¿Quiénes son las mujeres gestantes?

Julian Myles @mylesny


De entre los muchos argumentos empleados habitualmente en contra de la gestación subrogada (GS) y su legalización destaca especialmente, en una forma u otra, el siguiente eslogan: “la GS no debe legalizarse porque solo la realizarían las mujeres más pobres”. Son varias las respuestas que, en el plano moral, merecería esta típica objeción. Primero, que con ella solo se atacaría la GS comercial, no así la altruista. Segundo, que si su legalización atrae a posibles ofertantes ello sugiere que esa opción es, a fin de cuentas, la menos mala de todas las disponibles. Quizás una opción indigna, una opción a la que nadie debería verse abocado pero, en todo caso, una mejora relativa y por ende un avance en la situación de las más desfavorecidas. Y tercero, que en cualquier marco legal existen unas actividades tales que –por regla muy general- solo las realizan las personas más humildes. Luego, o bien cualquier sistema legal es injusto por generar ese resultado, o bien la existencia de trabajos “que nadie desea” o "que solo hacen los más pobres" no prueba nada, no al menos por sí mismo.

 

Dicho esto, es evidente que estos brevísimos apuntes no bastarían para abordar correctamente la crítica inicial. A ello, y a tantas otras objeciones, es a lo que he dedicado mi último libro “Gestación subrogada. Porqué es moralmente lícita y legalizable” (ed. Bosch Editor, 2019). En este artículo pretendo invitar a la lectura del mismo parafraseando y reproduciendo en su literalidad -citando sin comillas- algunas de las conclusiones del último capítulo, centradas en el aspecto empírico del eslogan anterior: ¿es cierto que, en caso de legalizar la GS, solamente sería realizada por las mujeres más desamparadas?

 

Aun y su aparente precisión la pregunta anterior es muy amplia y ajena a mis investigaciones. Así como hay distintas modalidades de GS –remunerada y altruista- también hay distintas maneras –internacional e intranacional- y lugares –primer o tercer mundo- donde legalizarla. Centrémonos en una de esas modalidades, concretamente la que más pueda interesar al legislador español: la GS comercial y altruista intranacional en países del primer mundo. Pues bien, ¿qué experiencia tenemos en este sentido? ¿Qué lecciones podemos extraer de otros países similares?

 

Lo cierto es que los estudios al respecto son relativamente pocos, metodológicamente limitados y sobre grupos de cuya representatividad cabe dudar. Conviene entonces ser sumamente prudentes a la hora de extraer conclusiones pues no existe base suficiente como para escribir nada en piedra. Con todo, no es menos cierto que la evidencia disponible mina con fuerza las asunciones más extendidas que asumen como evidente que legalizar esta técnica acercaría nuestras sociedades a distopias como las narradas en el Cuento de la criada.

 

Existen trabajos académicos al respecto desde los años ochenta, centrados principalmente en gestaciones llevadas a cabo en los Estados Unidos. Los elementos más estudiados han sido la situación económica de las gestantes, su perfil psicológico, su motivación y la calidad de la experiencia vivida. En uno de los primeros estudios Parker llegaba a las siguientes conclusiones: las gestantes serían mujeres jóvenes, normalmente casadas o divorciadas y previamente embarazadas.  ¿Cómo vivieron emocionalmente el proceso? Con razonable normalidad, aun cuando la entrega del bebé fuera un momento triste: «Most women admitted that they would experience some feelings of loss and sadness but minimized them by saying, “It would be their baby, not mine”; “I’m only an incubator”; “I’d be nest watching”; and “I’ll attach myself in a different way-hoping it’s healthy” (Parker, 1983, 118)». ¿Cuál era su situación económica? Cerca de un 40% no disponían de trabajo y/recibirían ayuda económica al momento de ingresar en el programa de GS, mientras que un 60% trabajaba o tenía una pareja que lo hiciera. Los ingresos familiares anuales de las mismas iban desde 6.000 hasta 55.000 dólares. De todas ellas, 118 requirieron al menos 5.000 dólares como tarifa.

