Contra el especismo: Charla con Óscar Horta

Gary Bendig @kris_ricepees


Hoy charlamos con Óscar Horta, profesor de filosofía en la Universidad de Santiago de Compostela, para hablar de ética animal. ¿Qué seres merecen nuestra consideración moral? ¿Por qué no podríamos valorar más a los miembros de nuestra especie que a los de otras?

 

-Qué sostiene exactamente la filosofía animalista. ¿Pretende la equiparación de nuestro vecino con, por ejemplo, un ratón?

 

En primer lugar hay que aclarar que el sentido del término “animalista” es muy amplio y vago. Se llama “animalista” a todo aquello relacionado con la defensa de los animales. El animalismo es pues compatible con posiciones muy diferentes. Por lo tanto, no se puede identificar una “filosofía animalista” concreta, más allá del apoyo a la consideración moral de los animales y el rechazo de al menos algunas de las formas en que se les trata actualmente.

 

Por otra parte, hablar de equiparar individuos es confuso, igual que lo es hablar de diferenciar entre ellos. Y es algo que favorece además que se presenten como legítimas y razonables posiciones que, cuando nos paramos a analizarlas en detalle, podemos concluir que no lo son. 

 

El motivo es que los conflictos de intereses en los que supuestamente habría que hacer tales equiparaciones o diferenciaciones no van realmente sobre los individuos como tales, sino sobre sus interesesLos individuos tienen intereses muy dispares. Esos intereses pueden variar en el peso que tienen para quienes los poseen. El peso de mi interés en no sufrir un arañazo es menor que el de mi interés en no ser torturado, y también es menor que el de un ratón en morir de hambre.

 

Podríamos pensar que cuando hay una imposibilidad de satisfacer dos intereses, la decisión de cuál priorizar debería realizarse en función de quién es cada cuál. Esa es la posición que asume la pregunta, al comparar individuos, no intereses. Pero tal posición puede ser cuestionada si sostenemos que a la hora de tener en cuenta los intereses de alguien lo que cuenta es el peso que tienen tales intereses. A fin de cuentas, lo que está aquí en juego es si esos intereses se frustran o no. Por ello, puede defenderse que en tal ponderación no deberían contar otros factores independientes de él, como puede ser la identidad de quienes poseen esos intereses o la especie a quienes pertenecen.

 

Así, una posible respuesta que parece razonable, sería que, si estamos ante la elección de salvar a un ratón de un cierto dolor o salvar a tu vecino de un dolor mucho menor, deberíamos, por tanto, priorizar evitar el dolor mayor. El cual, en este caso, es el del ratón. Pero si el dolor mayor fuese el de tu vecino, habría que priorizar librarle a él de tal dolor. ¿Qué ocurre si, en cambio, tomamos la decisión en base a otros criterios que no determinan el peso de los intereses en cuestión (por ejemplo, a qué especie pertenece cada cual)? Pues simplemente eso: que tomamos la decisión en base a otros criterios que no son determinantes aquí. Podemos optar por actuar de tal manera por conveniencia o por prejuicio, pero lo que estamos haciendo es guiarnos por criterios no relevantes para los factores verdaderamente implicados.

 

Recapitulando, lo relevante aquí son dos cosas: De manera específica, que la especie no es en sí misma algo que tenga importancia. Defender lo contrario es incurrir en lo que se conoce como especismo, la discriminación de quienes no pertenecen a una cierta especieY, de manera general, que la forma de decidir qué intereses priorizar en casos de conflicto no debe ser solucionada comparando individuos, sino contrastando el peso de los intereses (en no sufrir, en vivir, etc.) en juego. Lo contrario lleva a situaciones en las que se puede priorizar los intereses de un individuo en un caso en el que estos tienen menos peso que los de otros debido a que existen otros casos en los que sus intereses sí tienen más peso que los de otros. Esto no debería ser aceptable (se explica en más detalle en este artículo).

 

 

-Nuestro lenguaje moral siempre habla de 'derechos humanos', de 'tratos humanitarios', de 'actuar humanamente' etc. ¿Por qué deberíamos reconocer a los demás animales como seres moralmente relevantes? Dicho esto, ¿en qué consiste el argumento de la relevancia?

