Teutoburgo, de Varo a Germánico

15/09/2020

David Köhler

@davidkhlr

 

A principios de nuestra era, el incipiente Imperio romano vio como a las primeras de cambio fue sorprendido en una emboscada en el Limes germano, perdiendo tres de sus poderosas legiones: la XVII, la XVIII y la XIX. El emperador Augusto no daba crédito al recibir la noticia. Teutoburgo, Arminio y Quintilio Varo pasaron a engrosar la relación de nombres nefastos para Roma. Un tenebroso bosque en Germania y un ejército de tribus dirigido por Arminio, germano de nacimiento que había logrado formar parte de las fuerzas auxiliares de las legiones, con ciudadanía romana y firme conocedor de sus estrategias militares, de sus fortalezas y de sus debilidades, fueron los condimentos necesarios para infligir a Roma una de sus peores derrotas y provocar sus peores pesadillas.

 

«¡Quintilio Varo, devuélveme mis legiones!»

 

Según nos cuenta Suetonio en su Vida de los doce césares, en su capítulo dedicado al divino Augusto: «Tan solo padeció dos derrotas graves e ignominiosas y las dos en Germania: la de Lolio y la de Varo […]»; la de Varo tuvo proporciones catastróficas, al perder tres legiones enteras con su general, los legados y las tropas auxiliares. Al conocer el desastre, apostó centinelas en la ciudad para evitar que surgieran alborotos y prorrogó el mando militar a los gobernadores de las provincias para que generales expertos y conocidos de ellas contuvieran a las naciones aliadas […]. Se dice que quedó consternado hasta el extremo que ininterrumpidamente durante muchos meses se dejó crecer la barba y el cabello y, en ocasiones, se golpeaba la cabeza contra las puertas, gritando: «¡Quintilio Varo, devuélveme mis legiones!»; y, en adelante, el día de la derrota fue siempre para él un día de tristeza y duelo». Otra de las medidas tomadas por Augusto fue que alejó de Roma a los miembros de la Guardia Pretoriana de origen galo y germano, según nos cuenta Dión Casio.

 

Augusto, a pesar de las proporciones de la derrota, no repuso las tres legiones perdidas, posiblemente por la dificultad de realizar nuevas levas, teoría por la que aboga Dión Casio. Roma disponía de veintiocho legiones y esta pérdida era inasumible. Sabía que más o menos era factible reconstruir una legión derrotada, pero no tres que hubieran sido aniquiladas. Dos años antes de aquel desastre, en el 7 d. C., Augusto envió a Quintilio Varo para consolidar el Limes del Rin . Los romanos ya disponían de una cadena de fortificaciones en la zona, tanto para invernar como para las campañas veraniegas. Este supuesto poderío fue malinterpretado por Varo, su experiencia como gobernador en Siria, zona largamente pacificada, le hizo incapaz de analizar la nueva situación ante estas tribus muy hostiles y siempre dispuestas al combate.

 

La idea perseguida por Augusto consistía en ampliar su influencia y sus fronteras en el territorio germano. Si conseguía incorporar esta nueva provincia incrementaba no solo su poder sino su esquema comercial, impositivo y organizativo. Pocos días fueron suficientes para que esa idea se desvaneciera de forma definitiva.

 

 

Arminio

 

Arminio fue reuniendo una coalición temporal de tribus como los queruscos, marsi, chatti, bructeri y otros pueblos menores sin levantar las sospechas de Varo. Consciente de que un enfrentamiento con las legiones a campo abierto sería la perdición, optó por aprovechar sus ventajas en un frondoso bosque, lo que permitió que hostigara al enemigo de forma constante, desgastando su capacidad física y psicológica.

 

 

Teutoburgo

 

Al finalizar el verano del año 9, cuando Varo se replegaba a los cuarteles de invierno, fue engañado con un supuesto levantamiento de ciertas tribus. Decidió acudir al foco de la sublevación con sus soldados, quienes agotados solo eran capaces de pensar en su merecido descanso. Las tareas de reconocimiento fueron encargadas a las tropas auxiliares germanas que «misteriosamente» desaparecieron en un momento dado dejando a las legiones totalmente ciegas.

 

Las legiones, tras dos días de furibundos y mortales ataques, llegaron al paso de Kalkriese, donde se encontraron un cuello de botella entre unos pantanos y una colina arbolada. En este lugar, miles de años después, las excavaciones arqueológicas han descubierto un terraplén de unos 400 metros que los germanos levantaron desde donde asestaron la última estocada. Pocos romanos consiguieron salir con vida y casi peor suerte corrieron los que fueron capturados y sometidos a todo tipo de torturas.

 

Los germanos no aprovecharon la oportunidad de esta victoria y Roma volvió a salvar la piel en el último momento, como ya le había pasado con Aníbal siglos atrás. Arminio envió la cabeza de Varo a Maroboduo, rey de los marcomanos para incitarle a seguir la revuelta, pero este, conocedor de las represalias romanas, se echó para atrás; no solo eso, de hecho remitió la cabeza a Augusto. Tras esta derrota los romanos no volvieron a tener presencia permanente al este del Rin.

