El machismo… ¿mata?

Ahmet Sali @ahmetsali


Uno de los principales temas que ocupa a la criminología es el estudio del comportamiento desviado (de la norma), como es el caso de la violencia que ejercen hombres contra sus parejas sentimentales mujeres, o Intimate Partner Violence (IPV), que en España pasó a llamarse legalmente Violencia de Género a partir 2004. La Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género (LOVG) asume que este tipo de violencia tiene como único origen los roles sociales establecidos para cada sexo, es decir, el género de ambos. Apoyándose así únicamente en la parte social del individuo para explicar este tipo de comportamiento violento, sin tener en cuenta otros factores.

 

Esta concepción se fundamenta en postulados ambientalistas de acuerdo con los cuales todo ser humano al nacer es una suerte de hoja en blanco. Que hombres y mujeres son iguales a priori, siendo las diferencias en su comportamiento fruto exclusivo de la educación y del medio en el que nos desarrollamos. Este medio es la sociedad androcentrista y patriarcal, donde la mujer siempre ha estado subordinada y sometida al hombre. Asimismo, se asume que esta cultura machista tiene dos formas de perpetuarse. Por un lado, a través de la transmisión intergeneracional por medio de la educación, heredándose un sistema de roles sexistas de padres y madres a hijos e hijas. Por otro, mediante el empleo de la violencia como instrumento de imposición. A grandes rasgos, esta sería la explicación que la perspectiva de género ofrece al problema del maltrato a la mujer.

 

La estrategia actual para erradicar esta violencia está más centrada en la punición que en la prevención. Sin embargo, es bien sabido que aumentar las penas no funciona como medida preventiva, y menos en este tipo de delitos en que es habitual que los agresores se suiciden o se entreguen tras cometer un asesinato. Con todo, dentro de dicha estrategia, hay que valorar positivamente los derechos asistenciales y preventivos, laborales, sociales y económicos, reconocidos por ley, tan necesarios para recuperar a las víctimas (en la medida de lo posible). Estas medidas disuasorias no han tenido buenos resultados, pues las variaciones en la serie histórica de tasas anuales de mujeres asesinadas en pareja son poco reseñables, y consecuencia más bien de circunstancias coyunturales antes que estructurales. Como tampoco son destacables las variaciones de tasas pre y post LOVG.

 

Esto nos lleva a la necesidad de discutir la hipótesis de partida y plantear varias cuestiones que no explica la perspectiva de género:

 

-Si todos los hombres se han criado en este sistema de privilegios y superioridad que emplea la violencia para perdurar ¿por qué en España no hay millones de mujeres maltratadas al año? ¿Qué hace que unos varones agredan o maten a sus parejas mujeres y otros no? ¿Cómo se explica que más de una cuarta parte de los agresores en pareja sean violentos en general, es decir, tanto en el hogar como fuera de éste y sus víctimas sean tanto varones como mujeres?

 

-Si el machismo es la causa única de asesinatos de mujeres en pareja, ¿cómo se explica la paradoja escandinava de la igualdad? A saber, ¿qué respuesta da la perspectiva de género a que sociedades con un alto índice de igualdad como la escandinava tengan tasas de asesinatos de mujeres por sus parejas varones muy superiores a otros países menos igualitarios (de acuerdo con los ránquines mundiales)? Tal es el caso de España, cuya tasa de mujeres asesinadas en pareja está a la cola de Europa y sin embargo está por debajo de los países escandinavos en igualdad.

 

-¿Cómo se explican las agresiones a mujeres que no están fundamentadas en el machismo? Por ejemplo, las agresiones mutuas en pareja. Recordemos en este sentido que el Tribunal Supremo ha considerado como violencia de género -la agresión del varón a la mujer- independientemente de la motivación del agresor, en un claro error de concepción al no distinguir conflicto (violento) de violencia.

 

-¿Es el ser humano libre para decidir en última instancia o por el contrario actuará inevitablemente conforme a lo aprendido? Pero entonces, ¿quién sería responsable de los actos violentos, el individuo o la sociedad?

 

-Si la violencia es siempre aprendida, ¿se puede desaprender en todos los casos? ¿Se puede afirmar que con una adecuada educación nadie agredirá ni matará nunca? ¿El criminal nace o se hace?