 

Realmente, la mayoría reconoce a los animales no humanos (pues los seres humanos también somos animales) como moralmente considerables. Lo que sucede es que no son reconocidos como moralmente considerable en sentido pleno. Esto es, se da una cierta consideración a sus intereses, pero mucho menor que la dada a los intereses humanos. No obstante, que tal posición esté extendida no quiere decir que se encuentre justificada.

 

Una de las formas en las que cabe cuestionar tal posición es mediante el argumento de la relevancia (que de forma más detallada se presenta en este artículo). Este argumento puede ser presentado de diferentes formas. Una de ellas es la expuesta en la respuesta anterior. Otra puede ser la siguiente:

 

1-Tomemos como punto de partida la premisa de que deberíamos tomar nuestras decisiones en función de criterios relevantes para aquellos efectos que tales decisiones tendrán. (Obviamente, hay quien rechaza esta premisa, pero mucha gente está de acuerdo con ella. El argumento apela a quienes la aceptan).

 

2-Pues bien, las decisiones acerca de quiénes han de ser moralmente considerables podemos describirlas como aquellas decisiones acerca de quiénes pueden sufrir daños o beneficios como resultado de nuestros actos.

 

3-Conforme a la primera premisa indicada antes, podríamos sostener que los seres cuyos intereses deben ser tenidos en cuenta en aquellas decisiones que pueden dañarlos o beneficiarlos son, precisamente, todos aquellos que pueden ser dañados o beneficiados por ellas.

 

4-Y quienes pueden sufrir daños y beneficios son todos aquellos seres que tienen la capacidad de sufrir o disfrutar, esto es, de tener experiencias negativas o positivas.

 

5-Ello nos llevaría a concluir que los seres a considerar moralmente serían todos aquellos que poseen la capacidad de sufrir o disfrutar.

 

Como se indicó en la pregunta anterior, la pertenencia al género humano (Homo), o en concreto a la especie Homo sapiens, no es algo que resulte determinante para que alguien pueda sufrir o disfrutar, pues hay otros muchos seres que también tienen esta capacidad, incluyendo no solamente los que tienen tamaños mayores y conductas más complejas, sino también muchos de los más pequeños, como un gran número de invertebrados (véase por ejemplo, aquí o aquí).

 

 

-¿Por qué otorgar derechos a unas criaturas que no son capaces de sostener obligaciones? ¿No son los derechos y las obligaciones dos caras de la misma moneda como, por ejemplo, ha sostenido Savater reiteradamente?

 

La respuesta corta a la segunda pregunta sería: no, tal idea es análoga a otra que defienda que es necesario ser dentista para ir a la clínica dental.

 

Para dar una respuesta más completa a ambas preguntas hay que comenzar aclarando que existen sentidos muy distintos con los que se emplea el término “derecho”. Una cosa es un derecho legal, otra lo que mucha gente entiende por derecho legal (esto es, una protección legal), otra un derecho moral, y otra lo que mucha gente entiende por derecho moral (esto es, consideración moral). Por desgracia no tengo espacio aquí para examinar en qué consisten todas estas cosas. Pero sí para indicar que en ninguno de estos casos hay una correlación entre que alguien pueda disfrutar de una consideración o de una protección legal de algún interés y que ese alguien tenga la obligación de considerar o proteger los intereses de otros individuos. No hay ninguna necesidad de exigir esto último a alguien para reconocerle un derecho. El asunto es en realidad muy simple:

 

Para que alguien o algo tenga derechos legales, lo único necesario es que quien legisle así lo reconozca, y que tales derechos puedan ser efectivamente protegidos. Para que aceptar que alguien o algo tenga derechos morales, lo único necesario es reconocer tales derechos. En rigor, nada más es imprescindible. Además de esto, para que se reconozcan a alguien derechos que protejan sus intereses solamente hay otra cosa más que es, indispensable. De nuevo, es algo muy simple: que ese alguien tenga intereses.

