La mitología micénica (II): imágenes de culto

01/08/2020

Fuente: Wikipedia

 

Segunda parte de la serie introductoria a la mitología micénica. Aquí la primera


Elementos del culto

 

Las propias tablillas han proporcionado a los investigadores otro dato de vital importancia para conocer un poco más la religión micénica y sus ritos, al poder identificar algunos meses del año relacionados con ofrendas de temporada así como al poder establecer una división en dos grupos principales: por una parte los meses dedicados a las ofrendas sacrales entre los que se encontrarían en Cnosos uno dedicado a Zeus y quizás otro a Apolo y en Pilos uno en referencia al santuario ya conocido de Pakijana; y otro grupo destinado a ofrendar relacionadas con la naturaleza y los productos procedentes de la tierra, y también las ofrendas realizadas con elementos de la navegación (este rito podría remontarse a una época muy primitiva). Además de para conocer qué tipo de objetos se depositaban a cada dios y en qué momento del año, este calendario es importante porque se encargaría de regular las relaciones sociales, es decir, las festividades locales en honor a los dioses principales que en el mundo Micénico son dos.

 

La primera de estas fiestas estaba dedicada al Dios Posidón que tenía lugar en el santuario de Pakijana y recibía el nombre de re-ke-to-ro-te-ri-jo, recogida en la tablilla PY Fr343, 1217. Estas fiestas se relacionan con un matrimonio sagrado el de Posidón con otra diosa femenina, que posiblemente fuera Potnia. Ambas divinidades serían la pareja principal del santuario y por tanto de la ciudad de Pilo, que simbólicamente representaban la prosperidad a través de la unión, aunque otros investigadores han visto en esta fiesta sólo un banquete ritual; no obstante, es cierto que ambas teorías pueden darse al mismo tiempo, sin ser contrarias una de la otra.

 

La segunda fiesta se denominaba to-no-e-ke-te-ri-jo, extraída de la tablilla PY Fr1222, cuya traducción es mucho más compleja: algo así como “la presentación del trono” y estaba dedicada a los dioses wa-na-so-i, término que se suele traducir como “las dos reinas”. Para algunos expertos se estaría hablando de Deméter y Perséfone o Despoina, y como Posidón es calificado como “el rey”, el festival se encuadraría dentro de los rituales agrarios. Pero otros investigadores, defienden que se trataría de un ceremonial de entronización o en todo casi en referencia al trono real, situado bajo la protección de la divinidad principal.

 

Unos de los rituales más importantes para el mundo Micénico es el ritual funerario. Como es conocido, los Micénicos eran inhumados, es decir, colocaban los cadáveres en tumbas de muy diversa tipología que irán desde la más sencillas del suelo, hasta las grandes cámaras monumentales de piedra. El ritual funerario consistía en una preparación previa del difunto que era vestido y adornado con sus objetos personales más valiosos, el cuerpo se situaba directamente en la tierra, siendo muy escasa la utilización de los sarcófagos. A los Micénicos también conocían el ritual de la incineración, de clara influencia oriental, alcanzó poco protagonismo para el ritual funerario, siendo los lugares de mayor práctica aquellos que estaban directamente conectados con los polos extranjeros, véase como ejemplo el caso de las necrópolis de Cerati, Ialysos y Roas.

 

Los rituales funerarios han sido avalados por los hallazgos arqueológicos y consistían en conducir a los difuntos sobre un carro hasta la tumba, en una especie de procesión fúnebre para honrar al cadáver. Una vez en la tumba se depositaba con el cuerpo un ajuar funerario que estaba compuesto por vino y aceite, utensilios de cocina, armas o herramientas de la pretensión del difunto; este especial interés se remarcaría en el depósito de lámparas y balanzas que los investigadores han relacionado con la luz que necesitará el difunto en el más allá para el caso de la lámpara; y la balanza, aunque encontrada sólo en enterramientos de gente de alto rango, se articula al ritual de la psychistasia, o el pesaje de las almas, acción muy común en las religiones orientales.

