Sexo, género y teoría queer: Charla con Elizabeth Duval

Marc-Olivier Jodoin @marcojodoin

 

Hoy charlamos con Elizabeth Duval, estudiante de filosofía y literatura, autora de “Excepción” (ed. Letraversal, 2020) y “Reina” (ed. Caballo de Troya, 2020) y una de las voces jóvenes más destacadas en España para comentar diversas cuestiones sobre el movimiento trans, uno de sus ámbitos de reflexión.

-¿Cabe hablar de el -en singular- movimiento trans? En ese caso, ¿cuáles serían sus demandas principales en la actualidad?

 

No lo creo, pero también he de decir que, en este tema, en cuanto a la realidad concreta del movimiento trans en España, mi visión sería la de alguien que observa desde la lejanía, desde Francia, y que desde hace tiempo tiene bastante poco que ver. Hay organizaciones y asociaciones de distinto signo, hay activistas individuales, pero no existe un bloque uniforme con unas demandas claras y definidas. La demanda principal es la existencia de una Ley Trans propiamente dicha, que vaya más allá de las modificaciones legales de la Ley 3/2007. del 15 de marzo. que regulaba la rectificación registral, pero incluso el contenido de esa ley está sometido a debate y no creo que ni todas las asociaciones ni todos los grupos propongan las mismas cosas.

 

 

-En diversas ocasiones se ha mostrado crítica con la teoría queer, un pensamiento que, según dice, en el pasado le atrajo más. Para el lector que no esté familiarizado ¿cómo la definiria y qué elementos han motivado su distanciamiento?

 

Me he mostrado crítica con la cultura queer en tanto que se entiende como gueto: gueto en el sentido en el que lo define Pasolini cuando habla de la condena que se esconde detrás de la palabra tolerancia, aunque él no se refiera al caso de lo queer. Me he mostrado en contra porque yo no quiero ser una autora queer, una autora trans, una autora lesbiana o una autora de los márgenes, pero no porque exista una profunda diferencia teórica con algunos autores de la teoría queer: simpatizo mucho, por ejemplo, con los postulados de De Lauretis alrededor del género, y con su definición de la tecnología del género que parte de la definición de la tecnología del sexo foucaltiana. No creo que Paul B. Preciado y Judith Butler sean estrictamente asimilables como suscriptores de una misma teoría: hay múltiples teorías queer y maneras de desdecirse y sería torpe intentar resumirlas en una frase. Creo que no me he distanciado, sino que ahora las comprendo más de lo que las comprendía antes, y puedo utilizarlas teóricamente y verlas como lo que son: herramientas útiles, formas de comprender el mundo, prismas de entendimiento que beben de la teoría crítica, del posestructuralismo. Y yo también soy heredera de todo eso.

 


-Hace pocos años un autobús rotulando “los niños tienen pene, las niñas tienen vulva” o un tuit JK Rowling concluyendo “sex is real” hubieran pasados desapercibidos. Sin embargo, hoy han generado un gran revuelo. Ud. misma se ha mostrado crítica con la posición de JK Rowling. ¿Qué es lo que hay de problemático en estas afirmaciones? ¿Considera que el binomio conceptual “sexo (como realidad biológica)/género(como realidad sociocultural asociada al primero)” no es acertado?

 