 

Alguien puede querer exigir otros requisitos para el otorgamiento de derechos. Para hacerlo, tendrá que intentar construir alguna explicación más o menos rebuscada. Pero no podrá mantenerlo dando por supuesto que dichos criterios son realmente necesarios para tal fin. En concreto, la capacidad de respetar derechos es diferente de la de tener intereses susceptibles de ser protegidos por derechos. De nuevo, alguien puede defender que tal capacidad sea impuesta como requisito para poseer derechos, igual que alguien puede defender que se exija saber tocar la guitarra para tal fin. Pero estos criterios no son en sí imprescindibles ni relevantes para aquello de lo que tratan. Esto es lo que hace posible, por ejemplo, que un bebé de corta edad víctima de una enfermedad en estado terminal pueda tener derechos aunque no tenga obligaciones.



-En respuesta al argumento de los casos marginales, ¿qué decir del siguiente argumento (que podría extenderse a otras especies)? “La condición de personalidad sí es la pertenencia a la especie homo sapiens (u otra análoga) porque solo es propio de esta especie/forma parte de su naturaleza el ser agentes morales/autoconscientes/racionales/libres etc. Es cierto que cada uno de sus miembros individualmente considerados no lo es pero, no obstante, su naturaleza sí que es la de un ser tal, capaz de todo lo anterior, y de allí que merezca una consideración moral única.

 

El término “personalidad” puede usarse para nombrar muchas cosas distintas. Tiene sentidos muy distintos en el ámbito legal, el moral, el metafísico o el psicológico, entre otros. Obviemos esa cuestión aquí y supongamos que de lo que se habla es de consideración moral.

 

También pienso que el término “argumento de los casos marginales” es equivocado. Los seres humanos que no cumplen los criterios esgrimidos en defensa de la prioridad de los intereses humanos son tan humanos como los que sí los cumplen, no son “humanos marginales” (ni hay ningún otro sentido de marginalidad pertinente aquí, tal y como se explica es más detalle en este artículo). Un término más adecuado es el de “argumento de la superposición de especies”.

 

El argumento de la superposición de especies indica que no hay ningún criterio comprobable y no meramente definicional que pueda ser cumplido por todos los seres de una cierta especie (como la humana) y que no pueda serlo por ningún otro individuo de otra especie. Por ejemplo, si consideramos las capacidades cognitivas, la posesión de un lenguaje u otras capacidades relacionadas, habrá seres humanos que no las posean. Y lo mismo si consideramos la posesión de relaciones especiales, por ejemplo, de simpatía o poder. Este argumento se explica en más detalle aquí.

 

Obviamente, si el criterio es “tener un ADN humano”, entonces sí que solamente los seres humanos lo cumplen, pero ese es un criterio meramente definicional. Y si el criterio es “poseer un estatuto metafísico privilegiado”, pues estamos ante un criterio cuya existencia y posesión no es comprobable.

 

El criterio consistente en ser “agentes morales/autoconscientes/racionales/libres” no es cumplido por todos los seres humanos. Si aceptamos que solamente quienes lo cumplen deben ser plenamente considerables moralmente, privaremos de plena consideración moral a quienes no lo satisfagan (tanto animales no humanos como seres humanos). Esto al margen de que, como vimos ya arriba, podemos rechazar que sea tal criterio sea relevante para considerar moralmente a alguien.

 

Veamos ahora esta afirmación: “[l]a condición de personalidad sí es la pertenencia a la especie homo sapiens (u otra análoga) porque solo es propio de esta especie/forma parte de su naturaleza el ser agentes morales/autoconscientes/racionales/libres etc.”

 

Sobre esto puede indicarse que el mencionado grupo de atributos consistente en ser “morales/autoconscientes/racionales/libres” no forma parte de lo que aquí se llama la “naturaleza” de la especie. La especie es un conjunto de individuos, no un ser con tales capacidades. Estas capacidades podrán ser poseídas por muchos individuos de esa especie, pero no por la especie como tal, que es un agregado de individuos, no un individuo. Y, sobre todo, no es poseída por todos los individuos de tal especie, como hemos visto arriba.

 

Se puede pensar que aquello en lo que consiste el “la naturaleza de la especie” es un potencial que tienen todos sus miembros. Pero es simplemente falso que todos los miembros de la especie humana tengan el potencial de tener las mencionadas capacidades. Hay quienes no las pueden poseer por motivos genéticos (de forma que, si pudiesen tenerlas, tendrían que poseer otra dotación genética, lo que implicaría que ya no serían los mismos individuos).

