Charla con Antolín Sánchez Cuervo: Razón y exilio en Maria Zambrano

 

Fuente: Flickr

 

El pasado 17 de diciembre algunos miembros del equipo de redacción pudimos acudir al último acto de la temporada que la sección de Filosofía del Ateneo barcelonés había programado para 2019. Enmarcado en el ciclo “filosofía desde el exilio” el profesor Antolín Sánchez Cuervo, investigador al Instituto de Filosofia del CSIC, impartió la conferencia “María Zambrano y el exilio filosófico del 39”. Como es evidente, las limitaciones temporales obligaron al ponente a ser muy sintético en sus explicaciones; recogemos a continuación unas pocas preguntas con las que profundizar algo más en las ideas más sugerentes que se apuntaron.

 

 

-¿Puede hablarse de una “escuela del pensamiento exiliado” para referirse a los filósofos que abandonaron España a causa de la guerra, o entre ellos solo existiría un vínculo biográfico pero no intelectual?

 

Yo creo que ni lo uno ni lo otro. No puede hablarse de “escuela” porque no hubo entre ellos la cohesión institucional e intelectual necesarias, algo imposible por la propia circunstancia del exilio y de la precariedad, azar y fragmentación que ella trajo consigo. Pero eso no significa que los vínculos entre ellos fueran meramente biográficos. Hubo sin duda lazos, redes y consonancias intelectuales, afinidades que en muchos casos se remontaban a vínculos anteriores a la guerra, que se habían ido madurando en torno las generaciones del 14 y del 30, en torno a las llamadas escuelas de Madrid y Barcelona, o en torno a referentes intelectuales fundamentales del primer tercio del siglo XX tales como Ortega o el ambiente generado en torno a la Institución Libre de Enseñanza. Por supuesto, también hubo polémicas, desencuentros y pugnas entre unos y otros.

 

 

-Se describió el pensamiento de Zambrano como extrayendo “lo mejor” de Unamuno y Ortega. ¿En qué habría consistido esa síntesis?

 

Al igual que Ortega, Zambrano concibió la existencia como proyecto y como  voluntad de ser o de aventura, pero desmarcándose de su talante dramático -o melodramático, si se prefiere- y de su visión inmanente del mundo, imprimió en ella sentido trágico que le emparentaba mayormente con Unamuno. Insufló así a la razón vital la proyección trágica, el sentido apasionado, la preocupación religiosa y la apertura a la trascendencia que pudo encontrar en la obra de Unamuno, la cual asimiló de manera original y creativa.

 

 

-En este sentido se tildó a Zambrano como una “orteguiana heterodoxa, a la que la razón vital se le queda corta”. Podría desarrollar brevemente esta idea.

 

El concepto orteguiano de vida tiene, para Zambrano, un alcance limitado, ya que no llega a integrar preguntas y experiencias que ella consideraba cruciales, tales como la pasión, la intuición, la esperanza, la memoria, el amor, la congoja, el mundo de los sueños, el mundo del sentir y sus lenguajes….; en definitiva, toda una constelación de elementos que difícilmente un concepto de razón como el de Ortega podía asumir y asimilar con todas sus consecuencias por muy vital que fuera, y que formaban parte de lo que Zambrano denominaba “entrañas”. Por eso ella fue siempre una orteguiana heterodoxa. Siempre asumió la razón vital, pero nunca como un punto de llegada o una doctrina, sino como un punto de partida para llevar a la razón hacia confines inéditos y poco transitados

 

 

-En qué consiste la crítica de Zambrano a la razón moderna y de qué modo se le opone la razón poética.

 

Responder  a esta pregunta implicaría sintetizar en unas pocas frases todo el pensamiento racio-poético de Zambrano. De manera muy básica, podríamos decir que su crítica de la razón moderna se dirige, esencialmente, a su reduccionismo instrumental o su pretensión de absorber, domesticar y dominar mediante el conocimiento y sus traducciones prácticas, a la realidad, ya sea total o parcialmente. Es decir, se trata de una razón o un sujeto más o menos autosuficiente o, como dirá Zambrano, ensoberbecido, y sobre todo violenta por su tendencia a objetivar y reducir el mundo de la vida en sus diversas expresiones (de orden tanto natural como humano o social), con vistas a su propio e ilimitado empoderamiento. La barbarie totalitaria, la experiencia del nazi-fascismo y la guerra total, características del periodo de entre guerras, así como el posterior racionalismo tecnológico e instrumental global, no serán para Zambrano sino expresiones culminantes de esa violencia, aún vigente hoy día. Su razón poética planteaba precisamente una subjetividad alternativa, no violenta y por eso mismo trascendida por la experiencia de la alteridad o por la presencia constante y plural del otro. No sólo de otros sujetos, diferentes de sus expresiones canónicas (del sujeto burgués, patriarcal, productor de riqueza, etc), sino también otros ámbitos de la condición humana irreductibles al pensamiento lógico o tecno-científico, arraigados en en ese mundo de las entrañas antes mencionado. Zambrano entendía la razón poética, como “algo que sea razón pero más ancho, algo que se deslice también por los interiores, como una gota de aceite que apacigua y suaviza, una gota de felicidad”, según la célebre cita de una carta suya a su amigo el también exiliado Rafael Dieste, en los años cuarenta.

