Teorías de la secesión: Charla con Marc Sanjaume

Sebastiano Piazzi @sebastiano_piazzi

 

Uno de los debates políticos más importantes en la última década ha sido el tan repetido “dret a decidir”, popularizado a raíz del independentismo catalán. Sin embargo, la superficialidad ha reinado a uno y otro lado de la trinchera, repitiéndose como un mantra distintos conceptos —¡Ley! ¡Democracia! ¡Nación! ¡Pueblo!— en la falsa creencia de que ellos solos resolvieran la cuestión. Es por eso que hoy charlamos con Marc Sanjaume i Calvet, politólogo, doctor en ciencias políticas por la UPF con una tesis titulada: "Moral and Political legitimacy in theories of secession. A Theoretical and Comparative Analysis". Recientemente ha publicado “Moralism in theories of secession: a realist perspective” en la revista académica Nations and Nationalism

 

 

– ¿Cómo encaja la secesión unilateral en un mundo de soberanías nacionales?

 

La secesión unilateral, a diferencia de la secesión consensuada, es conflictiva por naturaleza porque amenaza la integridad territorial al declarar la independencia de un territorio sin el consentimiento del estado. Por su parte, en 2010, la Corte Internacional de Justicia, en la Advisory Opinion sobre Kosovo[1], dictaminó que una declaración unilateral de independencia no es per se contraria al derecho internacional. Más allá de las normas e interpretaciones jurídicas, el comportamiento de los estados ante las secesiones unilaterales es muy variado, incluyendo los miembros del Consejo de Seguridad, que no tienen una aproximación consistente al fenómeno. Por ejemplo, Estados Unidos jugó un papel clave al reconocer la independencia de Kosovo (2008), un reconocimiento que había negado a los kurdos en su intervención en Irak en 2003. A su vez, Rusia reconoce a Abkhazia y Osetia del Sur y ayuda militarmente a los territorios secesionistas en Ucrania (Luhansk y Donetsk) sin reconocer su estatalidad, como tampoco reconoce a Kosovo.

 

Una secesión unilateral, si se transforma en una secesión consensuada en algún momento del conflicto (como los casos exyugoslavos y exsoviéticos, Sudan del Sur, Bougainville o Eritrea) puede ser reconocida internacionalmente y convertir al nuevo estado en miembro de la comunidad internacional. Si la secesión unilateral no obtiene el consentimiento del estado matriz (o este no se disuelve durante el conflicto) generalmente termina en un estado de facto sin reconocimiento internacional (por ejemplo Somaliland o Transnistria) o en una reintegración al estado matriz (por ejemplo Chechenia). Cuando la secesión unilateral no cuenta con aliados internacionales, es decir, se lleva a cabo en solitario por parte de los dirigentes secesionistas, tiene escasas posibilidades de prosperar. El unilateralismo es una estrategia de secesión en la que interaccionan efectividad y reconocimiento; se puede llegar a la estatalidad por las dos vías en función del contexto geopolítico e histórico.

 

 

– ¿En qué consiste la just-cause theory sobre la secesión y por qué no te parece convincente?

 

Es una teoría de la secesión que propugna el derecho a la separación unilateral del estado matriz como remedio a la injusticia. Existen diversas variantes de la misma teoría en función de las “condiciones de justicia” que establece cada autor. Por ejemplo, Allen Buchanan[2] propone una serie de condiciones que incluyen la vulneración de derechos humanos, ocupación militar o laminación de la autonomía política, etc. Es una teoría robusta aunque discutible tanto en el plano de la moralidad como de su puesta en práctica. Desde el punto de vista moral, intuitivamente parece correcta, pero desde el punto de vista democrático no se sostiene: si un determinado territorio cuenta con, pongamos, un 80% de sus habitantes a favor de la secesión, pero según la teoría no son víctimas de una injustica “suficiente” qué ocurre? Además, desde una perspectiva realista se puede objetar su idoneidad para resolver conflictos secesionistas. En primer lugar, si el grado de “injusticia” genera derecho de secesión, también genera incentivos perversos para escalar el conflicto o silenciarlo si ya está en marcha. En segundo lugar, en ese tipo de conflictos lo que precisamente está en disputa suele ser la existencia de injusticias que sin un “árbitro neutral” son difíciles de determinar. Por desgracia, el “árbitro neutral”, si es un actor internacional, en ese tipo de conflictos se mueve en el terreno de la realpolitik y si es un actor estatal obviamente juega a favor del estado matriz. En tercer lugar, la teoría sitúa inicialmente la carga de la prueba sobre el grupo secesionista, es decir es el que sufre la injusticia el que debe probarla. No hace falta saber mucho de conflictos de ese tipo para darse cuenta de las dificultades que conlleva cuando es el mismo estado matriz el que se comporta injustamente. En cualquier caso, todas las teorías de la secesión alternativas (las teorías primarias: nacional, plebiscitaria, etc.) presentan inconsistencias, se trata de un debate muy interesante.

 

 

– Estas teorías acostumbran a temer que las teorías primarias conlleven una gran violencia e inestabilidad —“la balcanización de España”. ¿Son temores fundados?

 

Aquí habría que distinguir las teorías de la realidad. El miedo a la fragmentación ad infinitum es consustancial a la teoría del estado. Las teorías de la secesión de alguna forma no son más que teorías negativas del estado. Las teorías morales del unionismo y el secesionismo deben dialogar, a mi modo de ver, con las teorías positivas que tratan de explicar el secesionismo. Ocurre que una teoría puede presentar la unidad del estado como fruto de un contrato social hipotético y eterno, inmutable al paso del tiempo, materializado en un texto constitucional. Pero eso no nos informa sobre los efectos del diseño institucional del estado ni su viabilidad democrática en la práctica.

