Migración, exclusión y delincuencia: Charla con Elisa Garía España

Milad B. Fakurian @fakurian


En los últimos años, las políticas migratorias y las discusiones sobre los inmigrantes se han multiplicado, llegando a jugar un papel principal en la política de multitud de Estados europeos y a decidir elecciones nacionales. No obstante, el rol reservado en estas discusiones a los expertos en la materia ha sido más bien nulo, proliferando tópicos y eslóganes -de un bando y de otro- que impiden al profano formarse una opinión cabal. 

 

Es por ello que hoy charlamos con Elisa García España, profesora de Derecho y Criminología en la Universidad de Málaga, y una destacada académica en el ámbito de la migración y la delincuencia para someter a su valoración muchas de las ideas habituales en la arena política. 

 

 

-El porcentaje de migrantes entre la población reclusa es más alto que el porcentaje de población migrante en la sociedad, lo que sugiere un vínculo entre migración y delincuencia. Sin embargo ud. sostiene que “el hecho de ser inmigrante no aporta nada a la motivación delictiva, si no es por el contexto de carencia de oportunidades estructurales legítimas”[1]. ¿Podría desarrollar brevemente esa idea?

 

Contrariamente a lo que se piensa, los datos penitenciarios no se relacionan con el volumen de delincuencia. España es uno de los países con menos tasas de delincuencia y, al mismo tiempo, con tasas altas de población penitenciaria. Los expertos explican que el gran volumen de población carcelaria en España es debido a un fracaso de la política criminal del país. Y aunque el sentido común diga lo contrario, muchos son los autores que avalan científicamente esta ausencia de relación entre tasa de población encarcelada y la tasa de delincuencia.

 

La población extranjera en prisión no es comparable con la población migrante residente en España. En prisión hay población extranjera flotante. Esto es, extranjeros que son detenidos en fronteras cometiendo delitos como, por ejemplo, de tráfico de drogas transnacional o de falsificación de pasaporte. Esta población no tiene parangón en el país. Por tanto, es fácil acudir al dato de que los extranjeros están sobrerrepresentados, pero los grupos de población que se comparan no son idénticos y por lo tanto no son comparables.

 

A pesar de lo anterior, incluso si admitiéramos que la población extranjera está sobrerrepresentada en prisión, son varios los motivos que lo justifican y ninguno de ellos relacionado con su mayor delincuencia:

 

a. El número de extranjeros en prisión preventiva es el doble que el de los nacionales. La prisión preventiva es una medida cautelar que los jueces aplican más a los extranjeros por el riesgo a que se evadan de la acción de la justicia. Este es el motivo que determina que haya más extranjeros en prisión preventiva (situación procesal antes del juicio y momento en el aun no se ha demostrado que se haya cometido un delito).

 

b. Se ha demostrado de forma reiterada que los extranjeros son condenados a penas más elevadas que los españoles por los mismos delitos.

 

c. Los extranjeros no suelen disfrutar de terceros grados o libertad condicional, cumpliendo su pena completa.

 

Esta afirmación y la anterior hace que el número de extranjeros en prisión aumente porque las estadísticas penitenciarias son sumatorias. Un grupo de personas, en este caso los extranjeros, con penas más extensas y con menos salidas de prisión contabilizan un mayor número. Sin embargo, cuando se computa el número de entradas, estas no son tan altas. Lo que es alta es la acumulación de presos en prisión por la cantidad de tiempo que pasan en ella.

 

d. Tampoco podemos dejar de lado los sesgos policiales al enfocar su actuación sobre las personas con apariencia de extranjeros extracomunitarios. Investigaciones diversas con datos de población y policiales confirman este hecho.

