Memorias heterodoxas de un político de extremo centro: Charla con García-Margallo

Markus Spiske @markusspiske

 

Nos encontramos en el Museo Arqueológico de Alicante, que tan amablemente nos ha acogido, para comentar con el eurodiputado José Manuel García-Margallo su último libro. En “Memorias heterodoxas de un político de extremo centro” (ed. Península, 2020), el exministro recoge, en apretada síntesis, el inicio y desarrollo de una trayectoria política tan dilatada como interesante, así como diversos aspectos de su propia biografía y pensamiento. 

 

 

 

-Hoy en día muchas fuerzas políticas reclaman para sí el centro, lejos de cualquier extremismo. Usted va más allá y se reivindica de extremo centro. ¿Qué significa ser de extremo centro?

 

La expresión, a parte de ser un gancho literario, responde a que en este momento el centro político está siendo amenazado. En mi opinión, lo que caracteriza los días que estamos viviendo es el intento de volar el orden liberal que nos dimos en 1945, y su sustitución por otro orden que algunos llaman identitario y que otros perciben como democracias iliberales.

 

Como cada uno de nosotros puede tener una idea distinta de lo que es un orden liberal, yo creo que hay que centrarse en aquello en que podemos estar todos de acuerdo, que son los siguientes rasgos: 1) un compromiso insobornable con los derechos y las libertades. Estamos viviendo la más penosa época respecto a esos derechos y libertades). 2) La igualdad de género y la lucha contra todos los tipos de discriminación. Estamos viendo como hay partidos que se significan a sí mismos por su oposición a los emigrantes, por poner un ejemplo clásico. 3) El respeto al Estado de Derecho. Estamos viendo en España como se intenta modificar la constitución con procedimientos no establecidos en la propia constitución. 4) El respeto a las instituciones internacionales. Uno de los secretarios de Estado de Trump dijo que, si alguna vez hubiese un conflicto entre las normas internacionales y los intereses americanos, prevalecerían los intereses americanos. 5) El europeísmo militante: no se trata de recuperar competencias -como quieren los partidos soberanistas, en Polonia, Hungría, Francia, Italia y también en España- sino en ir compartiendo cada vez más competencias para aproximarnos a los Estados Unidos de Europa que es la meta final. Y finalmente, 6) la apertura de fronteras, que está siendo cuestionada por los movimientos proteccionistas, de los cuales lo más significativo está siendo las tensiones en materia arancelaria entre China y los EE. UU.

 

Esto es ser un partido de centro en cualquier lugar del mundo. En España, ¿qué es un partido de centro? A esos caracteres se añade el respeto a los tres pilares que fundamentan nuestra Constitución: 1) La soberanía pertenece a todo el pueblo español, no una parte. 2) España es una nación de ciudadanos libres e iguales en derechos y obligaciones –lo cual excluye el federalismo asimétrico del que hablaba Maragall. 3) La solidaridad, porque una nación es un entorno de solidaridad o no es nada.  

 

Había un filósofo que decía -refiriéndose a Europa pero que sería extrapolable a España- “sin solidaridad el proyecto económico puede sobrevivir, lo que no podría sobrevivir sería el proyecto político”.   

 

 

-En este sentido, nos ha sorprendido el título de uno de los apartados del libro, llamado “Monárquico por convicción”. ¿De qué modo se conjuga su pensamiento de raigambre liberal con su convicción monárquica?

 

Yo soy hijo de mi época, y entré en política cuando leí –años después de escribirse- el manifiesto de Lausana donde Don Juan de Borbón llama a la reconciliación nacional -que ha sido siempre el norte de mi vida política- y que conmina al General Franco a abandonar el Gobierno, a instalar una monarquía parlamentaria, y habla de una constitución con reconocimiento de derechos y libertades, la entrada en Europa etc.

 

Luego la presencia de los monárquicos fue muy importante en otro gran hito de la Transición, el llamado “contubernio de Múnich” por la fuerzas de la dictadura en 1962, en que se reúnen la oposición de dentro y de fuera y termina con una frase de Salvador de Madariaga que dice: “los que perdisteis la libertad para conservar la tierra, y los que perdimos la tierra para conservar la libertad, nos hemos reunido para buscar un camino que nos lleve a todos a la tierra y a la libertad”. Eso es lo que hace posible Don Juan Carlos de Borbón que elige gobernar tres meses para reinar más de 30 años.

