¿Es el mundo cada vez más homogéneo culturalmente?

14/09/2019

Andrew Leu @andrewleu

 

 

Es común escuchar que, con la globalización, el mundo se está volviendo culturalmente homogéneo. Las diferencias y peculiaridades culturales estarían cediendo al imparable avance de un proceso de estandarización cultural, que en el mejor de los casos conduciría a una cultura global insípida e impersonal, y en el peor, constituiría la cruda expresión de la hegemonía cultural de los Estados Unidos. De hecho, este supuesto fenómeno recibe a veces el nombre de "McDonaldización", una etiqueta sin duda efectiva y sugerente. Ahora bien, más allá de los eslóganes, ¿es esta tesis correcta? En este artículo defenderé una visión escéptica: si bien es cierto que, en algunos aspectos, el mundo se está volviendo más homogéneo, la idea de que el mundo en general se está volviendo culturalmente uniforme es implausible. Pese a su popularidad, esta visión es el resultado de un tratamiento sesgado de la evidencia y de una formulación deliberadamente oscura de la tesis en cuestión (¿En qué sentido concreto se está volviendo el mundo más homogéneo?).

 

Empecemos con una simple observación: ni siquiera McDonald's constituye un caso inequívoco de uniformidad cultural. Por supuesto, es verdad que durante las últimas décadas McDonald's ha abierto (y continua haciéndolo) restaurantes por todo el mundo. En estos locales, los clientes tienen a su disposición una gama fija de opciones, que han sido producidas y distribuidas de forma estandarizada. Ya sea en las calles de Nueva York o de Kuala Lumpur, el inconfundible logo de la empresa se ha convertido (junto a los programas de fidelización para viajeros frecuentes ofrecidos por las aerolíneas o las grandes compañías hoteleras) en uno de los símbolos de la globalización. Esto es cierto. Pero también lo es que McDonald's adapta su oferta a las peculiaridades culturales de los lugares en los que opera: en la India, por ejemplo, las hamburguesas de vacuno han sido sustituidas por otros tipos de carne, el menú contiene un 50% de opciones vegetarianas, e incluso en 2012 se abrió el primer restaurante enteramente vegetariano de la cadena. En países con una amplia población musulmana (como Indonesia o Malasia), todos los productos ofrecidos han recibido la certificación halal. Y en Japón, los restaurantes ofrecen, según la época del año, bocadillos de tofu frito, hamburguesa de camarones o una hamburguesa de cerdo con salsa teriyaki. Por lo tanto, pese a que es verdad que la enorme expansión de McDonald's ha facilitado determinadas formas de homogeneidad cultural (tanto en el contenido de su oferta como en la forma de producirlo y distribuirlo), no puede dejar de subrayarse que, en otros aspectos, la pluralidad se ha mantenido, forzando a la empresa a adaptar su menú a las necesidades de poblaciones diferentes.

 

Obviamente, a esto se podría objetar que lo que importa es la forma, que se mantiene idéntica pese a todos los cambios en el contenido. No obstante, creo que esta maniobra es arbitraria, y ambos elementos son importantes. En muchos casos, la tesis de la homogeneización cultural es una tesis con un alcance limitado, centrada principalmente en los mecanismos de distribución y producción de mercancías varias. Pero esto no puede mostrar que el mundo se esté volviendo uniforme desde un punto de vista cultural, pues su ámbito de aplicación es bastante menor. Este ejemplo nos sirve para ilustrar las dos consideraciones mencionadas anteriormente: un análisis incompleto de la evidencia (ya que descuida todos aquellos elementos que invalidan, o como mínimo obligan a rebajar, la tesis de la uniformidad cultural) y una formulación equívoca de la tesis (que asume, sin argumento alguno, que la heterogeneidad en el modo en que las mercancías se producen y distribuyen goza de prioridad absoluta sobre la heterogeneidad en el contenido de las mismas).

