La fascinación del Antiguo Egipto

14/08/2020

Simon Berger @8moments

 

 

El Antiguo Egipto tuvo siempre una capacidad especial para provocar asombro y fascinación, y ha sido así desde la antigüedad, cuando ya las civilizaciones de su entorno imitaron la estética generada en el país de los faraones, se dejaron seducir por lo egipcio y difundieron sus formas. También entre griegos y romanos Egipto causó furor, hasta el punto de que en la propia Roma se levantaron obeliscos que transportaron desde el Nilo e incluso se construyeron pirámides y santuarios a Isis. Así pues, desde la misma antigüedad, el mundo de los faraones ha sido fuente de inspiración para todos los campos de creación artística: literatura, joyería, pintura, arquitectura, escultura y llegando más tarde hasta la ópera, la publicidad, el diseño, el cómic o el cine.

 

 

Egipto antes de su redescubrimiento

 

Egipto fue desconocido, o mejor dicho, mal conocido durante siglos. Se tiene constancia de viajeros en la antigüedad, como Heródoto.También se tiene constancia de viajeros en la Europa cristiana, donde Egipto no solo despertaba la curiosidad por sus misterios, sino también por sus asociaciones bíblicas con la figura de Moisés y José.

 

Con el Renacimiento, aumentó el número de viajeros a las costas meridionales del Mediterráneo. Los testimonios publicados eran invariablemente inexactos, porque sus autores imaginaban más de lo que realmente veían. Los dibujos de la esfinge y de las pirámides son tan divertidos como inexactos. No podemos olvidar que en este momento en Roma se descubrían los obeliscos perdidos por la ciudad, que habían sido llevados allí tiempo atrás por los emperadores romanos, renaciendo el interés en ellos.

 

Habrá que esperar a finales del siglo xvii para que se produzca su «redescubrimiento» y, con ello, el inicio de los estudios científicos sobre su pasado. Además, paralelamente, se iniciará el fenómeno de «mitificación» que es el responsable de la visión romántica, en estrecha dependencia con el orientalismo en boga a mediados del siglo xix, una visión en muchos casos deformada, que desembocará en mito, en el mito de Egipto como «el lugar de los tesoros aún ocultos».

 

 

El siglo : el siglo del redescubrimiento

 

En el siglo xvii, y comienzos del siglo xviii llegarán muchos viajeros a Egipto movidos más por la curiosidad y el interés que por motivos religiosos o comerciales. Fue entonces cuando los objetos egipcios se hicieron extremadamente estimados y formaban el punto central de numerosos gabinetes de antigüedades. Diversos viajeros fueron enviados exprofeso a Egipto con el encargo de adquirir allí, manuscritos, monedas y monumentos.

 

Uno de estos viajeros fue Pietro della Valle (1586-1632), quien redescubrió las pirámides de Guiza y sus monumentos circundantes, así como también emprendió la búsqueda de momias y demás objetos. Dos de las momias que descubrió en Dashur se hallaban en el Museo de Dresde hasta que fueron destruidas durante la Segunda Guerra Mundial. Un misionero jesuita francés, el padre Claude Sicard (1677-1726), arribó El Cairo en 1707 y realizó numerosos viajes al interior. Descubrió e identificó Tebas. Fue el primer viajero europeo desde la antigüedad del que se sabe que llegó hasta Asuán, donde descubrió los templos de Elefantina, KomOmbo y Filé. A pesar de que su gran interés residía en el copto, llevaba órdenes precisas de Felipe de Orleans para tomar notas y dibujar los monumentos que encontrase durante sus viajes hacia los grandes monasterios y comunidades coptas. Hacia 1722 había localizado gran parte de los monumentos mayores: 20 de las principales pirámides, 24 templos completos y más de 50 tumbas decoradas. Por último, un comerciante francés, naturalista, médico y anticuario del rey Luis xiv, Paul Lucas (1664-1737), quien tras un primer viaje a Egipto en 1696, regresó a Francia con una gran colección de medallas y otras antigüedades que habían sido comprados para el Real Gabinete francés. Lucas es una de las primeras fuentes de información desde el Alto Egipto.