 

Ante esto, una última solución consiste en pensar que “la naturaleza de la especie” se caracteriza por ser el conjunto de capacidades mayoritarias dentro de esta. Esto, sin embargo, es muy cuestionable. Implica entender que hay que tratar a unos sujetos en base a capacidades que no tienen, simplemente porque las poseen otros sujetos mayoritarios en su grupo. Más aun, supone asumir que esas capacidades son de alguna manera parte de su naturaleza, aunque no las tengan.

 

Un ejemplo de cómo esto es cuestionable: la mayoría de los seres humanos no son croatas. Aceptar la idea de que hay que tratar a quien pertenece a una cierta especie en base a los atributos mayoritarios de la especie supone que hay que considerar a quienes sí sean croatas como si no lo fuesen, dado que esa sería la norma. De manera que nadie podría votar en las elecciones parlamentarias de Croacia, pues toda la población sería extranjera. Pero ello parece claramente absurdo. (Esto se explica en más detalle aquí y aquí.)

 

Dave Lowe @davelowephoto

 

 

-Desde la filosofía animalista se sostiene que debemos atender al bienestar de otros animales porque, como nosotros, también tienen necesidades que ver satisfechas o frustradas. No implicaría ello que también deberíamos cuidar del bienestar de los vegetales dado que también poseen necesidades diversas. Esto es, si se dice que no debe matarse un animal porque tiene interés en seguir viviendo, ¿por qué no podría decirse lo mismo de cualquier vegetal o ser vivo en general?

 

De nuevo insistiría en la vaguedad del término “filosofía animalista”, que impide un análisis muy claro de la cuestión.

 

Por otra parte, creo que argumentar en términos de necesidades es algo vago. No queda claro en qué sentido una necesidad es algo que importe. Si importa es porque hay un interés implicado, esto es, un modo en el que alguien puede recibir un daño o un beneficio. Ante esto, parece más útil hablar directamente de intereses.

 

De hecho, en el lenguaje cotidiano el término “necesidad” muchas veces no se correlaciona con la posesión de intereses (como cuando decimos que un coche necesita una revisión, o un texto una corrección ortográfica). Ese sería el único uso posible que a mi entender puede tener en el caso de las plantas, dado que no son sintientes, pues no poseen las estructuras fisiológicas necesarias para ello.

 

Por ello, tampoco tiene sentido considerar el bienestar de las plantas, que consiste en que este no existe. Las plantas no tienen un bienestar, debido a que no tienen experiencias. Lo mismo sucede en el caso de otros seres vivos sin sistemas nerviosos con una mínima centralización, como hongos, protistas, arqueas o bacterias.

 

Desde las posiciones que defienden a los animales debido a su sintiencia se indica que lo importante para respetar a un animal no es que sea un animal, sino que pueda tener experiencias, las cuales pueden ser negativas o positivas. Tiene sentido decir que un ser tiene un bienestar o un malestar (y que ello importe) si tal ser tiene experiencias positivas o negativas. Por ello, no tenemos las mismas razones para proteger a los seres no sintientes, aunque estén vivos, como las plantas. De forma relacionada a esto, al no tener las plantas experiencias, la muerte no puede privarlas de experiencias positivas, motivo por el cual no puede constituir un daño para ellas.

 

 

-Recientemente has argumentado que el concepto de personalidad moral debería ser abandonado. ¿Qué problemas encuentras en el mismo? ¿Por qué no deberíamos simplemente reformarlo? 

 

Entre otros, por los motivos explicados ya en anteriores preguntas. El término “personalidad” moral se usa con significados muy diversos, por lo que es confuso, y además confunde todavía más la cuestión que su sentido no se corresponde con otros que también tiene el término “personalidad” a secas.

 

Además, para cada uno de los diferentes sentidos con el que es usado puede denotarse aquello a lo que se refieren de otras maneras menos confusas, que no lleven a error, y que no faciliten mediante tal confusión la defensa de posiciones cuestionables.

 

 

-El animalismo parece implicar, no solo que no deberíamos dañar activamente a los animales no-humanos sino que, además, deberíamos intervenir en la naturaleza para ayudarles positivamente. Darle de comer pienso al león, vacunar a los pájaros etc. ¿Es eso plausible? ¿No se estaría yendo demasiado lejos?

