¿Cual es la mecha del populismo?

30/10/2019

Darren Halstead @darren1303

 

 

 

Desde mediados de 2015 llevamos observando a lo largo y ancho del globo una oleada de partidos y personalidades de carácter populista que han ido ganando poder y relevancia en diferentes países. Algunos nombres como Donald Trump, Marine Le Pen, Beppe Grillo o Pablo Iglesias resultarán familiares a la gran mayoría de lectores. Asimismo, la asociación de dichos personajes al movimiento populista es clara y directa. Sus formas, su retórica, la programática… todo ello concuerda perfectamente en cada uno de los casos con aquello que conocemos como populismo. Pero no se confundan, en este artículo no trato de explicar qué es el populismo debido a que ya existe multitud de literatura académica al respecto. Sin embargo, y a los efectos de este texto, por populismo entenderé cualquier tendencia política que trate de simplificar hasta el extremo el mensaje político y siga una línea programática de medidas simples, procurando atraer a las clases populares. Por otro, lado hay un factor que ha sido mucho menos estudiado en profundidad y cuyo estudio ha resultado mucho más confuso y controvertido: sus causas, es decir, la mecha del populismo.

 

Si recurrimos a las investigaciones al respecto, observaremos que hay tres explicaciones principales. En primer lugar, encontramos a aquellos que argumentan que el aumento de la desigualdad económica a lo largo de los últimos años (generalmente desde el advenimiento de la crisis económica en 2007-2008) ha provocado un surgimiento del voto de castigo hacia los partidos tradicionales, generando así una fuerte base de votantes para los partidos populistas, e incluso llevando a algunos de estos políticos al poder, sobre todo en sistemas presidencialistas (sería el caso, por ejemplo, de EE. UU). En segundo lugar, nos encontramos con el argumento cultural (asociado generalmente al populismo de extrema derecha) que tratar de explicar cómo los flujos migratorios y el multiculturalismo, unidos a una progresiva pérdida de los valores típicamente europeos (asociados al conservadurismo clásico), han llevado a un resurgir del nacionalismo político y el proteccionismo económico, culminando en el triunfo de varios partidos políticos asociados al movimiento alt-right. Finalmente, una tercera causa, menos estudiada, pero que en, mi opinión, es la principal: la movilidad social y económica de la sociedad, es decir, la capacidad de movimiento de los individuos entre las diferentes clases sociales a lo largo de una generación, un sinónimo de la capacidad y posibilidades de progreso socioeconómico de una persona (algo que no debe confundirse con el análisis acerca de la desigualdad).

 

Existen estudios empíricos de gran calidad que posicionan cada uno de los tres factores como causa central y conductora del auge del movimiento populista, pero es precisamente en las contradicciones entre ellos de donde podemos extraer nuestra conclusión. Y es que aun cuando el populismo de extrema izquierda suela asociarse más a la desigualdad económica, y el de extrema derecha a factores identitarios o culturales, la movilidad social está presente como causa en ambos extremos del espectro, siendo así la causa omnipresente en el surgimiento de los populismos.

 

En primer lugar, echemos un vistazo al efecto de la desigualdad económica en el resurgimiento del populismo. En los últimos años, la desigualdad de resultados ha sido uno de los principales factores a los que han apelado tanto politólogos como analistas económicos para tratar de explicar el auge del populismo de carácter izquierdista (alguna vez también de la derecha intervencionista). David Autor, David Dorn, Gordon Hanson y Kaveh Majlesi en su artículo para el MIT[1] sobre el auge de Trump concluyen que aquellos estados americanos más expuestos y perjudicados por la competencia con el mercado chino –i.e la globalización comercial de finales del s.XX- han sido a la vez los estados que han experimentado un mayor incremento de la desigualdad, y con ello, un surgimiento del voto para Trump. Las áreas industriales que experimentaron un mayor trasvase votos de Demócratas hacia Republicanos fueron precisamente aquellas donde se habían cerrado un mayor número de fábricas, y consecuentemente, destruido un mayor número de empleos directos (con efecto sobre el aumento de la desigualdad a nivel nacional) a causa de la competencia China.

 

Dichos economistas estiman que el impacto total de la competencia asiática (principalmente China) desde 1990 había resultado en la pérdida de cerca de 1,98 millones de puestos de trabajo, que en muchas ocasiones pertenecían a personas rondando los 50 o 60 años, para las cuales, la renovación y reinvención laboral resultaba ser misión imposible. Asimismo 1 millón de esos empleos se perdieron en el sector de las manufacturas. A su vez, esto coincide con un incremento de la desigualdad entre familias en los EEUU entre 1990 y 2015 desde un GINI de 0,4 en 1990 hasta un índice de GINI de 0,45 en el año 2015, lo que representa un incremento de la desigualdad de más del 10%. Es más, si analizamos únicamente aquellos estados de carácter más industrial, como Oregón, Indiana y Luisiana, el índice de GINI puede llegar a rozar el 0,5 hoy en día[2].

