Friedrich Engels: familia y sociedad

28/04/2020

Sandy Millar @sandym10


En 1884, Friedrich Engels, el padre del socialismo científico, junto a Karl Marx, escribe el que es su libro más conocido en solitario: El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. En él, expone el origen de la sociedad humana y su desarrollo hasta la civilización desde la perspectiva marxista de la historia a partir de la teoría evolucionista de Lewis H. Morgan. El siguiente texto busca exponer cómo entiende Engels el desarrollo, dentro de la historia humana, de la familia como elemento social.

 

Para este autor, recogiendo la teoría materialista que construyó junto a Karl Marx, las diferentes sociedades humanas se determinan y diferencian entre sí por sus modos de producción[1], que generan, a su vez, un tipo concreto de conciencia y de cultura, manifestada en los ritos, los conceptos y todas las ideas del grupo. Por ello, “Según la teoría materialista, el factor decisivo en la historia es, a fin de cuentas, la producción y reproducción de la vida inmediata”[2]. Es decir, el cambio en las diversas  sociedades se debe a que el modo de producción de la misma deviene inestable o genera en su propio núcleo la fuerza que lo ha de superar[3]. Por ejemplo, el feudalismo, con su producción preminentemente agrícola y estanca, generó, cuando se mantuvo estable, unos excedentes de producción que fueron empleados por mercaderes para  comerciar en las ciudades, consiguiendo así acumular cada vez mayores sumas de dinero, lo que llevó a algunos de ellos a hacerse banqueros, y de ahí a ser grandes productores industriales, y dar lugar al capitalismo. Por lo tanto, vemos que la historia es la concatenación de sociedades, donde las antiguas, en su propio seno, dan lugar a las modernas, y así constantemente, conforme van sucediéndose los diferentes grupos de poder.

 

Esta evolución o cambio de sociedades se rige, según Engels, por unos arquetipos generales que siempre se cumplen de un modo más o menos idéntico. Esto lo recoge de la teoría de Morgan[4], quien hablaba de las diferentes sociedades históricas de la humanidad en el sentido de estadios concretos. Es decir, para Engels y Morgan, cualquier sociedad humana que consiga permanecer en el tiempo y aumentar su producción y su reproducción, seguirá determinadas etapas concretas. Según ellos, estas etapas se agrupaban en tres grandes grupos: salvajismo, barbarie y civilización. El salvajismo correspondería a las sociedades paleolíticas y neolíticas, donde el modo de producción se reducía casi por entero a la caza y la recolección. La barbarie es propia de los primeros grupos sedentarios, y son sociedades pastoriles y agricultoras. Finalmente, la civilización es propia de aquellas sociedades en que se ha creado la escritura y el Estado y donde ya existe una producción artesanal y una red de tráfico de mercancías[5].

 

Ya tenemos el esquema general que siguen las sociedades humanas en su evolución histórica. Sin embargo, ¿cómo surgen las propias sociedades humanas? Es decir, ¿cómo se pasa de los grupos animales a grupos humanos y en qué se distinguen los unos de los otros? Para Engels, el estado habitual entre los animales más parecidos al ser humano es el de la familia animal, conformada por un macho en celo que acapara a una hembra y sus crías frente al resto de machos[6]. Puede darse que un solo macho posea múltiples hembras, pero la nota característica de esta agrupación es que el poseedor de las mismas (no se puede hablar aquí de otro modo) tiene con ellas una relación de exclusividad, imposibilitando al resto de machos el tener relaciones sexuales con ellas. Esta situación es el freno más radical a cualquier tipo de sociedad, ya que promueve el conflicto y no la cooperación entre los machos. El ser humano, por lo tanto, “para salir de la animalidad, para realizar el mayor progreso que conoce la naturaleza, precisaba un elemento más: reemplazar la carencia de poder defensivo del hombre aislado por la unión de fuerzas y la acción común de la horda”[7]. Efectivamente, en la familia animal, dirigida por un macho alfa, la cooperación entre varones es totalmente nula, y se da, por el contrario, un conflicto constante, que imposibilita cualquier tipo de sociedad compleja y estable.