 

¿Qué podría ser más impersonal y uniforme que los modernos aeropuertos internacionales? Consideremos ahora otro ejemplo clásico: los aeropuertos. ¿Qué podría limar más las peculiaridades culturales? ¿Qué destruye más la diversidad? Al fin y al cabo, todos son iguales ¿no? Uno entra, realiza el check-in en el mostrador asignado, pasa el control de seguridad, se pasea por la zona de comercios duty free hasta que llega la hora de embarcar en el avión, donde, una vez sentado, los asistentes de vuelo le ofrecerán las mismas instrucciones que ya ha escuchado en otras ocasiones, la misma comida servida al poco tiempo de despegar (si es un vuelo largo), los mismos mensajes al aterrizar ("Gracias por volar con nosotros, esperamos recibirle de nuevo") y, finalmente, los mismos controles de inmigración al llegar a su destino. Si el cantautor estadounidense Damien Jurado está en lo cierto, y algún día "el mundo será un aeropuerto", ¿puede existir un pronóstico más aterrador? Pues bien, de nuevo, incluso en un caso tan extremo como un aeropuerto, las cosas no son tan sencillas. Las diferencias existen, y no siempre son irrelevantes. Por ejemplo, en las tiendas duty free del aeropuerto Pudong de Shanghái el viajero difícilmente encontrará lo mismo que en el JFK de Nueva York (más allá, por supuesto, de las omnipresentes - sí, evidentemente, no dudo que existan ejemplos de uniformidad - colonias y chocolatinas). La forma es la misma - souvenirs típicos del lugar -, pero el contenido es diferente. Por otra parte, los viajeros musulmanes encontrarán en el aeropuerto internacional de Estambul un espacio específicamente habilitado para ellos, mientras que en cualquier aeropuerto occidental tendrán que conformarse con las salas de oración asépticamente confeccionadas para no privilegiar ninguna religión particular. ¿Y qué pasa con la comida? Todo aeropuerto internacional cuenta con su Burger King, su Taco Bell, su Subway o su McDonald's. Pero una parte importante de los restaurantes están dedicados a la cocina propia del lugar: bagels turcos en el aeropuerto de Estanbul, ramen en el aeropuerto Narita de Tokyo (donde, además, uno puede dormir en un hotel cápsula), fideos en el aeropuerto de Hong Kong, etc.

 

¿Y los aviones? Los aviones sí que son idénticos ¿no? Pues no. Si usted vuela con Turkish Airlines, su comida habrá recibido certificación halal. Si embarca en un vuelo doméstico con Air India, no podrá beber alcohol. En los mapas de a bordo de las principales aerolíneas de Oriente Medio (Emirates, Qatar Airways, etc.) descubrirá, para su sorpresa, que no existe ningún país llamado Israel. Si vuela con Air China, las películas o series que usted vea comenzarán con un mensaje avisándole de que todos los materiales audiovisuales ofrecidos por la compañía (una parte nada desdeñable de las cuales está reservada para producciones chinas) han sido aprobados por el gobierno chino. Un último ejemplo: el vídeo con las instrucciones de seguridad de la única aerolínea de Corea del Norte - Air Koryo - comienzan con un mensaje en el que se remarca la vigorosa lucha del país por el socialismo y la política songun (básicamente, la prioridad absoluta de los asuntos militares) [i]. El mundo de la aviación incluye, sin duda, elementos uniformizantes, pero también canaliza una cantidad notable de peculiaridades culturales y políticas. Tal vez de manera puramente accidental, pero esta es otra cuestión.

 

Como hemos señalado, la tesis de la homogeneidad cultural ignora la distinción entre heterogeneidad en cuanto a la producción y distribución de mercancías (culturales, en este caso) y heterogeneidad en el contenido de las mismas. Pero es que además también ignora la distancia entre heterogeneidad interna (esto es, dentro de un mismo Estado o región) y heterogeneidad interestatal (¿Cuánto se diferencian los territorios entre sí desde un punto de vista cultural?). Esta distinción, acuñada por el economista Tyler Cowen[ii], es útil para identificar correctamente dónde hay (y dónde no hay) diversidad cultural. Por un lado, es probable que la globalización haya disminuido la heterogeneidad interestatal: en el mundo actual, no es necesario viajar a Seúl para comer bibimbap, ni hace falta ir a la India para probar un sabroso curry con lentejas. En la mayoría de ciudades uno puede fácilmente encontrar restaurantes donde ofrezcan tales platos. Esto implica que las peculiaridades culturales (culinarias) ya no guardan una correspondencia completa con un determinado espacio geográfico[iii]. Lo que separa a Londres de Seúl no es que sólo en esta última ciudad pueda uno probar una determinada comida: en este sentido, el mundo se ha vuelto menos heterogéneo. Pero internamente (es decir, dentro de Estados y regiones), la heterogeneidad ha aumentado considerablemente, siendo posible disfrutar de un abanico de opciones mucho más variado y culturalmente diverso del disponible hace apenas unas décadas.

