El genocido de tasmania

28/04/2020

David Cole @davidclode


Los aborígenes de Tasmania, también conocidos como Palawa, son una población aborigen que quedó aislada en la isla de Tasmania después de que un aumento del nivel del mar inundara el estrecho de Bass hace unos 10,000 años. En 1642 llegó el primer colono, Abel Janszoon Tasman, neerlandés. Más tarde, una expedición francesa en 1772 y otra británica en 1773. Tanto los franceses como los británicos siguieron explorando la zona durante los años posteriores. Finalmente, los británicos se establecieron en el territorio, donde crearon una colonia con función penal; muchos de los colonos eran presos, y se crearon prisiones coloniales para encarcelarlos. En 1803 había entre 4000 y 15000 aborígenes en la isla. En 1835, quedaban menos de 400. Las autoridades británicas encarcelaron a los supervivientes en campos, y en 1876 murió la última persona tasmana de ascendencia totalmente aborigen. ¿Qué les sucedió a los aborígenes de Tasmania?

 

En 1804, un ataque de un destacamento militar con armas de fuego a un grupo de tasmanos que iban de caza fue el primer episodio de la llamada Guerra Negra. La Guerra Negra se puede definir como el conjunto de hostilidades entre aborígenes y colonos europeos en la isla de Tasmania de 1804 a 1830 que provocó la casi total exterminación de la población original aborigen de la isla. Hacía tiempo que los Aborígenes estaban cansados de los colonos, que ocupaban sus tierras de caza para criar ganado, les robaban el abastecimiento de comida, atacaban a las mujeres y mataban a los hombres. Además, durante los primeros cinco años, Gran Bretaña prácticamente no enviaba comida en buen estado a la isla, lo que causó una hambruna generalizada entre los colonos, que empezaron a cazar canguros, esenciales en la dieta de los aborígenes. Los secuestros, las violaciones y los asesinatos eran habituales, lo que instauró una cultura del terror descontrolada. El aislamiento geográfico de la zona, la negligencia del Imperio Británico, la brutalidad del estado, el miedo a los aborígenes y las campañas del gobierno contra los convictos que habían escapado reforzaron el ambiente violento. Los tasmanos empezaron a contraatacar a los colonos. En un principio, los tasmanos eran duramente abatidos por las armas de fuego de los colonos. En consecuencia, empezaron a robar y a atacar solo a pequeños grupos o individuos.

 

Cabe destacar que hasta 1805 los aborígenes no contaban con protección legal en Tasmania. Ese año, el vicegobernador de Tasmania, Collins, proclamó que los aborígenes y su propiedad estaban bajo la “protección de las Leyes Británicas”. Más tarde, sucesivos gobernadores amenazaron con “castigar a los blancos por asaltar o matar aborígenes”, aunque prácticamente nunca lo hicieron ni tampoco protegieron los derechos, propiedades ni vidas de los aborígenes. En el sur de la isla se ejecutaba tanto a europeos como aborígenes por matar a europeos, pero nunca a europeos por matar a aborígenes.

 

La colonia se transformó en un sitio extremadamente peligroso y violento. Las autoridades juzgaban los crímenes con violencia extrema; los azotes en público, las torturas y los castigos físicos formaron una sociedad colonial basada en la brutalidad. En ocasiones, las mujeres y los niños en las prisiones coloniales también eran torturados y severamente castigados, y muchos convictos de estas prisiones intentaban escapar. Aunque en esa época los castigos corporales eran algo común, en Tasmania eran más brutales que en otras colonias; la violencia pasó a ser parte de la rutina de los colonos, cosa que influenció sus actitudes hacia los aborígenes. Tanto los convictos como los colonos libres mataban aborígenes. Los europeos secuestraban a niños aborígenes a causa de la baja natalidad en el Reino Unido en esa época, y los gobernadores no pudieron pararlo. Había muchos casos de violaciones y secuestros de mujeres aborígenes por parte de navegantes y marineros. La información que existe hoy en día de fuentes primarias sugiere que las autoridades británicas nunca castigaron estos raptos.

