¿Qué hace falta para convertirse en un Estado? Análisis del principado de Sealand, una boutade de micronación

01/11/2019

 Plataforma de Sealand Fuente: Wikipedia

 

Todos los países del mundo están situados en un pedazo de tierra. Grande (como Rusia) o pequeño (como la Ciudad del Vaticano), rodeado de tierra (como Suiza) o de agua (como Kiribati). Todos los Estados considerados como tales proclaman su soberanía sobre una extensión determinada de la superficie terrestre. Este pedazo puede estar parcial o completamente disputado por otros Estados (como el Triángulo de Hala’ib, disputado entre Egipto y Sudán, o toda la isla de Taiwán, disputada por la República Popular de la China). Incluso hay Estados no reconocidos como tales por la comunidad internacional que tienen control de facto sobre un pedazo de territorio (como Transnistria o la República Turca del Norte de Chipre). 

 

El autodenominado Principado de Sealand, pero, dice ser un Estado afincado en una plataforma artificial en aguas del Canal de la Mancha. ¿Qué hay de veraz -o verosímil – en ello?[1]

 

 

Fuerte antiaéreo de la Segunda Guerra Mundial

 

Después de la completa ocupación de Francia por la Alemania nazi en 1940 y de la milagrosa evacuación de Dunquerque de buena parte del Cuerpo Expedicionario Británico, lo único que evitaba que la Gran Bretaña también fuera ocupada era su condición de isla, por un lado, y su casi completo dominio de los mares gracias a la formidable Royal Navy. Lo que el mar no podía paliar era la supremacía aérea que Alemania tenía al principio de la Segunda Guerra Mundial. La Luftwaffe (el ejército del aire alemán) inició una serie de incursiones sobre ciudades británicas para bombardearlas, lo que se denominó “the Blitz”. Las cosas cambiarían para el Reino Unido después de la invasión alemana de la URSS y la entrada de los Estados Unidos en la guerra, pero durante casi dos años los británicos vivieron atemorizados y pendientes de las sirenas antiaéreas[2].

 

Los objetivos de los bombarderos alemanes y sus escoltas durante el Blitz eran fundamentalmente el área metropolitana de Londres y los núcleos industriales del interior de Inglaterra. Sin embargo, como puede imaginarse, los sistemas de navegación aérea de principios de los años 40 distaban mucho de los actuales, y se basaban en gran parte en la capacidad de los pilotos de reconocer visualmente rasgos del relieve, la costa y la geografía urbana. En el caso de los pilotos alemanes, la técnica consistía en llegar hasta el estuario del Támesis y luego ir hacia la desembocadura, y de ahí río arriba hasta Londres. Los británicos combatieron el Blitz encarnizadamente, con el desarrollo de cazas superiores, mejores tácticas y la instalación de radares de detección aérea.

 

Fue ante esta situación que las fuerzas armadas británicas decidieron construir e instalar una serie de 7 fortificaciones denominadas “Fuertes Manusell” (por su inventor, Guy Manusell) en el estuario del Támesis que estaban equipadas con radares y cañones antiaéreos. Una de ellas, el HM Fort Roughs, construida el 11 de febrero de 1942, es la protagonista de nuestra historia.

 

El fuerte, un gigante de hormigón de 4500 toneladas, 51 metros de eslora por 27 de manga y 18 de altura, está situado a 11 kilómetros de la costa de Suffolk, y estaba armado con un radar y dos cañones antiaéreos de 3.7 pulgadas y dos más de 40 milímetros.

 

 

Las radios piratas de los 60

 

A mediados de los años 60, una serie de jóvenes emprendedores empezaron a fundar emisoras de radio que emitían desde barcos situados a unos kilómetros de la costa británica. En ese momento la BBC tenía el monopolio de la radiodifusión en el Reino Unido, y tanto la BBC como las emisoras extranjeras que podían escucharse en el país sólo emitían la música producida por las grandes discográficas. Para burlar tal monopolio, emisoras como Radio Caroline se establecieron como emisoras piratas emitiendo música independiente. En 1965, algunos de estos piratas empezaron a establecerse en algunos de los Fuertes Manusell; después de la guerra, durante los años 50, los fuertes habían sido abandonados por el Ejército y la Marina británicas, y constituían un sitio perfecto donde instalar una radio pirata.

 

En 1966, el Mayor Paddy Roy Bates, veterano Montecassino y de la campaña norteafricana con el ejército británico y dueño de una empresa pesquera, ocupó Fort Roughs con la intención de continuar la emisión. Desafortunadamente para él, justo entonces el gobierno británico liberalizó la radio en el Reino Unido, perdiendo sentido el operar una radio pirata fuera del alcance de las autoridades. Fue entonces, el 2 de septiembre de 1967, que Bates decidió proclamar la independencia del Principado de Sealand como una monarquía absoluta, con su propia bandera, himno y moneda, para de alguna forma rentabilizar la ocupación que él y su familia habían hecho de la plataforma.

