Antesterias, la festividad de Dioniso

10/05/2020

Introducción

 

La religión griega era claramente politeísta, ya que su panteón estaba formado por un gran número de dioses y de héroes (quienes se encontraban entre éstas y los humanos por su carácter semidivino). Cada divinidad poseía un nombre concreto y una serie de atributos (a través de los cuales era identificado), un lugar particular para su veneración y una función concreta. Dentro del complejo grupo de dioses griegos, destacaban los llamados Olímpicos, considerados como las principales divinidades. Y, precisamente en este grupo, encontramos a Dioniso, a quien se honraba en el festival de las Antesterias, celebrado en Atenas.

 

Dioniso es uno de los dioses más interesantes del mundo griego. Hijo de Zeus y Sémele, una princesa mortal, nació dos veces debido a que su madre murió durante la gestación y su padre se lo cosió en una pierna hasta que terminó su gestación. Reconocido como divinidad, se convirtió en el dios del vino y en el protector de las artes escénicas. Su mito es muy complejo, por lo que no lo trataremos en estas páginas, pero recomendamos al lector que lo consulte, ya que le ayudará a entender la complejidad de una festividad como las Antesterias.

     

 Dioniso y su cortejo. Museo del Louvre. Fuente: Wikimmedia Commons.

 

 

Las Antesterias

 

En honor de los dioses, en Grecia se celebraban toda una serie de fiestas (agrupadas en los calendarios sagrados de cada ciudad), los que se pedía su protección y se agradecía su patronazgo sobre los hombres. Sin embargo, no sólo se honraban con ella a los dioses (cumpliendo con ello toda una serie de ritos necesarios para permitir el buen funcionamiento de la sociedad), sino que las festividades se utilizaban también como una demostración de supremacía griega ante los extranjeros, por lo que desempeñaban un papel muy importante. De esta forma, las Antesterias fue una de las festividades más significativas de Atenas, donde se conmemoraba tanto al dios Dioniso como a las almas de los muertos.

 

Las Antesterias tenían lugar durante el mes de Antesterion (el octavo mes del calendario ateniense, coincidiendo con el final de febrero y el comienzo de marzo), y se desarrollaban durante tres días sucesivos, llamados Pithoigia, Choes y Chytroi. Su nombre deriva del griego anthos, que significaba flor y suponía la mayor festividad celebrada en honor a Dioniso y a los muertos, conmemorados en Chytroi. No era la única, ya que en conmemoración al dios del vino se celebraban también las Leneas o las Dionisias (entre otras), pero si la más interesante, debido al profundo significado que albergaba, como veremos a continuación. Durante esta fiesta, se conmemoraba la renovación natural de la primavera y la apertura del vino nuevo, además de contar con un cierto carácter escatológico (ya que se vinculaba con la idea de muerte unida a una vida nueva). Asimismo, se celebraban algunos ritos de paso de los niños, permitiéndoles adquirir un nuevo estatus social ante la comunidad cívica. La investigación actual también considera que en las Antesterias se recordaba la muerte y el renacimiento de Dioniso niño, vinculando ambos hechos con el proceso de producción del vino. Apoyando esta tesis, se encuentra el protagonismo que el Más Allá y la ultratumba adquirieron durante la festividad y la relación del templo del dios en Limnais con la muerte. Este santuario fue considerado como un lugar de acceso al mundo subterráneo, por lo que se asociaba con la muerte y el ascenso del reino de los muertos de Dioniso.

 

En cuanto a sus orígenes, la festividad de las Antesterias parece remontarse a momentos previos de la Edad Oscura; el autor griego Tucídides nos dice incluso que eran la fiesta más antigua de Dioniso, vinculándola al templo de este dios en Limnais, complejo cercano al santuario de Zeus Olímpico: "He aquí una prueba: en la propia Acrópolis están el templo de Atenea y los de los otros dioses, y los de fuera de ella están construidos con preferencia en dicha parte de la ciudad, así el de Zeus Olímpico, el de Apolo Pítico, el de la Tierra y el de Dioniso de Limnas, donde se celebran las más antiguas fiestas dionisiacas [las Antesterias] el doce del mes Antesterion, según la costumbre de los jonios, descendientes de los atenienses, que aún perdura[1]".  Reforzando la antigüedad de esta festividad, que sostenían los propios atenienses ya en el periodo clásico, estaba el papel tan importante que tuvo la esposa del basileus[2], el cual explicaremos detalladamente más adelante.

