Por qué las primarias de Estados Unidos son antidemocráticas

14/02/2020

Element5 Digital @element5digital

 

Si el lector ha estado atento a las noticias internacionales de este mes, probablemente habrá oído hablar de las primarias del Partido Demócrata en Estados Unidos -aunque no lo parezca, los republicanos también están celebrando primarias-, en especial sobre el caos generado en Iowa. Este proceso político genera gran atención mediática, y es comprensible. Al fin y al cabo, es el primer paso oficial para determinar quién ocupará la presidencia del país más poderoso del mundo.

 

Sin embargo, hay una fina línea entre la atención mediática y la fascinación, y como en tantas otras cosas propias de ese país, en este caso encontramos mucho de lo segundo. Las primarias americanas se suelen señalar como ejemplo de participación política ciudadana -de verdadera democracia-, y de hecho a lo largo de la última década muchos partidos políticos de la vieja Europa han desarrollado procesos de primarias como forma de regeneración, pensando que con ello daban un paso adelante.

 

El objetivo de este artículo es exponer las principales características de las primarias americanas, pero sobretodo, argumentar por qué son un proceso profundamente antidemocrático y disfuncional. No se expone aquí una impugnación total a los procesos de primarias en general -en absoluto-, sino solo al que se lleva a cabo en Estados Unidos.

 

 

Primarias: qué son y para qué sirven

 

A grandes rasgos, en política un proceso de primarias es aquel por el cual la militancia del partido y/o la ciudadanía eligen al candidato o candidatos del mismo para un proceso electoral (o para liderar el partido, cosa que suele ir ligada a ser el candidato). En el caso que nos ocupa se trata de primarias para elegir a los candidatos de los principales partidos americanos (Demócrata y Republicano) a la presidencia de Estados Unidos en las elecciones de noviembre, pero se pueden celebrar primarias para otro tipo de elecciones. De hecho, en Estados Unidos es habitual realizar primarias para elegir candidatos para cámaras legislativas y hasta cargos municipales. En sistemas mayoritarios como ese[1], es habitual que en muchos lugares ganar las primarias prácticamente suponga ganar también el cargo a elegir. Raramente un republicano ganará unas elecciones en San Franciso o un demócrata en Oklahoma, de modo que ser nominado como el candidato del partido predominante en lugares poco competitivos como estos es casi sinónimo de haber alcanzado el cargo para el que se postulaba.

 

No obstante, no solo se celebran primarias en sistemas mayoritarios, últimamente es habitual encontrarlas también en sistemas proporcionales. Puede que solo se celebren para escoger el candidato que liderará el partido -y la lista electoral- cómo fue el caso de Pedro Sánchez (el caso de Pablo Casado es especial, ya que se celebró una segunda vuelta con compromisarios, lo que rompe bastante con la lógica de unas primarias). Más complejo es elegir a los demás miembros de la lista electoral. En ese caso hay que tener en cuenta muchas variables como el equilibrio de género, de famílias políticas, expectativas electorales... Para salvar todo ello, se puede regular el proceso de forma que se garanticen unos puestos de salida, se ponderen algunos aspectos en la asignación final de posiciones, etc.

 

Quizás el lector ya puede entrever a estas alturas que este tipo de procesos no son precisamente sencillos. ¿Por qué los partidos deberían complicarse tanto la vida? Una respuesta general señalaría una concepción de la democracia de tipo participativa, donde se considera bueno que la mayor cantidad posible de gente participe del máximo número de decisiones. Más allá de esta visión, se argumenta que las primarias son un buen método para que los militantes tengan un rol más relevante en los partidos, se conecte mejor con la ciudadanía, se genere un debate más vivo o se seleccionen los mejores candidatos, entre otras razones.

 

 

Las primarias en el sistema político americano

 

La plasmación de este sistema en Estados Unidos tiene particularidades que lo convierten en muy singular. Demócratas y Republicanos dedican un largo periodo a seleccionar sus candidatos presidenciales. Esta selección no se celebra en una única votación, sino que se reparte a lo largo de meses. Cada estado celebra su propio proceso de primarias, con sus propias normas, fecha e idiosincrasia. El pistoletazo de salida se produce en Iowa y New Hampshire en febrero y las votaciones se irán sucediendo hasta junio. Nótese que lo se contabiliza no son directamente los votos a un u otro candidato, sino la elección de delegados que deberán votar al candidato presidencial en las convenciones que ambos partidos celebrarán en julio y agosto respectivamente. En realidad se trata pues de un proceso de elección indirecta del candidato.

 

En algunos estados el proceso de votación es especialmente particular. Allí donde se celebran caucus, quienes quieren apoyar a un u otro candidato deben acudir presencialmente a los centros de votación y agruparse con los demás votantes de su mismo candidato, de forma que la organización los cuente persona por persona. Se producen varias rondas de votación, de modo que los votantes pueden cambiar su voto y sumarse a otro candidato. Es un proceso que suele durar varias horas y requerir importantes dosis de paciencia.

