La Educación en la Grecia Clásica y Helenística

13/11/2019

 Vista de la Acrópolis de Atenas desde el Hefesteion. Fotografía de la autora.

 

 

Introducción

 

La Grecia antigua siempre ha sido considerada como la “cuna de la civilización occidental” debido a sus valores e ideales ético-educativos, que se expandieron por gran parte del Mediterráneo hasta llegar incluso al mundo romano. Dentro de este contexto, hay que considerar a la cultura como un ideal formativo dentro de la comunidad que conducía al hombre a perfeccionar sus conocimientos. Y, precisamente para alcanzar esta meta, los griegos contaban con la paideia o la educación de los más jóvenes dentro de los valores necesarios para engrandecer cada polis[1].

 

Para conocer mejor la educación griega, a lo largo de las siguientes líneas, realizaremos un breve recorrido por los diversos estadios formativos de la civilización griega, desde el periodo arcaico hasta el helenístico.

 

La Grecia clásica se sitúa históricamente entre los siglos V y IV a.C. A esta etapa (especialmente en el siglo V a.C.) se la considera el gran momento de auge de la cultura griega (conocido como el siglo de Pericles, debido a la hegemonía ateniense), por lo que se convierte en uno de los más interesantes para tratar el tema de la educación. Aunque los principios educativos se consideraban ideados para la aristocracia, sus avances comenzaron a aplicarse a hombres libres de todas las clases sociales dentro de las polis[2].

 

En cuanto a las fuentes que nos permiten tener una visión bastante completa de la educación en el mundo griego, tenemos de varios tipos. Las más importantes son las fuentes literarias, ya que son muy abundantes los textos que proporcionan información acerca de la práctica educativa. En primer lugar, destacan las obras de Homero y Hesíodo, que nos permiten conocer la educación aristocrática de la época arcaica. A continuación, un cierto número de autores, como Sófocles o Tucídides entre otros, nos enseñan a través de sus textos cómo era el proceso educativo ideal del mundo griego. Y, en último lugar, tenemos las obras de Platón, Isócrates y Aristóteles, un legado pedagógico que nos permite conocer los principios filosóficos que sostenían la paideia griega. Tras la literatura, contamos con las fuentes arqueológicas, consistentes sobre todo en un enorme conjunto de restos cerámicos. Entre ellos, los grafitos y los ostraca permiten conocer el nivel real de alfabetización alcanzado por la población. Asimismo, se han conservado restos de cerámica con escenas pintadas donde se muestran detalles de la vida escolar de los niños griegos, con los que se puede conocer el día a día de los más pequeños. En último lugar, contamos con la epigrafía. Se han encontrado diversas inscripciones donde se menciona a los diferentes docentes, por lo que podemos conocer un poco más del trabajo de los profesores griegos[3].

 

 

La educación en el periodo arcaico

 

La educación de este periodo, también conocida como homérica, tenía un marcado carácter aristocrático y militar, por lo que se encontraba muy limitada a un pequeño sector de la población, que podía tener tiempo y riquezas necesarias para acceder a esta instrucción.

 

Desde el principio, la educación estaba claramente definida y marcada: un joven noble recibía tanto consejos como ejemplos de un adulto, recibiendo a través de una enseñanza oral toda la formación necesaria[4]. De esta forma, la educación arcaica contaba con aspectos técnicos y éticos, transmitidos oralmente. En cuanto al primero, implicaba el manejo de las armas, los deportes y juegos caballerescos, las artes musicales (el canto, la lira y la danza), la oratoria y el trato social. Sobre el segundo, se trataba de educar al joven dentro de los valores militares propios de la aristocracia arcaica[5]. Asimismo, también existía una primitiva educación literaria, contando con Homero como texto básico, considerado como el educador de la Hélade incluso en tiempos posteriores. Sus epopeyas se consideraban como un manual de ética, que enseñaban a los nobles modelos de comportamiento y de actuación. Los valores ideales que Homero transmitía se resumieron en el concepto de la areté (ἀρετή), considerada como el valor y la excelencia que todo hombre debía poseer.  De esta forma, la educación arcaica se encontraba destinada fundamentalmente a los jóvenes nobles, otorgándoles una formación militar y literaria de carácter básico.