 

Por ello, “la tolerancia entre los machos adultos y la ausencia de celos constituyeron la primera condición para que pudieran formarse los grupos extensos y duraderos en cuyo seno únicamente podía operarse la transformación del animal en hombre”[8]. Así pues, el primer estadio en el que los hombres se asocian es el de la promiscuidad sexual, en el que no hay ningún tipo de límite en las relaciones de apareamiento, que da lugar paralelamente al primer tipo de sociedad humana, la salvaje. En este tipo de sociedades no hay concepto alguno del incesto. Aunque no queden sociedades de este tipo ni registros sobre las mismas, Engels concluye que debieron existir porque podemos observar cómo el concepto occidental de incesto, que censura cualquier tipo de relación sexual entre consanguíneos, no se observa en ciertas sociedades, como en la de los iroqueses o en la de los punalúa, donde sí se permiten relaciones sexuales entre algunos tipos de familiares. Aunque es solamente una inferencia hipotética, del hecho de que existan sociedades en que el incesto no está conceptualizado del mismo modo, sociedades que se hallan en un estado “inferior” que las europeas, Engels deduce que todo límite sexual entre consanguíneos es histórico y no natural.

 

Históricamente, el primer tipo de prohibición sexual que se hizo fue entre generaciones, en la denominada familia consanguínea: los padres y las madres, que eran todos los individuos de una generación, no podían tener relaciones sexuales con los miembros de la generación siguiente, es decir, con los hijos. No había, sin embargo, ningún tipo de censura dentro de una misma generación. El descubrimiento de este tipo de familia, de la que tampoco quedan casos en el siglo XIX, se da por las relaciones de parentesco que se observan en la sociedad hawaiana. Efectivamente, en esta sociedad, donde se da la familia punalúa, los niños se refieren a todos los hombres adultos como “padres”, aunque las relaciones sexuales entre hermanos de diferente sexo están prohibidas. Es decir, los punalúa llaman a sus tíos como padres aunque no tengan relaciones sexuales con su madre[9]. Engels infiere de las denominaciones de parentesco la realidad social porque “los apelativos de padre, hijo, hermano, hermana, no son simples títulos honoríficos, sino que, por el contrario, traen consigo serios deberes recíprocos perfectamente definidos y cuyo conjunto forma una parte esencial del régimen social de esos pueblos”[10]. Por lo tanto, si los punalúa llaman a sus tíos como “padres”, aunque estos no mantengan relaciones sexuales con su madre, esta situación se debe a que en el pasado sí debieron estar permitidas las relaciones sexuales entre hermanos, y las denominaciones de parentesco permanecen como una huella cultural de la realidad social anterior.

 

La prohibición sexual de la sociedad punalúa provoca que se generen varias familias en la misma sociedad: por una parte, la familia de la hermana, y por otra, la del hermano, que deben buscar pareja sexual entre aquellas personas de la tribu con las que no compartan madre. De este modo: “En cuanto queda prohibido el comercio sexual entre todos los hermanos y hermanas -incluso los colaterales más lejanos- por línea materna, el grupo antedicho se transforma en una gens, es decir, se constituye como un círculo cerrado de parientes consanguíneos por línea femenina, que no pueden casarse unos con otros; círculo que desde ese momento se consolida cada vez más por medio de instituciones comunes, de orden social y religioso, que lo distinguen de las otras gens de la misma tribu”[11]. La gens, que podríamos denominar como “el conjunto de descendientes de una mujer”, forma un grupo que se distingue del resto de gens, con quienes deben intercambiar a sus hombres. Desde aquí, el modelo comunitario, que antes abarcaba el conjunto de la sociedad, se limitará en ciertos ámbitos a las recién creadas gens. Se harán hogares y terrenos parcelados entre gens.

 

Así pues, el paso de una gens a otra lo efectúan los hombres porque, al solo conocerse la ascendencia materna, es decir, al solo saberse quién es la madre de cada cual, la denominación gentilicia recae sobre la mujer. Esta, a su vez, es quien posee los bienes de la comunidad gentilicia, mientras que el hombre únicamente tiene en propiedad sus herramientas de caza y sus animales. Por lo tanto, “la economía doméstica, donde la mayoría, si no la totalidad de las mujeres, son de una misma gens, mientras que los hombres pertenecen a otras distintas, es la base efectiva de aquella preponderancia de las mujeres”[12]. Las diferentes gens irán dividiéndose a su vez en más gens, conforme aumente la población de la comunidad, y las antiguas gens pasarán a denominarse tribus, que abarcarán en su seno a las nuevas gens.

