La crisis de los misiles en Cuba

16/10/2020

Dorothea OLDANI @dorographie

 

 

Si alguna vez la humanidad estuvo muy cerca de la Tercera Guerra Mundial, que en este caso hubiera sido una devastadora guerra nuclear, fue aquel otoño de 1962. La crisis de los misiles de Cuba puso en jaque a todo el orbe.

 

 

 

Antecedentes: Potsdam y la Guerra fría

 

Para saber cómo se llegó a esa situación tenemos que remontarnos al verano de 1945. La Segunda Guerra Mundial había terminado en su frente occidental y estaba a punto de hacerlo en el Pacífico. En Potsdam, Alemania, del 17 de julio al 2 de agosto, se reunieron los líderes de los países vencedores, Truman (Estados Unidos), Stalin (URSS) y C. Attlee (Reino Unido), que había ganado las elecciones recientemente en Gran Bretaña sustituyendo al veterano W. Churchill, previamente un habitual en esta clase de conferencias. Allí se decidió el futuro de Europa  y se certificó la división del mundo en dos bloques, el capitalista liderado por Estados Unidos y el comunista por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

 

Fue entonces cuando comenzó la Guerra fría, el enfrentamiento que mantuvieron las dos grandes superpotencias, a nivel político, económico e ideológico, por liderar el mundo. Este conflicto no conllevó disputas militares entre ambos de forma directa pero aprovecharon otros escenarios para ello como fue Corea o Vietnam, creando un clima de tensión que recorrería todos los puntos del planeta. Esta siniestra competición derivó en la carrera espacial que comenzaron ambas potencias por poner al hombre en órbita y llegar a la luna, aunque el verdadero y peligroso riesgo empezó a fraguarse con la carrera armamentística y nuclear.

 

Stalin consiguió extender una zona de influencia en los países del Este del continente al ir liberando de la ocupación nazi a los mismos, durante la guerra. Y lo mismo quería hacer en Asia, África o Sudamérica, expandir la ideología comunista por doquier. Enfrente se encontró a los estadounidenses con unas ideas políticas, económicas y sociales diametralmente opuestas: comenzaba la partida por disputarse el liderazgo mundial. De esta situación nacieron las alianzas militares que reflejaban esta división, la OTAN en los países liderados por Washington y el Pacto de Varsovia bajo el auspicio de Moscú.

 

 

Revolución Cubana: Fidel Castro

 

En este marco de Guerra Fría destaca un hecho relevante, la revolución cubana de 1959, cuya consecuencia es la toma del poder del comunismo en la pequeña isla caribeña a tan solo doscientos kilómetros de la costa de Florida. Esta cuestión alarma a Washington y es vista con buenos ojos en Moscú, que no desaprovecha la ocasión de apoyar a los revolucionarios con Fidel Castro a la cabeza. La llegada de éste al poder supuso una ruptura total con su poderoso vecino, ya que expropió grandes terrenos que estaban en manos estadounidenses y acabó echando de la isla a las barras y estrellas que habían campado a sus anchas por la isla bajo el manto protector del anterior dictador, Batista.

 

La amenaza parecía que se consolidaba y Eisenhower, en ese momento en la Casa Blanca, empezó a tejer, junto a la C.I.A., estrategias de complot y sabotaje, formando guerrillas y apoyando militarmente en secreto a la oposición cubana. La operación militar de Bahía Cochinos, en 1961, fue un intento de invadir la isla por parte de exiliados cubanos, que resultó un desastre, cuando ya J.F. Kennedy era presidente.

 

 

Nikita Kruschev

 

Nikita Kruschev, sucesor de Stalin tras el breve paréntesis de Malenkov, lideraba la Unión Soviética en aquellos años, y vio la gran oportunidad de presentar una amenaza real a su gran enemigo. Ofreció de forma inmediata apoyo militar a Castro, quien no desaprovechó el ofrecimiento. EE. UU. había desplegado misiles de alcance intermedio en Turquía apuntando a la URSS, por lo que la nueva situación cubana le brindó una excelente oportunidad para instalar rampas de lanzamiento de misiles nucleares a pocos kilómetros de las costas estadounidenses.

 

 

Operación Ánadir 

 

En febrero de 1962 Raúl Castro, hermano de Fidel, viajó a Moscú para concretar esa ayuda militar. No solo cerró un acuerdo de colaboración en el envío de armas sino también de un contingente de 42.000 militares. Recibieron plataformas de lanzamiento de misiles, cohetes de alcance medio, ojivas nucleares más bombarderos y cazas, entre los que figuraban los MIG 21. También se incluía defensa antiaérea. Pero había que llevarlo a la isla sin levantar sospechas. El nombre de la operación proviene de un río ubicado en la parte norte del extremo oriental ruso, en la Siberia oriental. Como maniobra de distracción se hizo creer a la inteligencia occidental que ese era el destino del contingente, debidamente equipado para las bajísimas temperaturas de la zona. Incluso cuando la flota se encaminaba al Caribe no saltó ningún tipo de alarma.