 

 

Sealand, ¿independiente?

 

En 1968, Bates y su hijo decidieron abrir fuego contra buques de la guardia costera británica que navegaban cerca de la plataforma, en respuesta a la supuesta violación de la soberanía de Sealand que dichos buques cometieron al invadir sus aguas territoriales. Fueron arrestados por ello y acusados de posesión ilegal de armas y de poner en riesgo la vida de otras personas.

 

Sin embargo, el juez que presidió sobre el caso[3], a pesar de reconocer la sólida base fáctica de la fiscalía, inadmitió el caso al considerar que, al haber los hechos sucedido fuera de territorio británico, los tribunales británicos eran incompetentes para conocer del caso. Ésta es, según la familia Bates, la prueba definitiva de que el propio Reino Unido considera de facto que Sealand es un Estado independiente.

 

Pero vamos a examinar lo ocurrido, a la luz del derecho aplicable. ¿Por qué no fueron condenados? ¿Es Sealand un Estado?

 

Para empezar, tenemos que distinguir entre dos conjuntos de normas, el derecho británico y el derecho internacional, que obedecen a lógicas distintas[4]. Esta distinción es relevante porque, aunque pudiera pensarse que la ley es una, en esta materia tenemos que atender a ambos ordenamientos jurídicos para responder a las dos preguntas anteriores.

 

Vayamos paso por paso y afirmación por afirmación:

 

-El derecho británico es el conjunto de normas y principios jurídicos que rigen en el Estado del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Este derecho tiene origen en la existencia misma del Estado, organización soberana que goza del monopolio del uso legal de la violencia.

 

-El derecho internacional es la Law of Nations, es decir, el ordenamiento jurídico que rige en las relaciones entre diferentes Estados. Este derecho tiene origen en la realización de acuerdos (tratados) por parte de los Estados y en las costumbres de los Estados en general.

 

-Los Estados pueden crear normas y ejercer jurisdicción[5] (si bien con algunos límites[6]) sobre su territorio.

 

-El alcance del territorio británico está determinado por el derecho internacional; que a su vez hace referencia a la regulación que el derecho británico haga dentro del espectro de posibilidades que el derecho internacional le ofrece[7].

 

-El alcance del territorio británico, a pesar de estar determinado por lo establecido en el punto anterior, está también recogido por el derecho británico. Algunos Estados regulan expresamente la delimitación de su territorio en su legislación interna, pero otros, en su legislación interna, se remiten a lo establecido por el derecho internacional, sin por ello dejar de regularlo internamente.

 

El juez británico, ejerciendo los poderes y prerrogativas otorgados por el Estado británico consistentes en hacer cumplir el derecho británico fue, evidentemente, a buscar qué normas debía aplicar y cuál era su alcance. El juez encontró tres normas que le decían tres cosas distintas

 

-Primero, que disparar contra otras personas en general es delictivo.

 

-Segundo, que su rol se limitaba a hacer cumplir la norma anterior dentro del territorio británico[8].

 

-Tercero, que el territorio británico comprendía una serie de kilómetros cuadrados de tierra repartidos por los cinco continentes, su subsuelo, su espacio aéreo y sus aguas territoriales.

 

Para dilucidar si los hechos habían sucedido en territorio británico, el juez fue a buscar la definición según el derecho británico de lo que es el mar territorial británico. En 1968, el mar territorial británico estaba definido como aquella extensión marina situada hasta 6 millas náuticas de la línea de base[9]. La línea de base es aquella línea imaginaria que recurre la costa de un Estado (sin seguir exactamente la costa en todos los puntos[10]) a partir de la cual se calcula el mar territorial. En aplicación de esto, como Sealand se encuentra a 7 millas de la línea de base, el juez determinó que era incompetente para juzgar.

 

Pero ¿significa esto que Sealand es un Estado? En absoluto. El juez determinó que esa plataforma no era territorio británico, no que fuera territorio de otro Estado. De hecho, aunque el juez hubiera determinado que Sealand era territorio de otro Estado, no tendría competencia para hacerlo, pues la determinación de si era otro Estado es materia regulada por el derecho internacional. Pero si Sealand no era territorio británico, entonces, ¿qué es? Podría ser territorio de otro Estado, Alta Mar, o podría ser terra nullius, tierra de nadie. ¿cómo saberlo? Hay que acudir al derecho internacional.

