La religión en el siglo XIX: Ludwig Feuerbach

16/10/2020

 Andre Mouton @andremouton

 


Ludwig Feuerbach (1804-1872) ocupa, en la filosofía de la religión, un puesto tan importante como paradójico: es el autor que desplaza el objeto central de la religión de Dios al hombre[1] y, por lo tanto, el que “acaba” con la concepción de la religión vigente en Europa desde el auge del cristianismo. Sin embargo, no podríamos situar a Feuerbach en el ateísmo, como suele hacerse habitualmente desde la lectura marxista que de este autor se ha hecho. El pensamiento de este autor de finales del siglo XIX es harto más complejo de lo que normalmente se le supone. Véanoslo aunque sea de manera sucinta.

 

Para analizar correctamente el pensamiento de Feuerbach, debemos explicar desde dónde y frente a qué se construye. Así pues, su teoría nace como una crítica al pensamiento de Hegel. Feuerbach se propone refutar la concepción hegeliana según la cual toda la realidad pertenece a un Espíritu Absoluto[2]. Para Feuerbach, este espiritualismo está errado porque confunde aquello que el ser humano piensa o siente con la realidad misma. Es la famosa teoría de la proyección, según la cual los seres humanos situamos nuestras ideas o nuestros sentimientos fuera de nosotros mismos, creyendo que forman parte de los objetos, y no de nosotros. Un famoso ejemplo de proyección sería el que hacemos las personas cuando pensamos, por ejemplo, que el color rojo pertenece al objeto como tal, y no caemos en la cuenta de que el rojo es nuestra percepción misma de la cosa. Es decir, los colores no existen sin la acción de nuestro ojo sobre las ondas de luz. En esta línea, para Feuerbach es importante clarificar cuál es el origen real de nuestras percepciones, ideas y creencias a fin de poder enfrentarnos con ellas en su realidad radical. Hegel, por lo tanto, habría cometido un error de principio al asumir la existencia de un Espíritu trascendente que es fundamento de toda la realidad únicamente porque nosotros entendemos la totalidad desde nuestro espíritu. Es el giro maestro de Feuerbach.

 

Siguiendo el mismo método, Feuerbach establece una crítica a toda concepción espiritualista de la religión. Para él, la esencia de la religión es  la proyección de la esencia humana en un más allá abstracto. El hombre proyecta su razón y sus sentimientos, que sobrepasan su ser concreto, en un ente supremo. Esto ocurre así porque, mientras que “para el animal la vida interior se identifica con la exterior. El hombre, empero, tiene una vida interior y una exterior. La vida interior del hombre es la vida en relación a su especie, a su esencia”[3]. Esta “vida interior”, es lo que hace que el hombre pueda pensar en términos universales y proyectar sus emociones al resto de la humanidad. La esencia del hombre, para Feuerbach, reside en esta capacidad de “comprender y sentir” a toda la especie humana. Esto es lo que Feuerbach denomina conciencia. La conciencia se distingue del instinto animal en que es capaz de abstraerse del individuo en que se sitúa y abarcar la generalidad. Es la fuente, por ejemplo, de la ciencia y del arte. Para este pensador, “la conciencia es esencialmente de un carácter universal e infinito”[4]. Esta conciencia, para Feuerbach, no es solo la razón, sino que también forman parte de ella la voluntad y el amor: para él, estas tres dimensiones de lo humano son una suerte de fuerzas que dominan al hombre concreto y le impelen a actuar enfocado a lo universal. La razón lo lleva a pensar, la voluntad a actuar y el amor a sentir en términos universales, más allá de su particularidad.