 

 

-Se describió el concepto de razón poética diciendo que tiene hondas raíces de amor. ¿Qué significa?

 

Significa que, a la hora de concebirse y desarrollarse, es más importante su vocación de vínculo y de comunión con la realidad que su vocación de conocer y dominar. Esto no quiere decir que amor y conocimiento sean dos ámbitos separados y menos aún opuestos, sino que aquél es anterior a este último –y no al contrario- y por ello debe impregnarlo. La razón poética aspira a un conocimiento no violento, en el que se juega, precisamente, la felicidad del hombre en el mundo.

 

 

-El otro concepto clave en el pensamiento de Zambrano fue el de exilio, en el que se distinguió la dimensión biográfica de la conceptual-alegórica. ¿Qué significa hablar de “pensamiento náufrago?

 

Significa, en primer lugar, reconocer el naufragio de la razón moderna –y en definitiva de la razón occidental- bajo el efecto de su propia violencia, consumada bajo la experiencia totalitaria, lo cual no deja de ser un lugar común para cualquier pensamiento crítico a la altura de nuestro tiempo. En segundo lugar y en consonancia con lo anterior, significa asumir esa condición náufraga y nadar a contracorriente en busca de una tierra firme aún incógnita, en la que el maltrecho humanismo occidental pueda reinventarse a sí mismo a partir de sus posibilidades inéditas. Siguiendo con la metáfora, significa el exilio del continente destruido en busca de islas salvadoras. La metáfora de la insularidad, de alguna manera materializada las peculiares Cuba y Puerto Rico de Zambrano, tuvo para ella esa significación.

 

 

-Qué quería decir Zambrano al afirmar que “la mejor manera de ser español era exiliarse”

 

Seguramente quisiera aludir a la larga, añeja y luminosa tradición exiliada que recorre toda la historia moderna de España, y en la que puede encontrarse lo más significativo de su pensamiento crítico. No olvidemos que el exilio republicano de 1939 fue, entre otras muchas cosas, el último gran episodio –y seguramente el más importante, por sus cifras, su duración y su peso científico, artístico y cultural- de toda una tradición heterodoxa que se remonta a la expulsión de los judíos en el momento mismo de la conformación del estado español. Zambrano se identificaba con una manera de entender lo español muy ligada a sus estratos más populares –y por eso mismo excluidos y olvidados- y también con un proyecto de comunidad y de nación inclusivo, republicano y democrático, semejante a otros que en el pasado se habían visto  abocadas al fracaso y al exilio.

 

 

-A partir de los años 50 el pensamiento de Zambrano adopta una línea mística. De qué modo se distingue el misticismo del sentimentalismo y el irracionalismo.

 

Desde su propio punto de vista, racio-poético y filosófico-místico, sería mucho más que una vivencia sentimental o una certeza irracional en la medida en que surge a partir, precisamente, de ese mundo de las entrañas y de esas razones de amor anteriormente mencionadas, de las que serían en definitiva su expresión más madura y culminante. En este sentido, la singular mística de Zambrano, muy influida por el mundo sufí y por islamólogos como Massignon, sería una prolongación consecuente, por así decirlo, de la razón poética, de la misma manera, en un plano metafórico, que las islas a las que antes nos referíamos no son más que la apariencia de un mundo sumergido y oculto que las sostiene. Al margen de creencias e increencias, desde un punto de vista “agnóstico” o estrictamente filosófico, esa distinción puede palparse en el ámbito de la expresión y la escritura. No es comparable el lenguaje de Zambrano, complejo y musical, rico en metáforas a menudo densas, cuando se deja llevar por esa línea mística, con una mera expresión de sentimientos.

 

 

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