 

 

Por otro lado, dicho estudio no termina de convencerme firmemente, ya que, aunque pueda existir una relación entre desigualdad y populismo, no podemos inferir de manera directa que la integración comercial ceteris paribus ha sido la causante de todo ese aumento en la desigualdad[3]. Son dos las razones que aduciría en este sentido. No podemos  olvidar el tremendo beneficio socioeconómico que ha generado la integración comercial a lo largo de la Historia, aunque se ha de tener en cuenta que la percepción al respecto de las clases medias norteamericanas no ha sido siempre esta, sino que se ha posicionado generalmente en contra del proceso globalizador por la incertidumbre del mismo. En segundo lugar, tampoco podemos atribuir toda la pérdida de empleo en el sector manufacturero norteamericano a la globalización, ya que la tecnología y la robotización han tenido su parte sobre el incremento de eficiencia de la industria americana y la menor dependencia de esta sobre el capital humano, tal y como señala Daron Acemoglu y Pascual Restrepo[4].

 

En segundo lugar, debemos analizar el ampliamente mencionado argumento cultural. Apuntar que no existen grandes análisis empíricos al respecto, y los únicos que existen miden únicamente el voto hacia partidos de extrema derecha en relación con el porcentaje de población inmigrante del país. En mi opinión dichos estudios no son demasiado convincentes, ya que muchas veces son las propias segundas generaciones de inmigrantes las que, para tratar de proteger sus puestos de trabajo, tratan de promover dichos movimientos proteccionistas y nacionalistas para evitar nuevos influjos migratorios, tal y como critica el politólogo Pablo Simón en su libro El Príncipe Moderno[5]. Por lo tanto, tal y como concluye Pablo Simón, el argumentario cultural e identitario, aunque haya podido calar profundamente en el votante de partidos de extrema derecha como Frente Nacional o Lega Norte a base de mentiras y manipulaciones dialécticas, se trata de un argumentario con base empírica débil, ya que la tasa de delincuencia nacional suele superior a la de los extranjeros, y en la mayoría de países europeos, la población inmigrante no supera la franja del 12-13%. Es decir, es una absoluta mentira y tergiversación estadística decir que los inmigrantes son más propensos a cometer crímenes que los nacionales[6]. Por ejemplo, para Francia, los profesores Yu Aoki y Yasuyuki Todo, analizan que, por cada 1.000 inmigrantes, la tasa de criminalidad suele ser menor o similar que para una población de 1.000 nacionales, una vez controlada la variable de estatus socioeconómico[7]. Una mentira guiada por la xenofobia, que muchos partidos del extremo derecho del espectro político profesan.

 

Por último, cabe resaltar aquel factor al cual atribuyo una mayor culpabilidad –la movilidad social- sobre todo en las sociedades occidentales. Pues bien, este factor es uno de los más respaldados por la evidencia empírica y la investigación académica. Un reciente artículo de Eric Protzer, de Harvard University, trata de señalar, a través de un completísimo análisis empírico, cual es el efecto real de la movilidad social sobre el resurgimiento del populismo[8]. Dicho estudio concluye que, el apoyo a Donald Trump en las elecciones presidenciales de 2016 se concentró sobre todo en áreas de baja movilidad social, en relación con el resto de EEUU, mientras la presencia de inmigrantes u otro tipo de desigualdades tenían un efecto neutro. Por otro lado, el mismo método se emplea para analizar el voto a Romney en 2012, concluyendo que el efecto de la movilidad social en el voto al partido Republicano en 2012 era un 50% menor, indicando que particularmente Trump, y no tanto el partido Republicano, obtuvieron rédito de la programática y discursiva populista del magnate americano en la campaña de 2016 [9].

 

Para el caso de Francia se repite el mismo análisis, concluyendo que en los 41 “departamentos” más grandes el voto a Le Pen estuvo promovido sobre todo por un descenso de la movilidad social y la igualdad de oportunidades entre las diferentes capas de la población.

 

En conclusión, se puede observar cómo ni la desigualdad económica ni la inmigración son la principal fuente de la que bebe el populismo, sino la movilidad social y la desigualdad de oportunidades. Por ello, la igualdad de oportunidades y una alta movilidad social son objetivos deseables de lograr a través de políticas públicas y la cooperación de la sociedad civil, si es que queremos alejar al populismo de nuestro arco parlamentario.

 

 

 

[1] Autor, D., Dorn, D., Hanson, G. and Majlesi, K. (2016),- “Importing Political Polarization? The Electoral Consequences of Rising Trade Exposure”, MIT Working Papers.

 

[2] Gap between rich and poor, by state in the U.S.- https://www.statista.com/statistics/227249/greatest-gap-between-rich-and-poor-by-us-state/

 

[3] Piketty, T. (2018)- “Brahmin Left vs Merchant Right:Rising Inequality & the ChangingStructure of Political Conflict (Evidence from France, Britain and the US, 1948-2017)”

 

[4] Acemoglu, D., Restrepo, P. (2018)- “Robots and Jobs: Evidence from US Labor Markets”, NBER Papers

 

[5]Simón, P. (2018)- “El Príncipe Moderno”, Editorial Debate.

 

[6] Jackson P.I. (2010) Race, Crime and Criminal Justice in France. In: Kalunta-Crumpton A. (eds) Race, Crime and Criminal Justice. Palgrave Macmillan, London

 

[7] Todo, Yasuyuki & Aoki, Yu. (2009). Are immigrants more likely to commit crimes? Evidence from France. Applied Economics Letters. 16.

 

[8] Protzer, E.S.M., 2019. Social Mobility Explains Populism, Not Inequality or Culture.

 

[9] Ibíd.

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