 

Si salgo de mi casa, puedo llegar a un restaurante chino en tres minutos. Si ando un par de minutos más, a dos restaurantes japoneses. En diez minutos, a un restaurante brasileño. En quince, a un restaurante mexicano. Todo esto sin vivir en un barrio céntrico, donde la oferta suele ser mucho mayor, y sin contar las innumerables pizzerías y restaurantes turcos, tan fáciles de encontrar hoy en día. Hace treinta años esto habría sido impensable. Cuando miro a mi alrededor, cuando hablo con mis padres y mis abuelos, no puedo evitar concluir que mi ciudad (Barcelona) se ha vuelto culturalmente mucho más heterogénea.

 

Otro problema de la tesis de la homogeneidad cultural es que, en muchos casos, si existe o no heterogeneidad cultural dependerá del nivel de descripción que adoptemos. Por ejemplo, uno puede afirmar que los templos en China son muy diferentes de las iglesias en Alemania. Esto es discutible, puesto que asume, de acuerdo con una concepción esencialista de las cultura, que no hay ningún chino que profese la misma religión que un alemán, lo cual es obviamente falso. Pero incluso si asumimos que esto es así, hay otro obstáculo importante: lo que en un nivel de descripción se presenta como una diferencia cultural (China y Alemania construyen sus lugares religiosos de un modo distinto) se convierte en un rasgo compartido si adoptamos un nivel de descripción diferente (tanto China como Alemania tienen lugares religiosos). Si describimos las prácticas y tendencias culturales de dos grupos humanos a un nivel de abstracción bajo, las diferencias se multiplican sin cesar. Ahora bien, a medida que vayamos aumentando el grado de abstracción, estas se irán reduciendo. Si el defensor de la tesis de la homogeneidad cultural afirma que el mundo es cada vez más homogéneo porque las casas de los japoneses son cada vez más parecidas a las casas de los franceses, una respuesta posible es que esto es, en el mejor de los casos, una cuestión de grado: al fin y al cabo, tanto los franceses como los japoneses han tenido casas desde hace siglos (o por lo menos algo funcionalmente equivalente). ¿Por qué no sería esto una muestra de uniformidad cultural? Puesto que los japoneses y los franceses pertenecen a la misma especie y una misma configuración biológica,  no debería ser muy sorprendente que hayan desarrollado algunos comportamientos comunes.

 

Resumiendo: nuestros juicios sobre homogeneidad/heterogeneidad cultural son dependientes del nivel de descripción con el que varias prácticas culturales sean descritas. Por supuesto, esto no implica que los niveles de descripción sean arbitrarios: tal vez haya razones para asumir un determinado grado de abstracción y no otro. Sin embargo, esto requiere de argumentos adicionales. Por otra parte, incluso si nos dejamos guiar por una noción intuitiva de heterogeneidad, no es cierto que el mundo sea cada vez más uniforme: internamente, el abanico de opciones culturales es cada vez más amplio. Y sí, la globalización es una de las principales responsables. Démosle un fuerte aplauso por ello.

 

 

 

[i] https://www.youtube.com/watch?v=_PEyA9YUiSg.

[ii] Cowen, Tyler. 2002. Creative Destruction. How Globalization Is Changing the World's Cultures. Princeton: Princeton University Press.

[iii] Esto, evidentemente, tienes sus límites. El Big Ben o el palacio de Buckingham siguen siendo, a día de hoy, indesligables de un espacio geográfico concreto.

Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Please reload

Buscador

Entrevistas

Qué opinan las voces más destacadas sobre los asuntos más candentes.s

Series

Diversos temas tratados con mayor profundidad y extensión en formato de series de artículos monotemáticos

colabora.jpg

¿En desacuerdo con este artículo?

Si quieres quieres criticar o complementar este texto, si no compartes su perspectiva, no lo dudes, haznos tu propuesta a la redacción.

Please reload

Revista Libertalia

Filosofía y Humanidades

  • Twitter - Revista Libertalia
  • Facebook - Revista Libertalia
  • LinkedIn - Revista Libertalia
  • SoundCloud - Revista Libertalia

Revista Libertalia es un proyecto sin ánimo de lucro ni línea editorial centrado en la filosofía y las humanidades.

 

Nuestro objetivo es promover la reflexión seria y profunda entre gente joven de dentro y fuera de la academia, tratando los diversos temas de forma compleja, pero con un lenguaje claro y directo.

 

Si estás interesado en colaborar con nosotros no lo dudes, enviándonos tus textos; nuestro equipo estará a tu disposición para acompañarte en el proceso de edición y publicación;  o bien ayudándonos a financiarnos a través de Patreon. 

Recibe la Newsletter