Rapsodia a Patrice Lumumba: 60 años de la independencia del Congo

18/06/2020

Ilyas Aliev @i14

 

Este mes se cumplen 60 años de la independencia de la República Democrática del Congo. El 30 de junio de 1960, en el Palais de la Nation, en Léopoldville (Hoy Kinshasa), autoridades belgas y las del nuevo gobierno africano se reunieron solemnemente para declarar la independencia del mayor país del África subsahariana. En ella se tenía que producir un momento de importancia simbólica para el movimiento anticolonial, con el discurso del Rey belga y del presidente del Congo. Patrice Lumumba, el joven primer ministro del Congo, tomó el estrado inesperadamente y profirió un memorable discurso que enfureció a las autoridades belgas y que iba a conducir, apenas seis meses después, a su tortura y asesinato por parte de las mismas.

 

 

La colonización del Congo

 

Antes de continuar, hagamos un breve repaso de la historia de la presencia europea en el Congo (que, advertimos, ilustramos con imágenes y hechos sumamente duros que pueden herir la sensibilidad del lector). El país, como es sabido, fue colonizado por el Rey Leopoldo II de Bélgica en las décadas de 1870 y 1880. Tras la creación en Bruselas de la Association Internationale pour l'Exploration et la Civilisation de l'Afrique Centrale, llamada sarcásticamente por Joseph Conrad (en su novela A Heart of Darkness) “the International Society for the Suppression of Savage Customs”, las potencias europeas se reunieron en la Conferencia de Berlín de 1885 y otorgaron el “Estado Libre del Congo” a Leopoldo II como propiedad privada para que la gestionara con “propósitos altruistas y humanitarios”. Nótese que, al ser propiedad privada de Leopoldo II, éste tenía una discrecionalidad absoluta para hacer y deshacer al margen del parlamento belga.

 

El Estado Libre del Congo (ELC) y las empresas extractoras de caucho perpetraron atrocidades constitutivas de los crímenes más terribles imaginables, lo que muchos autores han calificado, acertadamente, de genocidio. La población del Congo, desde la fundación del ELC hasta su disolución e incorporación a Bélgica en 1908, se redujo a la mitad. Se calcula que los funcionarios de Leopoldo II y las empresas del caucho fueron responsables de 10 millones de muertes, incontables mutilaciones y violaciones y de la disrupción total de la demografía y de la vida religiosa y cultural de las diferentes etnias y tribus de la región.

 

Para aumentar la mano de obra disponible para la recogida del caucho, las autoridades empezaron a exigir trabajo forzado en pago de impuestos para el nuevo estado. Cualquier tribu que se negaba era exterminada por la Fuerza Pública (el ejército colonial de Leopoldo II, compuesto por soldados africanos y oficiales belgas). A continuación, empezaron a exigirse cuotas de producción completamente inasequibles, que comportaban la pena de muerte de un porcentaje de la población en caso de incumplimiento. La administración temía que la Fuerza Pública utilizara las balas que les daban para cazar animales o para amotinarse en vez de para su cometido genocida, así que las autoridades decidieron exigir una “prueba de muerte” para asegurarse de que las balas se destinaban al exterminio de tribus congoleñas. Esta “prueba de muerte” era una mano derecha.

 

Esto condujo a un sistema en el cual las imposibles cuotas de producción de caucho empezaron a pagarse sistemáticamente en parte con caucho y en parte con manos de hombres, mujeres, ancianos y niños, incluso bebés. Estas manos a veces eran obtenidas por los soldados (a quienes no les importaba si la víctima vivía o moría) y a veces por los poblados y tribus mismas, que en ocasiones incluso entraban en guerra con tribus vecinas para cortar sus manos en vez de las propias. Finalmente, las manos se convirtieron en una divisa en sí, de tal forma que los soldados no se molestaban en ir a recolectar caucho, sino que directamente iban a recolectar manos, ya que con muchas manos les pagaban extras salariales.