 

Voy a contestar en primer lugar a la primera frase de la pregunta, que pienso que ya habría sido suficiente para plantearla. Hecho esto, creo que las tres frases últimas quedarán ya respondidas sin necesidad de añadir más que un breve apunte.

 

Considerar moralmente a alguien supone, conforme a lo que defienden la mayoría de las posiciones en ética normativa, no solamente dejar de causarles daño, sino también darles ayuda cuando hacerlo resulta posible. Por ello, si consideramos a los animales defenderemos que se obre así también en su caso (como ya se hace cuando estamos ante seres humanos).

 

En el caso de los animales que viven en el mundo salvaje esto esto ya se lleva haciendo desde hace mucho tiempo. Aparte de que a menudo se rescata a animales en situación de necesidad, existen iniciativas como refugios y centros de asistencia a animales heridos, enfermos o huérfanos y programas de alimentación a animales en situaciones de hambrunas. Además, muchas veces se les da ayuda porque ello beneficia a los seres humanos. Esto sucede, por ejemplo, con los planes de vacunación de animales, que llevan realizándose desde hace décadas. En años recientes ha aumentado el interés y el número de publicaciones sobre esta cuestión, y se ha promovido la investigación para poder aumentar nuestra capacidad de ayudar a estos y muchos otros animales.

 

La objeción de que estas iniciativas implican intervenir en la naturaleza no tiene en cuenta que todo lo que hacemos supone intervenir de un modo u otro en la naturaleza. Los seres humanos construyen bibliotecas, aran la tierra, fabrican bicicletas y plantan árboles. Si consideramos aceptable intervenir así para promover fines humanos o ecologistas, parece especista no hacerlo para dar ayuda a los animales.

 

Esto es importante debido a que, contrariamente a lo que mucha gente cree, los animales, aunque no se vean afectados directamente por la acción de los seres humanos, sufren notablemente. Esto sucede tanto en el mundo salvaje como cuando habitan en entornos urbanos, agrícolas o de otro tipo. Hay múltiples causas que ocasionan esto: condiciones climáticas hostiles, enfermedades, hambre, accidentes, parasitismo, conflictos, estrés psicológico, etc.

 

De hecho, la inmensa mayoría de los animales mueren poco después de nacer. La estrategia reproductiva predominante en la naturaleza consiste en poner enormes cantidades de huevos de los que solamente sobrevive, de media, una cría por cada madre o padre. Los demás mueren, muchos de formas muy dolorosas (por ejemplo, de hambre), y sin haber vivido suficiente para que sus vidas contengan experiencias positivas. Las vidas de estos animales, por lo tanto, contienen cantidades notables de sufrimiento que prevalecen sobre el poco disfrute que puedan contener. Esta no es una excepción, sino un patrón común.

 

Todo esto nos muestra que dar ayuda a los animales cuando es posible hacerlo (y sin causar un daño mayor) es algo enormemente importante y perfectamente posible en muchos casos. De hecho, es algo que ya se hace (aunque decir que consiste en dar pienso a los leones realmente no constituye una descripción adecuada de ello).

 

 

-¿Cuál es, a tu juicio, el argumento más fuerte contra la intervención masiva en la naturaleza? ¿Te parece convincente?

 

Es el que indica que nuestro desconocimiento de los efectos indirectos que puede tener la intervención supone que estos podrían tener consecuencias indeseadas. Esta afirmación es correcta, pero de ello no se sigue que no debamos intentar ayudar a los animales, sino que deberíamos centrarnos en investigar muy bien el modo de tener un impacto positivo. Este es el motivo por el que se ha promovido la creación de un ámbito de investigación centrado en esta cuestión.   

 

 

-Puede que el uso de animales no sea estrictamente necesario para vestirse o alimentarse, no al menos para muchas personas, sin embargo ¿puede decirse lo mismo de la experimentación animal en el terreno médico? ¿Por qué es inmoral experimentar con ratones si con ello pudiéramos, por ejemplo, avanzar en la cura del cáncer? 

