¿Populismos, de izquierda o derecha?

31/01/2020

marcos mayer @mmayyer

 

Libertad negativa y positiva

 

Éste trabajo consta de dos artículos, el primero trata de la perspectiva de libertad republicana y por qué entiendo que es la mejor de las opciones posibles hoy en día. El segundo profundizará en el fenómeno del populismo, intentando argumentar por qué implica una colisión con ese tipo de libertad y qué consecuencias institucionales y políticas indeseables puede generar tanto en sus versiones de izquierda como de derecha.

 

¿Qué es la libertad republicana? El filósofo Philip Pettit desarrolla en su libro Republicanismo[1] la historia de una tradición política que tiene sus orígenes en la Roma clásica (vinculada al nombre de Cicerón), que resurgió en el Renacimiento con Maquiavelo, que más tarde influyó en la Guerra Civil Inglesa, la Revolución Norteamericana y Francesa.

 

Los elementos principales de la tradición republicana son: la defensa del imperio de la ley en vez del imperio de los hombres, instituciones con frenos y contrapesos, virtud cívica, justicia independiente y división de poderes, entre otros. Pero fundamentalmente el republicanismo defiende una idea específica de libertad.

 

Para explicarla tenemos que entender dos concepciones anteriores de la libertad[2]: una es la libertad negativa propia del liberalismo clásico, que propugna la no interferencia de agentes externos (Hobbes, Bentham, Mill, Tocqueville o Jefferson). Otra es la libertad positiva (Rousseau, Kant, Fitche, Hegel, Marx), que requiere algo más que simplemente ser dejado en paz por los demás. La libertad negativa es aquella que supone la ausencia de interferencia: es decir, ser libre sería disfrutar de una capacidad de elección sin impedimento ni coerción de nuestra voluntad. La libertad positiva, por otro lado, requiere que los agentes tomen parte activa en el control y dominio de sí mismos. Implica ser dueños de la propia voluntad para poder determinar y controlar nuestras acciones. Así, uno es libre en la medida que consigue el autodominio. En esta concepción de la libertad podríamos ubicar a movimientos como el budismo, cristianismo, estoicismo o grupos políticos radicales como los jacobinos o comunistas.

 

Éstas dos concepciones abstractas de la libertad pueden generar consecuencias políticas muy concretas. Si entendemos que la libertad implica solamente ausencia de obstáculos externos a la elección individual podemos caer en visiones individualistas. Por ejemplo, es controvertido y dudoso que la libertad sea concebida únicamente como laissez faire (que podríamos asociarlo a visiones económicas neoliberales). La historia de la humanidad ha sido testigo de las consecuencias que un liberalismo extremo y anárquico puede generar sobre las personas. Las relaciones de poder más injustas y dominantes muchas veces se fundamentan en una falsa libertad de mercado o contratación.

 

Por otro lado, frente a esta visión están quienes consideran que la libertad consiste, ni más ni menos, que en el autodominio. Estas visiones olvidaron que la avidez y origen histórico de libertad no se originaba del deseo de dominar, sino de no ser dominado. Muchas visiones positivas de la libertad olvidaron el fin último de la libertad y confundieron los medios para alcanzarla (instrumentos participativos, representativos y democráticos) con los fines últimos. Por eso, la confusión de la libertad positiva, consistió en que muchos pensadores (Rousseau, por ejemplo) se acerquen a posiciones populistas que idolatraron a la democracia como fin en sí mismo y no como un medio para alcanzar la libertad. Eso degeneró en un mayoritarismo entendido como mera suma de preferencias que podían hasta justificar un ejercicio arbitrario del poder (hay muchos ejemplos históricos de dictaduras de la mayoría).

 

Pero ¿hay otra forma de entender la libertad sin caer en el neoliberalismo ni en el populismo?

 

 

Libertad como no dominación

 

De acuerdo con Pettit, a la oposición entre libertad negativa y positiva subyace el error de asumir que interferencia y dominación son equivalentes. Muchas veces vivimos interferencias que no implican una relación de dominación. Desde este punto de vista, la libertad no es una mera ausencia de interferencias, sino de interferencias arbitrarias. Mas aún, podemos estar dominados sin sufrir interferencias habituales. Así podemos afirmar que toda relación de dominación requiere capacidad para interferir de un modo arbitrario en determinadas elecciones del dominado. Al respecto podemos hablar de una tercera opción que tome algo de cada una. Así, podríamos gozar de una libertad intermedia que consista en una ausencia -como quiere la libertad negativa- pero no que trate de interferencias sino de dominio -como la libertad positiva-. La libertad como ausencia de dominio es el resultado de esa mezcla teórica.

