Reseña: "El mundo no es como crees" de El Orden Mundial (Ariel, 2020)

30/09/2020

Hendrik Will @hendrikwill

 

Los mapas son herramientas curiosas. Por un lado, nos permiten orientarnos a través de territorios que desconocemos o que jamás podríamos llegar a entender en su totalidad. Y, sin embargo, esto no sería posible si los mapas no nos engañaran: un mapa que no simplificara las cosas o que no asumiera como ciertas algunas falsedades no nos serviría de mucho. Sería, como ya nos advirtió Borges, tan grande como el propio territorio que quiere cubrir. Y esto, por supuesto, ni es un mapa ni tiene ninguna utilidad. Con nuestra mente sucede algo parecido: si no fuéramos capaces de simplificar las cosas o de aceptar idealizaciones que, estrictamente hablando, no son correctas, no seríamos capaces de orientarnos en nuestra vida diaria. La información disponible es inmensa, mucho mayor de lo que nuestro cerebro puede llegar a procesar. Si queremos ser capaces de actuar, necesitamos hacer las cosas más sencillas de lo que realmente son. De nuevo, necesitamos mapas que no acaben siendo tan extensos como lo que representan.

 

Por esta razón, es habitual que tomemos atajos cognitivos, razonamientos simplificados que, sin embargo, en algunos casos es razonable que adoptemos, dada su utilidad. El problema es que, cuanto más complejo o novedoso sea el problema al que nos enfrentamos, menor será la utilidad de estas estrategias. Si uno utiliza un mapa de la Europa del siglo xii para viajar desde Barcelona a Budapest, es bastante improbable que le sirva de mucho. ¿Dónde están las carreteras? ¿Y por qué no aparecía esta área de servicio? En una situación de este tipo, lo recomendable es deshacerse del mapa antiguo y obtener uno más actualizado.

 

La tesis central de El mundo no es como crees es que la mayoría de nosotros, cuando tratamos de entender cómo funciona el mundo, estamos empleando también un mapa desfasado. El mundo es mucho más complejo que nuestra calle, nuestro barrio o nuestro pueblo, y los atajos cognitivos que pueden funcionar en algunos de estos lugares son mucho menos fiables. El propósito del libro es discutir una serie de tópicos sobre los que es probable que tengamos una opinión errónea, si no nos hemos informado con anterioridad sobre el tema. Esto, de nuevo, no se debe necesariamente a que seamos irracionales, sino a que estamos utilizando estrategias que tal vez funcionen en determinados ámbitos, pero no resultan útiles para entender fenómenos tan complejos como la economía, la política, la guerra o incluso el estallido y la evolución de una pandemia.

 

Estas categorías se corresponden, de hecho, con algunas de las siete secciones en las que se divide el libro. Cada una de estas secciones incluye, a su vez, breves subsecciones que analizan creencias infundadas acerca del funcionamiento del mundo, desde las supuestas huelgas a la japonesa (en Japón las huelgas son como en todos los sitios) hasta la creencia de que la COVID-19 es la peor epidemia jamás vista (históricamente, las ha habido mucho peores), pasando por temas como el suicidio en los países nórdicos (no, no se debe al frío), la pobreza en el mundo (que viene reduciéndose desde hace décadas) o la gripe española de 1918 (que, en realidad, no tuvo nada de específicamente española). Así, hasta alcanzar un total de cincuentaicuatro  tópicos.

 

 

A mi juicio, este es un libro útil que posee varias virtudes. En primer lugar, el formato. El mundo no es como crees no está escrito por un autor en concreto, sino por el equipo de El orden mundial, un espacio de análisis y divulgación sobre política internacional, economía y sociedad, que ha venido alcanzando una cierta popularidad en los últimos años, gracias a Internet y a su actividad en las redes sociales. Frente al modelo clásico en el que una única persona escribía sobre temas diversos (en muchos casos, sin llegar a dominar ninguno de ellos), en El mundo no es como crees la experiencia y el conocimiento están descentralizados y recaen  sobre los hombros de diversas personas, cada una con una formación diferente. El resultado es una eficiente división del trabajo en la que quienes escriben sobre un tema concreto lo hacen porque, como mínimo, dominan las herramientas necesarias. En el ámbito académico, los volúmenes colectivos son muy habituales, pero más allá de las estrechas fronteras de la academia, aún no son tan comunes. Por esta razón, El mundo no es como crees es un paso en la dirección correcta.

 

En segundo lugar, es un libro muy sencillo de leer, que rehúye los tecnicismos y trata de presentar las diferentes discusiones de la manera más clara posible. El carácter divulgativo del libro es una característica encomiable. En general, El mundo no es como crees consigue negociar con bastante éxito el delicado equilibrio entre el rigor y la accesibilidad a un público general y las exigencias del márquetin (que suelen estar más relajadas en los libros académicos dirigidos a un público especializado, pero que, en cambio, condicionan bastante los trabajos de divulgación dirigidos al gran público). 

 

Por último, se trata de una obra centrada en cuestiones importantes. Exceptuando algunos pocos chascarrillos ocasionales, aunque sin duda interesantes (por ejemplo, si el Reino Unido es el país donde se consume más té o si realmente existe el Nobel de Economía), la mayoría de discusiones tratan sobre asuntos relevantes en la actualidad (pobreza, desigualdad, las consecuencias de la automatización, la guerra, el terrorismo, etc.). De hecho, la última sección está centrada en la COVID-19 (entre otras cosas, sus orígenes, la posibilidad de prevenirlo o su probable impacto económico). Y, pese a lo que podría pensar el lector más escéptico, no solo no está escrita a toda prisa, sino que es el capítulo con las secciones más largas del libro. Curiosamente, algo que sí se echa de menos es una discusión sobre las consecuencias y el impacto del cambio climático. Aunque sí se trata la desforestación en Europa (ahora hay más árboles que antes) y los efectos medioambientales de los coches eléctricos (generan menores emisiones de CO2, pero comporten otros problemas), el cambio climático parece un ámbito sobre el que existen muchos malentendidos, y que, a mi juicio, hubiera encajado perfectamente en un libro de este tipo.

 

En todo caso, para el lector que busque una introducción a una gran cantidad de asuntos económicos, sociales y políticos, El mundo no es como crees es una opción recomendable. Evidentemente, es un libro de divulgación y no un manual universitario. Pero, una vez tenemos clara cuál es su función, creo que el veredicto es positivo. Aunque no nos ofrece la representación más detallada posible del terreno en el que nos movemos, por lo menos nos permite sustituir nuestros antiguos mapas y orientarnos mejor a través de una oscuridad que, en ocasiones, parece impenetrable.

 

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