López Grande, M. J. (2004a). Viajeros y arqueólogos españoles en las tierras del Nilo. Historia de una aventura en curso en M. ALGABA y J. L. ARSUAGA (edit.): Expediciones arqueológicas y excavaciones antropológicas: Viajeros españoles tras los pasos de las civilizaciones perdidas, 79-102. Madrid.

  • López Grande, M.J. (2004b). Relatos y estampas de los viajeros del siglo XIX. David Roberts: sus viajes, grabados y acuarelas Platea 11, 14-17. Madrid.

  • Nightingale, F. (1998). Letters from Egypt. A Journey on the Nile 1849-1850. Londres.

  • Rees, J. (2000). Amelia Edwards. Traveller, Novelist & Egiptologist. Londres.

  • Reeves, N.; Wilkinson, R. H. (1999). Todo sobre el Valle de los Reyes. Tumbas y tesoros de los principales faraones de Egipto. Barcelona.

  • Reid, D. M. (2002). Whose Pharaophs? Archaeology, Museums, and Egyptian National Identity from Napoleon to World War I. The American University in Cairo Press. Cairo.

  • Romer, J. (1985). Los últimos secretos del Valle de los Reyes. Una singular aventura arqueológica. Barcelona.

  • Tafur, P. (1874). Andanças é viajes. Madrid.

  • Wortham, J. D. (1971). British Egyptology 1549-1906. Oklahoma.

     

     

Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Please reload

Buscador

Entrevistas

Qué opinan las voces más destacadas sobre los asuntos más candentes.s

Series

Diversos temas tratados con mayor profundidad y extensión en formato de series de artículos monotemáticos

colabora.jpg

¿En desacuerdo con este artículo?

Si quieres quieres criticar o complementar este texto, si no compartes su perspectiva, no lo dudes, haznos tu propuesta a la redacción.

Please reload

Revista Libertalia

Filosofía y Humanidades

  • Twitter - Revista Libertalia
  • Facebook - Revista Libertalia
  • LinkedIn - Revista Libertalia
  • SoundCloud - Revista Libertalia

Revista Libertalia es un proyecto sin ánimo de lucro ni línea editorial centrado en la filosofía y las humanidades.

 

Nuestro objetivo es promover la reflexión seria y profunda entre gente joven de dentro y fuera de la academia, tratando los diversos temas de forma compleja, pero con un lenguaje claro y directo.

 

Si estás interesado en colaborar con nosotros no lo dudes, enviándonos tus textos; nuestro equipo estará a tu disposición para acompañarte en el proceso de edición y publicación;  o bien ayudándonos a financiarnos a través de Patreon. 

Recibe la Newsletter