 

Las restricciones sexuales entre familiares se irán acentuando, llegando a un punto en que la procreación solo se dará en el seno de familias monógamas, pero donde los hijos seguirán perteneciendo a la madre: es lo que se conoce como familia sindiásmica. Engels nos identifica este proceso como “una constante reducción del círculo en cuyo seno prevalece la comunidad conyugal entre los dos sexos”[13]. La familia sindiásmica se produce en las sociedades bárbaras, que han aprendido la domesticación de animales, la agricultura y son eminentemente sedentarias. Las sociedades más famosas que pertenecen a este modelo eran la aria y la semita.

 

Conforme fue avanzando esta sociedad, los animales de ganado, que eran propiedad de los hombres, empezaron a aumentar en número y a producir cada vez más alimentos, gracias al aprendizaje de técnicas más efectivas de cría y al asentamiento en lugares más propicios para el pastoreo, lo que supuso que los hombres, sus propietarios, pasaran a tener la riqueza social más importante, lo que les convierte en líderes de la sociedad, como explica Engels afirmando que “en los umbrales de la historia auténtica encontramos ya en todas partes los rebaños como propiedad particular de los jefes de familia, con el mismo título que los productos del arte de la barbarie, los enseres de metal, los objetos de lujo y, finalmente, el ganado humano, los esclavos”[14].

 

Mientras que en la sociedad punalúa, la importancia residía en la gens, controlada por la mujer, que poseía los bienes más preciados, en la sociedad bárbara la riqueza estaba ahora en aquello que poseían los hombres. Por ello, los hombres se situaron por encima de la mujer a nivel social, que dependía en mayor medida del hombre de lo que él dependía de ella. Los hombres de las tribus, que se vieron repentinamente enriquecidos, emplearon este poder económico para cambiar el modelo familiar con el objetivo de que fueran sus hijos quienes recibieran sus propiedades. Efectivamente, en las sociedades anteriores, como la gens estaba determinada por línea materna, los hombres debían dar su herencia al grupo gentilicio de su madre, que no era donde habían tenido sus hijos, sino donde estaban sus sobrinos, ya que los hombres eran quienes tenían los hijos fuera de su gens natal. En orden a estos deseos, los hombres consiguieron derrocar el derecho materno y establecer un linaje masculino. Así pues, surgió el linaje patriarcal, donde la importancia social era netamente masculina. Como asevera Engels: “El derrocamiento del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuñó también las riendas en la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción”[15].

 

Esta forma de familia cristaliza y se asienta con el paso de la barbarie a la civilización, con la instauración de la familia monógama. En la civilización, las gens dejan de tener importancia y pasan a ocupar su lugar las familias particulares, ya que la riqueza se concentra en las manos de los diferentes patriarcas. Así pues, “la monogamia no aparece de ninguna manera en la historia como una reconciliación entre el hombre y la mujer, y menos aún como la forma más elevada de matrimonio. Por el contrario, entra en escena bajo la forma del esclavizamiento de un sexo por el otro, como la proclamación de un conflicto entre sexos, desconocido hasta entonces en la prehistoria”[16]. La monogamia es la afirmación definitiva del poder de los hombres sobre las mujeres, ya que ellas dependen económicamente de ellos, y su situación se ve reducida a asegurar la procreación de hijos legítimos. La familia pasa a ocupar el lugar social que antes tenía la gens, que ahora únicamente existe como comunidad religiosa.

 

Como el fin por el que nace el matrimonio monógamo es que el linaje masculino se perpetúe en el tiempo mediante el nacimiento de hijos reconocidos del padre para que hereden sus riqueza, este matrimonio solo tiene importancia real en aquellas familias en que el patriarca posee efectivamente algo que dar en herencia. Efectivamente, “el matrimonio proletario es monógamo en el sentido etimológico de la palabra, pero de ningún modo lo es en su sentido histórico”[17]. El matrimonio realmente monógamo, en que la mujer está sometida por el marido y la relación entre ambos es totalmente desigual, solo se da entre las clases adineradas, porque son las únicas que tienen una riqueza que manejar y a la que se someten. Los individuos de las clases altas se casan y relacionan entre sí con el objetivo de aumentar y conservar sus riquezas, por lo que, realmente, son esclavos de las mismas. El matrimonio de conveniencia es “la más vil de las prostituciones, a veces por ambas partes, pero mucho más habitualmente en la mujer; ésta sólo se diferencia de la cortesana ordinaria en que no alquila su cuerpo a ratos como una asalariada, sino que lo vende de una vez para siempre, como una esclava”[18].