 

La monarquía ha sido la que ha hecho posible la transición. Y es que hubiera sido imposible la transición sin la figura de rey que de alguna manera había sido legitimado por el franquismo y que era Capitán General de los ejércitos -la transición se hizo con medio del ejército sublevado.

 

 

-En su visión integradora de la política, se refiere en términos positivos a los indultos y amnistías realizados al principio de la Transición. Concretamente, los califica como “actos simbólicos” alejados del “ánimo de revancha” (p.86) que sirvieron para avanzar en la reconciliación. En este sentido, hay diversas voces que reclaman o sugieren una medida similar para los políticos catalanes. ¿Cree usted en la conveniencia de tal medida?

 

Aquellas dos amnistías que hubo -una antes de la Constitución para todos los delitos excluidos los delitos de sangre, y otra posterior que se abrió incluso a los delitos de sangre- formaban parte de la idea de la reconciliación nacional, de evitar la ruptura de las dos Españas.

 

La Amnistía hoy constitucionalmente no es posible, habría que modificar la constitución. Pero yo creo que medidas de gracia serían posibles si hiciésemos un gran pacto como el del 77 y 79. Es decir, sería posible si los secesionistas catalanes abandonan la pretensión de romper la constitución con un referéndum ilegal e inconstitucional y contrario al orden internacional. Sólo hay dos constituciones escritas que admitan la secesión unilateral –San Cristóbal y Etiopia‒. Todas las demás, incluidas la de Estados federales, dicen que la unión es indisoluble. Pero si llegásemos a un acuerdo global en la cuestión catalana, yo creo que habría que considerar eso. Ahora, lo que no puedes es ir cediendo permanentemente a cambio de nada, porque el separatismo siempre ha interpretado esas cesiones como una muestra de debilidad, y un paso más que le acerca a la independencia con aquello de “hoy paciencia y mañana independencia”.

 

 

-Al criticar la no-idea de España de Zapatero rescata una carta enviada a Rajoy donde objeta el concepto de patriotismo constitucional y dice: “España es una realidad reconocida por la historia y por los hombres y no un artificio jurídico. España es una cuestión de tripas [...] de sentimientos”. Dos consideraciones. La primera, que sea una realidad reconocida por la historia no implica que sea algo más que un artificio jurídico, puesto que podría ser un artificio jurídico con una larga historia. La segunda, si España como nación es una cuestión de tripas y sentimientos, entonces sería una realidad puramente subjetiva, que cada cual sentirá, no sentirá o sentirá distinto.

 

En derecho político Nación y Estado son conceptos distintos. El Estado es la organización jurídica de la Nación. Pues bien, lo que yo quiero decir en esa carta es que la Constitución no crea España, España crea esta constitución y pueden darse otras constituciones, como se han dado en el tiempo desde la constitución de Bayona en 1808.

 

Lo que estamos viviendo ahora es que lo que se ataca es al mismo demos constituyente, y lo que se quiere destruir es a España, el demos constituyente, el sujeto político que puede dotarse de varias constituciones. Lo que digo es que España no es una nación artificial, es decir, esto no es Etiopía ni Sudán, es decir, si vas a la literatura medieval catalana se habla ya de España, y de los reyes de España en la batalla de las Navas de Tolosa etc.; entonces, decir que España nace con la Constitución me parece absurdo. Es un concepto muy anterior arraigado en la historia, en los hombres e incluso de la comunidad internacional, es decir, nosotros somos reconocidos como un sujeto político de primera división.

 

El problema de España es que desaparece el imperio antes de que hayamos creado una nación, eso es lo que le ocurre a España en 1812. Pero que no es un artificio jurídico, es una comunidad de una interconexión de muchísimos siglos. Probablemente seamos la Nación más antigua de Occidente. España no es un artificio jurídico es real y bien real.

 

 

-Defiende usted la conveniencia de converger hacia unos “Estados Unidos de Europa”. ¿Qué le atrae de este proyecto teniendo en cuenta que con ello se transformaría el Estado de España en la Provincia de España (p. 333)?