 

El primer día (cuyo nombre, Pithoigia, puede traducirse como “la apertura de las jarras de vino”) tenía lugar el comienzo solemne del festival. Los granjeros de todo el Ática llevaban al santuario de Dioniso en Limnais todas las jarras con el vino nuevo, las mezclaba con agua y, antes de beberlo, le ofrecían al dios una serie de libaciones. En esta degustación del vino nuevo participaba toda la comunidad, lo que incluía a los niños y los esclavos, convirtiéndose en una suerte de “banquete público”. Aunque la participación estaba abierta a toda la sociedad, no parece que la degustación del vino se hiciese de manera conjunta, ya que los esclavos no estaban autorizados a sentarse con sus amos. Por ello, aunque se permitía la participación de gran parte de la población, se seguían respetando y manteniendo las jerarquías y las diferencias sociales.

 

Choes o “la fiesta de las jarras”, era el segundo día y mostraba los aspectos más llamativos de las Antesterias. Al dar comienzo, se cerraban todos los templos, a excepción del de Dioniso (que era el único que permanecía abierto) y se untaban con brea todas las puertas de la casa, para protegerlas de los posibles malos espíritus que se creía que andaban libres durante Choes. Cuando caía la tare, en el centro de Atenas, se realizaba una especie de “concurso de bebedores” bajo la supervisión de los magistrados de la ciudad. El premio que se le daba al ganador consistía en un odre de vino o una corona, realizada con hiedra, que se llevaban al templo de Dioniso para ofrecérselos a la sacerdotisa del dios. Otro rito imprescindible realizado durante Choes era el matrimonio sagrado o hierogamia entre Dioniso y la basilinna, es decir, la mujer del basileus. En el templo de Dioniso servían catorce mujeres (conocidas como “las venerables”), que se encontraban bajo la supervisión de la basilinna, que eraa quien se entregaba al dios como su esposa en la noche entre Choes y Chytroi. A través de esta unión, se conmemoraba el matrimonio mítico entre Dioniso y Ariadna, y convertía a las mujeres atenienses en las mediadoras entre esta divinidad y los hombres. El papel de la basilinna y su unión ritual con el dios puede remontarse a la Edad Oscura, momento en el que el basileus representaba a la comunidad y su mujer era utilizada como instrumento de legitimación de su poder. El protagonismo religioso femenino en este periodo se perpetuó en momentos posteriores, como en la celebración de esta “hierogamia” con el dios.

 

Aunque este día contaba con un carácter muy festivo y alegre, lo cierto es que se consideraba como impuro. Esto se debía a los orígenes de la festividad y del concurso de bebedores que hemos mencionado, ya que se conmemoraba la llegaba de Orestes[3] a Atenas. Debido al matricidio cometido por Orestes, fue acogido por los atenienses con ciertas reservas, ya que no querían ser contaminados por la impureza del asesino. Asimismo, se creía que los muertos volvían a la tierra durante este día, por lo que la apertura de las puertas del Más Allá también traía a los vivos la contaminación y la impureza. Precisamente, el contacto con los espíritus de los fallecidos era lo que motivaba que protegiesen sus hogares con brea.

                                      

 Enocóe utilizado durante las Antesterias. Museo del Louvre. Fuente: Wikimmedia Commons.

 

El tercer y último día de la festividad (Chytroi o “Fiesta de las Ollas”) recibía su nombre de los recipientes donde se cocía una mezcla de cereales y miel (llamada panspermia), que se ofrecía a Hermes Ctonio[4]. Según las creencias griegas, este día se manifestaban los espíritus de los muertos y se conmemoraba también la catástrofe del Diluvio[5], que había destruido a la humanidad. Según este relato, los supervivientes del desastre cocieron en una olla todo lo que pudieron encontrar, dando lugar a la panspermia de las Antesterias, y se lo comieron, en memoria de los fallecidos. Por ello, se consumía esta mezcla durante Chytroi y también se realizaban unas libaciones de agua, que se ofrendaban a los muertos en el Diluvio, que eran arrojadas en una abertura, localizada en un recinto dedicado a Gea, como recuerdo de la lluvia que anegó a la tierra. Sin embargo, no se conmemoraba exclusivamente a los muertos; parece que, durante este día, también se tenía que acudir al recinto de Dioniso y entonar una serie de himnos en su honor. Y, a finales del periodo clásico, se celebraron espectáculos teatrales con carácter dramático en honor a este dios.