 

Para Engels, la familia monógama, cuyo objetivo es la perpetuación de la riqueza masculina, solo desaparecerá cuando “los medios de producción pasen a ser propiedad común”, donde “La economía doméstica se convertirá en asunto social; el cuidado y la educación de los hijos, también”[19]. Es decir, únicamente cuando hombres y mujeres tengan la misma importancia a nivel social porque su poder económico sea equitativo, solo en ese momento, las relaciones matrimoniales se ejercerán libremente. Como el propio pensador afirma “el matrimonio no se concertará con toda libertad sino cuando, suprimiéndose la producción capitalista y las condiciones de propiedad creadas por ella, se aparten las consideraciones económicas accesorias que aún ejercen tan poderosa influencia sobre la elección de los esposos”[20].

 

En conclusión, según Engels, la familia se instituye como el marco de relaciones en que está permitido la concepción y crianza de hijos, marco que se va estrechando más conforme avanza la historia. Por lo tanto, frente a los sociólogos clásicos, que entendían la familia como el átomo mínimo de la sociedad, desde el que surgía esta, Engels defiende que la familia es una creación de la sociedad en el periodo histórico concreto en que la producción pasa de ser comunista a privada, y que nace como herramienta de coerción de un sexo por el otro. Solamente en el momento en que la posesión de la riqueza sea igualitaria, y nadie posea una riqueza tal que pueda dominar al resto de personas, solo en ese instante, podremos hablar de relaciones libres, ya que, como recoge Engels de los apuntes de Marx, “La familia moderna contiene en germen, no sólo la esclavitud (servitus), sino también la servidumbre, y desde el comienzo mismo guarda relación con las cargas en la agricultura. Encierra, in miniature, todos los antagonismos que se desarrollan más adelante en la sociedad y en su Estado”[21]

 

 

[1] El modo de producción de una sociedad es la forma en que esta se proporciona a sí misma los recursos que necesita para vivir, es decir, cómo produce sus alimentos, sus víveres necesarios y todo lo que, a fin de cuentas, requiere y emplea en su existencia.

 

[2] Engels, Friedrich: El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, editorial sol90, p. 10

 

[3] Es clara la aplicación materialista de la dialéctica hegeliana aquí.

 

[4] Morgan fue un reputado antropólogo americano, reconocido por descubrir la importancia social de las relaciones de parentesco.

 

[5] Aunque la teoría evolucionista, como suele denominarse al pensamiento de Morgan, está hoy en día desfasada como tal, tampoco se ha conseguido refutar de modo tajante, ya que las diferentes sociedades humanas a lo largo del globo muestran paralelismos históricos sorprendentes, como es la invención de la escritura.

 

[6] Hay que aclarar que Engels afirma en múltiples ocasiones que sus teorías aquí son especulaciones en orden a qué realidad encaja mejor con el proceso histórico en conjunto.

 

[7] Engels, Friedrich: op. cit., p. 51

 

[8] Engels, Friedrich: op. cit., p. 52

 

[9]Cabe aclarar que dentro de la sociedad punalúa, donde el comercio sexual es amplio, solo se conoce el parentesco por parte de madre: solo se es consciente de quién es la madre de  uno.

 

[10] Engels, Friedrich: op. cit., p. 44

 

[11] Engels, Friedrich: op. cit., p. 62

 

[12] Engels, Friedrich: op. cit., p. 71. Preponderancia en el sentido económico, porque los bienes más importantes pertenecen al conjunto de la gens y son gestionados por las mujeres.

 

[13] Engels, Friedrich: op. cit., p. 68

 

[14] Engels, Friedrich: op. cit., p. 78

 

[15] Engels, Friedrich: op. cit., p. 82

 

[16] Engels, Friedrich: op. cit., p.  93

 

[17] Engels, Friedrich: op. cit., p. 103

 

[18] Engels, Friedrich: op. cit., p. 102

 

[19] Engels, Friedrich: op. cit., p. 109

 

[20] Engels, Friedrich: op. cit., p. 117

 

[21] Engels, Friedrich, citando a Karl Marx: op. cit., p. 84

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