 

Me gustaría comenzar por la primera afirmación asumida en la pregunta: “[p]uede que el uso de animales no sea estrictamente necesario para vestirse o alimentarse, no al menos para muchas personas”. Tal enunciado plantea una cierta sombra de duda sobre algo que sabemos a día de hoy, que es que no es necesario emplear productos animales para alimentarnos de manera saludable. Esto lo han indicado ya las principales organizaciones de nutricionistas a nivel internacional (véase por ejemplo el informe de la Academia de Nutrición y Dietética estadounidense). Lo mismo se aplica, obviamente, para la ropa.  Hay muchos seres humanos a quienes les puede ser mucho más sencillo usar animales para tal fin, pero ello no rebate la afirmación de que, efectivamente, no es necesario usar animales para tales fines.

 

Pasemos ahora a la siguiente cuestión. Ciertas posiciones en ética pueden defender que se causen daños a ciertos individuos si el beneficio ocasionado a otros es suficientemente grande. Por ejemplo, si ello evita que otros daños mayores tengan lugar. Este es el caso de muchas posiciones de tipo consecuencialista, aunque no el de todas. Y otras posiciones consideran que no se debe actuar así, puesto que los individuos deben de recibir un tipo de protección de sus intereses que imposibilite dañarlos aunque ello evite daños mayores a otros. Es el caso de muchas de tipo deontologista, aunque ciertamente no el de todas.

 

Esas mismas posiciones éticas, si no son especistas, mantendrán la misma posición independientemente de la especie de los individuos beneficiados y perjudicados, sean humanos o no. Esto no supone necesariamente que, como se expresa en la pregunta, “sea inmoral” dañar a ratones en la investigación: lo que supone es que no es aceptable establecer una diferencia entre especies. Si es aceptable esa práctica, la será en todos los casos, independientemente de la especie. Esto es, supondrá que es también aceptable investigar en seres humanos. Y si es inaceptable, lo mismo: lo será en todos los casos.

 

 

Scott Carroll @scottcarroll

 

-Los animalistas reivindican la abolición de la caza y la tauromaquia. Sin embargo, ambas actividades parecen conllevar importantes beneficios. No solo para las personas, en particular para la sociedad y la economía rural, sino también para los animales y el medio. Por ejemplo, gracias a la caza y a la tauromaquia es posible conservar determinadas especies y ecosistemas, así como realizar un control de población de la flora y la fauna, lo que redunda fuertemente en el bienestar animal. 

 

En primer lugar, me gustaría aprovechar la formulación de la pregunta para ilustrar algo indicado antes. Arriba se preguntó acerca del concepto de personalidad. Vimos que el término “personalidad” es problemático debido a su polisemia. Pues bien, un ejemplo de ello lo encontramos en la enunciación de esta pregunta, en la que parece que se usa el término “persona” como sinónimo de “ser humano”. Este es un significado distinto a los implicados por los conceptos de personalidad legal, jurídica, metafísica o de otro tipo.

 

Por otra parte, el hecho de que una práctica sea beneficiosa para los seres humanos no supone que sea aceptable en su conjunto, pues si el daño que causa a los animales de otras especies es mayor, el interés de estos últimos debería prevalecer. Y esto es lo que sucede en el caso de estas prácticas, dado que les causan un sufrimiento muy notable y les privan de su vida, la única que tienen.

 

En la pregunta también se afirma que la caza y la tauromaquia son positivas para los animales por cuatro motivos: (i) por conservar determinadas especies, (ii) por conservar determinados ecosistemas, (iii) por controlar la flora y (iv) por controlar poblaciones de animales.

 

En primer lugar, incluso aunque esta afirmación (en realidad, esta serie de cuatro afirmaciones) fuese correcta, ello no implicaría tener que aceptar la caza o la tauromaquia. Lo que implicaría sería que estas consecuencias, subproducto de tales actividades, deberían ser promovidas de otras maneras, que no implicasen dañar a los animales. Es sencillo ver esto desde una posición que no se comprometa con el especismo. Si una actividad que causa profundos daños a muchos seres humanos tiene ciertos efectos positivos, ello no significa que debamos aceptar tal actividad. Más bien implicaría buscar tales efectos positivos mediante vías que no causen los daños que sí ocasiona tal actividad.