 

Paralelamente a la creación de un sistema tan brutal y violento, Tasmania crecía económicamente. Entre 1820 y 1840 la isla vivió un período de prosperidad económica durante el cual la población de colonos aumentó de 4350 a más de 57000. Esta población comprendía a los prisioneros, a los colonos libres, a algunos exconvictos y a los funcionarios británicos que gestionaban la función penal de la isla. Algunos exconvictos y colonos libres desarrollaron el comercio y varios recursos, sobre todo la cría de ovejas para lana. Además, se desarrolló la pesca de focas y ballenas, cosa que propició la construcción de barcos y nuevas infraestructuras. Los convictos eran parte de la mano de obra para construirla. Muchas mujeres aborígenes trabajaban como empleadas domésticas y trabajadoras sexuales en estas concurridas zonas de pesca, muchas veces en condiciones prácticamente de esclavitud. Las enfermedades que traían los marineros y los colonos arrasaban con las comunidades aborígenes. Los colonos secuestraban a los niños tasmanos como sirvientes y a las mujeres como concubinas, y mataban o mutilaban a los hombres para echarlos de su territorio y crear campos de pasto para las ovejas. Se sabe de un pastor que mató a diecinueve tasmanos con un rifle, y de cuatro otros que mataron a treinta nativos en una emboscada y tiraron sus cuerpos por un acantilado.

 

Entre 1826 y 1828 la guerra de guerrilla se intensificó, y eso provocó la deshumanización y el endurecimiento de las políticas sobre los aborígenes. Los tasmanos quemaban granjas, saqueaban y destrozaban las propiedades privadas de los colonos y empleaban la guerra de guerrillas, cosa que violaba las normas militares tradicionales británicas. Además, contaban con un conocimiento geográfico y una movilidad mejores que les permitían enfrentarse a las armas de fuego de sus contrincantes. El Colonial Times aseguraba que las tácticas de los aborígenes les convertían en una “brutal y atroz raza” y recalcaba que “la defensa propia es la primera ley de la naturaleza. El gobierno tiene que retirar a los nativos- si no, ¡serán cazados como animales salvajes y destruidos!”. El vicegobernador Arthur les calificaba como “a most treacherous race” (la raza más desleal/ traidora). Él y su Comité Ejecutivo instauraron la ley marcial entre 1828 y 1832 para capturar a los aborígenes, y organizaron patrullas de prisioneros y policías para ejecutarla. La ley marcial recalcaba que “the actual use of arms be in no case resorted to, if the Natives can by other means be induced or compelled to retire”- no se podía hacer uso de las armas si los aborígenes podían ser inducidos u obligados a retirarse de otra forma. De todos modos, esta ley hacía legal el asesinato de aborígenes, y probar que éstos no podían ser obligados a retirarse de otra forma era demasiado complicado. Muchos colonos empezaron a matar aborígenes, hasta persiguiéndolos por la noche, aunque el estado supuestamente sancionaba esos asesinatos. Para intentar evitar esa masacre, Arthur estableció que se recompensaría a los que entregaran a los aborígenes con vida; cinco libras por adulto y dos libras por niño. Tanto patrullas privadas como oficiales intentaron sacar beneficio de esta política, llamada “catching blacks”. Arthur también adoptó un plan de paz en abril de 1828; por ejemplo, construyó un panel donde se podía ver a un colono y a un aborigen abrazándose; no ayudó a parar la violencia. A causa de que los colonos poseían armas de fuego, se estima que solo algunos colonos fueron asesinados en contraste con los miles de aborígenes.

