Cine y filosofía (III): A este lado del mundo

15/09/2020

ev @ev


En los últimos años, se ha vuelto un lugar común observar las imágenes de inmigrantes —en su mayoría subsaharianos y magrebíes— intentando saltar las vallas colocadas en las fronteras de Ceuta y Melilla. En respuesta a estos intentos, la Guardia Civil española ha generalizado la práctica de devolver a los inmigrantes a Marruecos de manera inmediata y sin observar procedimientos administrativos, hecho que ha dado lugar a lo que se conoce públicamente como «devoluciones sumarias», «exprés» o «expulsiones en caliente»[1]. En tal sentido, es conocida la traumática situación que se vive en dichas fronteras: vulneración de derechos de los inmigrantes, abusos de las fuerzas de seguridad, heridos, muertes y docenas de pateras que vagan por el mar; cientos de refugiados y solicitantes de asilo que no logran presentar sus peticiones, menores sin padres y madres embarazadas sin atención médica. Los Centros de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de ambas ciudades se encuentran saturados y en condiciones de hacinamiento[2].

 

Estos son algunos de los graves problemas que componen el paisaje migratorio de Ceuta y Melilla, los cuales han colocado a la política migratoria del Estado español en el ojo de la tormenta por ineficaz, costosa y, más importante aún, por no cumplimentar con varios compromisos jurídicos asumidos en tratados y convenciones de derechos humanos. El objetivo del presente artículo es analizar la realidad migratoria de Melilla a la luz del film A este lado del mundo del director madrileño David Trueba[3], presentado en agosto de 2020 en el Festival de Málaga. Como es sabido, el cine constituye una valiosa herramienta para comprender los procesos sociales, económicos y políticos de nuestro tiempo.

 

Antes de comenzar con el análisis de la película conviene detenerse en el régimen jurídico y en la posición política-económica de Melilla. Esta plaza de soberanía española no es una Comunidad Autónoma, sino que es una Ciudad Autónoma. La disposición transitoria quinta de la Constitución estableció que las ciudades de Ceuta y Melilla «podrán constituirse en Comunidades Autónomas» si así lo decidían sus respectivos ayuntamientos mediante una ley y si las Cortes Generales lo aprobasen[4]. No obstante, la Ley 2/95, de 13 de marzo, optó por el de Ciudad Autónoma (como así también para el caso de Ceuta). Simultáneamente, Melilla no integra el espacio aduanero de la Unión Europea debido a que conserva el carácter de puerto franco obtenido en el siglo xix [5]. Entretanto, los efectos del Tratado de Schengen se despliegan sobre ella con detalles. En el Protocolo de Adhesión de España al Acuerdo de Schengen de 1993 se decidió que seguirán aplicándose por parte de España los controles para mercancías y viajeros procedentes de las ciudades de Ceuta y Melilla. Al mismo tiempo, se instauró una exención de visado correspondiente al «pequeño tráfico fronterizo» entre Ceuta y Melilla y las provincias marroquíes de Tetuán y Nador.

 

En relación a estos pasos de frontera, se flexibilizaron los controles de entrada y salida a los habitantes de Tetuán y Nador, a raíz de cumplir funciones económicas esenciales en Ceuta y Melilla. Principalmente en el sector doméstico, la construcción, la gastronomía, la hostelería y, sobre todo, lo que se conoce como comercio atípico o irregular: el tránsito ilegal de mercancías desde Ceuta y Melilla a Marruecos y que ha dado lugar al singular fenómeno socio-laboral de las «porteadoras»; esto es, mujeres marroquíes que transportan grandes bolsas de mercancías sobre sus espaldas [6]. Este tipo de comercio reporta a Ceuta y Melilla —y por extensión a España— cuantiosos beneficios económicos. No obstante, la exención de visado no se aplica al resto de ciudadanos marroquíes que no habiten en Tetuán o Nador, los cuales están sometidos a férreos controles de seguridad en las fronteras.

 

La primera valla fronteriza construida en Melilla data de 1998. Dado el aumento de saltos de inmigrantes y de expulsiones en caliente, en 2005 esta valla se elevó a 6 metros y se instaló otra en territorio de Marruecos. En 2014 Marruecos procedió a levantar otra valla más. En total la prolongación del vallado de Melilla se alarga hasta los 12 kilómetros. Cabe señalar que las vallas de Melilla están dotadas de numerosos dispositivos de seguridad: cámaras de video, torres de control, radares, micrófonos, luces de alta intensidad, mallas antitrepa, alambre de púas y, por supuesto, el permanente patrullaje de la Guardia Civil española y del otro lado por las fuerzas de seguridad de Marruecos.

