Las consecuencias políticas de la Gran Crisis Financiera de 2008-2009

Jouwen Wang @sodacheese

 

 

La Gran Crisis Financiera de 2008-2009 (GCF) ha dejado secuelas importantes para el orden internacional y el contrato social de los países occidentales. Este artículo identifica los cambios producidos por la GCF de acuerdo a dos premisas fundamentales. Primero, la GCF ha atomizado y empobrecido a los países europeos. Dicho fenómeno ha generado un avance de las formaciones políticas populistas, las cuales buscan consolidar su legitimidad en base a un discurso que enfatiza la necesidad de responder a las demandas de la sociedad. Segundo, la izquierda moderna no ha sabido dar respuesta a este fenómeno, debido a su incapacidad de formular políticas que puedan amalgamar a los diversos sectores de la sociedad detrás de un proyecto político de masas. El artículo termina esbozando la manera en la cual la izquierda podría volver a ganar preponderancia en el terreno político.

 

La GCF puso en evidencia la capacidad del capitalismo moderno de fragmentar y depauperar a las sociedades modernas del continente europeo. La GCF fue el prolegómeno de la crisis de la Eurozona en 2011, la cual trajo como consecuencia la imposición de medidas de austeridad que tuvieron como propósito salvar al euro.  La debacle económica y la imposición de estas medidas tuvieron como consecuencia la consolidación de una áspera simbiosis entre la fragmentación y la coalescencia, producto de la voluntad de los estados miembros de proteger su interés nacional y su especificidad cultural. En efecto, el triunfo de Syriza, formación politica de corte izquierdista, en las elecciones parlamentarias griegas de 2015 avizoraba el enfrentamiento de un estado miembro de la Unión Europea contra los dictados de la “troika” compuesta por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional. No obstante ello, el gobierno griego terminó acatando el programa de ajuste económico impuesto por la “troika.” La propagación del ideario populista ha logrado insertar en el esquema político de los países europeos formaciones que buscan trascender los limites del centrismo ideológico.

 

La crisis de la Eurozona erosionó, en cierta medida, la legitimidad del proceso de integración europeo. La manifestación más fidedigna de dicho fenómeno es la salida del Reino Unido de la Unión Europea, la cual se precipitó, en cierta medida, por la preocupación de tener que contribuir al futuro salvamento de los países con dificultades para pagar su cuantiosa deuda pública, como es el caso de los países del sur del continente europeo. En efecto, los cimbronazos económicos que afectaron al continente europeo a fines de la primera década del nuevo milenio convencieron a buena parte de la clase política y al electorado británico que el proyecto de integración europea carecía de estabilidad a largo plazo. Esta preocupación llevó al Primer Ministro David Cameron a prometer un referendum sobre la continuidad de la membresía del Reino Unido a la Unión Europea en vísperas de las elecciones parlamentarias de 2015. De todas maneras, los cimbronazos que afectaron a Europa durante la última década terminaron fortaleciendo la voluntad de proteger el funcionamiento de la economía del continente. El avance de las formaciones populistas y la necesidad de proteger la viabilidad económica de la Unión Europea llevó al establecimiento de medidas para fortalecer la cohesión de los paises de la Eurozona, como la Unión Bancaria, puesta en efecto en 2015. La Declaración de Roma de 2015 resalta que el proceso de integración no debe ser limitado a cuestiones de índole económica o fiscal. En definitiva, el proceso de integración debe tener en cuenta todos los asuntos que tengan que ver con la “idea de Europa”, como los que atañen a cuestiones sociales y culturales y los que impactan en asuntos de seguridad y defensa.

 

Es necesario resaltar que el estado de cosas inaugurado por los efectos de la GCF ocasiona un cambio fundamental en la manera de gobernar. Guilluy propone que “el ‘mundo de arriba’, que ya ha perdido la hegemonía cultural, ahora se está debilitando políticamente.” Este es un proceso irreversible. De esta forma, o bien la clase política “se reintegra a la comunidad nacional teniendo en cuenta las aspiraciones del pueblo, o bien desaparece.” [1]. Esta perspectiva ha sido tomada en cuenta por las formaciones políticas nativistas como Vox (España), Lega (Italia) y Rassembement Nationale (Francia), las cuales expresan una voluntad explicita de administrar de manera más eficiente las expectativas de los sectores mas vulnerables de la sociedad.