 

 

La educación en el periodo clásico

 

A pesar de que la educación no estaba institucionalizada en Grecia como una obligación de los padres, lo cierto es que debía estar ampliamente extendida como nos muestra la Arqueología a través de sus diferentes hallazgos (escenas pintadas en vasos, ostraca con textos, material escolar…). Sin embargo, lo cierto es que nunca dejó de ser una cuestión de estatus social y económico, porque los únicos que podían completar su educación siempre fueron los ciudadanos de las clases más elevadas.

 

                          

 Fragmentos de ostraca con nombres de políticos destinados al ostracismo. Museo de la Stoa de Átalo. Fotografía de la autora.

 

En el periodo clásico surgió un nuevo sistema político, la democracia, que requirió de un nuevo sistema educativo que sustituyese a la areté aristocrática y formase a los niños en los valores e ideales que requiriese la nueva situación. De esta forma, surgió el concepto de paideia, una nueva modalidad de educación que superase la antigua formación aristocrática y se adaptase al modelo de Estado surgido en esta etapa. De esta forma, la educación de los jóvenes dejó de ser exclusivamente militar para centrarse en los ámbitos intelectuales y éticos[6].

 

Sabemos que, en Atenas, la educación no era responsabilidad del Estado, sino que era competencia exclusiva de los padres, que decidían cuantos años acudían sus hijos a la escuela y qué materias cursaban allí. Y, por lo que sabemos a través de las fuentes[7], lo mismo ocurría en el resto de las polis griegas, a excepción de Esparta. De esta forma, al depender de la decisión y los recursos de los padres, los hijos de los ciudadanos más adinerados podían recibir una educación más completa que la del resto de ciudadanos[8]:

 

"Y esto lo hacen quienes tienen más posibilidades (y tienen más posibilidades los más ricos). Sus hijos empiezan a frecuentar las escuelas en la edad más temprana y la abandonan muy tarde”. (Platón, Protágoras, 326c.)

 

Desde el nacimiento hasta los siete años, la formación del niño quedaba en manos de la familia, un periodo que autores como Esquilo[9] definían como trophé o pedagogía de nutrición física, cuidado biológico y formación moral. Esta etapa se consideraba como básica, puesto que los niños se dejaban moldear por sus familiares, forjando a partir de este momento su carácter que se convirtió en la base de toda la educación posterior[10]. Durante los tres primeros años de vida, los familiares y esclavos que rodeaban al niño se preocupaban principalmente de tres aspectos: su correcta alimentación, la adquisición de una psicomotricidad adecuada y un ambiente de equilibrio emocional pleno. La correcta combinación de estos factores permitía el buen desarrollo del niño[11]. De los tres a los cinco años, según nos cuenta Aristóteles[12], los niños pasaban a tener una alimentación sólida, comenzando los padres a preocuparse por el desarrollo afectivo, lúdico y moral de éstos como base de su futura formación como ciudadanos[13].

 

El proceso educativo como tal daba comienzo sobre los siete años, momento en el que aquellas familias que podían permitírselo dejaban a los niños bajo la custodia de un paidagogos. Poco después, pasaban a recibir las lecciones de un maestro en la escuela. Los niños de familias más desafortunadas abandonaban la escuela tres o cuatro años después, habiendo adquirido una formación básica en letras y aritmética. En cambio, los niños de las elites podían proseguir su instrucción durante al menos otros diez años más. 

 

A la vez que se iniciaba en la escuela, la educación familiar continuaba. A partir de este momento, la familia se preocupaba de formar el espíritu del varón para convertirlo en un buen ciudadano, mientras que la niña quedaba con la madre hasta el momento del matrimonio. Al pasar a la escuela, comenzaba una etapa elemental que abarcaba de los 7 a los 14/18 años (dependiendo del niño y su familia), en los que se proporcionaba una formación intelectual (donde se aprendía lectura, escritura, cálculo, música y danza) junto a una instrucción deportiva (que incluida el salto, la carrera, el lanzamiento de disco y jabalina y la lucha). Los encargados de esta etapa eran el paidotribes o maestro de gimnasia, el grammatistés, encargado de las primeras letras, y el kitaristhés o profesor de música.

                     

 Fragmento de kylix con joven tocando la lira. Museo de la Stoa de Átalo, Atenas. Fotografía de la autora.

