¿Cuán nacional es el nacionalismo? La visión de J.L Borges

13/12/2019

davide ragusa @davideragusa

 

Me interesa reflexionar sobre el tema del nacionalismo desde un texto de Borges llamado El escritor argentino y la tradición. El ensayo, si bien puede referirse a temas argentinos, creo que tiene conclusiones que pueden interesar a cualquiera que aborde la cuestión del nacionalismo, sin importar fronteras. Sobre todo, aporta una visión interesante al tema del nacionalismo visto desde países latinoamericanos y “nuevos” en términos de tradición histórica.

 

Borges afirma, a través de críticas literarias y poéticas de carácter técnico contra la poesía gauchesca[1], que es erróneo creer que los argentinos posean un poema clásico (el Martín Fierro) y que ese poema deba ser el paradigma de la literatura argentina, como eran los poemas homéricos para los griegos. Así la literatura gauchesca sería un género artificial como cualquier otro. Al contrario, el nacionalismo literario afirmaba que la tradición argentina existía en la poesía gauchesca, que allí se encontraba una suerte de “esencia” del ser nacional. La poesía para ser “verdaderamente” argentina debía abundar en rasgos diferenciales argentinos y de color local.

 

Contra esto, Borges -que solía tratar temas universales en su literatura- sostenía que “(…) no sé si es necesario decir que la idea de que una literatura debe definirse por los rasgos diferenciales del país que la produce es una idea relativamente nueva; también es nueva y arbitraria la idea de que los escritores deben buscar temas de sus países. Sin ir más lejos, creo que Racine ni siquiera hubiera entendido a una persona que le hubiera negado su derecho al título de poeta francés por haber buscado temas griegos y latinos. Creo que Shakespeare se habría asombrado si hubieran pretendido limitarlo a temas ingleses, y si le hubiesen dicho que, como inglés, no tenía derecho a escribir Hamlet, de tema escandinavo, o Macbeth, de tema escocés. El culto argentino del color local es un reciente culto europeo que los nacionalistas deberían rechazar por foráneo. (…)”[2].

 

Borges iba mucho más allá y afirmaba que “(…) lo verdaderamente nativo suele y puede prescindir del color local; encontré esta confirmación en la Historia de la declinación y caída del Imperio Romano de Gibbon. Gibbon observa que en el libro árabe por excelencia, en el Alcorán, no hay camellos; yo creo que si hubiera alguna duda sobre la autenticidad del Alcorán bastaría esta ausencia de camellos para probar que es árabe. Fue escrito por Mahoma, y Mahoma, como árabe, no tenía por qué saber que los camellos eran especialmente árabes; eran para él parte de la realidad, no tenía por qué distinguirlos; en cambio, un falsario, un turista, un nacionalista árabe, lo primero que hubiera hecho es prodigar camellos, caravanas de camellos en cada página; pero Mahoma, como árabe, estaba tranquilo: sabía que podía ser árabe sin camellos. Creo que los argentinos podemos parecernos a Mahoma, podemos creer en la posibilidad de ser argentinos sin abundar en color local. (…)”.

 

Desde esta perspectiva ser argentino -o latinoamericano- no implica estar obligado a hablar de pampas o de selvas, sino del universo que a todos nos pertenece. Cuando se hace demasiado hincapié en ser nacionalista pareciera que se intenta crear una imagen que no surge naturalmente. La verdadera raíz nacional argentina -si es que tal cosa existe-, no es otra que un profundo humanismo cosmopolita y diverso.

 

 Borges, en su cruzada contra un nacionalismo castrador de la creatividad y la innovación se preguntaba “(…) ¿Cuál es la tradición argentina? Creo que podemos contestar fácilmente y que no hay problema en esta pregunta. Creo que nuestra tradición es toda la cultura occidental, y creo también que tenemos derecho a esa tradición, mayor que el que pueden tener los habitantes de una u otra nación occidental. Recuerdo aquí un ensayo de Thorstein Veblen, sociólogo norteamericano, sobre la preeminencia de los judíos en la cultura occidental. Se pregunta si esta preeminencia permite conjeturar una superioridad innata de los judíos, y contesta que no; dice que sobresalen en la cultura occidental, porque actúan dentro de esa cultura y al mismo tiempo no se sienten atados a ella por una devoción especial; “por eso –dice- a un judío siempre le será más fácil que a un occidental no judío innovar en la cultura occidental”; y lo mismo podemos decir de los irlandeses en la cultura de Inglaterra. Tratándose de los irlandeses, no tenemos por qué suponer que la profusión de nombres irlandeses en la literatura y la filosofía británicas se deba a una preeminencia racial, porque muchos de esos irlandeses ilustres (Shaw, Berkeley, Swift) fueron descendientes de ingleses, fueron personas que no tenían sangre celta; sin embargo, les bastó el hecho de sentirse irlandeses, distintos, para innovar en la cultura inglesa. Creo que los argentinos, los sudamericanos en general, estamos en una situación análoga; podemos manejar todos los temas europeos, manejarlos sin supersticiones, con una irreverencia que puede tener, y ya tiene, consecuencias afortunadas. (…)”.