 

No necesariamente. Esos Estados Unidos de Europa serían una organización federal. España sería un estado dentro de los Estados Unidos de Europa –no una provincia‒ que tendría las competencias que pudiera desarrollar mejor que a nivel europeo.

 

Yo lo que quiero subrayar es que, a diferencia de lo que dicen los euroescépticos, que por ejemplo en España sostiene VOX, es que Europa también existe como una idea. No es un puro espacio geográfico, es una idea que se basa en los pilares que yo defiendo: la democracia, la libertad, en el individuo como centro de la unión política etc. Europa es Grecia, el derecho como instrumento para regular la convivencia –Europa es Roma‒, la solidaridad –idea judeocristiana‒, la idea del progreso ‒que viene de la revolución papal, el renacimiento y la ilustración‒ el atrévete a pensar ‒que es Kant, que son los derechos individuales‒ etc.

 

Y ese es el espacio más privilegiado del mundo que, por desgracia, Europa es en el único agente que está dispuesto a defenderlo. Estamos viendo como democracias iliberales buscan la voladura del orden internacional, que de hecho se está produciendo desde la Casa Blanca, desde el mismo sitio donde la proclamó los EE. UU.

 

Por ejemplo, nosotros no estamos en la economía liberal trumpiana, de Regan y Tatcher. Creemos en la economía social de mercado que se basa en dos pilares: un mercado que funcione, y la compensación social que viene de esa idea de solidaridad claramente europea.

 

 

-¿Cómo se comprende entonces su crítica tradicional al independentismo basado en el valor de la soberanía nacional de todos los españoles? Es decir, si Europa se transformada en unos Estados Unidos al modo federal, entonces España perdería su soberanía, fundiéndose en una soberanía mayor.

 

Pero es que el concepto de soberanía de Westfalia está ya terminado. ¿Es que somos soberanos para luchar contra el cambio climático?

 

 

-Claro, pero si, como dice en el libro, acepta con Ortega que habría que superar la idea de Nación soberana, entonces la crítica que habitualmente hace al independentismo catalán ‒esta es, que no respeta la soberanía de todos los españoles‒ no se acaba de comprender. ¿Es o no importante la soberanía de todos los españoles? ¿Debe o no superarse esa vieja idea?

 

Yo no estoy seguro de que el verbo sea superar. Realmente de lo que se trata es de compartir soberanía y de distribuir las competencias en función de un principio muy democristiano que es el principio de subsidiariedad. Es decir, el poder debe estar siempre lo más cercano al ciudadano, y eso va superando cada escalón, a medida que ese escalón se considera insuficiente.  Es decir, al principio estaría la administración local, que es lo más cercano al ciudadano, y a partir de ahí, la autonómica en nuestro caso, la nacional y la federal europea. Y cada uno tendría su ámbito de definición.

 

Lo que no se entiende es que queramos ir a formar un todo mayor como son los Estados Unidos de Europa dinamitando o fragmentando los entes que llevan ya mucho tiempo de existencia. A mí me parece que es perfectamente coherente, lo que me parece contradictorio es decir que eres europeísta y que al mismo tiempo quieres fragmentar la soberanía española. Uno es movimientos es centrípeto y otro el otro es centrífugo. Y, por definición, no se puede soplar y sorber al mismo tiempo.

 

 

-Cierra sus memorias hablando sobre Gibraltar, refiriéndose a este como un asunto que se le quedo en el tintero (p. 385). Dos cuestiones respecto a esto. Propone usted para Gibraltar un sistema de cosoberanía que califica de win-win (p. 391). ¿En qué consiste y qué ventajas considera que aportaría este sistema?

 

Los gibraltareños han votado en un 96% quedarse dentro de la UE, pues son plenamente conscientes de que su bienestar depende plenamente de ello. Están en la UE porque el artículo 355.3 del Tratado de Funcionamiento de la UE dice que las leyes europeas se aplican en aquellos territorios cuya política exterior sea gestionada por un miembro de la UE. En el momento en que Reino Unido abandona la UE, esa condición no se cumple, por lo que Gibraltar quedaría fueraNo digo que este proponiendo aplicarlo, pero sí digo que eso sería completamente legítimo desde la legalidad internacional porque lo que entra en juego entonces es Utrecht, y Utrecht habla “sin comunicación por tierra”. Es decir, que, a malas, esto podría ir muy mal. Yo creo que además Gibraltar está colocando al Campo de Gibraltar en una situación de dependencia. La renta per cápita en el Campo de Gibraltar es 6 veces menor a la renta del peñón, que es la 3ª del mundo sin recursos naturales y basada en el juego, el contrabando, y en ser un paraíso fiscal.

