La nueva carrera espacial

NASA @nasa

 

En el contexto de la Guerra Fría (1947-1991), el lanzamiento en 1957 del satélite artificial soviético Sputnik 1 inauguró una nueva carrera por dominar el espacio más allá de nuestra atmósfera, el espacio exterior. La victoria de los Estados Unidos en la carrera espacial y la disolución de la Unión Soviética en 1991 dejó al ámbito aeroespacial en un segundo plano. Hasta el año 2007, cuando China usó armas ASAT( antisatélite) para destruir un satélite propio en desuso. Con este hecho, China trató de exponer ante el mundo una imagen de fortaleza y de estar preparada para enfrentarse a EEUU en una nueva carrera espacial.

 

La presencia en el espacio ultraterrestre es clave por varias razones. Por una parte, porque permite el desarrollo de satélites artificiales y sistemas digitales para un mayor control de lo que sucede en la superficie terrestre. Y por otra parte, por la posibilidad de explotación a través de la minería espacial de cantidades ingentes de recursos naturales. La importante concentración de Tierras Raras -minerales imprescindibles para el desarrollo tecnológico- en los asteroides (según la NASA, los minerales situados en los asteroides del Sistema Solar podrían suponer hasta 100.000 millones de dólares por cada persona); el descubrimiento de agua en la Luna, en Marte o en algunas lunas de Saturno (Titán) y Júpiter ( Europa); junto al descubrimiento de toneladas de Helio-3 en el satélite lunar, una excelente materia prima que solucionaría los problemas energéticos mundiales a través de la fusión nuclear, están impulsando la investigación científica y financiación espacial.

 

Conforme al Derecho Internacional espacial, siendo su máximo exponente el Tratado sobre el espacio ultraterrestre de 1967, los Estados no pueden apropiarse o reclamar soberanía sobre los cuerpos celestes. Sin embargo, el artículo II omite a las personas físicas y jurídicas, lo que ha llevado a numerosos Estados a modificar su propia legislación. En 2015, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, firmó la U.S. Commercial Space Launch Competitiveness Act, ley que reconocía el derecho de los ciudadanos estadounidenses a usar, poseer, vender o transportar recursos naturales de los asteroides o del espacio. Luxemburgo también se ha lanzado a regular la minería espacial con el objetivo de dotar de un marco jurídico estable a la actividad de las empresas mineras espaciales.

 

Por el momento, la minería espacial es un sector económico en pañales que comienza a suscitar interés entre las grandes potencias. La Unión Europea recogió en las conclusiones del Consejo de la UE del 30 de mayo de 2017 sobre la Estrategia Espacial para Europa la necesidad de regular y de fomentar en un futuro próximo a la minería espacial. Por su parte, China también ha mostrado interés en el aprovechamiento de los asteroides, planeando capturar una asteroide para este año, y en última instancia explotar sus recursos minerales.

 

En la actual situación de transición hacia la multipolaridad, el país norteamericano sabe que el espacio exterior es fundamental en su afán por mantenerse como primera potencia. Su hegemonía descansa mayormente en su despliegue militar mundial, muy dependiente de sus satélites artificiales y de su sistema de posicionamiento por satélite (GPS). Tanto China como Rusia son conscientes de esto y han desarrollado armas antisatélite, sistemas de posicionamiento global propios (BeiDou y Glonass) y han luchado por la elaboración de un marco jurídico internacional que marque la desmilitarización de la órbita ultraterrestre, para así limitar el despliegue estadounidense.

