Modelos de democracia: Mayorías vs Consensos

02/08/2019

Zdeněk Macháček @zmachacek


En la serie sobre sistemas institucionales, expusimos que la arquitectura institucional de un país se puede organizar sobre tres grandes modelos: parlamentario, presidencialista y semipresidencialista. Estos modelos recogen el diseño del entramado institucional, esto es, las relaciones entre los distintos poderes del estado, en especial entre el legislativo y el ejecutivo. No obstante, si lo que queremos analizar es el modelo de democracia en si, debemos parar atención a otros elementos más allá de estos.

 

En 1984, el politólogo holandés Arend Lijphart publicó su conocida obra Democracies, donde realizaba un ejercicio de política comparada analizando 21 democracias entre los años 1945 y 1980. Observando aspectos como la organización y operación de ejecutivos, legislaturas, sistemas de partido, sistemas electorales y las relaciones entre gobiernos centrales y los de niveles inferiores, midió todos estos elementos en escalas donde cada extremo representaba o bien una lógica “mayoritaria” o bien una lógica “de consenso”. De este modo, Lijphart teorizó dos grandes modelos de democracia, donde se podían clasificar los países observados: democracias mayoritarias y democracias consensuales. En su libro Modelos de Democracia, publicado en 1999, ahondaba en estos conceptos, expandiendo el estudio a 36 países hasta el año 1996, mejorando la operacionalización de las variables e incluyendo nuevas. Veamos a continuación cuáles son las características de estos dos grandes modelos de democracia. 

 

El modelo Westminster de democracia

 

El modelo mayoritario es asimilable al modelo tradicional británico y de ahí que se le denomine también con el nombre del palacio que acoge el parlamento londinense. Aparte del caso del Reino Unido, se pueden encontrar otros siguiendo este modelo en muchas excolonias británicas como Nueva Zelanda o Barbados. La idea esencial de este tipo de democracia es simple: las decisiones se toman bajo la premisa de lo que apoya una mayoría política surgida de unas elecciones, frente a lo que prefiera una minoría. Lijphart identifica 10 aspectos que caracterizan este modelo:

 

1. Concentración de poder ejecutivo en gobiernos unipartidistas y de mayoría escasa.

2. Predominio del ejecutivo sobre el legislativo, situación lógica ya que el ejecutivo debe sostenerse en una mayoría parlamentaria.

3. Sistema bipartidista, donde dos grandes partidos suelen turnarse en el poder.

4. Sistema de elecciones mayoritario y no proporcional, lo cual de hecho es un factor clave en propiciar un sistema bipartidista.

5. Pluralismo de grupos de interés, esto es, la existencia de grupos organizados en la sociedad que compiten para alcanzar sus objetivos (por ejemplo, sindicatos y patronales). 

6. Gobierno unitario y centralizado, con poco o ningún peso de niveles de gobierno inferiores.

7. Concentración del poder legislativo en una única cámara.

8. Flexibilidad constitucional, en que una mayoría política tiene más a su alcance aprobar cambios constitucionales.

9. Ausencia de revisión judicial, pues los tribunales no están autorizados a realizar una revisión judicial de las leyes.

10. Banco central controlado por el ejecutivo.

 

El modelo consensual de democracia

 

En este caso la mera mayoría no sería una condición suficiente para el funcionamiento, puesto que aquí la toma de decisiones quiere abarcar un espectro más amplio, es decir, alcanzar mayores consensos sociales y políticos en la toma de decisiones. Los casos tradicionales que se consideran paradigmáticos de este modelo son Suiza y Bélgica, aunque Lijphart también menciona la Unión Europea.

 

1. División del poder ejecutivo en gabinetes de coalición, donde suelen tener presencia diversos partidos.

2. Equilibrio de poder entre legislativo y ejecutivo.

3. Sistema multipartidista, lo que se acaba traduciendo en gobiernos de coalición.

4. Representación proporcional. Igual que en el modelo mayoritario, esto es clave para propiciar un sistema de partidos (en este caso multipartidista).

5. Corporativismo de los grupos de interés, es decir, existencia de mecanismos por los que los grupos de interés deben llegar a acuerdos habitualmente en sus áreas de interés.

6. Gobierno federal y descentralizado.

7. Bicameralismo fuerte, donde ambas cámaras tienen importantes poderes.

8. Rigidez constitucional, existiendo mayorías reforzadas para producir cambios constitucionales, lo que los hace menos frecuentes.