 

 Un padre mira la mano y el pie desmembrados de su hija de 5 años. Congo, 1904

 

A la luz de la magnitud de las atrocidades cometidas, Bélgica decidió disolver el ELC en 1908 y apropiarse del Congo Belga como una colonia estándar, con lo cual se detuvieron muchos de los crímenes antes mencionados, sin dejar por esto de ser un régimen colonial salvaje y racista.

 

 

La declaración de independencia

 

Volvamos al 30 de junio de 1960. Tras 80 años de colonialismo, en medio del rápido proceso de descolonización de África y no sin una dura lucha anticolonial congoleña, Bélgica por fin concede la independencia al Congo sin mediar guerra. Durante la ceremonia, el primero en hablar fue el Rey Balduino de Bélgica, con un discurso en el que alabó la “labor civilizadora” del Rey Leopoldo II, y donde pintó la independencia del Congo como la voluntaria y graciosa culminación de la benigna tutela belga del país[1]:

 

La independencia del Congo es la culminación de la obra concebida por el rey Leopoldo II, emprendida por él con tenaz coraje y continuada con perseverancia por Bélgica. [...]

 

Desde hace 80 años, Bélgica ha enviado a su suelo a los mejores de sus hijos, en primer lugar, para liberar la cuenca del Congo de la odiosa trata de esclavos que diezmaba sus poblaciones; en segundo lugar, para reunir a las diversas etnias que, antaño enemigas, se preparan para formar juntas el mayor Estado independiente de África; y, por último, para reclamar una vida más feliz para las diversas regiones del Congo que ustedes representan aquí, unidas en un mismo Parlamento. [...]

 

Cuando Leopoldo II emprendió la gran obra que hoy encuentra su coronación, se presentó ante ustedes no como un conquistador sino como un civilizador. [...]

 

El gran movimiento independentista que arrastra a toda África ha encontrado el más amplio entendimiento con las autoridades belgas. Ante el deseo unánime de su pueblo, no hemos dudado en reconocer su independencia de ahora en adelante. [...]

 

No pongan en peligro el futuro con reformas precipitadas y no sustituyan las organizaciones que les ha entregado Bélgica hasta que estén seguros de que pueden hacerlo mejor. [...]

 

En un momento en que el Congo está eligiendo soberanamente su modo de vida, espero que el pueblo congoleño preserve y desarrolle el patrimonio de valores espirituales, morales y religiosos que nos son comunes y que trascienden las vicisitudes políticas y las diferencias de raza o de fronteras.”

 

Mientras el presidente del nuevo estado, Joseph Kasa-Vubu, hacía un discurso complaciente y poco polémico, el flamante primer ministro, Patrice Lumumba, indignado por las palabras del monarca belga, terminaba de escribir un discurso improvisado desde su asiento en primera fila, cual debatiente universitario. Se suponía, según el protocolo de la ceremonia, que Lumumba no tenía que intervenir, pero lo hizo, realizando uno de los discursos más memorables del movimiento anticolonial africano.

 

 Patrice Lumumba (centro) preparando su discurso improvisado durante la declaración de la independencia del Congo

 

Vale la pena reproducir el contenido prácticamente íntegro de su discurso aquí[2]:

 

Congoleses y congolesas, combatientes de la libertad hoy victoriosos, yo les saludo en nombre del Gobierno congolés.

 

A todos ustedes, nuestros amigos que lucharon incansablemente a nuestro lado, les pido que hagan de este 30 de junio de 1960 una fecha ilustre que mantendrán indeleblemente grabada en sus corazones, una fecha cuyo significado enseñarán orgullosamente a sus hijos.

 

Esta independencia del Congo, ningún congolés digno de tal nombre podrá jamás olvidar que es por la lucha que ella ha sido conquistada, una lucha de todos los días, una lucha ardiente e idealista, una lucha en la que no escatimamos ni nuestras fuerzas, ni nuestras privaciones, ni nuestros sufrimientos, ni nuestra sangre.