 

 

El siglo xviii: la fascinación del Antiguo Egipto

 

Los viajeros de mediados del siglo xviii cambian el modo de transmitir sus viajes, describen más detalles sobre flora, fauna, costumbres, vida cotidiana, economía y administración.Los monumentos antiguos se identifican relacionados con el nombre, se interpretan las imágenes de algunos dioses, descripciones e incluso a veces se toman medidas de los monumentos,  pero todo ello debe hacerse furtivamente. Los viajeros logran dibujar y lo hacen abundantemente. Estos dibujos aportan detalle y el vestigio de monumentos que hoy han desaparecido o se han deteriorado. Estilísticamente hablando, las estatuas toman actitud de «figuras de jardín».El verdadero y principal problema de estos viajeros fue la falta de objetividad de conocimientos. Esto fue debido, posiblemente en mayor medida, a la falta de la posibilidad de interpretar los numerosos textos escritos (jeroglíficos) que podían dar algún sentido a todos aquellos relieves y monumentos.

 

Dentro de este grupo de viajeros destacamos la figura de Richard Pococke (1704-1765), fue un reverendo que más tarde se convertiría en el obispo de Ossory y Meath. Publicó dos volúmenes titulados: A description of the East, and Some other Countries (1743). Fue un viajero incansable y sus descripciones, mediciones y comentarios detallados son inestimables en lo que respecta a muchos monumentos desaparecidos entre su visita a Egipto en 1737-1738 y los testimonios franceses y alemanes de cien años después. Quedó tremendamente impresionado por el zodiaco esculpido en el cielo raso del templo ptolemaico de Dendera, y estuvo mucho más acertado que los franceses al valorarlo como realizado por «uno de los mejores escultores griegos»; los franceses pensaban que databa de la alta antigüedad debido a sus representaciones zodiacales.

 

Por su parte, el capitán danés de la marina,Friderik Ludwig Norden (1708-1742), recorrió Egipto al mismo tiempo que Pococke. Había sido enviado expresamente por Christian vi de Dinamarca para elaborar un informe general y preciso del país. Su obra Travels in Egypt and Nubia, se publicó por primera vez en 1751 y rápidamente alcanzó varias ediciones, además de la traducción inglesa y francesa, debido fundamentalmente a su prosa amena y a sus ilustraciones.

 

 

Un punto de inflexión: la conquista francesa, el desembarco británico y sus consecuencias

 

Con las primeras luces del alba del 19 de mayo de 1798, una flota francesa levaba anclas en el puerto de Toulon. A bordo llevaba dos importantísimos viajeros, el almirante de la flota Brueys y Napoleón Bonaparte. Aunque pocos miembros de la tripulación conocían su destino, este era Egipto y su objetivo «rescatarlo» del Imperio otomano. Además del desembarco militar de armas y municiones, abordo de la flota viajaba una comisión de Ciencias y Artes integrada por 167 científicos y técnicos, incluidas varias eminencias que representaban prácticamente a todas las artes de la época, bajo la dirección del barón Dominique Vivant Denon. Estos 16 cartógrafos y topógrafos jugarían un papel relevante en el nacimiento de la egiptología.

 

Dominique Vivant Denon (1747-1825), quien se convertiría en uno de los padres fundadores de la egiptología, a través de sus relaciones con el salón de Joséphine de Beauharnais, Denon conoció a Napoleón y fue jefe de lassavants de la expedición. Era un buen artista, con carrera universitaria y diplomática. Los dibujos realizados por él y los demás miembros de la expedición, formarían parte de una amplia y definitiva obra sobre Egipto.

 

La primera edición de la monumental obra Description de l'Egypte, ourecueil des observations et des recherches quiontétéfaites en égyptependant l’expédition de l’armée française;llegó en 1809, habiendo quedado algo eclipsada por el relato de los viajes del propio Denon: Voyagedans la basse et la haute Egypte, que se publicó en 1809.