 

A continuación, daba comienzo un periodo intermedio de formación general (llamada enkyklios paideia), que se impartía principalmente en el efebeion (por lo que se llamaba efebía) y de la que eran receptores los adolescentes o efebos entre 16 y 21 años. Recibían una formación gimnástica, donde se instruían en el pancracio, la lucha con armas y la equitación, destinada toda ella a convertirles en jóvenes atléticos y con buena salud. Asimismo, no se descuidaban los aspectos intelectuales ya que con el grammatikós se formaban en retórica, dialéctica, gramática, aritmética, música, geometría o astronomía[14].

 

La última etapa incluida una formación superior y profesional. En ella se distinguía entre estudios menores, donde estaban las enseñanzas profesionales (como la arquitectura o la medicina) y los estudios mayores, compuestos por la retórica y la filosofía y que eran impartidos por el rhetor o sophós[15].

 

En cuanto a la educación física, ya hemos visto que estaba incluida dentro de los programas formativos de los más jóvenes, y también seguía un interesante proceso que dividía por edades los diferentes ejercicios. Según nos cuentan Platón y Aristóteles[16], hasta los cinco años los niños no practican de forma regular ejercicios físicos, bastándoles con sus propios juegos infantiles. De los cinco a los siete años, debían comenzar a acudir a las palestras como espectadores, lo que les permitía adquirir las primeras nociones que los preparaban para el entrenamiento físico regulado que comenzaba poco después. A partir de los siete, era cuando daba comienzo la educación física propiamente dicha, dividida también por etapas. De los siete a los catorce, los ejercicios eran ligeros, de acuerdo a su constitución, peso y fuerza y a partir de los dieciocho (tras un pequeño parón de tres años), se endurecían. Una vez que finalizaban su instrucción, se recomendaba que el adulto prosiguiese con la práctica del ejercicio, ya que se consideraba una parte esencial de la vida del ciudadano[17].

 

Con respecto a la educación de las mujeres, los diversos autores griegos se posicionaban en contra de la formación femenina, considerándola innecesaria en la mayoría de los casos. Sin embargo, Aristóteles[18] considera que la educación de las mujeres es básica para el buen funcionamiento de una comunidad política, pero considera que no requieren de la misma formación que los hombres ya que no estaban destinadas a desempeñar las mismas funciones[19].

 

 

La educación en el periodo helenístico

 

El periodo helenístico, comenzado tras la muerte de Alejandro Magno, el gran conquistador, trajo consigo una serie de interesantes reformas en el mundo de la educación. Sus conquistas militares provocaron una expansión del mundo griego, que llevó a que se adaptase la paideia clásica a la nueva situación política. De esta forma, allí se asentaron griegos, comenzaron a surgir sus estructuras educativas, como los gimnasios o las escuelas[20]. Dentro de estos activos cambios, Atenas se convirtió en una referencia para el mundo helenístico, por lo que muchas ciudades comenzaron a adaptar su modelo educativo, con los cambios aportados por la Sofística, movimiento que veremos más adelante[21].

 

Durante los siglos V y IV a.C., la población griega, pese al desarrollo y los cambios producidos dentro de las instituciones educativas, presentaba niveles muy bajos de alfabetización, ya que la gran mayoría no era capaz de leer o escribir. Sin embargo, a finales del siglo IV a.C., una serie de cambios dentro del mundo griego, permitieron la transformación de la educación, hasta tal punto que se produjo un gran ascenso de los niveles de alfabetización e instrucción de muchos sectores de la población que hasta la fecha no habían tenido acceso a una formación de tipo intelectual[22]. La educación helenística trajo varios cambios con respecto a la clásica. La instrucción física comenzó a perder importancia en favor de los aspectos musicales, artísticos y literarios de la educación[23].

 

Asimismo, la educación dejó de ser privada para convertirse en materia estatal, apareciendo la primera reglamentación oficial que regulaba los diferentes ámbitos de actuación de gramáticos, rhetores y maestros, aunque los diferentes estadios educativos siguieron contando con un marcado carácter flexible[24]. Pese a estos intentos de regulación, lo cierto es que la institución pública que mejor funcionó fue la de la efebía, que, pese a su marcado carácter militar al principio, se transformó en una institución de enseñanza de los más jóvenes, donde se combinaban tanto los ejercicios físicos como los literarios[25]. La efebía se transformó en un poderoso instrumento de helenización, que permitió la expansión de la cultura griega por los nuevos territorios conquistados, de ahí su gran importancia[26].