9. Revisión judicial. Los tribunales pueden tumbar legislación aprobada por el parlamento.

10. Independencia del banco central respecto a los demás poderes.

 

Naturalmente estos son modelos ideales y en la actualidad es difícil encontrar casos que encajen al 100% con estas características. Por ejemplo, entre 2010 y 2015 Reino Unido tuvo el primer gobierno de coalición tras varias décadas, debido a que ningún partido obtuvo la mayoría de escaños en las elecciones de 2010. Otro aspecto a destacar es que estos modelos se asocian con la homogeneidad o el pluralismo de las sociedades en que están presentes. Es razonable que una sociedad más o menos homogénea (es decir, sin grandes divisiones étnicas, religiosas, lingüísticas, etc.) pueda funcionar con un modelo mayoritario. En cambio, parece más lógico que una sociedad plural con importantes divisiones de esta índole (como precisamente es el caso de Suiza o Bélgica) dispongan de un modelo consensual que acomode toda esta diversidad en la toma de decisiones.

 

Más allá de que estos modelos aparenten tener más o menos sentido en un tipo de sociedad u otra, Lijphart también se pregunta si la adopción de un modelo u otro tiene algunas repercusiones en otros elementos importantes para una sociedad. Lijphart encuentra evidencia que las democracias consensuales se relacionan con un desempeño mejor en diferentes indicadores económicos, así como concretamente en los niveles de inflación. También se detectan un ligero mejor rendimiento de las democracias consensuales en cuanto al control de la violencia en las sociedades analizadas. Aún así, estas conclusiones resultan más ambiguas cuando se introducen variables de control o se omiten casos extremos.

 

Más allá de estos criterios, Lijphart también analiza el rendimiento de los sistemas democráticos en diferentes indicadores de calidad democrática. De este modo, las democracias consensuales presentan mejores resultados en representación de las mujeres, igualdad política, participación política, satisfacción política, proximidad gobierno-votante, responsabilidad y corrupción, etc.

 

El posicionamiento de Lijphart es claro en favor de las democracias consensuales, recomendando la adopción de este modelo en países en vías de democratización, no solo para sociedades con profundas divisiones culturales y étnicas, sino para todas. ¿Deberíamos pues compartir las conclusiones de Lijphart? ¿Es el modelo consensual el que politólogos y juristas deberían recomendar para cualquier sociedad democrática? Seguramente las respuestas a estas preguntas tengan a ver también con nuestra concepción de la democracia como tal, es decir, con el peso que le demos a ciertos valores en liza. Sin embargo, Lijphart sostiene su preferencia por la democracia consensual también en base a los resultados de distintos indicadores. Cabe preguntarse entonces si estos indicadores recogen lo que nos parece más relevante para el funcionamiento de una sociedad democrática. En cualquier caso, y sin olvidar que ya han pasado 20 años del amplio estudio de Lijphart, es innegable su valiosa aportación al debate sobre el diseño institucional y a la noción que debemos valorar la democracia como algo más que una mera regla basada en “lo que decida la mayoría”.

 

Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Please reload

Buscador

Entrevistas

Qué opinan las voces más destacadas sobre los asuntos más candentes.s

Series

Diversos temas tratados con mayor profundidad y extensión en formato de series de artículos monotemáticos

colabora.jpg

Si quieres quieres criticar o complementar este texto, si no compartes su perspectiva, no lo dudes, haznos tu propuesta a la redacción.

¿En desacuerdo con este artículo?

Please reload

Revista Libertalia

Filosofía y Humanidades

  • Twitter - Revista Libertalia
  • Facebook - Revista Libertalia
  • LinkedIn - Revista Libertalia
  • SoundCloud - Revista Libertalia

Revista Libertalia es un proyecto sin ánimo de lucro ni línea editorial centrado en la filosofía y las humanidades.

 

Nuestro objetivo es promover la reflexión seria y profunda entre gente joven de dentro y fuera de la academia, tratando los diversos temas de forma compleja, pero con un lenguaje claro y directo.

 

Si estás interesado en colaborar con nosotros no lo dudes, enviándonos tus textos; nuestro equipo estará a tu disposición para acompañarte en el proceso de edición y publicación;  o bien ayudándonos a financiarnos a través de Patreon. 

Recibe la Newsletter