 

Esta esencia humana, que es infinita, emplea los objetos de su alrededor para desarrollarse y llevarse a cabo. Es decir, que el ser humano, para conocer su esencia, necesita expresarla en el mundo (objetivarla) para así poder entenderla. La relación del espíritu humano con los objetos es semejante a la del rostro humano y el espejo: para poder conocer nuestra cara, tenemos que verla en algo distinta a, justamente, nosotros mismos (un espejo): si nunca viéramos nuestra cara en algo distinto, nunca podríamos conocerla. Igualmente, el espíritu humano requiere los objetos del mundo para entender su esencia[5]. Por lo tanto, como yo, en los objetos que siento, que quiero y que razono me conozco y expreso mi esencia humana infinita (no como individuo particular, sino como especie), la religión consistirá en la afirmación de esta ilimitación de mi esencia. Es decir, “Cada esencia es más bien infinita en sí y para sí. Lleva su Dios, su Ser Supremo, en sí misma”[6]. Es por ello que Feuerbach afirmará que la religión es, paradójicamente, la conciencia que tiene el ser humano de su propia esencia ilimitada.

 

Así pues, y frente a la concepción de Hegel, según la cual la religión es el proceso por el cual el ser humano se da cuenta de que forma parte del Absoluto, para Feuerbach la religión consiste en el reconocimiento por parte del hombre de que su esencia misma es ilimitada. No es el Absoluto espiritual, sino el Absoluto humano, lo que se afirma en la religión. Esto conlleva que las representaciones religiosas estén condicionas y moldeadas desde la esencia humana; para Feuerbach, el Dios de un pájaro, por ejemplo, si tuviera esa conciencia de infinitud, sería la expresión de su esencia, y sería totalmente discordante con el Dios humano. El error de la religión consiste en pensar que Dios está más allá de la esencia humana, que es una cosa distinta, cuando en realidad es la afirmación de que la esencia humana es infinita, frente a la particularidad de su existencia. En síntesis, para Feuerbach, Dios es una proyección del deseo humano de ser infinito.

 

La relación entre Feuerbach y Schleiermacher[7] es análoga a la existente entre Feuerbach y Hegel. Mientras que Schleiermacher defendía que la religión era el sentimiento de conexión inmediata con una divinidad trascendente, para Feuerbach, en cambio, el sentimiento es el conocimiento del hombre de sí mismo como su Dios. Frente a la concepción de que el sentimiento nos conecta con una divinidad radicalmente distinta a nosotros, Feuerbach cree que la religión es el reconocimiento de que nuestro sentimiento es infinito. En palabras del propio Feuerbach: “Si, por ejemplo, el sentimiento es el órgano esencial de la religión, entonces la esencia de Dios no expresa otra cosa que la esencia del sentimiento”[8].

 

En conclusión, Feuerbach recoge las teorías sobre la religión más importantes del siglo XIX y las encauza hacia el siglo XX. Frente a las filosofías que teorizaban sobre un Absoluto trascendente al hombre, los pensadores del nuevo siglo defenderán que la fuente de toda la realidad es el propio ser humano y su esencia. De aquí nacerán las teorías psicoanalíticas, constructivistas y posmodernas que pondrán en tela de juicio los objetos universales de la tradición occidental, como el propio Feuerbach hizo con el objeto divino.

 

 

[1] Aunque otros autores, como Cicerón o Spinoza, ya habían definido la religión como una creación humana, y no como una comunicación con la divinidad, es Feuerbach el que hace que esta teoría tenga influencia en el pensamiento europeo.

 

[2] Para una explicación de la teoría de la religión de Hegel, ver mi artículo “La religión en el siglo XIX: Hegel”, publicado en esta misma revista.

 

[3] Feuerbach, L: La esencia del cristianismo, p.26, ed. Luarna.

 

[4] Feurbach, L: op. cit., p.27.

 

[5] Aunque la filosofía de Feuerbach se construya como crítica a Hegel, se ve claramente en este punto que la filosofía del padre del idealismo es también su mayor influencia.

 

[6] Feuerbach, L: op.cit., p.40

 

[7] Para una explicación de la filosofía de la religión de Schleiermacher, ver “La religión en el siglo XIX: Schleiermacher”, en esta misma revista.

 

[8] Feuerbach, L: op. cit., p. 44

 

 

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