 

Inmigración y delincuencia no son dos fenómenos que crezcan de la mano. En la última década, España ha experimentado el mayor crecimiento de población inmigrante, pasando de un 2% a un 10%. España es el país de Europa con mayor crecimiento migratorio. Sin embargo, la tasa de delincuencia sigue bajando según datos del Ministerio del Interior. Esto mismo ha ocurrido en otros países europeos y americanos. Los investigadores están utilizando esos macro-datos para rechazar la hipótesis de que la inmigración produce delincuencia. En EEUU, además, la delincuencia ha bajado en ciudades con mayor atracción migratoria como El Paso, Nueva York, San Diego, Los Ángeles. Son muchas las investigaciones empíricas que han demostrado que la inmigración no hace aumentar la delincuencia.

 

 

-De sus investigaciones sobre el perfil de los menores inmigrantes, ¿qué medidas preventivas considera que son más efectivas?

 

Las medidas con los menores inmigrantes son las mismas que para cualquier menor de edad o adolescente. Nada cambia por poner calificativos como inmigrantes, extranjeros, “MENA”, etc. No dejan de ser niños, niñas y adolescentes que necesitan un entorno de cuidado basado en afecto e imposición de límites acordados. Lamentablemente no se está invirtiendo adecuadamente en el cuidado de la infancia que inmigra sin referentes adultos. A pesar de ello, y aunque los medios de comunicación amplifiquen lo contrario, la inmensa mayoría son historias de éxito. Los niños, niñas y adolescentes necesitan un entorno seguro, educación y formación, acompañamiento y ayuda para crecer en habilidades sociales, un entorno con normas claras y consecuencias pactadas, referentes adultos que le muestren afecto e implicación, al tiempo que capacidad para llegar a acuerdos sobre los límites. Un adolescente no se hace adulto a los 18 años y un día. Aunque al alcanzar esa edad se le considera legalmente mayor de edad, lo cierto es que los jóvenes a esa edad necesitan ser acompañados unos años más hasta lograr su total autonomía. Si en el sistema tutelar no se dan los elementos anteriores o se retiran al cumplir los 18 años, estamos colocando a estos adolescentes y jóvenes en situaciones de riesgo personal y social.

 

 

-¿Cuáles son las teselas más importante que detecta en lo que denomina un “mosaico de exclusión” jurídica[2]?

 

Todas las teselas son muy excluyentes. La criminalización de manteros, la exclusión de los jóvenes y menores extranjeros no acompañados, los sesgos y prejuicios policiales y del Ministerio del Interior, y la construcción de la información policial que contribuye a mantener prejuicios de peligrosidad son 5 teselas que actúan como vectores de fuerza centrípeta que arremolinan a los extranjeros en el entorno del sistema penal. No todos los extranjeros son empujados de la misma manera. Al igual que en física el efecto de esa fuerza se determina en función de la masa y la aceleración del objeto, en nuestro supuesto las circunstancias personales y sociales del extranjero también determinan los efectos de la fuerza excluyente ejercida por dichas teselas.

 

Una vez empujados hacia el control social es fácil que los extranjeros desemboquen en prisión. El tiempo en prisión se alarga para la mayoría de los extranjeros al no ser expulsados y no disfrutar de las estrategias de reinserción social propias de nuestro sistema penitenciario como el tercer grado o la libertad condicional, llegando a cumplir toda la pena en régimen ordinario. Esto hace que haya un mayor número de extranjeros en prisión, reforzando la idea de su peligrosidad. Tras el paso por prisión, teselas como antecedentes penales o las causas de expulsión ejercen una fuerza centrífuga sobre los extranjeros que, lejos de agruparlos con el resto de la sociedad, los lanza hacia los márgenes sociales.

 

Por tanto, si tuviera que elegir la tesela más importante en este entramado de exclusión social me quedo con la de los menores extranjeros no acompañados que lejos de verlos y tratarlos como niños en peligro, y desplegar todos los medios necesarios para acompañarlos en un saludable proceso de maduración, se les percibe como niños peligrosos, a los que se les sustrae su dignidad como niños y se les culpa erróneamente de males sociales.

 

 

- ‘Crimigración’, un concepto cada vez más común. ¿A qué se refiere exactamente?