 

Se mantuvo durante el periodo helenístico la división de la educación en tres estadios diferenciados, aunque la edad de acceso a los mismos podía variar. Existió una etapa elemental, en la que el niño aprendía a leer y a escribir, además de nociones básicas de matemáticas. A continuación, pasaba a la escuela del gramático, donde daba comienzo su instrucción en literatura y, por último, accedían a la formación retórica, que les enseñaba oratoria y elocuencia. Algunos jóvenes comenzaban también los estudios filosóficos, adscribiéndose a alguna escuela ilustre cuya doctrina les interesase. Como en el caso de la época clásica, las mujeres tenían más dificultades a la hora de acceder a la educación. Se considera que aprendían los rudimentos más básicos antes de ser destinadas al matrimonio, aunque en algunos casos pudieron continuar su formación con los estudios superiores.

 

La cultura intelectual cobró una gran importancia dentro del periodo helenístico. Veremos cómo los monumentos funerarios, las inscripciones o las estatuas evocaban la cultura y la educación de sus poseedores, quienes comenzaron a representarse como hombres de letras, haciendo gala precisamente de su formación. De esta forma, la educación se convirtió en un rasgo muy importante para las élites, quienes alardeaban de su instrucción y formación frente a todos aquellos que carecían de ella[27].

 

 

La Sofística

 

Ya hemos visto como el origen de la educación griega se situaba dentro de la familia para ir dando paso, poco a poco, a instituciones de carácter público donde poder formar a los más pequeños. Sin embargo, no fue hasta la aparición de los denominados como sofistas que encontremos el verdadero origen de la educación griega, con una incipiente pedagogía cuyas bases sentaron estos intelectuales[28].

 

De esta forma, se constituyó la sofistica, un movimiento intelectual que trató de extender a la gran parte de la población una areté basada en el conocimiento y la sabiduría, fomentando la enseñanza de las virtudes. Su finalidad principal era la educación de los dirigentes políticos, empleando la oratoria y la elocuencia para ello[29]. Este movimiento provocó la reacción de Sócrates y Platón, quienes dedicaron parte de sus obras a diseñar diferentes planes educativos.

 

Los sofistas se consideraron los primeros profesionales de la enseñanza, ya que impartían sus conocimientos previo pago de unos honorarios acordados. A través de un proyecto sistemático, de carácter predominantemente humanístico ya que daban preeminencia al papel de la palabra dentro de la formación educativa, se dedicaron a promocionar la enseñanza entre los ciudadanos. Pese a ello, fueron muy criticados, ya que muchos intelectuales del momento no entendían la retórica como una herramienta del conocimiento y la cultura, sino como una forma de adulación. Por ejemplo, Platón reprochaba a los sofistas que tratasen la enseñanza como medio para alcanzar sus fines, sin respetar la moral o la ética[30]. Sin embargo, lo cierto es que la sofística provocó cambios de gran alcance dentro del pensamiento de periodo clásico, respondiendo a las exigencias políticas de Atenas al terminar las Guerras Médicas. La educación de los jóvenes, que proporcionaba una base en lectura, escritura y aritmética, además de la gimnasia y la música, comenzó a ser insuficiente. La participación política exigía una mayor preparación intelectual de la ciudadanía, lo que permitió que se abriese paso a nueva educación, basada en la dialéctica, la gramática y la retórica, principal arma de cualquier orador[31].

 

El sofista formaba a sus alumnos en el arte de la retórica, principalmente. Presentaba a sus alumnos diversos modelos de composición sobre temas de composición de carácter poético, moral o político. A partir de estos modelos, el joven estudiaba las artes de la oratoria, practicando con los discursos del sofista o con los suyos propios[32]. Sin embargo, la retórica no era lo único que enseñaban estos maestros. Fueron los primeros en darles valor formativo a las matemáticas como ciencia compleja, por lo que las incluyeron dentro de los ciclos de estudios de los niños. De esta forma, surgió el conocido como Quadrivium, que incluía la aritmética, la geometría, la astronomía y la acústica[33].

 

El aporte de la Sofística trajo un cambio notable a la educación clásica, ya que comenzó a tornarse mucho más intelectual que deportiva, dejando el ejercicio en segundo plano. Igualmente, trajo consigo la aparición de los primeros profesionales de la enseñanza, personas dedicadas a la formación de los niños y jóvenes a cambio de una remuneración.

