El arcabuz: el arma que dio la victoria a España en el campo de batalla

16/10/2020

La rendición de Breda de Diego Velázquez; Fuente: Wikipedia 

 

Los tercios españoles han sido objeto de debate desde que en los últimos años muchos historiadores y lectores del tema, han sentido la necesidad de averiguar todo lo relacionado con ellos, atrayendo con sí, un número cada vez mayor de lectores aficionados a la historia. En primer lugar, debemos indicar que estas unidades terrestres fueron la personificación militar de la voluntad política de la familia Habsburgo en España, no una unidad en el sentido nacional. Es decir, ellos no luchaban por España, sino por su rey, eran la viva encarnación del poder de la Monarquía Hispánica, una dinastía imperial. Los tercios servían a una bandera, la Cruz de Borgoña de nudos lisos, que representan las ramas de los árboles que se cortaron para crucificar a Cristo. En este sentido de la bandera, nace la unidad: eran gente de la ordenanza, tropas profesionales a sueldo del maestre de campo, y podían abandonar dicha bandera para pasar a otra o, en caso de no recibir paga, abandonar la bandera para volver a España. Sin embargo, lo que diferenciaba a muchos otros ejércitos europeos es que en los tercios no se desertaba al enemigo, pues era considerado el peor de los crímenes. La Monarquía Hispánica controlaba una serie de territorios, lejanos, desconectados por vía terrestre o marítima y que cada vez se hacían más indefendibles por la cantidad de enemigos que provocaba el estar en la cima de la cadena política europea.

 

Sobre el origen del los tercios ha surgido todo un debate. Tradicionalmente se ha sostenido que, Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, quién como primer comandante de estos, unió en conjunto a escopeteros, que por entonces no fueron unidades destacables, para formar una línea de fuego que acabase con la caballería pesada francesa. En los últimos años esta visión ha sido puesta en duda por el historiador francés Quatrefages, que insiste que la concepción del tercio nació en suelo español, y no en Italia, mediante el estudio del modelo suizo, adaptado y mejorado por los españoles. El historiador francés hablaba de que antes del Gran Capitán, en 1495, se constituyó una expedición a Italia con mayoría de infantes en sus filas, y tan sólo un año antes, en el Rosellón, el ejército formaba con tres tipos de infantería en tres armas diferenciadas. Esto se explica en el contexto de 1496, donde los Reyes Católicos en la Ordenanza Militar, sentarían las bases de la organización de una forma profesional para mantener los ejércitos activos en tiempos de paz, lo que sería el precedente de la primera fuerza profesional española, y explicaría que el proceso ya se estaba gestando antes del Gran Capitán.

 

No se puede negar que el comandante supo ver antes que nadie las ventajas de una concentración en primera línea de armas de fuego, una visión importante que le garantizó la victoria en Italia. Ahora bien, este proceso estaba en pañales y ni si quiera estaba establecido como tal. Fernández de Córdoba organizó su ejército promoviendo un escuadrón dividido en doce compañías de quinientos hombres, dos de piqueros, mientras las otras diez formaban unidades de combate a distancia, armados con rodelas, dardos, y arcabuces. La unidad la llevaría el coronel, y en cada compañía, un capitán, seguido de cinco cabos, un alférez con bandera, cincuenta cabos de escuadra, dos tambores y un pífano. Sin embargo, esto tan solo fue una organización improvisada para dicho momento, no una organización de serie.

 

El esquema planteado por el Gran Capitán permitió las victorias españolas en Italia, pero no hay pruebas de que la organización se llevara a la práctica en su totalidad como indica Quatrefages, pero sí que esto permitió que los Reyes Católicos escucharan las voces que exigían poner en práctica regimientos permanentes para conservar dichos territorios. 1504 y 1507, dos fechas donde vemos un avance considerable sobre las compañías planteadas por Fernández de Córdoba de la nueva infantería, que servirían como precedente para la Batalla de Pavía.

 

En 1529, al emperador Carlos V le acompañaron tropas españolas que se formaban en su mayoría en torno a unidades de escopeteros y arcabuceros, pero que se suprimían tan pronto como terminaba la contienda. Sin embargo, en la Orden de Génova de 1536, aparece por primera vez el término “tercio” para referirse a las unidades de Nápoles, Sicilia, Lombardía y Málaga. Estos contingentes evolucionarían con las guerras de Alemania, descritas como unidades donde la infantería era la protagonista, equipada con armamento muy moderno, galanamente vestidos, armados con armas de fuego, y estructurados en una organización permanente. Esto fue lo que permitió que los tercios reinaran los campos de batalla en Europa, gozando de una visión de guerra moderna que ningún otro reino supo ver a tiempo. ¿Por qué en España y no en el resto de Europa, tuvo mayor acogida las armas de fuego? ¿Por qué España podía producir en masa un arma tan cara mientras otros países seguían empleando las armas tradicionales?