 

Por su parte, y a la pregunta: «Why do you want to become a surrogate mother?» las 89 mujeres entrevistadas por Hanafin (1987) que habían participado en un programa de GS en Los Angeles dieron varias razones. Un 72% reportó hacerlo por el placer de estar embarazada. Un 68% dijo hacerlo porque quería ayudar a una pareja sin hijos. También un 68% dijo que no podían imaginarse una vida sin hijos, que sentían lástima de aquellos que no tenían, y que querrían ayudarles. Un 30% dijo que quería hacer algo especial con su vida. Un 18% dijo que conocía a una mujer infértil y que sabía el sufrimiento que ello comportaba. Un 12% pretendían resolver sus sentimientos negativos en relación con una pérdida (aborto) anterior. Un 54% dijo que deseaba el dinero. La inmensa mayoría de las entrevistadas eran mujeres blancas, cerca de la trentena, y con una media de 2 hijos.

 

Dos años más tarde, Einwohner se haría la misma pregunta: ¿quién se convierte en gestante? Sus hallazgos serían coincidentes: si bien habría algunos casos más problemáticos, la mayoría de mujeres gestantes serían personas psicológicamente estables que, si bien valoran el aspecto económico del proceso, entran motivadas por razones de otro orden, como disfrutar del embarazo, ayudar a un tercero y sentirse mejor consigo mismas. En concreto, sobre el estado económico de las 50 mujeres estudiadas, Einwohner (1989, 130) atestiguaba que muy pocas se encontrarían en una situación económica desesperada:

 

«20 people (40%) in this study said that their foremost reason for volunteering was the $10,000 fee. Almost never, however, is money the sole motive. Almost all mentioned other feelings, such as sympathy for the emotional deprivation they believed childlessness brought to a marriage. These women enjoy their own children and feel happy in their home lives.

 

Of the volunteers I have counseled, only three women were on welfare. Two were black and one was Puerto Rican. Very few surrogates experience significant economic hardship».

 

Unos años más tarde Ragoné publicaría su influyente estudio al respecto, de cuyas entrevistas con 28 gestantes estadounidenses se desprendería que la situación financiera de las mismas era, de media, humilde, pero no desesperada. La mayoría eran mujeres casadas, cerca de la treintena, con varios hijos, sin estudios superiores y con trabajos a tiempo parcial o amas de casa a tiempo completo. Asimismo, de acuerdo con Ragoné (1994), las mujeres gestantes tenderían a distanciarse del bebé gestado y a no verlo como suyo, lo que facilitaría la entrega a los comitentes. La razón principal que las impulsaría sería, no el dinero, sino el deseo de ayudar a terceros, y realizar algo que sentirían como único e importante.   

 

En una línea similar, de las 17 mujeres gestantes californianas estudiadas por Kleinpeter y Hohman, solo 2 ingresarían menos de 20.000 dólares al año: «And 14 indicated that their motivation for being a surrogate was wanting to help infertile couples become parents or to give the gift of parenthood (2000, 963)». Como en el estudio de Ragoné, se trataba de mujeres blancas, en la treintena, casadas y con hijos. Asimismo, Kleinpeter y Hohman atestiguaron que las gestantes eran personas más extrovertidas, emocionalmente positivas, imaginativas y altruistas que la media; pero menos concienzudas, ordenadas, ambiciosas y moralmente estrictas (2000, 964). En definitiva:

 

«Most of the surrogates in this sample reported high satisfaction with their experience. Of the 15 women who took the NEO Personality Inventory-Revised, five had been a surrogate mother more than once. The most common reason given for not wanting to be a surrogate again was health. One of the women in this study reported that she had had a very difficult delivery and reahzed that she could have died in the process. She felt that she could not take such a risk again, as she had children of her own. (2000, 968)».

 

Algo más tarde, Teman (2008, 1104) reiteraría que la experiencia normal de las gestantes es positiva y que la pésima imagen popular que existe al respecto es solo el producto distorsionado del amarillismo y los tópicos. Por su parte, Busby y Vun (2010), de su completísimo metaanálisis sobre la materia extraerían que:

 

«The profile of surrogate mothers emerging from the empirical research in the United States and Britain does not support the stereotype of poor, single, young, ethnic minority women whose family, financial difficulties, or other circumstances pressure her into a surrogacy arrangement. Nor does it support the view that surrogate mothers are naively taking on a task unaware of the emotional and physical risks it might entail. Rather, the empirical research establishes that surrogate mothers are mature, experienced, stable, self-aware, and extroverted nonconformists who make the initial decision that surrogacy is something that they want to do (2010, 51-52)

[…]

 

There is no empirical research supporting the assertion that women are becoming surrogate mothers because they are facing financial distress. Most women report that money is rarely the sole or even the prime motive for participating (2010, 55)».