 

Esta lucha, que fue de lágrimas, de fuego y de sangre, nos enorgullece en lo más profundo de nosotros mismos, pues fue una lucha noble y justa, una lucha indispensable, para poner fin a la humillante esclavitud que nos fue impuesta por la fuerza.

 

Este fue nuestra suerte en 80 años de dominio colonial; nuestras heridas son demasiado frescas y demasiado dolorosas todavía para que las podamos borrar de nuestra memoria, pues hemos conocido el agotador trabajo que se exigía a cambio de salarios que no nos permitían tener suficiente para comer, para vestirnos o alojarnos decentemente, o para criar a nuestros hijos como seres queridos.

 

Hemos conocido las ironías, los insultos, las palizas que tuvimos que soportar mañana, tarde y noche porque éramos “negros”. ¿Quién olvidará que a un negro se le decía "Tú", no como amigo, sino porque el honorable "Usted" estaba reservado sólo para los blancos?Hemos conocido que nuestras tierras fueron robadas en nombre de textos supuestamente legales, que no hacían más que reconocer el derecho del más fuerte, hemos sabido que la ley nunca fue la misma, según se fuera una persona blanca o una persona negra, acomodaticia para los unos, cruel e inhumana para los otros. Hemos conocido los atroces sufrimientos de aquellos relegados por sus opiniones políticas o creencias religiosas: exiliados en su propia patria, su destino fue realmente peor que la muerte misma.

 

Hemos sabido que en las ciudades había casas magníficas para los blancos y chozas de paja desmoronadas para los negros: que a un negro no le estaban permitidos los cines, los restaurantes o las llamadas tiendas europeas, que un negro viajaba en los cascos de las barcazas a los pies del blanco en su lujosa cabaña.¿Quién olvidará, finalmente, los fusilamientos en los que perecieron tantos de nuestros hermanos, o las mazmorras en las que fueron arrojados brutalmente los que no querían someterse a un régimen de injusticia?

 

Todo esto, hermanos míos, hemos sufrido profundamente, pero todo esto también, nosotros, que hemos sido elegidos por el voto de sus representantes electos para dirigir nuestro querido país, nosotros que hemos sufrido en nuestros cuerpos y en nuestros corazones la opresión colonialista, les decimos que todo esto ya se ha terminado.La República del Congo ha sido proclamada y nuestro querido país está ahora en manos de sus propios hijos.

 

[…]Vamos a asegurarnos de que la tierra de nuestra patria beneficie realmente a sus hijos.Vamos a revisar todas las leyes del pasado y hacer nuevas que sean justas y nobles. […]

 

Les pido a todos ustedes que no retrocedan ante ningún sacrificio para asegurar el éxito de nuestra gran empresa. […]

 

¡Homenaje a los luchadores por la libertad nacional!¡Viva la independencia y la unidad africana!¡Viva el Congo independiente y soberano!””

 

 

Epílogo

 

Esta historia tiene un fin trágico. Para resumirlo mucho, incluso antes de la declaración de independencia, Bélgica ya había empezado a maniobrar contra Lumumba. Una de las partes más preciadas del Congo era la sureña provincia de Katanga, que contenía unas valiosas minas de cobre, explotadas por la empresa anglo-belga Union Minière du Haut Katanga. Los padres de la independencia congoleña, incluyendo a Lumumba, querían tomar el control de dichas minas para asegurar la independencia económica del país, mientras que Bélgica quería seguir explotándolas. Poco antes de la independencia, Union Minière empezó a dar apoyo y financiación a la Confédération des Associations Tribales du Katanga (CONAKAT), encabezada por Moïse Tshombe, que a todas luces obraba bajo las instrucciones del gobierno belga y la empresa minera. El 11 de julio de 1960, Katanga proclamó su independencia del Congo, y Bélgica empezó a enviar dinero, soldados, armas y asesores.