Nadie con dos dedos de frente va a negar que el sexo es real, pero tendremos que hablar de qué significa el sexo, de qué es el sexo y de qué están interpretando algunos como "sexo". Yo no me he mostrado crítica con esa frase concreta de JK Rowling, sino con otras cosas que ha dicho, con otras tesis que ha sostenido. En la frase "los niños tienen pene, las niñas tienen vulva" no se está afirmando lo mismo que en la frase "los machos tienen pene, las hembras tienen vulva", porque la categoría de hombre y mujer no es del orden del sexo: es del orden del género, que no es exclusivamente sociocultural, sino todo un sistema de inteligibilidad y comprensión de uno mismo y del otro, cual tecnología del lenguaje. Y yo diría que es a través de este sistema del género que entendemos el sexo y construimos nuestra noción del sexo, como han problematizado autoras como Anne Fausto-Sterling: lo que denominamos sexo ya está mediado por el género y su diferenciación es problemática. Los cuerpos como realidades materiales existen, pero no en el sentido en el que se refieren a ellos en algunos casos: si con género nos referimos a todo un sistema de comportamientos, normas de conducta y relaciones de poder y comunicación aprendidas, el sexo habría de referirse a una realidad material subyacente a estas normas, una realidad biológica; pero se trata de una realidad que no es independiente, sino codependiente. En una línea crítica con la noción de sexo, podemos tomar a Cynthia Kraus (que iría emparentada con Bleier, Lambert, Fausto-Sterling y Birke) y afirmar con ella lo siguiente: "1. que hay diferencias biológicas entre los sexos, 2. pero estas diferencias no son significativas, 3. porque en las diferencias en el seno de un mismo sexo pueden ser tan, sino más importantes, que aquellas entre los dos sexos, 4. concluyendo que la biología del sexo es mucho más plástica que la política del género». Todo esto puede problematizarse, pero es una manera de abordar la cuestión."

 

 

-Ciertas voces destacadas del feminismo radical -p.ej., y hasta cierto punto, Lídia Falon - argumentan en contra de la legalización de la autodeterminación de género afirmando que servirá para que los hombres entren en las cárceles de mujeres y en sus baños facilitando el crimen, así como que puedan “escapar” de la legislación en materia de violencia machista, entre otras consecuencias negativas. ¿Compartes estos temores? ¿Es válida esta objección?

 

Estadísticamente no lo es: he dicho en algunas ocasiones que me recuerda a las trampas retóricas según las cuales, en el momento en el que se implementara un ingreso mínimo vital, la gente iba a dejar de trabajar para quedarse en casa aprovechándose de su 'paguita'. No es lo que ha sucedido en países que han reconocido ese supuesto derecho a la autodeterminación del género. Yo no creo que el género sea algo que se pueda autodeterminar: creo que está sujeto a un sistema de mediaciones que construyen sujetos fragmentados que no tienen una capacidad de agencia tal como para decidir de forma voluntarista su propio género. Esto no significa que crea que, según la ley vigente, un seguimiento psicológico y un tratamiento médico sean necesarios para cambiar la mención en los documentos de lo que se dice como "sexo". Pero es que buena parte de la teoría queer a la que algunas voces se refieren no ha defendido nunca una concepción voluntarista del género como la que esgrimen en sus acusaciones: apoyar los derechos humanos de las personas trans es otra cosa, y ahí me sitúo en el marco de las recomendaciones internacionales vigentes por el bienestar de las personas trans. Pueden construirse mecanismos legales para que no se den esas situaciones de "escapada" de la legislación en materia de violencia machista, pero es que un crimen sigue siendo un crimen, lo cometa un hombre o una mujer, y una violación es una violación, la cometa un hombre o una mujer. Tampoco busco en absoluto caer en un punitivismo donde nuestro debate se centre en cómo conseguir una condena mayor. No me interesa.

 

 

-En un sentido similar, se argumenta en contra de la autodeterminación de género afirmando que, en caso de identificar mujer con “determinada comprensión de uno mismo” y no con determinada biología objetiva, se invisibiliza la causa o raíz de la opresión de las mujeres, a saber, su biología de mujeres. ¿Considera que esta es una crítica fundada?

 

No me interesa el debate alrededor de "una determinada comprensión de uno mismo": me interesan las estructuras sociales, sus mecanismos, sus mediaciones. El sujeto de la mujer es un sujeto histórico e históricamente mediado que no tiene nada que ver con una esencia o naturaleza inmutable, eterna o natural. Dentro de esta concepción histórica, sí que me parece necesario situar el origen de la dicotomía hombre/mujer, al menos a nivel social y político, en la división sexual del trabajo y la capacidad gestante adjudicada históricamente a este sujeto mujer, asociado a una cierta biología hembra. ¿Puede ser causa? Sí, afirmativamente. Pero es que el género surge por necesidad de una materialidad primera, por una determinación ciertamente biológica, y entra inmediatamente en el terreno de lo simbólico, lo lingüístico, lo convencional: se desliga y desvincula de la realidad material que lo precede y provoca. Una mujer no es violentada en la calle por tener coño: una mujer es violentada en la calle por la imaginación, la mirada que se proyecta en ella y la imagina como ese sujeto receptor y pasivo.