 

Asimismo, tampoco Peng (2013, 563) aprecia que de la literatura empírica se desprende que los acuerdos de GS sean fruto de la desesperación económica, al contrario:

 

«Research has not revealed that surrogate mothers are financially desperate. This is the case despite the fact that nearly all studies analyzing the motivations of surrogates look for evidence that financial distress is the reason behind such a "desperate measure” […] studies reveal that the financial motive is one of many that factor into a surrogate's decision».

 

Además, y en relación con el bienestar personal de la gestante tras el proceso, Peng considera que la literatura indica que, por regla general, la GS afecta positivamente a las gestantes (2013, 562):

 

«Out of 25,000 surrogacy arrangements estimated to have taken place since the 1970s less than one percent of surrogate mothers have changed their minds and less than one-tenth of one percent of surrogacy cases end up in court battles. The majority of surrogates have reported high satisfaction with the process and report no psychological problems as a result of relinquishment. Most surrogates have viewed the relinquishment of the baby as a happy event and have reported that they would be surrogates again. Longitudinal studies show that these attitudes remain table over time».

 

Así pues, y sin el ánimo de exhaustividad que sí perseguía en el libro, ¿quiénes son las mujeres gestantes (en países del primer mundo con contratos de gestación intranacional)? La mujer gestante no sería una alta directiva de éxito que desayuna en Hong Kong y cena en Nueva York, con un doctorado en ginecología. Pero tampoco sería una mujer pobre de solemnidad incapaz de comprender en qué se está metiendo. La mujer gestante: ¿buscaría en la GS una forma de obtener dinero? Sí. ¿Sería esa la razón principal o única? No. ¿Sería una persona económicamente acomodada? Muy raramente. ¿Estaría ahogada y sin más alternativas? Tampoco. ¿El embarazo, el parto y la entrega, serían un camino idílico? Es evidente que tendría sus sombras. ¿Sería horrendo? En absoluto, más bien positivo.

 

En conclusión, conviene ser muy prudentes y no precipitarse porque la evidencia existente todavía no es definitiva ni concluyente, en absoluto. No obstante, todo parece apuntar que el Cuento de la criada es eso mismo: un cuento, y que la legalización de la GS intranacional en países del primer mundo no generaría los problemas que tantos se obstinan en postular. ¿Significa eso que debería legalizarse? Entramos de nuevo en el campo de la filosofía para lo que estas pocas líneas son insuficientes, mucho mejor estas

 

 

-Bubsy, K., y Vun, D., (2010) “Revisiting the handmaid's tale: feminist theory meets empirical research on surrogate mothers.” Canadian Journal of Family Law. 2010, 26(1): 13-93.

 

-Hanafin, H. (1987). "Surrogate parenting: Reassessing human bonding". American Psychological Association Convention. New York.

 

-Kleinpeter, C. y Hohman, M. (2000). “Surrogate Motherhood: Personality Traits and Satisfaction with Service Providers”. Psychological Reports, 87(3): 957–970.

 

-Parker, P. (1983)” Motivations of surrogate mothers: initial findings”. American Journal of Pvchiatv, 140: 117-118.

 

-Peng, L. (2013) "Surrogate Mothers: An Exploration of the Empirical and the Normative." American University Journal of Gender Social Policy and Law 21(3): 555-582.

 

-Ragoné, H. (1996). Chasing the Blood Tie: Surrogate Mothers, Adoptive Mothers and Fathers. American Ethnologist, 23(2), 352-365.

 

-Teman, E. (2008). “The social construction of surrogacy research: An anthropological critique of the psychosocial scholarship on surrogate motherhood”. Social Science & Medicine, 67(7): 1104-1112.

 

 

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