La religión en el siglo XIX: Schleiermacher

15/09/2020

Ricky Turner @ricky_turner

 

El siglo xix ha venido a llamarse el siglo del romanticismo, movimiento intelectual que se contraponía al racionalismo de la centuria del 1700. Los pensadores decimonónicos buscaban, frente a la supremacía de la razón directora, reivindicar el elemento emotivo como principio rector de las acciones y de la historia humana. Entre estos autores enfocados en el sentimiento y en su función dentro de la existencia del hombre, uno de los pensadores más interesantes es Friedrich Schleiermacher (1768-1834), filósofo y teólogo, discípulo intelectual de Spinoza y Kant, que centró su labor especulativa en el campo de la filosofía de la religión.

 

Este filósofo germano es conocido como uno de los enemigos más acérrimos de la teoría hegeliana. Al igual que Schopenhauer, Schleiermacher cree que el autor de la Fenomenología del Espíritu supedita injustificadamente la realidad completa al imperio de la razón. Para Schleiermacher, sin embargo, la razón es impotente frente a las realidades últimas y trascendentales, como es el caso de Dios. En vez del intelecto puro, este pensador reivindica el papel del sentimiento como puente que une al hombre con la divinidad.

 

La distancia que separa a Hegel de Schleiermacher se aprecia mejor si vemos la relación que ambos tenían con Immanuel Kant. Mientras que Hegel parte de la Crítica de la razón pura para establecer su teoría de la dialéctica, Schleiermacher bebe de la teoría kantiana expuesta en la Crítica de la razón práctica y en la Crítica del juicio, obras en las que el filósofo de Königsberg busca reunificar el reino de los fenómenos y los noúmenos a través de propuestas que sobrepasan la racionalidad humana. Schleiermacher, siguiendo a Kant, defiende que la unidad fundamental de la realidad no puede hallarse mediante la razón, como pensaba Hegel, sino que es el sentimiento, la emoción humana, lo que comunica al hombre con la esencia última. Por ello, es severamente crítico con la Ilustración y con el idealismo alemán, que propugnaban la supremacía de la razón y del intelecto como modos de entender a Dios y al mundo.

 

A raíz de su teoría irracionalista, Schleiermacher entiende la religión como el camino de comunicación con la divinidad. Para este autor, «La esencia de la religión consiste en el sentimiento de una dependencia absoluta»[1]. Más que los ritos o las teorías teológicas, para Schleiermacher lo que define la religión es la experiencia que vive el hombre de ser creación de una divinidad que lo trasciende por completo. Por lo tanto, el creyente no comprende a Dios racionalmente, sino que lo siente, tiene una experiencia divina. Así pues, su concepción de la religión es radicalmente opuesta a la hegeliana; mientras que Hegel entiende la religión como una comprensión racional por parte del hombre del Absoluto[2], Schleiermacher defiende que la religión es el sentimiento de presencia de lo divino, denominado por él «piedad». La piedad es, por lo tanto, el sentimiento de dependencia, de unión con un principio radicalmente superior a cualquier fenómeno que veamos. Desde esta línea, Schleiermacher afirma que «El milagro es simplemente el nombre religioso de un evento. Cada evento, hasta el más común y natural, se convierte en un milagro, tan pronto como la visión religiosa del mismo puede ser dominante. Para mí, todo es un milagro[3]».

 

El milagro no es, por lo tanto, una propiedad del objeto como tal, sino la conciencia humana del sentimiento religioso. En el acervo infinito de fenómenos, nuestra conciencia es capaz de ver reflejada la trascendentalidad que articula y hace posible la existencia. Como la visión de Dios por parte del hombre no depende de un objeto concreto, ello hace posible que todos los seres humanos experimenten ese sentimiento de piedad, lo que explica la existencia de tantas religiones como sociedades hay. Las diversas religiones no son sino múltiples expresiones del mismo sentimiento porque «la enseñanza de la religión no debe ser buscada en los libros, como si fueran conceptos intelectuales o conocimientos científicos». Al igual que su adversario Hegel, Schleiermacher entiende la religión como un proceso histórico. La diferencia entre las diversas religiones, sin embargo, no está en el concepto que se hacen de la divinidad, como creía Hegel, sino en las diferencias que acontecen al sentimiento de piedad. El sentimiento de dependencia absoluta irá cambiando conforme se sucedan las civilizaciones y sus creencias teológicas. Este proceso conduce a la religión suprema, la cual es, según Schleiermacher, el cristianismo[4]. Esto es así debido a que, en la fe cristiana, Dios mismo se convierte en hombre y canaliza el sentimiento religioso de modo definitivo. Cabe resaltar aquí que Schleiermacher es teólogo y devoto cristiano, por lo que la supremacía histórica y ontológica de esta religión no es una sorpresa, más teniendo en cuenta que es un pensador del siglo xix. Tanto Hegel como Schleiermacher trazan sus teorías en un contexto en que la supremacía militar y económica de Europa frente a Asia y África es apabullante, por lo que la deducción de la superioridad de la civilización occidental en todos los aspectos (cultural, religioso, humano…) es casi un camino obvio para estos pensadores. Así pues, ambos teóricos conciben la religión como un proceso histórico que avanza progresivamente, desencadenando en la civilización europea. Esta concepción progresista de la historia nos permite entroncar a Schleiermacher dentro del historicismo imperante del siglo xix , según el cual, la mejora de las condiciones materiales a lo largo de la historia iba produciendo a su vez una mejora de la situación espiritual de los seres humanos, lo que desencadenaría en una revolución final y utópica de diversos tipos según el autor que la defendiera[5].