 

La guerra medieval se rompe en dos puntos del mapa europeo, en Granada y en Italia. En dichas guerras, los asedios cogen su importancia, ya que, en Granada, las murallas sufrieron un intenso bombardeo, una aportación que debe tenerse en cuenta. A nivel táctico, la caballería pesada seguía siendo la hegemónica en los campos de batalla de finales del siglo XV y principios del XVI, mientras que Castilla y Aragón, en sus limitaciones caballerescas, tuvieron que dar protagonismo a los infantes a los que armaban con picas y armas de fuego.

 

El arcabuz fue un invento alemán, el “hakebuss”, empleado a comienzos de las Guerras Husitas, pero que no encontró resultados favorables para su producción. El arcabuz resultaba un arma muy poco atractiva debido a su incierta precisión, y su relativo peso, por lo que un arcabucero debía cargar con el arma, clavarla en el suelo, efectuar un disparo con probabilidad de fallar, y marcharse antes de que la caballería lo empalase. El problema no fue el arma, sino que ningún comandante supo cómo sacarle partido hasta el Gran Capitán en la batalla de Ceriñola en 1503. La ventaja española residió en saber combinar infantería en escuadrones de picas con escuadrones de arcabuces: los piqueros podían cubrir las cargas de caballería, mientras los alabarderos más agiles que estos, podían combatir a cuerpo a cuerpo a corta distancia, y por último, los arcabuceros, efectuaban fuego de cubertura y podían dañar severamente a los piqueros contrarios antes del combate.

 

El arcabuz no vio su introducción a gran escala de forma práctica hasta 1567 por el Duque de Alba, ya que, a pesar de las victorias de Pavía o Ceriñola, todavía se pensaba que era un arma demasiado torpe para llevar en batalla, preferente para asedios. El duque ordenó cargar a la infantería con arcabuces pesados a gran escala. Esta arma llegaba a costar veinticinco reales y catorce maravedíes por unidad, que, si sumamos las picas con siete reales, y los mosquetes cuarenta y seis, constituían un porcentaje del coste total bastante elevado. Ante el problema del peso del arcabuz español, los españoles probaron diversos métodos de fabricación para aligerar su peso y así mejorar la maniobrabilidad de su infantería.

Por entonces, los españoles contaban con especialistas en dichas armas, curtidos en las batallas anteriores. Esta experiencia en armas de fuego perpetuaría el reinado de la artillería en las tropas españolas que se sumaba a la resistencia del resto de países europeos a la fiebre del arcabuz.

 

Francia contaba en el siglo XV con el ejército más prestigioso del momento, disponiendo a su vez de piqueros suizos, una mezcla de lo tradicional y lo moderno. Fernández de Córdoba supo acabar con ambos. El arcabuz era impreciso pero en una concentración de línea se aseguraba que varios disparos acertaran de lleno. La munición era pesada, por lo que podían perforar las armaduras de los caballeros. De este modo, los franceses vieron como su mejor arma era abatida sin cuartel, sumado a esto que todavía prestaba a la infantería ballestas, y la introducción de armas de fuego no se vería hasta 1573, ya que el pensamiento caballeresco sobre las armas, que consideraban armas de villanos, tuvo mucho eco.

 

El caso de Inglaterra aun fue peor, ya que estos no alcanzarían a tener unidades con arcabuces hasta 1595. Se debe también a la resistencia militar de abandonar el invento inglés de escaramuza que había reinado en los campos de batalla ingleses durante toda la Edad Media: el arco largo. Esta arma medievalista seguía siendo usado en el siglo XVI, un arma medieval y que ya no tenía ningún sentido táctico cuando todo se enfocaba a las armas de fuego.

 

Por todo ello vemos que en casi todo el siglo XVI España contaba con una superioridad tecnológica, táctica y estratégica sobre sus enemigos, a consecuencia de contar con el gran monopolio del arcabuz hasta bien entrado el 1590 y, muy importante, a saber sobreponerse a sus dificultades prácticas.

 

Bibliografía:

 

  • Albi de la Cuesta, Julio (1999); “De Pavía a Rocroi. Los Tercios de Infantería Española en los siglos XVI y XVII”, Balkan Editores, Madrid.

  • Kamen, Henry (2004); “El Gran Duque de Alba”. Madrid.

  • Maffi, Davide (2013); “Los frentes militares, 1536-1598” Desperta Ferro Ediciones, Madrid.

  • Quatrefages, René (1983); “Los Tercios”. Madrid

  • Vázquez Bravo, Hugo (2013); “El origen de los tercios. Los Tercios en el siglo XVI”, Desperta Ferro Ediciones, Madrid.

 

 

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