 

William Barnes, juez de paz de la isla, sugirió a Arthur que, si no se alcanzaba la paz, “then the dreadful alternative only remains of a general extermination” (entonces la terrible única alternativa que queda es una exterminación general). El 24 de setiembre de 1830, The Independent advirtió de que “unless something forthwith is done by the government, the end will be, horrible as the idea is, extermination” (si el gobierno no hace algo inmediatamente, va a acabar en algo tan terrible como lo que es una exterminación). En otoño de 1830 Arthur intentó una nueva estrategia; la llamada Línea Negra, que consistió en una cadena humana de más de 1000 soldados y civiles armados -incluyendo presos- que barrieron la isla para acorralar a los aborígenes en la península de Tasman, al sureste de la isla. El plan de Arthur era que todos los aborígenes vivieran en una península solos, separándolos de los colonos y así evitando más violencia. Solo consiguieron capturar a algunos aborígenes.

 

Entre 1831 y 1835 uno de los agentes de Arthur, George A. Robinson, con la ayuda de una mujer aborigen llamada Truganini, convenció tanto hablando como con amenazas a la mayoría de los tasmanos que quedaban de que se trasladaran a la isla de Flinders, a unos 50 quilómetros. Durante el trayecto murieron muchos de ellos, y al llegar solo quedaron unos 200. En la isla de Flinders, en el Establecimiento aborigen de Wybalenna, Robinson intentó convertir y “civilizar” a los supervivientes. La isla funcionaba como una prisión. Las condiciones eran muy difíciles a causa de los fuertes vientos que azotan la isla y la escasez de agua potable. Los niños eran separados de los padres para “facilitar su proceso de civilización”. La escasez de comida provocó un aumento de la malnutrición y las enfermedades. No se invertía suficiente dinero para que los tasmanos tuvieran unas condiciones de vida dignas. La mayoría de los aborígenes que quedaban murieron en Wybalenna.

 

En 1844 unos colonos quisieron trasladar a las pocas docenas de aborígenes que quedaban en Wybalenna a Tasmania. En octubre de 1847 solo 47 desembarcaron en la isla. Algunas fuentes afirman que la última persona a la que se considera de ascendencia plenamente aborigen es Truganini, que murió en 1876. Truganini pidió que la incineraran y lanzaran sus cenizas al mar, por miedo a que los científicos utilizaran su cuerpo “para la ciencia”, como habían hecho con otros tasmanos. Algunos científicos de la época pensaban que los tasmanos eran el vínculo entre los hombres y los monos, y buscaban órganos de difuntos aborígenes para demostrarlo. De todas formas, la British Royal Company exhibió su cuerpo en el Museo Tasmano hasta 1947, cuando lo movieron a una sala solo autorizada para científicos tras varias quejas al museo. Finalmente, tras más quejas en 1976, su esqueleto fue quemado y las cenizas lanzadas al mar, como ella había pedido. Otras fuentes afirman que fue Fanny Cochrane Smith, nacida en Wybalenna en 1834, la última persona de ascendencia plenamente aborigen. Fanny Cochrane Smith falleció en 1905, y es la única persona que ha sido grabada cantando en el idioma aborigen tasmano.

 

La exterminación de los aborígenes Tasmanos concuerda en gran medida con la definición de genocidio de la Convención de Genocidio de las Naciones Unidas. Múltiples actores expresaron, tanto en palabra como en acciones, la “intención de destruir”. Además, cometieron al menos cuatro actos genocidas que aparecen en la lista de la convención; el asesinato de miembros del grupo, repetidas violaciones y ataques que causaron serios daños corporales que afectaron la identidad de grupo, la muerte masiva y reiterada de prisioneros en Wybalenna y la transferencia forzada de niños aborígenes a otros grupos. Aunque este genocidio no fue explícitamente escrito y planeado como el Holocausto, las leyes internacionales no exigen esta condición en la definición de genocidio. En menos de cien años, la población original de la isla de Tasmania desapareció totalmente. La identidad de los aborígenes tasmanos ha perdurado levemente con los mestizos de padres marineros europeos y madres tasmanas que sobrevivieron.

 

 

 

 

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