 

¿Cómo funcionaría esto? Para Pettit, es posible interferir legítimamente con la voluntad de alguien cuando esta misma no es arbitraria, no menoscaba nuestra voluntad legítima, no representa ninguna forma de dominación y es controlada por los intereses u opiniones de los afectados. Las interferencias que nos auto imponemos en nuestra vida diaria (estudiar, hacer ejercicio, trabajar dignamente, etc.).

 

Por otro lado, puede existir dominio sin interferencias. Esto puede entenderse con el ejemplo de la relación entre un amo y un esclavo: por más benigno o permisivo que el amo sea con su esclavo, éste último no deja de tener esa condición (la de dominado). La mujer sometida a una cultura patriarcal y machista cuyo marido disfruta de poder absoluto sobre su vida, no deja de estar dominada por más que el marido sea amable, no la golpee o no le impida darse gustos. Los ciudadanos/habitantes de una nación son dominados cuando una persona o un grupo puede decidir sobre todo de manera irrestricta. Puede ser que el gobernante sea carismático, combata a las élites, redistribuya el ingreso o nos permita gozar de amplias libertades personales y económicas. Pero eso no impide que estemos dominados. Dicho de otra manera: aun viviendo sin interferencias, con necesidades básicas satisfechas, de manera equitativa o bien tratado, si mi vida está sometida al poder de un dominador (ejerza o no su capacidad de interferir arbitrariamente en mi vida) no puedo llamarme una persona libre.

 

A mi juicio, esto no ha sido adecuadamente reconocido por quienes reivindican el populismo de izquierda. De este modo, para los autores republicanos, la protección de la libertad exige un diseño institucional que proteja la división de poderes, la independencia judicial y establezca frenos y contrapesos para evitar la capacidad de cualquier persona de interferir arbitrariamente en la libertad de otros.

 

 

Conclusiones

 

Según la idea de libertad que adoptemos, se seguirán consecuencias prácticas diferentes. Aquí pretendí reivindicar la visión de libertad como no dominación propia de la tradición republicana en detrimento de las otras visiones de libertad que, desde mi opinión, pueden dar lugar a gobiernos indeseables. Si entendemos que lo que constituye la dominación es el hecho de que quien detenta el poder tenga la capacidad para interferir arbitrariamente, aún si nunca va a ejercerla, esto implica que el dominado vive cotidianamente bajo el permiso, explícito o implícito, del dominador.

 

El beneficio de vivir en una sociedad libre pareciera no ser reconocido hasta que lo perdemos. Una vez que sabemos que no somos libres estamos sujetos al miedo y la ansiedad de sabernos vulnerables frente a la interferencia arbitraria de nuestro dominador. Los populismos de izquierda o derecha inician su reflexión en un rechazo directo al derecho. Esas críticas se dirigen a mostrar cómo las instituciones se vuelven un fetiche, un fin en sí mismo o una guarida para las élites. Así, el republicanismo[3] se vuelve el centro de sus ataques fundados en el escepticismo en el derecho como herramienta para garantizar la no dominación.

 

Pero muchas de esas críticas vienen de movimientos que eligen poner otro elemento en el lugar del derecho. Los ejemplos de idolatría y “falsos dioses” son múltiples: una ideología política, una religión, una nacionalidad o un nativismo particular, la eficiencia economicista o sencillamente la voluntad de poder. Los estados guiados por populistas tienen una incapacidad para garantizar la libertad como no dominación. Y esto puede ser porque esa libertad requiere de mucho trabajo. Implica virtud cívica, esfuerzo ciudadano, políticos formados, racionalidad, debate, persuasión y, en definitiva, responsabilidad. Desdeñar la capacidad de reflexión, dialogo interior y juicio que tienen los seres humanos es una de las estrategias que utilizan los populismos de izquierda o derecha para lograr sus fines.

 

 

 

[1] PETTIT, Philip. Republicanismo. Una teoría sobre la libertad y el gobierno. Ed. Paidós Ibérica. Madrid, 1999.

 

[2] La clasificación original proviene de Isaiah Berlin. 

 

[3] Aquí me gustaría aclarar que si bien en muchos países europeos la palabra republicanismo pareciera asimilarse al anti monarquismo, esto cambia sobre todo a partir de la Guerra Civil inglesa ya que el republicanismo era antimonárquico en la medida que consideraban que el monarca buscaría inevitablemente el poder absoluto contra el concepto de libertad como no dominación. Muchos países europeos mantienen la institución constitucional de la monarquía, pero tienen instituciones con división de poderes, tribunales independientes, frenos y contrapesos que garantizan modelos democráticos liberales y de vigencia del estado social de derecho.

 

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