 

 

La educación espartana

 

Aunque el recorrido que hemos realizado nos ha llevado a conocer la antigua educación griega, aplicada en la mayoría de las polis, no debemos dejar de mencionar el caso concreto de Esparta, debido a su originalidad y diferencias. De hecho, Esparta fue la primera ciudad del mundo griego que planificó el sistema educativo de sus ciudadanos, que debía ser seguido por los niños y los jóvenes de manera obligatoria. En esto, se diferenció del resto de polis griegas, donde la educación era una preocupación de los particulares. Asimismo, Esparta otorgó un lugar preeminente para la educación física dentro de su sistema formativo, siendo otra característica propia[34].

 

Las fuentes para conocer la educación espartana son bastante tardías, datadas en el siglo IV a.C. y se corresponden, sobre todo, con referencias en los textos de Jenofonte y Platón. Todas estas fuentes presentan un claro problema, ya que no sabemos hasta qué punto las informaciones que aportaron son de carácter proespartano (alabando su sistema político y educativo) o antiespartano (criticando precisamente la singularidad de esta polis). Por ello, las fuentes literarias deben ser utilizadas con sumo cuidado y analizando a cada autor de manera individual, para poder discernir de esta manera lo que pudo ser realidad de lo que fue propaganda[35].

 

En época arcaica (que conocemos gracias a las evidencias arqueológicas y a los grandes líricos Tirteo y Alcmán), Esparta fue un gran centro cultural, donde predominaban las artes, sin descuidar la formación bélica de los niños[36]. Sin embargo, entre los siglos VIII y VI a.C., esta polis griega se convirtió en un Estado de carácter guerrero donde comenzó a desarrollarse una educación plenamente militarizada[37].

 

Surgió entonces en Esparta una nueva concepción de la areté, que ya no es la de tipo homérico, sino que ahora se consideró como un bien comunitario que debía ser útil a la ciudad y al pueblo entero[38].

 

Ya hemos mencionado cómo la educación espartana quedó en manos del Estado, por lo que tenía un carácter obligatorio para todos los hijos de los ciudadanos. Hasta los siete años, los niños estaban al cuidado de sus familias, pero al cumplir dicha edad pasaban a la tutela del Estado, dando comienzo su formación ciudadana. De esta etapa educativa no se sabe demasiado, pero los investigadores actuales están de acuerdo en afirmar la existencia de tres grados de formación: 1) el primero comenzaba a los 7 años, extendiéndose hasta los 11 o 12. 2) el segundo, comprendía de los 12 hasta los 15 o 18 años, pasando los niños a la categoría de “muchachos”. 3) y el ultimo convertía a los “muchachos” en “jóvenes”, etapa donde permanecían unos cinco o seis años, hasta que eran admitidos en las filas de los soldados de vanguardia, como paso previo para alcanzar cuando cumplían los 30 años, la ciudadanía de pleno derecho[39].

 

Dentro de la educación espartana, la instrucción física fue sumamente importante. En este ámbito, el historiador Tucídides atribuyó a los espartanos la introducción de dos novedades: la desnudez completa del atleta y el uso del aceite como linimento[40]. Los ejercicios físicos se regulaban de acuerdo con la edad de los niños, aunque desde un primer momento fueron sometidos a una férrea disciplina:

 

"Así pues, a leer y a escribir aprendían porque era necesario, pero todo el resto de la educación tenía como meta obedecer disciplinadamente, resistir las penalidades y vencer en la batalla. Por eso también, conforme su edad aumentaba, se iba intensificando su entrenamiento, rapándolos al cero y acostumbrándolos a caminar descalzos y a jugar desnudos la mayor parte del tiempo. Cuando llegaban a los 12 años seguían viviendo aún sin túnica, llevando un solo manto todo el año, con los cuerpos secos y desconocedores de baños y ungüentos, excepto unos pocos días del año en que disfrutaban de tales placeres. Dormían juntos, divididos en escuadrones y grupos, sobre lechos de paja que ellos mismos preparaban, rompiendo con las manos, sin servirse de cuchillos, las puntas de las cañas que crecen junto al Eurotas”. (Plutarco, Vida de Licurgo, 16.10-13.)

 

El entrenamiento físico procuraba un desarrollo físico completo, tratando de formar al niño convirtiéndole en un hombre fuerte y saludable:

 

No se podrían encontrar fácilmente hombres más saludables y de cuerpos mejor formados que los espartanos, pues ejercitan por igual piernas, brazos y cuello”. (Jenofonte, Constitución de los lacedemonios, 5.9.)