 

Tras pedir infructuosamente la ayuda de las potencias occidentales y de la ONU (que acabó enviando cascos azules), Lumumba pidió ayuda a la URSS, cosa que precipitó un golpe de Estado dirigido por Bélgica y encabezado por el que luego se convertiría en el sanguinario dictador del país, Mobutu Sese Seko. Mobutu entregó Lumumba a los soldados belgas de Katanga, que lo torturaron brutalmente y en enero de 1961 lo asesinaron, desmembrando su cadáver, disolviéndolo en ácido sulfúrico y triturando sus huesos. Patrice Lumumba fue un joven idealista. Hijo de campesinos y trabajador en una oficina de correos. Leyó a Voltaire y empezó a militar en el anticolonialismo y el panafricanismo. Tenía 35 años cuando fue asesinado.

 

 Patrice Lumumba (segundo por la izquierda) en Nueva York

 

Poco después, el mismo año 1961, el Secretario General de Naciones Unidas Dag Hammarskjöld, decidido a impulsar una intervención de Naciones Unidas en la guerra de Katanga, murió cuando su avión se estrelló en circunstancias extrañas en Zambia. Muchos sospechan que fue derribado por mercenarios de Katanga o por servicios de inteligencia occidentales.

 

Hoy, la República Democrática del Congo sigue siendo uno de los países más pobres y violentos del mundo, embarcado en una compleja guerra civil que en teoría terminó en 2003, pero que sigue viva en el este del país, especialmente en la región de Kivu. Rebeldes Hutus y Tutsis luchan contra el Gobierno de la República Democrática del Congo cosa que en gran parte representa un spillover del genocidio en el país vecino, Rwanda, también excolonia belga, y sus consecuencias posteriores. Además, fuerzas islamistas ugandesas lideran una violenta insurgencia contra el gobierno. 21.000 cascos azules están desplegados en el país, lo que representa el mayor contingente de fuerzas de mantenimiento de la paz del mundo.

 

Eso no impide, por supuesto, que empresas extranjeras extraigan sus enormes riquezas minerales, entre las cuales cobre, oro y coltan, que terminan en dispositivos electrónicos de todo tipo, como el ordenador desde donde servidor escribe este artículo, o el teléfono móvil desde el cual usted lo lee.

 

[1] En original, en Francés: 

 

"L'indépendance du Congo constitue l'aboutissement de l'oeuvre conçue par le Roi Léopold II, entreprise par lui avec un courage tenace et continuée avec persévérance par la Belgique. [...]

Pendant 80 ans, la Belgique a envoyé sur votre sol les meilleurs de ses fils, d'abord pour délivrer le bassin du Congo de l'odieux trafic esclavagiste qui décimait ses populations ; ensuite, pour rapprocher les unes des autres ethnies qui, jadis ennemies, s'apprêtent à constituer ensemble le plus grand des Etats indépendants d'Afrique ; enfin, pour appeler à une vie plus heureuse les diverses régions du Congo que vous représentez ici, unies en un même Parlement.[...]

Lorsque Léopold II a entrepris la grande oeuvre qui trouve aujourd'hui son couronnement, il ne s'est p as présenté à vous en conquérant mais en civilisateur. [...]

Le grand mouvement d'indépendance qui entraîne toute l'Afrique a trouvé, auprès des pouvoirs belges, la plus large compréhension. En face du désir unanime de vos populations, nous n'avons pas hésité à vous reconnaître, dès à présent, cette indépendance. [...]

Ne compromettez pas l'avenir par des réformes hâtives, et ne remplacez pas les organismes que vous remet la Belgique, tant que vous n'êtes pas certains d pouvoir faire mieux. [...]

A l'heure où le Congo choisit souverainement son style de vie, je souhaite que le peule congolais conserve et développe le patrimoine des valeurs spirituelles, morales et religieuses qui nous est commun et qui transcende les vicissitudes politiques et les différences de race ou de frontière."

 

[2] En original, en francés:

 

"Congolais et Congolaises, Combattants de la liberté aujourd’hui victorieux, je vous salue au nom du gouvernement congolais.