 

Finalmente, las Antesterias llegaban a su fin tras Chytroi. Para anunciar que la festividad había concluido se pronunciaba una frase ritual (“Fuera los carios, las Antesterias han terminado”) y se restablecía el orden pleno de la sociedad. La frase con la que finalizaban las Antesterias es muy interesante; el término carios ha sido interpretado por los investigadores actuales como las Keres, las almas de los muertos del diluvio que habían sido invocados durante Chytroi, lo que refuerza los vínculos entre la festividad y el mundo de Ultratumba.

 

Sin duda alguna, las Antesterias suponían una festividad muy importante para los atenienses ya que no sólo se conmemoraba a una divinidad más, sino que se transgredían todos los límites. Los valores sociales y políticos entraban en suspenso, como se comprueba en el hecho de que los esclavos estaban autorizados a degustar el vino, al igual que sus amos. Asimismo, también se destacaba el papel ritual y religioso de las mujeres (quienes apenas participaban de la vida comunitaria de Atenas), debido al protagonismo obtenido por la basilinna y sus sacerdotisas. Pero también se anulaban las fronteras entre los vivos y los muertos, quienes vagaban por la ciudad durante la fiesta y que debían ser aplacados a través de complejos rituales.  Como se puede comprobar a través de este breve análisis de las Antesterias, las fiestas religiosas en el mundo  griego eran mucho más complejas y abarcaban toda una serie de aspectos que iban más allá de la veneración a los dioses.

Bibliografía

 

FELTON, D. (2007) The dead. En OGDEN, D. (ed.) A Companion to Greek Religion, Blackwell Publishing, pp. 86-100.

 

GUETTEL COLE, S. (2007) Finding Dyonisus. En OGDEN, D. (ed.) A Companion to Greek Religion, Blackwell Publishing, pp. 327-341.

 

JIMÉNEZ SAN CRISTÓBAL, A.I. (2011) Fiestas dionisíacas. En CALDERÓN DORDA, E. y MORALES ORTIZ, A. (eds) Eusébeia. Estudios de religión griega, Signifer Libros, pp. 169-197.

 

PARKER, R. (2010) Polytheism and Society at Athens. Oxford Scholarship.

 

SPINETO, N. (2004) La panspermia degli Anthesteria. Ilu, Revista de Ciencias de la Religión, Anejos, vol. XII, pp. 141-146.

 

VALDÉS GUÍA, M. (2015) Antesterias y basileia en Atenas. Mythos, Rivista di Storia delle Religioni, número 9, pp.125-149.

 

VALDÉS GUÍA, M. (2019) El liknon de Dioniso en las Antesterias y en Delfos. El aporte de un vaso del Pintor de Eretria. En PIQUERO, J.; DE PAZ, P. y PLANCHAS, S. (eds.) Nunc est Bacchandum. Homenaje a Alberto Bernabé. Guillermo Escolar Editor, pp. 127-139.

 

 

 

[1] Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, 2.15.4.

 

[2] Magistrado ligado a los aspectos religiosos y judiciales de la ciudad. En la Edad Oscura, este término hacía referencia al príncipe o jefe de la comunidad.

 

[3] Orestes fue el único hijo varón de Agamenón y Clitemnestra. Cuando su padre fue asesinado por Clitemnestra y Egisto (su amante), Orestes vengó su muerte asesinándoles a ambos.

 

[4] Faceta del dios Hermes, que le hacía acompañar a los difuntos al Más Allá.

 

[5] La mitología griega también contaba con un episodio de Diluvio, que destruyó la tierra por orden de Zeus. En este mito, los supervivientes fueron Deucalión y Pirra.

 

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