 

Descrito el escenario fronterizo de Melilla, es momento de sumergirse en la trama de la película. El personaje principal es Alberto —encarnado por el actor Vito Sanz—, ingeniero madrileño y representante del español medio[7] que, en el momento en el que planea comprarse una casa, lo despiden de la empresa en la que trabaja (también estaba buscando hijos con su mujer). Cuando esto ocurre, Alberto recibe una propuesta de su antiguo jefe para una tarea fuera de Madrid. Dadas las circunstancias económicas y personales, Alberto no está en condiciones de rechazarla, por lo que se ve empujado a aceptar. Lo que no espera es que el trabajo implique viajar hasta la ciudad de Melilla.

 

Alberto, que desconocía Melilla, llega a un hotel vulgar y se familiariza con la ciudad. Días después, se presenta ante su nuevo jefe, un empresario con estrechos vínculos con las autoridades políticas y con la Guardia Civil. El encargo que le asignan consiste en diseñar dispositivos de seguridad para la valla de Melilla con el objetivo de volverla impenetrable como una tela de araña. En la primera reunión con el jefe este le dice: «Tu aquí no solo trabajas para mí y para la empresa. Aquí trabajas para España». El sentido político que subyace en esta declaración es evidente: si bien Alberto trabajará como ingeniero en la valla, se trata de resguardar al país del «asalto» de los inmigrantes africanos que intentan cruzar. Por lo demás, el jefe le entrega una carpeta llena de notas de diarios y recortes periodísticos referidos a la frontera, las concertinas puestas en las vallas, las expulsiones en caliente realizadas por la Guardia Civil, las muertes en el mar y las pateras cargadas de inmigrantes que, como se dijo arriba, componen el paisaje cotidiano de esta frontera.

 

A medida que avanza la historia hace su aparición el otro personaje destacado: Nagore (representada por la actriz Anna Alarcón). Nagore se convierte en la asistente personal de Alberto y lo guía por la ciudad; le cuenta sobre su historia y sobre el comercio atípico o irregular de las porteadoras ya señalado arriba, fuente principal de sustento para los y las inmigrantes; lo lleva de copas y le presenta a los funcionarios de la Guardia Civil encargados de vigilar las vallas de Melilla. Asimismo, le ofrece a Alberto que compre un coche (este hecho, como se advertirá más adelante, es sumamente importante para la historia). En determinado momento, Nagore le dice a Alberto: «Una ciudad europea en África [Melilla]. Es algo único». Ciertamente, conviene recordar que Ceuta y Melilla son las únicas fronteras terrestres de la Unión Europea con África.

 

Nagore pertenece a la Guardia Civil (su padre fue asesinado por ETA cuando cumplía funciones en el cuerpo) y expresa el discurso de rechazo total hacia los inmigrantes. Así pues, justifica cada una de las medidas de seguridad colocadas en las vallas que, justamente, tiene que revisar Alberto, pues para eso lo contrataron. Nagore afirma que los inmigrantes son «una legión de tíos con ganas de colarse» y que «algo hay que hacer. Si no esta gente invade Europa». Sus dichos son tajantes: los inmigrantes cruzan porque quieren «vivir a costa de nuestros buenos sentimientos y de nuestros impuestos». Asegura que en España «no cabemos todos». Nagore juega con la idea, instalada en buena parte del imaginario común de la sociedad española y repetida por varios líderes políticos, de que los inmigrantes invaden, embisten, asaltan y asedian las fronteras y si se les permite entrar se genera un imparable efecto llamada.

 

Por otro lado, en la película se advierte el ligero cambio de rumbo de la política migratoria efectuado por el PSOE en relación a la del PP, llevada adelante durante la presidencia de Mariano Rajoy con Jorge Fernández Díaz como Ministro del Interior. La política del PP se caracterizó por el aumento sistemático de expulsiones en caliente y, sobre todo, por la continuidad de las concertinas, es decir, alambre de púas o de cuchillas colocado en las vallas para que los inmigrantes no salten y, en caso de que lo hiciesen, se corten y se vean impedidos de seguir hasta que la Guardia Civil los intercepte. Cabe recordar que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero instaló las concertinas en las vallas de Melilla[8], pero el actual gobierno de España presidido por Pedro Sánchez, ha dado (tímidas) muestras de relajar la política securitaria de Ceuta y Melilla, pues comenzó a retirarlas.[9] Sin embargo, las expulsiones en caliente no han cesado. Este cambio de enfoque es visible en las palabras del jefe de Alberto, quien expresa: «Quieren [las autoridades] algo disuasorio sin volver a la concertina». O también: «El lema ahora es seguridad, pero con humanidad». Al mismo tiempo, el jefe declara que «nosotros preferimos que la mano dura la ponga Marruecos». En líneas generales, esta ha sido la línea de acción estratégica del PSOE en Ceuta y Melilla: estrecha coordinación con el país vecino para que sean sus fuerzas de seguridad las que hagan el trabajo sucio y detengan a los inmigrantes africanos. De ahí que se caracterice a Marruecos como «gendarme de Europa».[10] A cambio, este país consigue considerables ayudas económicas o beneficios diplomáticos, tanto de España como de la Unión Europea.