 

Este término es una traducción de Crimmigration acuñado en 2006 por Stumpf. Con él se hace referencia a la confusión o solapamiento que se está produciendo en muchos países desarrollados receptores de inmigración entre la legislación de extranjería y la legislación penal. El miedo al extranjero y los estereotipos sobre su peligrosidad hace que los estados se armen administrativa y penalmente frente al extranjero. En este intento de protección frente a la supuesta peligrosidad de los inmigrantes se emplean medios que vulneran derechos fundamentales de la persona y principios básicos del sistema. Stumpf advierte de que mientras los estudiosos del derecho penal y los del derecho administrativo permanecen separadamente en sus disciplinas, las intersecciones entre ambas materias proliferan considerablemente. Ambas áreas emplean herramientas similares (expulsión y prohibición de entrada) para dibujar líneas de pertenencia a la sociedad, marcando claras diferencias entre la inclusión y la exclusión (Stumpf, 2006).

 

 

-Se ha pronunciado reiteradamente en contra de los CIEs, afirmando que son innecesarios[3]. ¿Cómo puede entonces asegurarse que su eventual expulsión se llevaría a cabo?

 

Me posiciono en contra de los CIE porque no se han mostrado eficientes ya que solo uno de cada cuatro extranjeros encerrados es expulsado. La privación de libertad superior a 72 horas sin causa delictiva es contraria a nuestra constitución, además de ser una medida desproporcionada. Los CIE no garantizan condiciones mínimas de dignidad y seguridad, son opacos y esconden situaciones de grave vulnerabilidad como encerrar a menores de edad o a víctimas de trata.

 

El cierre de los CIE requiere un planteamiento de posibles medidas alternativas que no implique una restricción tan gravosa de derechos fundamentales como la que supone la privación de libertad. Por ello, creo que hay que potenciar la posibilidad de retorno voluntario asistido recogido en la propia ley de extranjería. Potenciar esta medida reduciría mucho el número de personas extranjeras en CIE. También está ya prevista en dicha ley la posibilidad de que el juez que debe autorizar el ingreso en un CIE adopte cualquier otra medida cautelar que estime adecuada y suficiente, quedando así abierta la puerta a la reflexión de otras alternativas viables. En este sentido sería deseable que las personas recién rescatadas del mar, que necesitan más una atención humana y especializada que policial, pudieran ser ubicadas en centros acondicionados para este fin.

 

La desaparición de los CIE no produciría ningún efecto negativo en la actual política de control de inmigración irregular, ya que la tasa de ocupación es baja y se pone en libertad a la mayoría de los extranjeros encerrados en ellos por imposibilidad de poder llevar a cabo la expulsión objeto de ese encierro.

 

 

-¿Qué decir del “efecto llamada”? ¿Cómo influyen las políticas fronterizas y de acogida occidentales en los flujos migratorios?

 

No creo que el efecto llamada sea producido principalmente por las políticas migratorias adoptadas en los países de acogida. El principal efecto llamada, que en realidad es un efecto salida, es la desigualdad entre dos mundos que han acortado distancias gracias a los medios de comunicación y la globalización de mercancías. Si no se invierte de forma seria en los países de origen no hay política que evite los flujos de población. Además, apelar al efecto llamada es partir de un enfoque euro-centrista miope o ignorante de la dirección y cuantía de los movimientos de población en el mundo, ya que la mayoría de los flujos migratorios son intra-continentales. Y vulnerar derechos humanos básicos de las personas pobres por miedo al efecto llamada es un elemento más de la ilegitimidad ética en que la está sumida Europa.

 

 

 

[1] Garcia España, E. (2014), “Delincuencia de inmigrantes y motivaciones delictivas”, InDret (4)

 

[2] Garcia España, E (2017), “Extranjeros sospechosos, condenados y excondenados: Un mosaico de exclusión” Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología, (19-15)

 

[3] Gacía España, E. (2017). “Centros de internamiento de extranjeros: Motivos para su desaparición”. Boletín Criminológico (172)

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