 

 

Por qué son antidemocráticas

 

Es obvio que determinar que algo sea o no democrático entraña un importante debate normativo, y en esta revista se ha discutido ya en bastantes artículos sobre ello. No es nuestro objetivo entrar ahora en estas consideraciones teóricas, pero es que realmente no es necesario. Los procesos de primarias en Estados Unidos, tal y como se llevan a cabo, contienen importantísimos elementos antidemocráticos en cuestiones básicas y poco controvertidas. Creemos que se puede compartir esta visión sea cuál sea nuestra visión de la democracia. Veámos el porqué.

 

1. ¿Tan difícil es contar votos? Los caucus son un sistema disfuncional, caótico y arcaico. Poco hay que comentar sobre ello después del reciente desastre de las primarias demócratas en Iowa, donde la organización fue incapaz de ofrecer un resultado el día de la votación debido a irregularidades en el proceso. De hecho, en el momento en que se escriben estas líneas (con resultados ya publicados) todavía se discute su validez.

 

Independientemente de ese desbarajuste, los caucus implican la presencia física durante horas de los votantes en los centros de votación con el método antes explicado. Este sistema implica varios problemas muy graves, a saber: el secreto del voto -un elemento imprescindible para hablar de elecciones libres- brilla por su ausencia y el gran tiempo requerido presencialmente para participar (¡en día laborable!).

 

2. ¿Qué sentido tiene que se cuenten delegados en lugar de votos directos a los candidatos? El elemento representativo no parece tener mucho sentido en una elección a candidatos a un cargo uninominal. Quizás este sería un detalle menor si este voto indirecto que se produce a través de los delegados fuera absolutamente proporcional, pero no es así: en el Partido Republicano, cada estado decide que grado de proporcionalidad tendrá su reparto de delegados (en el Demócrata sí debe ser proporcional). De hecho, en las convenciones de partido que se celebran en verano, un recuento ajustado de delegados a cada candidato puede suponer una importante incertidumbre, ya que no es extraño que algunos puedan cambiar su voto, sobretodo los de los candidatos menores sin posibilidades reales de ganar la nominación (en el siguiente punto aboradaremos este aspecto). Incluso los medios de comunicación ofrecen estimaciones, ni siquiera cifras completamente oficiales, de los delegados con los que llega cada partido según sus propios recuentos. En otras palabras, incluso algo tan básico como llevar la cuenta de los apoyos que cada candidato ha recibido, acaba siendo algo controvertido. Por si esto no fuera poco, en las convenciones de partido en verano existen superdelegados, esto es, cuadros del partido con derecho a voto que no ha elegido nadie, y cuyo peso puede ser considerable si se llega a la convención sin un ganador claro en el conjunto de primarias.

 

3. ¿Por qué no votan todos los estados el mismo día? Aquí encontraríamos una explicación histórica, pero en cualquier caso esta dispersión de votaciones en el calendario es un problema evidente. Los votos de las elecciones celebradas entre marzo y junio se ven irremediablemente influidos por los resultados previos en los estados que ya han votado. Es decir, la votación no se hace -o no totalmente- en consciencia, sino con un importante elemento de estrategia y cálculo según los resultados previos en otros estados. Por si no fuera poco, un punto (quizás más discutible) que emerge habitualmente es que los estados que votan antes y condicionan enormemente las primarias posteriores, son lugares poco representativos del país. Iowa y New Hampshire son estados de amplísima mayoría blanca, con muy poca inmigración, rurales, conservadores (sobre todo Iowa), etc. Son características que les asemejan poco a la media del país. Dado que todos estos elementos son importantes para explicar el voto en las elecciones presidenciales, se estaría dando un protagonismo excesivo a un pequeñísimo grupo de votantes que se parece poco a la media del país, especialmente para la composición del electorado demócrata[2].

 

Además, normalmente muchos candidatos menores suelen abandonar a media carrera, debido a un mal resultado en un estado relevante. Eso impide que se vote por ellos en los siguientes estado que celebran primarias, pero además agravia el problema de los delegados que ya habían conseguido anteriormente. Puesto que estos siguen teniendo derecho a asistir a la convención del partido en verano y aún pueden participar en la nominación, pero el candidato a quien debían apoyar se ha retirado, ¿a quién apoyarán ahora? ¿Mantendrán su voto original aunque sea de forma simbólica o lo cambiarán? ¿Seguirán alguna consigna de su candidato? Nadie lo puede saber a ciencia cierta.

 

No obstante, puede que suceda lo contrario: que ya emerga un ganador claro en una fase temprana del proceso. Hay que tener en cuenta que para marzo la mayoría de los delegados ya han sido asignados, debido principalmente al gran reparto que se hace en los estados que votan el supermartes. En ese caso, las primarias que se celebran posteriormente se convierten en un mero formalismo intrascendente y poco importa ya lo que se vote en ellas.