 

Para ello, se hacía hincapié en la carrera, el lanzamiento de piedras y jabalina y la lucha. En este último caso, se practicaba tanto en forma de combate individual reglamentado o bien de manera colectiva y sin reglas. También se practicaban juegos de pelota, para estimular la competitividad y ejercicios relacionados con el mundo militar, como el tiro con arco, la equitación, la caza y el boxeo o pancracio[41].

 

Sin embargo, el deporte no estaba reservado solo a los hombres, sino que también se abría a las mujeres. En este caso, la formación física femenina se consideraba como la más óptima preparación del cuerpo de la mujer para el parto, pudiendo dar a luz a hijos más sanos y fuertes. Ello se debía a que el deporte hacía que la mujer estuviese en mejores condiciones, lo que se extendía a sus hijos[42]:

 

“(Licurgo) considerando que para las mujeres libres lo más importante era la procreación de hijos, en primer lugar, ordenó que el sexo femenino ejercitase su cuerpo no menos que el masculino, y en segundo lugar estableció para las mujeres, como también para los hombres, competiciones de velocidad y fuerza entre ellas, estimando que de unos padres fuertes nacen asimismo hijos más robustos”. (Jenofonte, Constitución de los lacedemonios 1.4.)

 

De esta forma, las jóvenes espartanas practicaban diversos ejercicios, que iban desde la danza hasta la carrera pedestre o la lucha, pasando por el lanzamiento de disco y jabalina y el salto. Algunos investigadores actuales añaden la práctica de la natación y la equitación a la educación física de las mujeres espartanas, completando con esto su instrucción deportiva. Sin embargo, al contrario que en el caso de los varones, no parece que las disciplinas más violentas como el boxeo, hubiesen formado parte de su formación siendo, por tanto, una clara diferencia con respecto a los hombres[43].

 

Igualmente, la cultura espartana no debe ser considerada como solo física, sino que entraban en juego otros aspectos intelectuales. Entre ellos destacaba la música. La danza se vincula con la gimnasia mientras que el canto era el vehículo más idóneo para conocer la poesía. Fue tan importante que, de hecho, en Esparta florecieron las primeras escuelas de música, la de Terpandro (caracterizado por el solo vocal o instrumental) y la de catástasis, dedicada a la lírica coral[44]. El ritmo musical y poético permitía a los jóvenes tener un mejor aprendizaje de los textos que se estudiaban, creando un espíritu autocrítico y competitivo que facilitaba la participación en los eventos sociales donde se requería su presencia[45]. Igualmente, la educación incluía algunas actividades bastante llamativas. Entre ellas, destacaban la krypteía, una especie de caza de esclavos nocturna en la que los jóvenes mostraban su valor[46] o el ritual de la diamastígosis, la flagelación ritual de los muchachos en el altar de Artemis Ortia con el objetivo de mostrar su resistencia al dolor[47].

 

Esparta, que en el siglo VII a.C. era una comunidad mucho más abierta a influencias exteriores, se transformó en época clásica en una potencia militarista que enfocó parte de sus actividades a la formación de soldados fuertes que defendiesen a la polis[48].

 

 

Bibliografía

 

-ALONSO TRONCOSO, V. (2005). “La paideia del príncipe y la ideología helenística de la realeza”. Gerión Anejos, IX, pp. 185-204.

 

-DÍAZ LAVADO, J.M. (2001) “La educación en la Antigua Grecia”. Actas de las III Jornadas de Humanidades Clásicas, Almendralejo, pp. 93-114. 

 

-DUFOUR, M. (2014) “Música, política y educación en la antigua polis griega”. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Jurídicas, pp. 75-90.

 

-ESPINOSA ESPINOSA, D. (2006-2007) “La educación griega y sus fuentes: aproximación a las épocas clásicas y helenísticas en Atenas”. Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, Historia Antigua, t. 19-20, pp. 117-134.

 

-GARCÍA ROMERO, F. (2015) “Deporte y Educación en la Grecia Clásica”. Materiales para la Historia del Deporte, Suplemento especial número 2, pp. 17-36.

 

-MARROU, H.I. (1985) “Historia de la Educación en la Antigüedad”. Editorial Akal.

 

-RODRÍGUEZ ALCÓCER, M.M. (2014) “Alcmán y la educación femenina espartana: coros y deporte”. Revista Antesteria, número 3, pp. 37-54.