 

 

–Sostienes que las teorías liberales de la democracia no están preparadas para lidiar con el divorcio político (la secesión). ¿Por qué?

 

Las teorías liberales clásicas dan por resuelta la cuestión del demos. El demos es algo en gran medida prepolítico e inexplicado por las teorías liberales. Por ejemplo, John Rawls[3] piensa su teoría de la justicia a partir de la existencia de un demos ya establecido que no se cuestiona. En la práctica los estados liberales promueven la existencia de un demos nacional, generalmente definido desde el grupo nacional mayoritario o más poderoso. Francia es el ejemplo por antonomasia. Además, el liberalismo piensa las instituciones del Estado para que el poder no sea monopolizado, es decir para evitar la tiranía de la mayoría y garantizar derechos individuales. A la minoría política se le dice que un día puede ser mayoría y viceversa. ¿Qué ocurre cuando existe una minoría permanente territorializada? El liberalismo de corte individualista clásico no concibe la existencia de grupos territorializados porque bebe de la idea de libertad e igualdad de todos los ciudadanos. Sin embargo, la mayoría de conflictos secesionistas están relacionados con la distribución territorial del poder. Los grupos independentistas no persiguen un Estado propio por fetichismo estatista, enajenación colectiva o vanidad (como sugieren algunas teorías) sino, entre otros factores, porque son marginados en el ejercicio del poder del estado matriz, en el acceso a recursos institucionales, económicos, culturales, simbólicos, etc. No es casualidad que las alternativas democráticas a la secesión siempre incluyan mecanismos de poder compartido y/o asimetría, mientras que las alternativas no-democráticas recurran a la represión mediante el uso de la fuerza.

 

 

– ¿En qué consiste la “paradoja de la democracia” típicamente atribuida a Dahl?

 

Dahl[4] apunta algo evidente: el principio democrático resulta contradictorio aplicado a sí mismo. Es decir, debe encontrarse la forma de determinar qué colectivo decide en cada caso puesto que “decidir sobre quien decide” lleva a un bucle. La aplicación del principio de autodeterminación requiere saber quién es el sujeto colectivo del “auto”.

 

 

–Entones, en tu opinión, ¿cuáles son las características suficientes y necesarias que debe tener un demos?

 

Comparto la visión de Dahl. La existencia de un demos es algo más empírico que teórico que depende esencialmente del reconocimiento. En la medida que un demos es reconocido y se auto-reconoce como tal existe, lo cual es tautológico por definición. En el mundo moderno es una cuestión inevitablemente ligada a la identidad nacional. Puede que en el futuro haya demos no-nacionales, la ciudadanía europea (ahora dependiente de la ciudadanía nacional) me parece un proyecto en esta línea, igual que algunas experiencias confederales del pasado como el Imperio Austrohúngaro.

 

 

– ¿Qué entiendes por “nación (cultural)” y qué papel juega en tu visión del asunto?

 

El concepto de “nación cultural” es una forma elegante de referirse a la subordinación política. Me parece absurdo distinguir entre naciones culturales y naciones sin adjetivo. El trasfondo de la discusión siempre lleva al mismo sitio: la clásica distinción de Mill y otros liberales entre identidades nacionales civilizadas (como la francesa o la inglesa) e identidades nacionales “étnicas” que a lo sumo representan un folklore pero que carecen de dimensión política. Una (triste) tradición muy europea por desgracia. Es una forma de marginar grupos nacionales minoritarios porque les niega la categoría plena de sujeto político.

 

 

–Distingues entre dos clases de liberalismo, uno de corte más clásico —neutralidad estatal, fuerte individualismo etc.— y otro de tipo comunitarista —hablas del paradigma de etnocultural. ¿Podrías desarrollar esta distinción y su importancia en las discusiones sobre secesión?

 

El debate comunitarista de los ochenta inspiró un tipo de liberalismo que admite los derechos de grupo y se fundamenta en el reconocimiento de la diversidad cultural. Autores como Charles Taylor[5] o Will Kymlicka[6] apuntan, acertadamente, que la igualdad liberal no puede significar uniformidad en sociedades plurales cultural o nacionalmente. Igualdad se contrapone a diferencia y no exclusivamente a desigualdad. El impacto en el debate sobre la secesión es relevante porque abre una nueva dimensión teórica. Por ejemplo, desde la perspectiva de la “causa justa” amplia las potenciales injusticias al no-reconocimiento de naciones minoritarias.

 

 

 

[1] Ver: International Court of Justice, Reports of Judgments, Advisory opinions and orders accordance with international law of the unilateral declaration of independence in respect of Kosovo. Disponible en: https://www.icj-cij.org/files/case-related/141/141-20100722-ADV-01-00-EN.pdf

 

[2] Allen E. Buchanan, Secesión: causas y consecuencias del divorcio político (Barcelona: Ariel, 2013).

 

[3] John Rawls, Teoría de la justicia (Fondo de Cultura Economica, 2012).

 

[4] Robert Alan Dahl, La democracia y sus críticos (Paidós, 1992).

 

[5] Charles Taylor, El multiculturalismo y “la política del reconocimiento” (Fondo de Cultura Económica, 1993).

 

[6] Will Kymlicka, Ciudadanía multicultural: una teoría liberal de los derechos de las minorías (Paidós, 1996).

 

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