 

Con respecto al dominio militar, en 2019, el presidente Donald Trump creó una nueva rama del Ejército estadounidense dedicada a la defensa nacional en el espacio exterior: la Fuerza Espacial, cuyo objetivo sería el de "brindar las capacidades que el Comando Espacial de los Estados Unidos necesita para controlar y explotar el espacio para ventaja nacional". Recientemente, en mayo del 2020, presentaron su bandera oficialNo obstante, el principal proyecto que Estados Unidos se trae entre manos para continuar a la cabeza de la carrera espacial es el Programa Artemisa, misión con la que el presidente Trump espera poner en la Luna "a la primera mujer y al siguiente hombre" en el 2024. Los principales objetivos de la misión son continuar con la exploración del satélite lunar, ser un precedente para la instalación de una base en la Luna, dar los primeros pasos en la explotación de los recursos naturales lunares y ser una avanzadilla para mandar seres humanos a Marte en la década de 2030.

 

Vinculada al Programa Artemisa y la explotación del suelo lunar, el presidente norteamericano ha firmado en abril una orden ejecutiva en la que pretende exponer la voluntad de Estados Unidos de explotar los recursos naturales espaciales; en dicha orden se niega que el Acuerdo de la Luna de 1979 (que EEUU no firmó) suponga una fuente de derecho internacional consuetudinaria ni supedite el uso económico de los recursos espaciales por los Estados a un marco regulatorio internacional. Frente a esto, China como aspirante a conseguir una posición relevante en el escenario internacional, también se está preparando para la nueva carrera espacial, que incluso algunos autores tildan como el desencadenante de una futura Quinta Revolución Industrial. Así, la potencia asiática ha conseguido desarrollar un ambicioso programa espacial lunar, colocando por primera vez en la historia en 2019 a vehículos no tripulados de exploración en la cara oculta de la Luna, con miras a instalar un puesto de investigación en un polo de la Luna para 2030. Otros de sus objetivos futuros está el de considerar las opciones comerciales del espacio, mantiene contactos con empresas privadas, explorar el Sistema Solar, prevé lanzar su primera misión a Marte este año, la misión Huoxing 1, o el de poner a un hombre chino en la Luna. Además, China quiere construir una estación espacial al estilo de la Estación Espacial Internacional, llevando a cabo varias pruebas a través de su programa Tiangong. Según el plan establecido por la República Popular China, a inicios de esta década se lanzará el primer módulo de la estación espacial permanente china.

 

Rusia, por su parte, a pesar de ser heredera de la gran industria aeroespacial soviética, está siendo incapaz de llevar a cabo un ambicioso programa espacial, debido a las sanciones internacionales y al estancamiento de su economía. A pesar de que la situación entre Rusia y las potencias occidentales se ha deteriorado en los últimos años, la Agencia Espacial Federal Rusa o "Roscosmos" continúa manteniendo diversos proyectos de cooperación con la NASA o con la Agencia Espacial Europea como el lanzamiento para 2022 de una misión no tripulada a Marte para buscar indicios de vida, la ExoMars 2022. 

 

También, podemos mencionar el papel de otras potencias aeroespaciales menos relevantes como la UE, Japón, la India o Israel. La UE, la más importante y efectiva organización internacional, está llevando a cabo a través de la Agencia Espacial Europea (AEA), misiones no tripuladas a Marte y participando activamente en la Estación Espacial Internacional, no obstante, las dudas sobre el futuro de la Unión Europea y su escaso presupuesto le impide seguir el paso de China y EEUU. En cuanto al resto de las potencias, ejercen una más minoritaria influencia en el espacio ultraterrestre, destacan las intenciones de Japón de mandar misiones tripuladas a la Luna, el deseo de la India de convertirse en una potencia en el mundo espacial, a través del desarrollo de proyectos y de servicios de bajo coste e Israel, que invierte poderosamente en I+D en el ámbito aeroespacial y suscribe acuerdos con empresas privadas para lanzar misiones no tripuladas a la Luna como la de 2019, que resultó fallida.

 

En conclusión, el cambio de escenario internacional y las necesidades del desarrollo económico y tecnológico reciente parecen haber puesto en un primer plano el espacio exterior. Aunque la situación derivada de la pandemia global del coronavirus supondrá un importante obstáculo para la infinidad de proyectos espaciales

previstos para esta década, no cabe duda de que el interés por dominar y explorar los cielos no va a cesar.

 

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