 

Pero sí tenemos que señalar el objeto más característico del ritual funerario Micénico, sería sin lugar a duda la máscara mortuoria, y entre ellas la conocida como máscara de Agamenón (en la imagen de cabecera), realizada en oro. Desconocemos cuál es la función de este objeto, aunque posiblemente sea la misma que las utilizadas en los que embalsamamientos de la cultura vecina egipcia, que no es otra que la de conservar el cuerpo para la vida en el más allá. Se entiende que tras colocar esta máscara en el cuerpo del difunto, el ritual funerario finaliza con una despedida y una aceleración de sabor funerario. Llama la atención la colocación de andanadas de flechas hacia el interior de la tumba, posiblemente como una especie de simbología de saludo eterno. Además, antes de sellar la tumba, se cenaría dando un último sorbo a una copa que se rompía contra la puerta. Los especialistas han visto en este gesto una acción para favorecer el tránsito del difunto al más allá, para ganarse la buena fortuna del difunto de manera que se aseguraba de que no volviera como un “muerto viviente” a reclamarles los honores.

 

 

Las imágenes en micenas 

 

La religión micénica tenía unos santuarios determinados, al contrario de lo que ocurría con la religión de Creta, cuyos espacios iban desde las montañas, a las cuevas misteriosas, pasando por los habitáculos en los palacios, las casas domésticas y los templos arquitectónicamente exentos. No obstante, en el mundo micénico los principales santuarios estaban limitados fuera de los muros de los palacios, según el testimonio indiscutible de las tablillas de lineal B, además este hecho ha sido confirmado por los hallazgos arqueológicos. 

 

En las excavaciones de Mesenia, se ha encontrado un pequeño santuario en la ciudad de Malthi, que arquitectónicamente se configura como un espacio con una columna central y un hogar-fuego semicircular dentro del cual se han hallado objetos votivos vasos y huesos. Otras excavaciones realizadas en Micenas han sacado a la luz otra tipología diferente de edificios de culto; lo más significativo de estos es que dentro de ella se han conservado frescos con iconografía de dioses y los que se han interpretado como sacerdotes realizando un ritual. Además dentro de estos santuarios se han encontrado un gran número de ídolos de arcilla pequeño formato de género masculino y femenino. Uno de los santuarios más grandes que se han encontrado se localiza en la isla de Ceos: se trata del santuario de Hagia Eirene, que arquitectónicamente consta de varios ambientes y en su interior se han encontrado esculturas de terracota de tamaño natural; de similares características arquitectónicas pero con esculturas en terracota de menor tamaño es el santuario de Hagia Eirene en Asine.

 

Debemos pensar que el mantenimiento de estos santuarios fue una tarea muy complicada, y por tanto cada uno de ellos estaba realizado por sacerdotes como confirman numerosas tablillas. En ellas aparecen las titulaturas de “sacerdotisa” i-je-re-ja , y de “sacerdote” i-je-re-u. Ambos sexos aparecen numerados casi por igual en todas las ciudades a excepción de Pilos. Tanto los sacerdotes como las sacerdotisas aparecen en las inscripciones relacionadas siempre con un dios o un santuario al que pertenecen así como algunos siervos y esclavos que les ayudan en el mantenimiento de santuario y la ejecución de las actividades rituales.

 

El rango de sacerdote o sacerdotisa debió ser muy importante dado que se han descifrado titulaciones o apellidos diferentes para cada una de las funciones que un sacerdote realizaba. En concreto, se podía distinguir entre los encargados de las ofrendas de vino y miel, el cuidador del agua, el cuidador del fuego y de los sacrificios; además las tablillas especifican muy bien cuáles eran las condiciones de los esclavos y esclavas de los dioses. Según se nos narra eran personas libres y tenían derechos jurídicos propios, concretamente se les identifica como poseedores de tierras.

 

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