 

La izquierda moderna no ha sabido dar respuestas efectivas a la atomización y empobrecimiento producido por los efectos de la GCF, la cual asestó un golpe importante a la capacidad de consumo de los sectores de la población que se beneficiaron con la expansión crediticia las dos décadas precedentes a la debacle. Para atender a las necesidades de la población hay que regular el espacio público incluyendo a los sectores que, de no ver sus necesidades satisfechas, podrían dañar la harmonía de la sociedad civil. Por ello, insta retomar una perspectiva dialéctica que tenga en cuenta la importancia del Estado como instrumento que pueda atender las necesidades más fundamentales de la comunidad política, de la forma descrita por Hegel en Elementos de la Filosofía del Derecho. Existen peligros certeros que devienen de no poder absorber a esta parte de la población en la esfera social. Hegel resalta la importancia del Estado como instrumento regulador del espacio público, cosa de que la “turba” se sienta parte de un proyecto político común, más allá de las desigualdades creadas por la economía de mercado [2]. Es la precarización y depauperización la que convierte al “pueblo” en “turba.” Hegel arguye que es imposible para la sociedad civil prevenir que se establezca una “turba” en el espacio social, más allá del nivel de riqueza que pueda existir. Este fenómeno tiene consecuencias importantes para el espacio social. Cuando una sociedad civil deja que se forme una “turba,” está cometiendo un acto de injusticia hacia el grupo más pobre de la sociedad [3]. Este fenómeno creó un alto grado de resentimiento social en los sectores de la población marginados por la debacle económica, los cuales ya no ven a la izquierda tradicional como un vehículo ideológico para la mejora de su condición social [4]. Hegel ve a la “autoridad pública” como un instrumento capaz de resolver los problemas que genera la existencia de esa “turba” que es particularmente vulnerable a los embates producidos por el sistema capitalista. Desde una perspectiva de la izquierda materialista, el Estado debería ser usado como una “segunda familia” para esta “turba,” y proveerla lo que esta necesite para su subsistencia y su inserción en un proyecto politico que promueva el bien común [5]. La GCF pone en evidencia la imposibilidad de evitar que haya un segmento de la población especialmente vulnerable a los vaivenes económicos. Por todo esto, la debacle financiera de Occidente de fines de los 2000s vuelve a poner en el centro de la atención la necesidad de reconstituir un proyecto político izquierda centrado en resolver las cuestiones económicas de más urgencia para la sociedad.

 

 

La izquierda materialista debería proponer una resolucion efectiva a la dicotomía entre libertad y justicia amplificada por la GCF. La era moderna esta cada vez mas desprovista de entornos íntimos que puedan dar un sentido de contención a los sectores marginados por la globalización. Los vínculos de identidad y pertenencia social, como lo eran otrora la familia, la comunidad y la nación, son cada vez más difusos y transitorios, de acuerdo a la lógica de la fluidez que informa al mundo moderno [6]. La era moderna induce en el individuo un sentido de escasez permanente. En el período inmediatamente previo a la GCF se percibía que el “individualismo” provocado por la “modernidad” promovía una “escasez” manifestada en términos materiales y espirituales. El individualismo centrado en el consumo de bienes y servicios es, por antonomasia, incapaz de poner coto a la multiplicación de los deseos. Por otra parte, cuando los bienes materiales son utilizados para “resolver problemas existenciales” esos bienes seguirán siendo siempre escasos [7].

 

A su vez, desde el progresismo, existe una tendencia a responder a las inquietudes del mundo moderno a través de un profundo sentido de indignación, que no siempre está ligado a temas económicos. Este sentido de indignación atañe de manera creciente a temas como el medio ambiente o los derechos de minorías sexuales, étnicas y religiosas. El sentido de indignación acerca de las desigualdades que afectan negativamente en estos grupos sociales tiene como objetivo ulterior expandir el espectro de justicia social. Este sentido de indignación, al cual se añade una visión emocionalizada de los problemas que aquejan al mundo, contribuye a crear un espacio político atomizado y ordenado de acuerdo a una filosofía que ataca los supuestos privilegios que devienen de ser “mayoría.” A su vez, desde la derecha se ve a la justicia social como un movimiento que ataca toda visión que sea mayoritaria. Así, se hace cada vez mas dificil ver al conjunto de la sociedad como un todo complejo pero único.