À vous tous, nos amis qui avez lutté sans relâche à nos côtés, je vous demande de faire de ce 30 juin 1960 une date illustre que vous garderez ineffaçablement gravée dans vos cœurs, une date dont vous enseignerez avec fierté la signification à vos enfants.

Cette indépendance du Congo, nul Congolais digne de ce nom ne pourra jamais oublier que c’est par la lutte qu’elle a été conquise, une lutte de tous les jours, une lutte ardente et idéaliste, une lutte dans laquelle, nous n’avons ménagé ni nos forces, ni nos privations, ni nos souffrances, ni notre sang.

Cette lutte, qui fut de larmes, de feu et de sang, nous en sommes fiers jusqu’au plus profond de nous-mêmes, car ce fut une lutte noble et juste, une lutte indispensable, pour mettre fin à l’humiliant esclavage qui nous était imposé par la force.

Ce fut notre sort en 80 ans de régime colonialiste ; nos blessures sont trop fraîches et trop douloureuses encore pour que nous puissions les chasser de notre mémoire, car nous avons connu le travail harassant exigé en échange de salaires qui ne nous permettaient ni de manger à notre faim, ni de nous vêtir ou nous loger décemment, ni d’élever nos enfants comme des êtres chers.

Nous avons connu les ironies, les insultes, les coups que nous devions subir matin, midi et soir, parce que nous étions des «nègres».

Nous avons connu les souffrances atroces des relégués pour opinions politiques ou croyances religieuses ; exilés dans leur propre patrie, leur sort était vraiment pire que la mort même.

Nous avons connu qu’il y avait dans les villes des maisons magnifiques pour les Blancs et des paillottes croulantes pour les Noirs,

Qui oubliera enfin les fusillades où périrent tant de nos frères, les cachots où furent brutalement jetés ceux qui ne voulaient plus se soumettre au régime d’injustice, d’oppression et d’exploitation.

Nous qui avons souffert dans notre corps et dans notre cœur de l’oppression colonialiste, nous vous le disons tout haut : tout cela est désormais fini.

La République du Congo a été proclamée et notre cher pays est maintenant entre les mains de ses propres enfants.

Ensemble, mes frères, mes sœurs, nous allons commencer une nouvelle lutte, une lutte sublime qui va mener notre pays à la paix, à la prospérité et à la grandeur.

Nous allons établir ensemble la justice sociale et assurer que chacun reçoive la juste rémunération de son travail.

Nous allons montrer au monde ce que peut faire l’homme noir lorsqu’il travaille dans la liberté, et nous allons faire du Congo le centre de rayonnement de l’Afrique toute entière.

Nous allons veiller à ce que les terres de notre patrie profitent véritablement à ses enfants.

Nous allons revoir toutes les lois d’autrefois et en faire de nouvelles qui seront justes et nobles.

Et pour tout cela, chers compatriotes, soyez sûrs que nous pourrons compter non seulement sur nos forces énormes et nos richesses immenses, mais sur l’assistance de nombreux pays étrangers dont nous accepterons la collaboration chaque fois qu’elle sera loyale et ne cherchera pas à nous imposer une politique quelle qu’elle soit.

Ainsi, le Congo nouveau que mon gouvernement va créer sera un pays riche, libre et prospère.

Je vous demande à tous d’oublier les querelles tribales qui nous épuisent et risquent de nous faire mépriser à l’étranger.

Je vous demande à tous de ne reculer devant aucun sacrifice pour assurer la réussite de notre grandiose entreprise.

L’indépendance du Congo marque un pas décisif vers la libération de tout le continent africain.

Notre gouvernement fort – national – populaire, sera le salut de ce pays.

J’invite tous les citoyens congolais, hommes, femmes et enfants de se mettre résolument au travail, en vue de créer une économie nationale prospère qui consacrera notre indépendance économique.

Hommage aux combattants de la liberté nationale!

Vive l’Indépendance et l’Unité africaine!

Vive le Congo indépendant et souverain!"

 

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