 

Por otra parte, en el enunciado de la pregunta, la serie de cuatro afirmaciones hecha arriba simplemente, se da por supuesta. Esto es algo que llama un poco la atención. Podría ser que tales ideas se planteasen como un condicional “supongamos que los factores x, y, z tuviesen beneficios para los animales”. Pero, en cambio, se formula como si simplemente estuviese enunciando un hecho incontrovertido. Sucede, sin embargo, que no es un hecho incontrovertido, sino algo cuestionable, que se dé una conexión entre los cuatro factores indicados y la promoción de lo que es mejor para los animales.

 

En primer lugar, hay que diferenciar el fin consistente en la protección de los intereses de los animales de otros fines consistentes en la conservación de la biodiversidad, las especies u ecosistemas. El ecologismo tiene unos fines muy diferentes de los de la defensa de los animales, que en distintos casos pueden chocar. Lo que tienen en común es que ambos han de estar informados por el estudio del modo en el que funcionan los ecosistemas, pero para conseguir objetivos diferentes (la conservación de ciertas entidades y la búsqueda de una mejor situación para los animales).

 

En segundo lugar, en base a lo que hemos visto tres preguntas más arriba, podemos entender que no todos los animales tienen vidas igual de buenas, y que muchos tienen vidas en las que prevalece el sufrimiento. Ello implica que la promoción de que en una cierta biocenosis - el conjunto de organismos de todas las especies que coexisten en un espacio determinado - estén presentes ciertas especies en lugar de otras puede tener consecuencias para el sufrimiento total existente en ella. Como ya se indicó arriba, esta es una cuestión compleja, y que necesita ser investigada empíricamente.

 

Por ello, en lo que respecta al primer factor mencionado en la pregunta, lo que cabe responder es que no siempre es así. Depende del caso. Promover la presencia de ciertas especies puede ser a veces positivo y a veces negativo. Como se indicó arriba, la consecución de los fines conservacionistas a veces pueden coincidir con la de lo que es mejor para los animales considerados en tanto que individuos, pero en muchos casos sucede lo contrario. Y si los fines conservacionistas se promueven causando daños, esos daños podrán ser mayores.

 

Algo semejante sucede en el caso de los ecosistemas, el segundo factor apuntado. De nuevo, en base a lo ya explicado, podemos entender que puede haber ecosistemas con menor sufrimiento y muerte que otros. Si la conservación de un ecosistema implica que este no se vea sustituido por otro peor para los animales, por contener más sufrimiento y muerte, entonces su conservación será positiva. Pero si es a la inversa, no será así.

 

Igualmente, en lo que toca al tercer factor, la realización de un control de población de la flora puede tener efectos indirectos positivos o negativos en los animales según el caso. El motivo será que ello causará que el ecosistema resultante pueda variar de un modo u otro, como en el caso del factor anterior.

 

Por último, en cuanto al cuarto factor, el control de poblaciones animales, es cierto que esta es una manera en la que se puede evitar que vengan al mundo muchos animales cuyas vidas van a tener un considerable sufrimiento y muy poco disfrute, lo que es muy positivo. Aquí es importante tener en cuenta que no hay que considerar que el hecho de que haya más animales sea necesariamente mejor para los animales. Lo que será mejor es que el nivel de vida en general de los animales sea el mejor posible.

 

No obstante, como se indicó en el caso del primer factor, si ello provoca que vengan al mundo un gran número de animales de otras especies competidoras que vayan a tener vidas peores, la medida puede ser muy negativa.

 

Así que, en definitiva, los supuestos en los que se basan las afirmaciones hechas en la pregunta no pueden asumirse como ciertos. (En realidad, tampoco deberían asumirse como ciertos incluso aunque al final acabasen siéndolo, debido a motivos de limitación epistémica). A veces las cosas pueden ir en línea con lo dado por supuesto en la pregunta, pero en otros casos no es así. Y, de cualquier manera, si prácticas cuestionables pueden tener efectos indirectos positivos, lo que procederá hacer será promover tales efectos de otros modos.

 

Esta no es una respuesta que deba sorprender. En realidad es lo mismo que diría la mayoría de la gente en el caso de los seres humanos. Si en el caso de los otros animales se plantea una respuesta distinta, es porque se mantienen posiciones especistas. Pero hay argumentos de peso para oponernos a estas.
 

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