 

La respuesta a todas estas preguntas es que, como en tantos otros campos, no se pueden dar soluciones simples a problemas complejos. Es cierto que el machismo existe en todo el mundo y en España también, pero el machismo, por sí solo, no mata. El machismo, puede afirmarse, provoca que una sociedad sea más desigual e injusta, y funciona como un elemento más del problema de la violencia hacia la mujer cuyo papel se debe analizar sin prejuicios. ¿Significa esto que no existe la violencia de género en los términos legalmente establecidos? No, afirmar eso sería falso. Sin embargo, sería igualmente erróneo decir que toda agresión o asesinato de un varón a su pareja sentimental mujer tiene que ver con el género de éstos, como establecen reputados juristas como Jorge Rodriguez-Zapata Pérez (en su voto particular de la STC 59/08) o Gimbernat Orodeitg en varios de sus artículos.

 

El factor género (dominación de hombre a mujer) no actúa por sí solo en las agresiones que tratamos, sino junto a otros elementos, pudiendo ser causa principal (violencia de género en sentido estricto) o secundaria (otro tipo de violencia), dependiendo de las circunstancias de cada caso. Es importante hacer esta distinción dado que, sin un análisis preciso del fenómeno, se pueden estar empleando equivocadamente los escasos recursos destinados a las víctimas de violencia de género (policías de referencia, ayudas económicas, Juzgados de Violencia sobre la Mujer, etc.) en mujeres víctimas de otra violencia. De este modo, es necesario estudiar cada caso individualmente para tratarlo de manera adecuada y optimizar medios humanos y materiales, tal y como prevé la propia LOVG en su artículo 44.4.

 

Continuando con el análisis del origen del problema, lamento desilusionar a los dogmáticos que lean estas líneas, pero al igual que ver porno extremo no aboca a uno inexorablemente a cometer violaciones, ni jugar a juegos violentos le llevan irremediablemente a cometer asesinatos en masa, ser machista no convierte inmediatamente una persona corriente en asesino, ni siquiera en maltratador. No se puede explicar ningún comportamiento humano, tampoco el maltrato a la mujer, a través de un único factor, como hace la perspectiva de género. No se puede reducir al ser humano a un ente únicamente social, sin más contenido, pues al hacerlo estamos desechando su parte individual, su capacidad de decisión, y en definitiva, su responsabilidad personal. Hay que huir de esta concepción, igual que hay que huir del determinismo biológico, tal y como considera Enrique Echeburúa en su obra ¿Por qué víctima es femenino y agresor masculino?

 

El ser humano es algo más que eso, es una entidad biopsicosocial con caracteres  individuales propios e independientes de la sociedad en la que se desarrolla, pues en su comportamiento influyen, además de las sociales, causas biológicas y psicológicas, cuya suma puede propiciar la aparición de una agresión (pudiendo ésta dirigirse eventualmente contra su pareja sentimental mujer). Así, tras analizar cualquier caso de violencia, podrán aparecen:

 

-Causas biológicas: enfermedades con fase agresiva (Alzheimer, tumores cerebrales, tumores suprarrenales), alteraciones en concentración de hormonas (serotonina, adrenalina, dopamina, etc.) en el cuerpo humano, alteraciones de la estructura cerebral (córtex prefrontal y sistema límbico).

 

-Causas psicológicas: psicopatologías (trastorno bipolar, esquizofrenia, trastorno antisocial, trastorno límite, etc.), trastornos del comportamiento (adicciones y patologías duales), y características de la personalidad (falta de empatía, baja tolerancia a la frustración, déficit del control de la ira, depresión, déficit de autoestima, baja inteligencia, déficit de habilidades de comunicación, etc.).

 

-Causas sociales: distorsiones cognitivas respecto al género, a las relaciones de pareja o familiares, respecto al uso de violencia para la resolución de conflictos, etc.

 

¿Quiere decir esto que cualquier varón con depresión maltratará siempre a su pareja sentimental mujer? ¿Qué una baja inteligencia le convierte a uno en agresor de su novia? ¿Qué cualquier tumor cerebral le aboca a uno al asesinato de su esposa? Como ya hemos dicho, no. Dependerá de muchos factores. El machismo podrá ser uno, por supuesto, pero no será el único.

 

Por último, en este somero análisis cabe señalar que, gracias a los avances de la ciencia sabemos que, aunque la crianza influye en la conducta humana, nuestra distinta biología también nos impulsa en un sentido u otro. Es por todo ello que parece adecuado descartar, por incompleta, la hipótesis inicial ambientalista de acuerdo con la cual la educación y el medio serían la única causa en las agresiones del hombre hacia su pareja femenina. Al contrario, desde la criminología, habría que dar una respuesta integral que tuviera en cuenta la etiología multifactorial del mismo pues solo así podrá prevenirse de manera efectiva.

 

 

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