 

Estas ideas que Borges esgrimía contra el nacionalismo literario podríamos, de manera análoga, aplicarlas contra el actual nacionalismo político. Si el nacionalismo es una moda extranjera vinculada al romanticismo y a efectos indeseables de la globalización económica, cabe preguntarnos ¿Cuánto de nacional hay en el nacionalismo? Algunos autores llegan hasta vincular la idea latinoamericana de una “patria grande” (vinculada a nacionalismos de izquierda) como la hija legítima del imperio español. El sueño de homogeneidad ideológica y cultural de la “Patria grande” encontraría su origen remoto en el mito imperial panlatino[3]. En Argentina es fácil encontrar el vínculo entre el nacionalismo y las influencias hispánicas y católicas[4].

 

Hannah Arendt ya advirtió en el peligro de confundir nacionalismo con ciudadanía. Cuando se recuerda el antisemitismo encontramos que “… Si la ciudadanía se identifica con la nacionalidad, es decir, con la construcción de una comunidad con base en elementos comunes -la lengua, los límites geográficos, la religión- el judío, que había representado una alteridad dentro del contexto europeo, estaba destinado a ser el blanco de la ira de los movimientos nacionalistas. El hecho de que a los judíos alemanes, durante el nacionalsocialismo, se les desposeyera de la ciudadanía y fueran desconocidos por el Estado señalados como un cuerpo externo e inclusive dañino para la nación, permite cuestionar cómo se concede la ciudadanía y qué garantías ofrecen los Estados para dar igualdad social y permitir las diferencias culturales…”[5]. De allí su propuesta de ciudadanía política basada en la constitución, contra la visión del pueblo como identidad de ciudadanía.

 

Concluyendo, creo que lo que puede advertirse del texto borgeano es que la contradicción nacionalista se vuelve mucho mas fácil de advertir en los países latinoamericanos que en las viejas sociedades europeas. Aquí la creación de identidades culturales es mas nueva y prescinde de la pesada herencia histórica. Los países latinoamericanos surgieron en revoluciones liberales, vinculadas a movimientos masónicos, ilustrados y antimonárquicos. Luego se regaron de inmigrantes de los diversos países del mundo lo que generó una identidad versátil y cosmopolita.

 

En todo caso, frente a un mundo con cada vez más auges de diversas corrientes nacionalistas sería fundamental preguntarnos ¿por qué las personas acuden al nacionalismo? ¿Qué elemento de seguridad espiritual brinda la pertenencia a un grupo? ¿Qué orfandad identitaria nos deja la globalizaciónCreo que todo nacionalista verdadero -sobre todo latinoamericano- debería recordar a Camus cuando dijo: “amo demasiado a mi país para ser nacionalista”.

 

 

[1] El gaucho es el habitante característico de las llanuras y zonas adyacentes​ de Argentina, Uruguay, Brasil. El “equivalente” a los cowboy norteamericanos.

 

[2] Disponible en: https://bibliotecaignoria.blogspot.com/2018/06/jorge-luis-borges-el-escritor-argentino.html

 

[3] Disponible en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/columnistas/resucita-el-improbable-mito-de-la-patria-grande-nid2307796

 

[4] Reportaje de Eloy Martínez a Juan Domingo Perón: https://www.youtube.com/watch?v=y8U38Df49nw

 

[5] Disponible en: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-19182015000300341

 

Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Please reload

Buscador

Entrevistas

Qué opinan las voces más destacadas sobre los asuntos más candentes.s

Series

Diversos temas tratados con mayor profundidad y extensión en formato de series de artículos monotemáticos

colabora.jpg

¿En desacuerdo con este artículo?

Si quieres quieres criticar o complementar este texto, si no compartes su perspectiva, no lo dudes, haznos tu propuesta a la redacción.

Please reload

Revista Libertalia

Filosofía y Humanidades

  • Twitter - Revista Libertalia
  • Facebook - Revista Libertalia
  • LinkedIn - Revista Libertalia
  • SoundCloud - Revista Libertalia

Revista Libertalia es un proyecto sin ánimo de lucro ni línea editorial centrado en la filosofía y las humanidades.

 

Nuestro objetivo es promover la reflexión seria y profunda entre gente joven de dentro y fuera de la academia, tratando los diversos temas de forma compleja, pero con un lenguaje claro y directo.

 

Si estás interesado en colaborar con nosotros no lo dudes, enviándonos tus textos; nuestro equipo estará a tu disposición para acompañarte en el proceso de edición y publicación;  o bien ayudándonos a financiarnos a través de Patreon. 

Recibe la Newsletter