 

Los grandes niveles de endeudamiento y desahorro en la población de los países ricos otorgaron la posibilidad de embarcarse en una alocada carrerra hacia el consumismo hasta el inicio de la GCF. Este fenómeno debe ser correlacionado con el hecho de que en el mundo occidental la idea de la abundancia material se remonta a no más de dos o tres generaciones. Quizá este estado de escasez original sigue insertado en el subconsicente de las personas que habitan los países desarrollados. El sentido de escasez es también promovido por el vacío dejado por la falta del sentido de trascendencia en el espacio público. Se hace difícil reducir los conflictos sociales y la ansiedad de los ciudadanos apelando a un pluralismo liberal cada vez menos conducivo al establecimiento de un contrato social que pueda atender a las necesidades de la sociedad en sus conjunto. El espacio económico de los países occidentales ha sido profundamente alterado por las contradicciones fundamentales del capitalismo moderno y la erosión de los instrumentos tradicionalistas que otrora otorgaban sentido a la vida en sociedad. Las crisis económicas que azotaron a los países ricos en las postrimerías de la primera década del nuevo milenio pusieron en evidencia la relativa vulnerabilidad del contrato social basado en la democracia liberal y el capitalismo de mercado. Es menester de la izquierda poner en marcha en proyecto político que pueda contener a las multitudes, venciendo así las falsas dicotomías que emergen de la simbiosis entre los conceptos de libertad y justicia.

 

 

 

[1] Guilluy, C. (2019) No Society-El Fin de la Clase Media Occidental, Taurus, Madrid, p. 210

 

[2] Ver Ruda, F. (2013) Hegel's Rabble: An Investigation into Hegel's Philosophy of Right, Bloomsbury Academic, Londres

 

[3] Hegel, G. (1991) Elements of the Philosophy of Right, Cambridge University Press, Cambridge, ¶244 y  ¶245.

 

[4] Williams, J. (2019) White Working Class-Overcoming Class Cluelessness in America, Harvard Business Press, Cambridge, MA, p. 129

 

[5] Hegel, G. (1991) Elements of the Philosophy of Right, Cambridge University Press, Cambridge,  ¶252.

 

[6] Arendt, H. (2007) Karl Marx y la Tradición del Pensamiento Politico Occidental, Encuentro, Madrid, p. 17

 

[7] Marglin, S. (2008) The Dismal Science-How Thinking like an Economist undermines Community, Harvard University Press, Cambridge, MA, p. 222

 

Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Please reload

Buscador

Entrevistas

Qué opinan las voces más destacadas sobre los asuntos más candentes.s

Series

Diversos temas tratados con mayor profundidad y extensión en formato de series de artículos monotemáticos

colabora.jpg

Si quieres quieres criticar o complementar este texto, si no compartes su perspectiva, no lo dudes, haznos tu propuesta a la redacción.

¿En desacuerdo con este artículo?

Please reload

Revista Libertalia

Filosofía y Humanidades

  • Twitter - Revista Libertalia
  • Facebook - Revista Libertalia
  • LinkedIn - Revista Libertalia
  • SoundCloud - Revista Libertalia

Revista Libertalia es un proyecto sin ánimo de lucro ni línea editorial centrado en la filosofía y las humanidades.

 

Nuestro objetivo es promover la reflexión seria y profunda entre gente joven de dentro y fuera de la academia, tratando los diversos temas de forma compleja, pero con un lenguaje claro y directo.

 

Si estás interesado en colaborar con nosotros no lo dudes, enviándonos tus textos; nuestro equipo estará a tu disposición para acompañarte en el proceso de edición y publicación;  o bien ayudándonos a financiarnos a través de Patreon. 

Recibe la Newsletter