 

En septiembre comienza a llegar el material a la isla. Todo esto ante las narices de los estadounidenses y sin que se dieran cuenta. El 14 de octubre de 1962, cuando ya se habían recibido 42 misiles y 9 de ellos ya estaban instalados, los aviones espías estadounidenses, los U-2, detectaron la maniobra  fotografiando las instalaciones. Complementaría Ánadir la Operación Kama, un plan para instalar en la isla una base para submarinos nucleares, en el puerto de Mariel. Los submarinos soviéticos, que se dirigían a la isla también aquellos días, tuvieron que ocultarse en el fondo marino sin recibir comunicación exterior para no ser descubiertos por la flota estadounidense que rodeaba la isla. Tenían órdenes de lanzar sus misiles nucleares a las costas de Florida si se veían obligados a emerger a la superficie.

 

 

Días previos

 

Los días previos a la semana clave los estadounidenses intentaban dar apariencia de normalidad para no despertar sospechas. De hecho el presidente se entrevistó con el ministro de Asuntos Exteriores soviético, Andrei Gromyko, La situación cuando menos no dejaba de ser curiosa. Kennedy ya sabía que los soviéticos  tenían armamento nuclear en Cuba pero Gromyko no sabía que lo sabían. Partida de póker en toda regla. Solo se refirieron a Cuba de pasada a lo que el mandatario soviético matizó que cualquier ayuda a Cuba «tenía solamente el propósito de contribuir a la capacidad de defensa de Cuba».

 

A nivel interno, entre los asesores del presidente estadounidense, la tensión entre los partidarios del conflicto armado directo iba perdiendo fuerza a favor de los partidarios de apostar por un bloqueo. En esta decisión tuvo mucha influencia el hermano del presidente, Robert, a la sazón fiscal general. Otra de las voces autorizadas a favor de esta postura fue la de Adlai Stevenson, el embajador permanente ante las Naciones Unidas aunque siempre agotando previamente la vía diplomática.

 

 

Comunicación de J.F. Kennedy 

 

La intervención televisiva donde Kennedy iba a denunciar públicamente e informar a su pueblo y el resto del mundo de la situación tensa que se estaba viviendo estaba prevista para el lunes 22 de octubre a las siete de la tarde. El presidente estaba tranquilo, mantuvo su agenda y esa misma tarde sobre las cuatro recibió al primer ministro de Uganda, Milton Obote como estaba previsto, quien no sospechó en ningún momento, como luego confirmaría, que el mundo estaba al filo de una guerra nuclear.  Luego informó a los líderes del Congreso.

 

A las 7 pronunció el discurso con expresión grave, la voz firme y tranquila. Aportó las pruebas fotográficas y sentenció: «El propósito de estas bases  no puede ser otro que proporcionar una fuerza de ataque nuclear contra el Hemisferio Occidental». Acusó a los soviéticos de «engaño deliberado» y expuso sus medidas iniciales: cuarentena sobre todo el material militar ofensivo que fuera enviado a Cuba, omitiendo cualquier referencia a un bloqueo para no parecer excesivamente agresivos; redoblada vigilancia de la Isla; la declaración de que el lanzamiento de un proyectil desde Cuba sería considerado como un ataque de la URSS contra los Estados Unidos lo que supondría una acción de represalia; la inmediata  convocatoria de la Organización de los Estados Americanos; una reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad de la ONU; y finalmente un llamamiento a  Kruschev para que desistiera de esta escalada de tensión.

 

«Conciudadanos: no dude nadie que ésta es una actitud difícil y peligrosa (…) nadie puede predecir qué rumbo tomará ni que pérdidas o bajas puede costar (…) Nuestro objetivo no es la victoria del poder  sino la reivindicación de un derecho; no la paz a expensas de la libertad, sino a la vez la paz y la libertad (...)»

 

Al mismo tiempo movilizó unos 40,000 marines más los 5,000 que había en la base de Guantánamo, para invadir Cuba en caso necesario, y puso en alerta su maquinaria de guerra. Aprovecharon unas maniobras aeronavales anfibias que ya estaban programadas para camuflar el movimiento de estas tropas. Daba comienzo la crisis de los misiles que se alargaría trece interminables días de tensión.

 

Por parte soviética, si bien sus palabras fueron beligerantes aceptando el reto, su política gestual fue distinta al ordenar aflojar la marcha de una flota de buques de guerra, con más material, que se encaminaba a la zona. E incluso algunos dieron la vuelta. El 26 de octubre el líder soviético envía un mensaje a la Casa Blanca para intentar llegar a un acuerdo, propuesta que contó con la total oposición de Fidel Castro, dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias. Aunque insistían en que las armas de Cuba eran defensivas.