 

4. Fucking money man. Presentarse a un proceso de primarias en Estados Unidos (incluso en elecciones menos relevantes) cuesta muchísimo dinero, principalmente destinado a labores organizativas y a publicidad. Para tener alguna posibilidad de competir en las primarias presidenciales (esto es, contar con al menos un 15% de los votos para entrar en el reparto de delegados en el caso demócrata) se necesitan cantidades millonarias. De hecho, para ser uno de los dos o tres candidatos con posibilidades reales de obtener la nominación la suma puede ascender a cientos de millones de dólares. Esto se suele sufragar con el propio dinero del candidato o con donaciones.

 

En Estados Unidos actualmente no existe un límite legal a las donaciones a candidatos, así que se pueden imaginar lo que eso genera. No se trata de teorías de la conspiración, hay múltiples ejemplos públicos de donaciones de magnates, actores o personalidades acaudaladas de todo tipo. Más allá de las amistades peligrosas que esto crea, es evidente que no es un proceso competitivo que dé oportunidades más o menos parecidas a todo el mundo, sino todo lo contrario. De hecho, una de las principales razones para que los candidatos pequeños tiren la toalla en medio proceso, aparte de los malos resultados, es que se queden sin fondos. Entiéndase bien: no es que el dinero que puede reunir cada fuerza política no juegue un papel desequilibrador en otra clase de sistemas -como el español- sino que en el caso estadounidense este efecto se ve sumamente agravado. 

 

5. Por último, la desmesurada atención mediática genera una situación de partida muy desequilibrada y una serie de incentivos perversos. Los candidatos grandes (lo sean por su cargo político anterior, por su dinero o por cualquier otra característica personal) parten con una ventaja enorme sobre los pequeños, por muy buenas que sean sus propuestas. A menudo los candidatos pequeños deben buscar la manera de hacerse un hueco en los medios de comunicación para conseguir cobertura, sea con métodos más o menos limpios. No es extraño la aparición de trapos sucios de índole personal o bulos de todo tipo. Se podrá objetar que esto no solo propio de los procesos de primarias, y es cierto, pero también lo es que en el caso americano esto es especialmente grave. No en vano, es en las campañas americanas donde se acuñaron conceptos como las campañas “negativas” o las fake news.

 

En conclusión, y reiterando lo expuesto inicialmente, este artículo no pretende ser una enmienda a la totalidad a los procesos de primarias para elegir candidatos, pero sí al proceso que cada 4 años se realiza en Estados Unidos. La idea romántica de activistas visitando casa tras casa para convencer a sus conciudadanos de las bondades de su candidato, movidos por el idealismo político, puede ser una bonita alegoría a la virtud cívica que una sociedad democrática debe tener. Sin embargo, esta postal esconde un proceso con disfunciones muy graves, injusto en aspectos clave y en definitiva, claros elementos antidemocráticos.

[1] Los sistema mayoritarios son aquellos donde el ganador obtiene el cargo en juego, aunque sea por un solo voto de diferencia, y por lo tanto el conjunto de los votos no se ve representado de forma porporcional en las instituciones. En este artículo se explica más detalladamente.

 

[2] Los defensores de que estos pequeños estados voten antes argumentan que es una manera de que candidatos pequeños puedan tener opciones de darse a conocer y competir, ya que votar directamente en estados más grandes o en todo el país les requeriría mucha más presencia mediática y por lo tanto mucho más dinero. Repasando la lista de candidatos presidenciales de las últimas décadas esto no parece cumplirse demasiado.

 

Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Please reload

Buscador

Entrevistas

Qué opinan las voces más destacadas sobre los asuntos más candentes.s

Series

Diversos temas tratados con mayor profundidad y extensión en formato de series de artículos monotemáticos

colabora.jpg

Si quieres quieres criticar o complementar este texto, si no compartes su perspectiva, no lo dudes, haznos tu propuesta a la redacción.

¿En desacuerdo con este artículo?

Please reload

Revista Libertalia

Filosofía y Humanidades

  • Twitter - Revista Libertalia
  • Facebook - Revista Libertalia
  • LinkedIn - Revista Libertalia
  • SoundCloud - Revista Libertalia

Revista Libertalia es un proyecto sin ánimo de lucro ni línea editorial centrado en la filosofía y las humanidades.

 

Nuestro objetivo es promover la reflexión seria y profunda entre gente joven de dentro y fuera de la academia, tratando los diversos temas de forma compleja, pero con un lenguaje claro y directo.

 

Si estás interesado en colaborar con nosotros no lo dudes, enviándonos tus textos; nuestro equipo estará a tu disposición para acompañarte en el proceso de edición y publicación;  o bien ayudándonos a financiarnos a través de Patreon. 

Recibe la Newsletter