 

Una vez concluido el trabajo en la valla, Alberto recibe el coche que le había comprado a Nagore y parte rumbo a Málaga en un ferri. La última escena es asombrosa y da cuenta de la lucidez cinematográfica de Trueba: en el maletero del coche va escondido —sin que Alberto sepa— un inmigrante africano (Zidane Barry, quien en la vida real saltó por la valla de Melilla cuando tenía 15 años). Al enterarse por los ruidos del movimiento del inmigrante, Alberto se queda estupefacto: primero lo obliga a descender del coche, luego reflexiona por un momento, le convida agua, le presta su móvil para que haga una llamada y finalmente lo lleva hasta Jaén, donde vive una persona conocida que lo estaba esperando.

 

En conclusión, A este lado del mundo de David Trueba es un agudo y veraz retrato de la realidad migratoria vivida en la frontera de Melilla, y ayuda no solo a adentrarse de manera crítica en sus causas, problemas, vicisitudes y consecuencias, sino que nos advierte del grandísimo e innecesario coste jurídico, político, económico y humanitario de la política de corte securitaria adoptada por el Estado español en dicha frontera. En palabras de Trueba, «no hay mayor expresión de la impotencia de los seres humanos que los muros».[11] Su cine deviene una vía propicia para interpretar la realidad circundante y transformarla (como Alberto, quien luego del viaje a Melilla asume otra visión de la inmigración). En suma, y como sugiere el título de la película, quizás es el momento histórico de asumir que Melilla —al igual que Ceuta— está de este lado del mundo.

 

 

[1] Para una explicación de las expulsiones y sus consecuencias jurídicas, véase Martínez Escamilla, M.(2016). Devoluciones en caliente. Un análisis jurídico. En J. L.Villena Higueras (Coord.), Derechos humanos y justicia universal en la frontera Sur (p. 77-96). Granada: Universidad de Granada.

 

[2] Ferrer Gallardo, X. y Gabrielli, L. (2018). Estados de excepción en la excepción del Estado. Ceuta y Melilla. Barcelona: Icaria.

 

[3] David Trueba tiene una vasta trayectoria como escritor, director de cine y periodista. Para conocer su biografía y su producción artística e intelectual puede consultarse su página web: http://www.davidtrueba.com/. Además, pueden leerse sus columnas semanalmente en El País.

 

[4] La disposición transitoria quinta dispone: «Las ciudades de Ceuta y Melilla podrán constituirse en Comunidades Autónomas si así lo deciden sus respectivos Ayuntamientos, mediante acuerdo adoptado por la mayoría absoluta de sus miembros y así lo autorizan las Cortes Generales, mediante una ley orgánica, en los términos previstos en el artículo 144».

 

[5] Un «puerto franco» es un puerto con una jurisdicción laxa y permisiva con respecto al resto del país donde esté ubicado, es decir, implica que está libre de impuestos o, al menos, cuenta una regulación favorable.

 

[6] Lara, C. (2018). Las mujeres porteadoras y el comercio irregular en la frontera de Ceuta. En Ferrer Gallardo, X. y Gabrielli, L. (Eds.), Estados de excepción en la excepción del Estado. Ceuta y Melilla (p. 74).

 

[7] Trueba definió al personaje de Alberto como «una mezcla de James Stewart y votante de Ciudadanos». El Confidencial, 28 de agosto de 2020. Disponible en https://www.elconfidencial.com/cultura/cine/2020-08-28/david-trueba-melilla-este-lado-del-mundo_2727595/.

 

[8] ABC.es, 18 de junio de 2018. Disponible en https://www.abc.es/espana/abci-zapatero-instalo-concertinas-vallas-ceuta-y-melilla-201806180417_noticia.html.

 

[9] El Confidencial, 22 de enero de 2020. Disponible en https://www.elconfidencial.com/espana/andalucia/2020-01-22/ministerio-interior-retira-concertinas-vallas-cueta-melilla_2421884/.

 

[10] Cristiani Zaragoza, J. (2017). ¿Externalización del control migratorio o empoderamiento e instrumentalización de la inmigración?: el caso de España-Marruecos. En López-Sala, A. y Godenau, D. (Ed.), Estados de contención, estados de detención: el control de la inmigración irregular en España (p. 29-54). Barcelona: Anthropos.

 

[11] El País, 27 de agosto de 2020. Disponible en https://elpais.com/revista-de-verano/2020-08-27/david-trueba-melilla-es-la-expresion-brutal-de-la-frontera.html.

 

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