¿Emergencia en los flujos migratorios? A propósito del “efecto llamada”

14/09/2019

Fernand De Canne @fernanddecanne


“En las estadísticas de nuestros días,

ya se refieran a poblaciones hambrientas, a parados o refugiados,

la moneda corriente es el millón.

Tan desmesurada cifra desborda nuestra  capacidad imaginativa.” [1]

 

En los últimos años, ciertos líderes y partidos políticos españoles han calificado a los flujos migratorios irregulares bajo el epíteto del “efecto llamada.” Este discurso afirma que ya no hay más lugar en los países de la Unión Europea debido a “invasiones incontrolables”, “asaltos masivos” y “entradas irrefrenables” de miles de inmigrantes. Estas locuciones conciben al fenómeno migratorio como un problema de orden público, en términos negativos y potencialmente catastróficos (o por lo menos como posible fuente de problemas sociales). Según Zygmunt Bauman, esta clase de discursos abonan la formación de un “ambiente propio de un estado de emergencia con la presencia de un enemigo a las puertas y hasta con tramas y conspiraciones.”[2] Al mismo tiempo, les otorga una significativa legitimidad a los poderes públicos al momento de diseñar y ejecutar determinadas políticas migratorias. El objetivo del presente artículo es analizar la veracidad del efecto llamada sucedido en España para, seguidamente, mostrar que mostrar que, de acuerdo con la evidencia actual, su existencia es bastante dudosa, genera pánico colectivo y dificulta la integración jurídica y social de los inmigrantes.

 

Desde el año 2000 hasta la actualidad, el efecto llamada ha sido uno de los principales términos con los que el Partido Popular español (en adelante, PP) ha utilizado para apreciar la inmigración.[3] En particular, se esgrimió frente a dos situaciones: la primera como defensa de la Ley 8/2000, de 22 de diciembre, que modificó la Ley de Extranjería 4/2000. Así, se adujo que la reforma buscaba prevenir el posible efecto llamada generado por la última ley nombrada, visto la ostensible “generosidad” de derechos que les otorgó a los inmigrantes. En segundo lugar, se utilizó en el proceso de regulación de inmigrantes decretado por el entonces por el Presidente Rodríguez Zapatero, entre los meses de febrero y mayo de 2005, que dictó el Real-Decreto 2393/2004, de 30 de diciembre (en la actualidad se encuentra vigente el Real-Decreto 557/2011, de 20 de abril). El principal objetivo que tenía era la regularización de los extranjeros irregular en el ámbito laboral, que normalizó la situación de aproximadamente 800.000.

 

A raíz de ello, el efecto llamada consistiría en la llegada masiva de nuevos inmigrantes ilegales al país por las posibilidades de legalización ofrecidas por el proceso regulador. En opinión del entonces Secretario General del PP, el decreto “ha producido ese proceso de regularización masiva llenando las costas de Canarias y que se traslada al resto de ciudades."[4] Igualmente, aseguró que si no se tomaba ninguna medida al respecto muchas fronteras se convertirían en un “auténtico coladero” y si se hace un efecto llamada “lo que va a acabar pasando es que los inmigrantes que están en toda Europa van a acabar llegando.”[5]

 

Años después, conviene recordar que el PP gobernó durante 2011 y 2018, durante la X, la breve XI y la XII Legislaturas, por lo que el efecto llamada disminuyó de manera considerable de la agenda de la comunicación pública pues el Gobierno del PP ejecutó políticas migratorias destinadas a impedir el supuesto efecto. No obstante, durante 2018, la expresión volvió a cobrar especial relevancia en la opinión pública. En efecto, el actual líder del PP alertó del posible efecto llamada debido a que “no es posible que haya papeles para todos y que España pueda absorber millones de africanos.”[6] Asimismo, aseguró que había “un millón de inmigrantes”[7] esperando en las costas libias planteándose una nueva ruta a través de España. Meses después dijo que España se encontraba ante “la crisis inmigratoria más importante de la última década.”[8]
 

Recientemente, en el marco de los públicos acontecimientos que conformaron la crisis del buque Open Arms, en los cuales el actual Presidente del Gobierno de España ofreció diversos puertos para que atracase –el de Algeciras y el de Mallorca–, el líder del PP nuevamente utilizó el “efecto llamada”, pero no sólo en relación a los inmigrantes, sino con las mafias que se dedican al tráfico de personas. Así, declaró que “nuestra preocupación es que, con la mala gestión de la crisis del Open Arms, vuelvan las mafias a presentar a España como el país receptor de cualquier tipo de embarcación donde desdichados inmigrantes son explotados por las mafias arriesgando su vida para intentar mejorar las condiciones en las que viven.”[9] En esta circunstancia, el sentido del “efecto llamada” es –supuestamente– prevenir que los barcos de las organizaciones no gubernamentales dedicadas al rescate de inmigrantes en el mar no vean a España como puerto accesible para desembarcar. Adviértase que, paradójicamente, se pretende proteger a los “desdichados inmigrantes” de las mafias, siendo que si no los hubiese rescatado el Open Arms probablemente hubiesen fallecido en el Mediterráneo.[10] De hecho, como acredita un informe de 2017 de la Universidad de Oxford, en los últimos años se produjeron más muertes cuando había menos operaciones de rescate.[11]
 

Analizado el efecto llamada, es momento de evaluar críticamente sus presupuestos para observar si se corresponde con la realidad de los flujos migratorios. En primer lugar, cabe señalar que la entrada de inmigrantes irregulares durante los últimos tres años se redujo considerablemente, hasta llegar a un descenso del 39 por ciento en 2019 respecto de 2015, año de la crisis migratoria mundial.[12] Si bien el fenómeno es multicausal, una de las razones más importantes es la estrecha colaboración de Marruecos para contener y redireccionar los flujos migratorios (principalmente subsaharianos y magrebíes). El país norteafricano, denominado el “Gendarme de Europa” en materia migratoria, cumple un papel fundamental que hace difícil hablar de “efecto llamada” hacia España, pues se han intensificado las redadas, expulsiones y traslados forzosos que retienen y devuelven a los inmigrantes a sus países de origen.
 