 

-VERGARA CIORDIA, J. (2013) “Familia y educación familiar en la Grecia antigua”. Estudios sobre Educación, vol. 25, pp. 13-30.

 

 

[1] DUFOUR, M. (2014) “Música, política y educación en la antigua polis griega”. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Jurídicas, p. 77.

 

[2] DUFOUR, M. (2014) “Música, política y educación en la antigua polis griega”. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Jurídicas, p. 79.

 

[3] ESPINOSA ESPINOSA, D. (2006-2007) “La educación griega y sus fuentes: aproximación a las épocas clásicas y helenísticas en Atenas”. Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, Historia Antigua, t. 19-20, p. 121.

 

[4] MARROU, H.I. (1985) “Historia de la Educación en la Antigüedad”. Editorial Akal, p. 25.

 

[5] MARROU, H.I. (1985) “Historia de la Educación en la Antigüedad”. Editorial Akal, p. 26.

 

[6] DUFOUR, M. (2014) “Música, política y educación en la antigua polis griega”. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Jurídicas, p. 80.

 

[7] Aristóteles, Política 7- 8, 1337a4ss.

 

[8] GARCÍA ROMERO, F. (2015) “Deporte y Educación en la Grecia Clásica”. Materiales para la Historia del Deporte, Suplemento especial número 2, p. 29.

 

[9] Esquilo, Los Siete contra Tebas, 18.

 

[10] VERGARA CIORDIA, J. (2013) “Familia y educación familiar en la Grecia antigua”. Estudios sobre Educación, vol. 25, p. 25.

 

[11] VERGARA CIORDIA, J. (2013) “Familia y educación familiar en la Grecia antigua”. Estudios sobre Educación, vol. 25, p. 25-26.

 

[12] Aristóteles, Política, 1336a.

 

[13] VERGARA CIORDIA, J. (2013) “Familia y educación familiar en la Grecia antigua”. Estudios sobre Educación, vol. 25, p. 26.

 

[14] MARROU, H.I. (1985) “Historia de la Educación en la Antigüedad”. Editorial Akal, p. 59.

 

[15] VERGARA CIORDIA, J. (2013) “Familia y educación familiar en la Grecia antigua”. Estudios sobre Educación, vol. 25, p. 27-28.

 

[16] Aristóteles, Política 7.12.4-5, 1331a31 y ss.

 

[17] GARCÍA ROMERO, F. (2015) “Deporte y Educación en la Grecia Clásica”. Materiales para la Historia del Deporte, Suplemento especial número 2, p. 22.

 

[18] Aristóteles, Política 1, 1260a21 y ss.

 

[19] GARCÍA ROMERO, F. (2015) “Deporte y Educación en la Grecia Clásica”. Materiales para la Historia del Deporte, Suplemento especial número 2, p. 24.

 

[20] DÍAZ LAVADO, J.M. (2001) “La educación en la Antigua Grecia”. Actas de las III Jornadas de Humanidades Clásicas, Almendralejo, p. 93.

 

[21] ALONSO TRONCOSO, V. (2005). “La paideia del príncipe y la ideología helenística de la realeza”. Gerión Anejos, IX, p. 186.

 

[22] ESPINOSA ESPINOSA, D. (2006-2007) “La educación griega y sus fuentes: aproximación a las épocas clásicas y helenísticas en Atenas”. Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, Historia Antigua, t. 19-20, p. 121-122.

 

[23] DÍAZ LAVADO, J.M. (2001) “La educación en la Antigua Grecia”. Actas de las III Jornadas de Humanidades Clásicas, Almendralejo, p. 94.

 

[24] DÍAZ LAVADO, J.M. (2001) “La educación en la Antigua Grecia”. Actas de las III Jornadas de Humanidades Clásicas, Almendralejo, p. 96.

 

[25] DÍAZ LAVADO, J.M. (2001) “La educación en la Antigua Grecia”. Actas de las III Jornadas de Humanidades Clásicas, Almendralejo, p. 96.

 

[26] MARROU, H.I. (1985) “Historia de la Educación en la Antigüedad”. Editorial Akal, p. 148.

 

[27] MARROU, H.I. (1985) “Historia de la Educación en la Antigüedad”. Editorial Akal, p. 136.

 

[28] ESPINOSA ESPINOSA, D. (2006-2007) “La educación griega y sus fuentes: aproximación a las épocas clásicas y helenísticas en Atenas”. Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, Historia Antigua, t. 19-20, p. 123.