 

Yo creo que la cosoberanía en materia de política exterior sería una condición para que Gibraltar siguiese formando parte de la UE, lo cual permitiría hacer una base con Rota en el mediterráneo que va a ser el escenario más conflictivo del mundo.

 

A partir de allí un estatuto de autonomía, la doble nacionalidad para que su ser británico permanezca, y luego una zona económica especial que abarque todo el Peñón, todo el Campo de Gibraltar y Ceuta, para absorber parte del comercio que viene de Suez y base para las empresas que necesariamente van a tener que intentar invertir en Marruecos para evitar la presión migratoria que no podríamos soportar. Por eso es win-win.

 

¿Qué es lo que hay que hacer? Convencer a la gente del Campo de Gibraltar que en estos momentos tienen miedo porque cree que su puesto de trabajo puede desaparecer o que su negocio puede verse mermado. Pero para ello esto debe empezar mañana, porque para que esa zona económica especial sea posible es necesario habilitar la zona (pues de lo contrario no va a ir ninguna empresa); hay que conectar el puerto de Algeciras con el Mediterráneo, hay que hacer un aeropuerto, hay que crear infraestructuras para crear un hub empresarial importante etc. Y para eso son necesarios estos dos pilares: firmeza en la negociación con Reino Unido, y una labor de seducción de los gibraltareños, y de los habitantes del campo de Gibraltar que están en situación colonial respecto al Peñón.

 

 

-¿Cómo se explica que Gibraltar sea un territorio Autónomo sujeto a descolonización y que, sin embargo, su descolonización no se rija por el principio de autodeterminación –como es habitual- sino por el de integridad territorial? (p. 388).

 

Eso no lo discute absolutamente nadie, ni siquiera el Reino Unido. Esto está consagrado en Naciones Unidas desde que se discutió en la Resolución 1514.

 

 

-¿Pero qué explica esta excepción legal?

 

Primero, porque el Tratado de Utrecht dice que en el supuesto de que Reino Unido vendiese, enajenase o alquilase su soberanía eso volvería a España, luego eso quiere decir que no puede crear otro sujeto diferente.  En segundo lugar, y ya puestos, si hablamos de autodeterminación, quien se tendría que autodeterminar son los herederos de la población que fueron desalojados después de la conquista. Es decir, lo que no puede ser es que uno ocupa este barrio con luxemburgueses, por ejemplo, y luego decir que tiene derecho a la autodeterminación (que es lo que quisieron hacer los franceses en un departamento de Argelia).

 

 

-A modo de cierre ¿el mayor acierto y el mayor error de su trayectoria política?

 

Llegar vivo hasta aquí en el mar de la política no está mal, denota un cierto éxito. Si además llegas vivo cuando no has tenido nunca escaño en Madrid, no has tenido nunca partido, porque me quedé viudo por primera vez cuando se fue UCD etc.

 

En exteriores lo que más valoro es,  primero, haber hecho un aparato normativo de 3 leyes y 1 reglamento ‒tratados, acción exterior, inmunidades y reglamento de la carrera diplomática‒ que se habían intentado 4 veces pero no había salido nunca; segundo, hice una estrategia de acción exterior en que se definía los objetivos, las prioridades y los espacios de la política exterior, lo cual da certeza –que es lo que no está dando el actual Gobierno; Bruselas no sabe qué vamos a hacer en Iberoamérica, por ejemplo‒ y finalmente la aproximación con los EE.UU que estaba rota como consecuencia de la política de Zapatero en Irak, la recuperación de las cumbres iberoamericanas que se estaban muriendo, y la entrada en el Consejo de Seguridad en que competimos con Turquía que contaba con más de 250 millones de presupuesto y nosotros solo 1.

 

 

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