 

 

Tiberio

 

El temor de Roma a una aparición de los germanos lo reflejaba Dión Casio en sus escritos del siglo segundo relatando una serie de hechos que se interpretaron en su momento como malos augurios, como por ejemplo que el Templo de Marte fuera impactado por un rayo o que una estatua de Victoria sita en Germania, dirigida hacia territorio enemigo, se girara y apuntara a Roma. Sean o no ciertos estos prodigios, a los que los romanos eran tan aficionados, la realidad era que el impacto psicológico y sobre todo moral que supuso la derrota en Teutoburgo para el Imperio fue muy altoPoco después de conocerse aquella derrota, Augusto envió a Tiberio, su hijo adoptivo y posterior sucesor, con la idea de hacer ver a los sublevados germanos el poder de Roma. Ahora bien, el panorama no era el que se temía Roma. Las tribus germanas estaban desunidas y dubitativas respecto a atacar las débiles defensas enemigas y Arminio no fue capaz de convencerlos de los beneficios de atacar en ese momento. Dos años después, Tiberio había logrado conformar otro espectacular ejército con legiones traídas de otras provincias, conformando un sólido cuerpo de ocho legiones a lo que se sumaban sus tropas auxiliares.

 

 

Germánico

 

A Tiberio le sustituyó Julio César Claudiano Germánico, hijo de Druso, quien, junto a Aulo Cecina, se encargaría de restaurar el prestigio de Roma en Germania y de castigar a Arminio. Lo primero que tuvo que afrontar el nuevo general no fue un ataque germano, sino un motín de su propio ejército. Las medidas que se tomaron después del desastre de Varo, como el reenganche de veteranos o la prolongación del servicio para aquellos que estaban a punto de llegar a su fin sumados a problemas con las pagas, hizo que la rebelión se extendiera entre la tropa. Rebelión que fue atajada de forma violenta, pero también con dosis de persuasión y promesas.

 

La primera incursión de Germánico en territorio hostil al mando de sus tropas fue en el año 14 cuando atacó y aniquiló a los marsi, una de las tribus que habían participado en Teutoburgo. En la primavera del siguiente año, las legiones se volvieron a poner en movimiento. Germánico con cuatro legiones atacó a los chatti por el sur, mientras que Cecina impedía que Arminio llegara en su ayuda. Todo esto minaba la moral de los germanos donde además proliferaba la desunión. El suegro de Arminio, Segestes, se pasó al bando romano llevando con él a su hija, la mujer del líder germano, junto a parte del botín capturado en el bosque de Teutoburgo. El siguiente objetivo fueron los bructeri al norte. En una acción de pinza, Cecina y Germánico no solo consiguieron la victoria, sino que alcanzaron un objetivo moral de gran importancia: recuperar uno de los estandartes perdidos por Varo, el águila de la Legio XIX. 

 

Ese año 15 las legiones de Germánico llegaron a Teutoburgo, escenario del antaño desastre. Las órdenes del general fueron enterrar los restos de los compañeros caídos que todavía permanecían a la intemperie semidevorados por las alimañas del bosque, gesto que la tropa valoró muy positivamente, al entender que honraba a los compañeros caídos. En el otoño de ese año, cuando los romanos se preparaban para invernar y mientras Germánico volvía por mar con la mitad del ejercito, la otra mitad al mando de Cecina fue atacada por Arminio, produciendo que la sombra de Varo planeara sobre las águilas romanas. Pero una vez más la indecisión y la fragilidad de Arminio como líder de los germanos ayudaron a que aquello no se repitiese.

 

Idistaviso

 

Al año siguiente, Germánico encontró lo que tanto estuvo buscando él y toda Roma: un enfrentamiento directo y a campo abierto con las huestes de Arminio. El lugar de la añorada venganza sería Idistaviso, donde derrotó a los germanos y puso en fuga al mismo Arminio provocando una matanza entre sus tropas. Los contragolpes germanos no se hicieron esperar, pero fueron siempre repelidos por las legiones. En uno de ellos se consiguió recuperar un segundo estandarte. La tercera águila de Varo tuvo que esperar al año 41 para ser recuperada, según narra Dión Casio.

 

El final de Arminio no fue el esperado para un gran líder capaz de infligir a Roma una de sus peores derrotas: fue asesinado por miembros de su propia tribu ante el temor de que se convirtiera en un rey absoluto. Tras las victorias de Germánico, que celebró un triunfo en Roma en el año 17, la línea del Rin se mantuvo como limes fronterizo defensivo y cesaron las campañas a gran escala. Roma no volvió a intentar la creación de una provincia al oeste del Rin.

 

 

-Suetonio Tranquilo, G. (2010). Vida de los Doce Césares. Austral.

 

-Bajo Álvarez, F., Cabrero Piquero, J. y Fernández Uriel, P. (2008). Historia Antigua Universal III. Historia de Roma.[Unidad didáctica]. UNED .

 

-Quesada Sanz, F. (2005). Matanza en Teutoburgo, La Aventura de la Historia, 86, 86-91.

 

-Quesada Sanz, F. (2009). Teutoburgo, la venganza de Roma. La Aventura de la Historia, 132, 30-36.

 

-Esteban Ribas, A. R. (2014). El desastre de Varo en Germania. Historia Rei Militaris: Historia militar, Política y Social,7, 58-70.

 

-Esteban Ribas, A. R. (2014). Águilas en Germania: las campañas de Varo y Germánico en el Rhin. Madrid: HRM Ediciones.

 

-Fuller, J. F. C. (2009). Batallas decisivas del mundo occidental. Barcelona: RBA.

 

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