 

El derecho internacional, o al menos la doctrina dominante, nos dice que para que un Estado sea tal tiene que cumplir 4 requisitos[11][12]:

 

-Tener un territorio definido

 

-Tener una población permanente

 

-Tener un gobierno u organización política

 

-Tener capacidad de tener relaciones con otros Estados

 

Si bien se podría discutir el hecho de que una sola familia constituya población suficiente para hablar de un Estado; se podría discutir también si una bandera, himno, moneda y una supuesta monarquía absoluta es organización política suficiente; y se podría discutir que Roy Bates tuviera capacidad para tener relaciones con otros Estados de tú a tú, lo que no se puede discutir es que una plataforma artificial no es ni puede ser considerada territorio.

 

Tanto la doctrina dominante en el derecho internacional como el derecho del mar, codificado, entre otros, en la Convención de Montego Bay[13], consideran que la soberanía de un Estado se predica sobre la superficie de la tierra[14], y que las demás partes del territorio se proyectan desde la tierra: el mar territorial es la superficie proyectada, a grandes rasgos, desde la tierra; el aire es la columna proyectada desde la superficie terrestre y el mar territorial; y el subsuelo es el espacio debajo de la superficie de tierra. Pero ¿qué es exactamente “la superficie de la tierra”? pues esa porción no artificial de la superficie terrestre que está descubierta durante la pleamar[15].

 

De todas formas, aunque concluyéramos que Sealand es “superficie terrestre”, o que la superficie terrestre no es un requisito para considerar que existe territorio, el artículo 60.8 de la Convención de Montego Bay[16] explícitamente lo descarta:

 

“Artificial islands, installations and structures do not possess the status of islands. They have no territorial sea of their own, and their presence does not affect the delimitation of the territorial sea, the exclusive economic zone or the continental shelf”

 

A pesar de que parece claro que Sealand no es ni puede ser un Estado a la luz del derecho internacional, la historia de un alocado emprendedor que durante el apogeo del movimiento hippie se instaló en una plataforma militar en medio del mar para proclamarse monarca absoluto y se lio a tiros con la guardia costera (y también con dueños de radios piratas rivales) es fantástica, para pasar un rato divertido, y como excusa para hablar del derecho internacional – si es que al lector le hacen falta excusas para tal empresa.

 

 

[1]  Un fantástico estudio sobre la cuestión (aunque defienda lo contrario que yo - que Sealand efectivamente puede ser un Estado) es el de Andrew H.E. Lyon “The Principality of Sealand and its case for sovereign recognition”, disponible aquí: http://law.emory.edu/eilr/content/volume-29/issue-3/comments/sealand-case-for-sovereign-recognition.html

 

[2] De hecho, en los siguientes tres años (1943-1945) también vivieron atemorizados y pendientes de las sirenas antiaéreas, pues los bombarderos tripulados fueron sustituidos por los primeros cohetes de crucero del mundo: las bombas volantes V1 y V2

 

[3] Regina v. Paddy Roy Bates, Shire Hall, Chelmsford (Oct. 25, 1968)

 

[4] A efectos de esta explicación se parte de una teoría dualista del derecho internacional

 

[5] En el marco jurídico-teórico internacional emergente tras la Paz de Westfalia, estos Estados tienen asegurada su igualdad soberana e independencia de otros Estados, que incluye la capacidad de configurar el ordenamiento jurídico que aplica al territorio del que son soberanos.

 

[6] Los del Derecho Internacional: Tratados Internacionales suscritos por dicho Estado, costumbre internacional y principios generales del Derecho Internacional

 

[7] Por ejemplo, la Convención de Montego Bay da a los Estados el derecho de establecer que su mar territorial puede llegar hasta las 12 millas náuticas (pero pueden establecer que llegue hasta un número menor)

 

[8] Si bien es cierto que a menudo los Estados ejercen la competencia ratione personae y a veces incluso la competencia universal, en este caso la aplicación de esta ley aparentemente estaba limitada a una aplicación estrictamente territorial.

 

[9] Esto cambió a 12 millas tras la adopción de Montego Bay en 1982

 

[10] Una línea de base normal sigue la costa durante la marea baja, mientras que una línea de base recta es una línea recta que une dos puntos pronunciados del relieve costero

 

[11] Tal y como aparecen en la Convención de Montevideo de 1933

 

[12] Según la teoría constitutiva del reconocimiento internacional, el reconocimiento es otro de los elementos esenciales de la estatalidad; sin embargo, parece que la teoría declarativa es, de momento, la predominante.

 

[13] Convención de Naciones Unidas sobre Derecho del Mar, artículo 2

 

[14] Además de sobre las aguas internas y las aguas archipelágicas

 

[15] Una elevación que solo aparece durante la bajamar no es considerada superficie terrestre sino “elevación de bajamar” según el artículo 13 de la Convención de Montego Bay, dándole una regulación distinta.

 

[16] Cabe apuntar que la Convención de Montego Bay está ratificada por más de 160 Estados y constituye, según muchos expertos, la cristalización de la costumbre internacional sobre el derecho del mar. Como tal, su cumplimiento no depende de la ratificación de los Estados, sino que es Derecho Internacional General.

 

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