En tanto, desde 2004 España comenzó a adoptar una postura de “externalización” de las fronteras exteriores. Esto significa que la gestión de los flujos migratorios se traslada más allá de las fronteras territoriales, generándose una delegación del control de la movilidad inmigratoria hacia los principales países de tránsito para disuadir la migración. En esta dirección, se promueven políticas  la apertura de centros y campamentos de inmigrantes en países de fuera de España; los visados se expiden de visados en las embajadas o los consulados ubicados en los países de origen y de tránsito; se intensifican las fronteras exteriores a través de dispositivos de vigilancia, tales como vallas, patrullas, torres de control y cámaras de seguridad, como las instaladas en las fronteras de Ceuta y Melilla; se impulsan acuerdos de readmisión de inmigrantes con terceros Estados, como el suscrito entre España y Marruecos en 1992; o, por último, se utilizan los dispositivos técnicos de FRONTEX. En resumen: mecanismos que reducen la intensidad de los flujos migratorios.
 

En tercer lugar, sumado a la escasez de evidencia empírica del efecto llamada, los agentes públicos que hacen valer el eufemismo rara vez ofrecen cifras certeras, confiables y verificadas: se apela a expresiones vagas, abstractas e indefinidas tales como “miles” o “millones”, “decenas de millones”, la “crisis más importante” o el “incremento del 150 % de inmigrantes”. Por otro lado, no se explicita la fuente informativa de la cual se han extraído las estadísticas. Asimismo, estas expresiones conciben la llega de los inmigrantes de manera uniforme, simplificada y, fundamentalmente, despersonalizada: no se individualizan las causas y situaciones particulares de los grupos de inmigrantes (por ejemplo, solicitantes de asilo por persecuciones políticas, menores no acompañados, mujeres embarazadas, grupos que requieren de especial protección según los principios del derecho internacional humanitario) sino que se los engloba bajo el rótulo de “un millón de africanos” y expresiones similares.
 

Por ello, y en conclusión, la utilización de expresiones hiperbólicas, catastróficas y amenazantes coadyuva para la formación de un ambiente de alarma social y para lo que el filósofo murciano José Antonio Zamora ha denominado la “producción social de la emergencia”[13], recurso para legitimar medidas restrictivas de los derechos de los inmigrantes: la Ley 8/2000 supeditó derechos básicos como el derecho de reunión y manifestación, el derecho de asociación, el derecho a la libertad de sindicación y la huelga a la obtención de autorización de estancia o residencia en España, preceptos que el Tribunal Constitucional declaró inconstitucionales en la STC 236/2007, de 07 de noviembre.

 

 

 

 

 

[1] Enzensberger, Hans Magnus, La gran migración, Anagrama, Barcelona, 2002, p. 30.

[2] Bauman, Zygmunt, Extraños llamando a la puerta, Paidós, Barcelona, 2017, p. 30. Por ejemplo, recientemente el Gobierno de los Estados Unidos aseguró que habían interceptado cuatro mil inmigrantes sospechosos de actividades terroristas en la frontera con México. Sin embargo, un informe de la cadena NBC comprobó que los sospechosos eran cuarenta y uno, de los cuales treinta y cinco eran ciudadanos norteamericanos y los otros seis inmigrantes. NBC News, Jan. 7, 2019, disponible en https://www.nbcnews.com/politics/immigration/only-six-immigrants-terrorism-database-stopped-cbp-southern-border-first-n955861. 

[3] A modo global, sobre el discurso del Partido Popular acerca de la inmigración, puede consultarse la excelente tesis doctoral de Gemma Rubio Carbonero: Los discursos políticos del Partido Popular sobre inmigración, disponible en https://repositori.upf.edu/handle/10230/12050.

[4] Libertaddigital.com, 13 de mayo de 2006.

[5] El Mundo, 01 de febrero de 2005.

[6] Agencia Efe, 29 de julio de 2018.

[7] Ibíd.

[8] Eldiario.es, 07 de noviembre de 2018.

[9] El País, 20 de agosto de 2019.

[10] Un buen artículo que explica la relación entre el efecto llamada, el Open Arms y el negocio de las mafias en el Mediterráneo está disponible en https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2019-08-23/open-arms-mafias-efecto-llamada-mediterraneo_2185251/.

[11] Disponible en Law.ox.ac.uk/research-subject-groups/centre-criminology/centreborder-criminologies/blog/2017/03/border-deaths.

[12] El País, 16 de agosto de 2019.

[13] Zamora, José Antonio, “Políticas de inmigración, ciudadanía y estado de excepción”, Revista Arbor, Vol. CLXXX, Mayo-junio 2005, p. 61.

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