 

Aunque el enfoque etnocentrista y optimista de estos pensadores ha quedado paulatinamente desfasado, nos vemos en la obligación de rescatar ciertos elementos de Schleiermacher que hacen de su teoría de la religión una de las más actuales de su siglo. En primer lugar, su contraposición al enfoque típicamente racionalista de los filósofos occidentales, que pensaban que para creer en Dios había que demostrarlo racionalmente, lo acerca a las posturas contemporáneas, como la de Freud o la de Richard Dawkins, aunque estos pensadores vieran en este fundamento pasional más bien un problema que no un apoyo a la creencia religiosa. Efectivamente, tanto el padre del psicoanálisis como Schleiermacher o Dawkins defienden que la creencia religiosa no se fundamenta en la coherencia racional de los dogmas de fe o en la plausibilidad de una demostración lógica de la existencia de Dios, sino más bien en que la creencia en un ser supremo genera un alivio y una felicidad que nos incita a creer en su existencia. Para Schleiermacher, este sentimiento es la justificación de que tal entidad existe. Para Freud y Dawkins[6], sin embargo, que la fuente de la creencia divina resida en un sentimiento humano implica que Dios no es, realmente, sino un objeto ficticio que ayuda a las personas a lidiar con sus inquietudes existenciales. Por todo esto, aunque Schleiermacher sea un fervoroso creyente, su concepción de la religión es, paradójicamente, muy próxima a la de los ateos contemporáneos. Por todo ello, la progresiva descreencia en el poder omniexplicativo del pensamiento objetivo hace de autores como Schleiermacher un claro referente a la hora de entender una realidad tan humana como es la fe. Además, aunque Schleiermacher establece una jerarquía entre las múltiples confesiones, no lo hace en un esquema de error-verdad, sino que sitúa el acento en el elemento común que todas las religiones tienen, lo que posibilita en mayor medida el diálogo entre creyentes de diversos dogmas.

 

La influencia de Schleiermacher, sin embargo, no es algo que sea necesario reivindicar, ya que su pensamiento ha calado profundamente entre los ambientes protestantes. Este autor tendrá una enorme influencia entre los teólogos liberales de Norteamérica[7] y entre algunos pensadores alemanes, como puede ser Karl Barth. Todo pensador que se aleje de las posturas racionalistas en torno de la religión se acercará al pensamiento de Schleiermacher buscando un referente. En conclusión, el estudio de Schleiermacher nos permite observar un concepto alternativo que habitualmente nos viene a la cabeza al pensar en la teoría de la religión del siglo xix.

[1]  Ens, P. Compedio Portavoz de teología. Teología liberal. Capítulo 31. Teología Moderna.

 

[2] Expuse la teoría hegeliana de la religión en un artículo publicado en esta revista titulado «La religión en el siglo XIX: Hegel».

 

[3] Schleiermacher, F. Speeches to its Cultured Despisers. Traducción propia.

 

[4] Ver Especificidad y centralidad de la religión en la vida e Infinidad de religiones y primado del cristianismo en El concepto de religión en Schleiermacher de José María Melero Martínez, capítulos 4 y 5, p. 61-64.

 

[5] Comte, Marx en La miseria de la filosofía y el ya mencionado Hegel son claros ejemplos de este progresismo de cuño historicista.

 

[6] Sobre la concepción de la religión de Freud, ver Moisés y la religión monoteísta. De Dawkins, ver su documental The root of all evil?

 

[7] Ver, por ejemplo, Martínez Guerrero, L. La influencia de la obra teológica de Schleiermacher en la Psicología de la religión de William James. Revista de Historia de la Psicología, 31(2-3), 63-74.

 

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