 

Casi todo el texto es obra de Edmé François Jomard (1777-1862), ingeniero que participó en la expedición. Aunque realizó algunos dibujos, su principal contribución fueron los 6 volúmenes de comentarios. Se utilizaron dibujos de Balzac, Cécile, Chabrol, y Dutertre.

 

El 21 de julio, las tropas francesas comenzaron a tomar posiciones frente a los mamelucos. Detrás de ellos, podía verse el marcado perfil de las pirámides de Guiza, en numerosas medallas acuñadas para conmemorar la «Batalla de las pirámides», Napoleón aparece gesticulando dramáticamente a la sombra de las pirámides, cuando en realidad, Guiza se hallaba a unas dos horas. Los franceses tenían superioridad numérica y táctica. Mar a dentro en el Mediterráneo, Nelson, al mando de una flota británica, había observado a los franceses y adivinó su ruta hacia Alejandría. Al aproximarse a la costa de Egipto, Nelson ordenó el ataque. El 2 de agosto la batalla había concluido. Los ingleses habían capturado tantos prisioneros que tuvieron que enviarlos a tierra bajo el juramento de no atacar a los británicos. Denon había presenciado la batalla desde la torre de un convento cercano a Roseta. El 1 de agosto, por la mañana, los franceses habían conquistado Egipto, en un día, la armada había arrojado por la borda las conquistas del ejército y perdido un imperio. Napoleón y los franceses habían quedado aislados en Egipto.

 

Napoleón estaba personalmente interesado por las antigüedades egipcias y guardó para sí algunos objetos. Inmediatamente después de su llegada a El Cairo fundó el Institut d’Egypte, cuyos miembros debían investigar todas las cuestiones relacionadas con Egipto. El general en jefe Hutchinson tomó el mando del ejército victorioso y a élcorrespondió definir los términos del Tratado de Alejandría. En su redacción original, el tratado establecía que todas las notas recogidas por los científicos franceses deberían ser entregadas a los ingleses, algo impensable para los franceses. Por consiguiente, se llegó al acuerdo de que, según el artículo xvi del tratado, los franceses conservarían sus notas, pero debían entregar todos los objetos que habían recogido y renunciar a todos los derechos sobre aquellos. La pieza maestra fue la piedra de Rosetta, un fragmento de estela de basalto, finamente grabado, descubierta en 1799 sobre la desembocadura del Nilo, junto a Rosetta. En1802 fue depositada en la Biblioteca de Anticuarios y más tarde fue trasladada al Museo Británico.Se hicieron muchos moldes y numerosos científicos acudieron a estudiarla; afortunadamente, la ciencia trascendió las fronteras de la guerra. La piedra de Rosetta encerraba la clave para el futuro de la egiptología.

 

Tal, era en suma, la situación y el conocimiento que se tenía de Egipto hacia finales del siglo xviii. La época de las fábulas de los viajeros tocaba a su fin. Durante mucho tiempo, Egipto había sido la fuente de todo lo misterioso, a ella había contribuido la fascinación y sus supuestas propiedades médicas. Las momias continuaron ocupando el centro de atención, ya fuera como curiosidades o como fuentes de medicamento. En 1586 el mercader británico John Sanderson exportó un surtido de trozos de momias con un peso toral de 500 kilos para los boticarios de Londres. Estos destrozos de cuerpo se molían hasta convertirlos en polvo, y tras mezclarlos con hierba y especias, se tragaron o se aplicaron como cataplasma. Era la maravillosa medicina curalotodo. Los boticarios habían confundido mumia (un betún o alquitrán poco común y muy caro que se filtraba en las montañas persas) con mummies (momias). Esta pincelada macabra no empañó en nada su atractivo, pero se estaban acabando las reservas,; las momias genuinas eran caras y existían una alternativa barata al alcance de la mano. Algunas de las momias que llegaron a los botiquines de Europa eran burdas imitaciones: muertos recientes, a los que habían vendado, para enterrarlos a continuación un par de años o secarlos al sol antes de molerlos para exportarlos para enfermos y crédulos.

Con la llegada de la expedición francesa se desarrolló un nuevo modo de ver Egipto, comenzaba la era de la Egiptomanía.

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