 

 

-Otro de los campos donde la entrada de personas trans ha causado mucha polémica es en los deportes. ¿Tienen una ventaja injusta las mujeres trans cuando compiten con mujeres cis?

 

Joanna Harper, asesora del Comité Olímpico Internacional, declaraba que "en los deportes no importan los genitales, importan las hormonas". No tengo ni idea de deportes, así que prefiero seguir las palabras de una asesora del COI.

 

 

-¿Considera que los menores (al menos los de cierta edad) deberían tener derecho a transicionar (incluso hormonándose y/u operándose) autónomamente, sin recabar el consentimiento de sus padres o tutores legales? En caso afirmativo, ¿cómo respondería a quienes afirman que no deberían poder tomar esa decisión ya que, al menos por regla muy general, aún no están capacitados para tomarla (del mismo modo que, seguiría el argumento, no están capacitados para tomar otras tantas decisiones complejas y de gran calado vital que ordinariamente consideramos que no deberían poder tomar.)

 

¿Permitimos a los menores que se tatúen? No, no lo hacemos: creo que hay una edad a partir de la cual se tiene la autonomía necesaria para tomar decisiones sobre el propio cuerpo, y esa edad no tiene por qué coincidir con el limbo estrictamente fijado para la edad adulta, pero sí que existe una franja. ¿Permitiría que un menor se tratara con bloqueadores hormonales? Sí, como medida para ahorrar un sufrimiento posible; no significa esto que la medicación sea la panacea o que el fin último que yo proyecte para las personas trans sea que todas se mediquen y transiten; pero a veces es necesario para su bienestar, que es lo más importante en estos casos. En muchos casos puede que no estén capacitados para tomar ciertas decisiones: esto no implica que no sean conscientes de cómo se presentan ante la sociedad, de cómo funcionan dentro del sistema del género, de cómo han sido más o menos socializados; una chica trans muy joven puede saberse chica, porque puede saberse así determinada incluso sin comprender cada uno de los matices del sistema sexo-género. No puedes exigirle un doctorado.

 

 

-Autores como Miquel Missé sugieren que el deseo o la necesidad de muchas personas por transicionar se debe, al menos en una parte importante, a los roles de género existentes, que provocan que muchos sientan vivir en un “cuerpo equivocado” al no encajar en los mismos. ¿Qué opinión te merece? ¿En un mundo con roles de género mucho más relajados cree que menos personas desearían transicionar? 

 

Está claro que el deseo de transicionar se debe a los roles existentes en una sociedad dada en un momento histórico dado: me parece evidente. Ya he insistido en que no tengo una concepción voluntarista del género: me parece una cuestión de determinaciones. En un mundo con roles de género mucho más relajados habría menos personas que transicionaran, quizá, pero a lo mejor también habría una circulación más libre de hormonas como la testosterona o los estrógenos, cuyo uso es a lo que fundamentalmente llamamos transicionar; habría que revisar nuestras definiciones. Y es que a lo mejor lo que llamamos transicionar tampoco tendría sentido, por cómo sería el ser hombre y mujer en ese mundo, el ser trans. Intento no preguntarme por futuros hipotéticos e idílicos en los que estamos: me interesa el análisis de nuestro presente, de la realidad conceptual que me afecta. No se trata de no encajar en los roles de género existentes, para mí, y creo que es una mala lectura de Missé: creo que el sentir incomodidad con los roles de género de nuestra sociedad es algo común, incluso normal, particularmente entre las mujeres. Se trata de la recepción de mensajes y de una socialización. Y ahí, vuelvo a insistir, no hay voluntarismo, sino la concepción de que venimos de un sistema de mediaciones y determinaciones lingüísticas e históricas.
 

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