 

En el Consejo de Seguridad de la ONU se desplegó todo un arsenal “diplomático” entre los embajadores de los dos países, Stevenson (EE.UU.) y Zorín (URSS). El estadounidense presionaba al soviético. «Es la primera vez que oigo decir que el delito no está en el robo sino en el descubrimiento del ladrónNiega usted, embajador Zorín, que la URSS ha enviado y está enviando proyectiles dirigidos del tipo medio e intermedio e instalaciones a Cuba? ¿sí o no? No espera la traducción ¿sí o no?» Zorín mascullo algo como que no estaba ante un tribunal americano, a lo que Stevenson replicó: «Está Ud. ante un tribunal de la opinión mundial». Las gestiones del Secretario  General de las Naciones Unidas, U Thant, contribuyeron también de forma notable al enfriamiento del clima.

 

Lo sorprendente fue la tibieza con la que se acogió la situación en el Reino Unido, cuando no con dudas. El Economist, el Manchester Guardian, el Guardian no se mostraban muy convencidos. Bertrand Russel, entre los pacifistas, que no tenia muy buena opinión de Kennedy, envió un mensaje a cada mandatario. Al Kremlin: «Solicito humildemente su ayuda para reducir la temperatura. Su continua paciencia es nuestra gran esperanza». Y a la Casa Blanca: «Su desesperada acción no puede concebirse como una justificación. No queremos un asesinato en masa. Ponga fin a esta locura». En EE.UU también hubo movimientos pacifistas en esta línea.

 

En plena fase de tensas negociaciones un avión U-2 estadounidense fue derribado, precisamente del piloto que había sido el primero en fotografiar las instalaciones, lo que pareció dificultar las conversaciones, aunque afortunadamente para el planeta no fue así. En la madrugada del 28 de octubre la administración Kennedy aceptó las propuestas soviéticas.

 

Acuerdo final

 

El acuerdo lo cerraron Robert Kennedy y el embajador de la URSS en Washington, Anatoly Dobrinin. La URSS no instalaría misiles en Cuba y EE UU se comprometía a no invadir la Isla, además de retirar los misiles Júpiter de TurquíaLa gran perjudicada fue Cuba que no se vio, según su punto de vista, respaldada por los soviéticos y sufrió, con más fuerza, el embargo económico por parte estadounidense que se agravó con la desaparición de su principal aval y soporte económico y militar, la URSS, en los años 90.

 

Dobrinin declaró en sus memorias, en forma de justificación, que Kruschev había desplegado esa medida como una estrategia geopolítica para lograr una mayor paridad con los EE.UU. Que un motivo para dar el paso fue el fracaso de la invasión de Bahía Cochinos, donde Kennedy fue percibido como un presidente débil e indeciso que no respondería bajo una fuerte presión. 

 

De esta crisis nació el famoso “teléfono rojo”, una línea de comunicación directa entre los dos máximos mandatarios de las dos superpotencias. La tensión se mantuvo muy alta, si bien no a los niveles que se alcanzaron en aquellos días de octubre.

 

 

 

Bibliografía

 

  • LEFFLER M. La guerra después de la guerra. Estados Unidos, la Unión Soviética y la Guerra Fría (2007) Barcelona, Ed. Crítica

  • POWASKI, R.E. La guerra fría. Estados Unidos y la Unión Soviética, 1917-1991 (2000) Barcelona, Ed. Crítica

  • DE LA TORRE GÓMEZ, H. Historia contemporánea (1914-1989) (2010) Madrid. Editorial Universitaria Ramón Areces. 

  • SCHLESINGER .M, A Los mil días de Kennedy (1966), Barcelona, Ayma

 

Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Please reload

Buscador

Entrevistas

Qué opinan las voces más destacadas sobre los asuntos más candentes.s

Series

Diversos temas tratados con mayor profundidad y extensión en formato de series de artículos monotemáticos

colabora.jpg

¿En desacuerdo con este artículo?

Si quieres quieres criticar o complementar este texto, si no compartes su perspectiva, no lo dudes, haznos tu propuesta a la redacción.

Please reload

Revista Libertalia

Filosofía y Humanidades

  • Twitter - Revista Libertalia
  • Facebook - Revista Libertalia
  • LinkedIn - Revista Libertalia
  • SoundCloud - Revista Libertalia

Revista Libertalia es un proyecto sin ánimo de lucro ni línea editorial centrado en la filosofía y las humanidades.

 

Nuestro objetivo es promover la reflexión seria y profunda entre gente joven de dentro y fuera de la academia, tratando los diversos temas de forma compleja, pero con un lenguaje claro y directo.

 

Si estás interesado en colaborar con nosotros no lo dudes, enviándonos tus textos; nuestro equipo estará a tu disposición para acompañarte en el proceso de edición y publicación;  o bien ayudándonos a financiarnos a través de Patreon. 

Recibe la Newsletter