 

[29] ESPINOSA ESPINOSA, D. (2006-2007) “La educación griega y sus fuentes: aproximación a las épocas clásicas y helenísticas en Atenas”. Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, Historia Antigua, t. 19-20, p. 124.

 

[30] ESPINOSA ESPINOSA, D. “La educación griega y sus fuentes: aproximación a las épocas clásicas y helenísticas en Atenas”. Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, Historia Antigua, t. 19-20, p. 124.

 

[31] ESPINOSA ESPINOSA, D. “La educación griega y sus fuentes: aproximación a las épocas clásicas y helenísticas en Atenas”. Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, Historia Antigua, t. 19-20, p. 125.

 

[32] MARROU, H.I. (1985) “Historia de la Educación en la Antigüedad”. Editorial Akal, p. 79.

 

[33] MARROU, H.I. (1985) “Historia de la Educación en la Antigüedad”. Editorial Akal, p. 81.

 

[34] GARCÍA ROMERO, F. (2015) “Deporte y Educación en la Grecia Clásica”. Materiales para la Historia del Deporte, Suplemento especial número 2, p. 24.

 

[35] GARCÍA ROMERO, F. (2015) “Deporte y Educación en la Grecia Clásica”. Materiales para la Historia del Deporte, Suplemento especial número 2, p. 25.

 

[36] MARROU, H.I. (1985) “Historia de la Educación en la Antigüedad”. Editorial Akal, p. 33.

 

[37] MARROU, H.I. (1985) “Historia de la Educación en la Antigüedad”. Editorial Akal, p. 34.

 

[38] MARROU, H.I. (1985) “Historia de la Educación en la Antigüedad”. Editorial Akal, p. 35.

 

[39] GARCÍA ROMERO, F. (2015) “Deporte y Educación en la Grecia Clásica”. Materiales para la Historia del Deporte, Suplemento especial número 2, p. 25.

 

[40] MARROU, H.I. (1985) “Historia de la Educación en la Antigüedad”. Editorial Akal, p. 35.

 

[41] GARCÍA ROMERO, F. (2015) “Deporte y Educación en la Grecia Clásica”. Materiales para la Historia del Deporte, Suplemento especial número 2, p. 26.

 

[42] RODRÍGUEZ ALCÓCER, M.M. (2014) “Alcmán y la educación femenina espartana: coros y deporte”. Revista Antesteria, número 3, p. 42.

 

[43] GARCÍA ROMERO, F. (2015) “Deporte y Educación en la Grecia Clásica”. Materiales para la Historia del Deporte, Suplemento especial número 2, p. 29.

 

[44] MARROU, H.I. (1985) “Historia de la Educación en la Antigüedad”. Editorial Akal, p. 36.

 

[45] RODRÍGUEZ ALCÓCER, M.M. (2014) “Alcmán y la educación femenina espartana: coros y deporte”. Revista Antesteria, número 3, p. 38.

 

[46] Platón, Leyes 633b.

 

[47] Plutarco, Vida de Licurgo 18.2

 

[48] RODRÍGUEZ ALCÓCER, M.M. (2014) “Alcmán y la educación femenina espartana: coros y deporte”. Revista Antesteria, número 3, p. 38.

Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Please reload

Buscador

Entrevistas

Qué opinan las voces más destacadas sobre los asuntos más candentes.s

Series

Diversos temas tratados con mayor profundidad y extensión en formato de series de artículos monotemáticos

colabora.jpg

Si quieres quieres criticar o complementar este texto, si no compartes su perspectiva, no lo dudes, haznos tu propuesta a la redacción.

¿En desacuerdo con este artículo?

Please reload

Revista Libertalia

Filosofía y Humanidades

  • Twitter - Revista Libertalia
  • Facebook - Revista Libertalia
  • LinkedIn - Revista Libertalia
  • SoundCloud - Revista Libertalia

Revista Libertalia es un proyecto sin ánimo de lucro ni línea editorial centrado en la filosofía y las humanidades.

 

Nuestro objetivo es promover la reflexión seria y profunda entre gente joven de dentro y fuera de la academia, tratando los diversos temas de forma compleja, pero con un lenguaje claro y directo.

 

Si estás interesado en colaborar con nosotros no lo dudes, enviándonos tus textos; nuestro equipo estará a tu disposición para acompañarte en el proceso de edición y publicación;  o bien ayudándonos a financiarnos a través de Patreon. 

Recibe la Newsletter