HMS Diamond Rock

18/07/2019

Andrew Neel @andrewtneel


Al inicio de las guerras napoleónicas, y antes de Trafalgar, se produjo una partida de ajedrez naval apasionante entre el Reino Unido y la Francia de Napoleón. A pesar del (merecido) tópico histórico de la invencibilidad de la Royal Navy, antes de Trafalgar las fuerzas navales de las dos potencias no contaban con un numero tan diferente de buques como se podría pensar, y menos si se añade a la ecuación la no menospreciable flota española, aliada a la gala. A pesar de la ligera inferioridad numérica, cualitativa y táctica de las flotas napoleónicas, Napoleón calculaba que, si era capaz de unir todas las escuadras en el Canal de la Mancha, podría crear la ventana de oportunidad suficiente para ahuyentar a los británicos el tiempo suficiente para desembarcar la Armée d’Angleterre en la Gran Bretaña.

 

La flota francesa, a principios de 1804, aguardaba amarrada en los puertos de Brest y Toulon, mientras que la Española hacía lo propio en Ferrol y Cádiz. Había, pues, que idear una compleja estrategia de maniobras y distracciones para conseguir el objetivo de reunirse en el Canal. Uno de los escenarios de esta partida de ajedrez se dio en el oeste del Mediterráneo y en las Antillas, y fue protagonizada por el célebre vicealmirante Horatio Nelson y el vicealmirante francés Pierre-Charles-Jean-Baptiste-Silvestre Villeneuve, que un año y medio después comandarían las fuerzas británica y francesa respectivamente en Trafalgar.

 

En el mes de marzo de 1804, Nelson, al mando de 12 buques de línea y unas cuantas fragatas, balandros y bergantines, era el encargado por el almirantazgo británico de bloquear el puerto de Toulon, donde se encontraba parte de la flota francesa, comandada por Villeneuve. Villeneuve, a su vez, al mando de 11 buques de línea y demás buques menores, recibió la misión de salir del Mediterráneo y dirigirse a las Antillas, donde debía reunirse con la otra escuadra francesa proveniente de Brest y comandada por el vicealmirante Ganteaume y también con la escuadra española, para después regresar al viejo continente y posibilitar la invasión del Reino Unido. Nelson ideó un estratagema para emboscar a Villeneuve, dejándose ver cerca de Barcelona para que el francés rodeara las Baleares por el este, donde le estaba esperando,  pero la escuadra francesa no cayó en la trampa y eludió a la Royal Navy, llegando sana y salva a la isla de Martinica el 14 de mayo, siendo perseguida por Nelson, a 20 días de distancia.

 

Es al llegar a Martinica, al hablar Villeneuve con el Gobernador de la colonia francesa, cuando conectamos con la curiosa anécdota que se produjo en las Islas de Barlovento.

 

 

El Comodoro Hood en Martinica

 

Desde el inicio de las hostilidades entre el Reino Unido y Francia en mayo de 1803, el Comodoro Samuel Hood, al mando de la estación de la Royal Navy en las Antillas Menores, conquistó casi todas las posesiones francesas en la zona, con la excepción de Martinica. En septiembre de 1803, recibió la orden de bloquear los estrechos de Santa Lucía, al sur de Martinica, y de Asediar Fort Royal (hoy Fort-de-France). Hood situó la mayor parte de sus fuerzas, incluyendo su buque insignia, el HMS Centaur, asediando la Bahía de Fort Royal, pero también posicionó tres buques en el estrecho de Santa Lucía: la balandra HMS Diamond Rock, de 5 cañones y 120 hombres, con el teniente James Wilkes Maurice al mando, la balandra HMS Fort Diamond, con 6 cañones y 30 hombres a bordo y el buque de suministro Ma Sophie.

 

Durante 17 meses, el HMS Diamond Rock acosó todo el tráfico marítimo francés que pasaba por el estrecho, de manera muy efectiva: estaba situado en la parte más próxima a la Martinica, la única parte navegable del estrecho, obligando a los buques franceses a dar media vuelta o a arriesgarse a las corrientes traicioneras de más al sur. Los franceses intentaron repetidamente eliminar o capturar al buque, sin conseguirlo, mientras que los británicos lo reforzaron y aprovisionaron bien, trayéndole 40.000 galones de agua, cabras y gallinas, munición y refuerzos.

 

Cuando llegó la escuadra francesa de Villeneuve, Ma Sophie había sido destruido y el HMS Fort Diamond se encontraba en Santa Lucía, así que el HMS Diamond Rock estaba solo guardando el estrecho.

 

 

El asedio y la batalla

 

Cuando Villeneuve llegó a la Martinica, sus órdenes eran esperar al vicealmirante Ganteaume para dirigirse juntos al Canal de la Mancha, así que no quería verse embrancado en demasiados combates navales. Pero tras dos semanas de esperar a la segunda escuadra francesa (que nunca llegaría), y tras las súplicas del Gobernador de la Martinica, decidió encargarse del molesto HMS Diamond RockAsí que después de 15 días de estar rodeado por todos lados por una fuerza infinitamente superior, el 29 de mayo el Diamond Rock fue atacado por la escuadra francesa, que por aquél entonces (después de ser reforzada por buques españoles) contaba con 16 buques de línea y otros buques menores.  Villeneuve envió al Capitán Cosmao a tomar el Diamond Rock, al mando de dos buques de línea de 74 cañones, una fragata de 36, una balandra, una goleta, 11 cañoneras y 400 hombres para el abordaje (además de las tripulaciones).

 

Tras 3 días de encarnizado combate, de constantes bombardeos franco-españoles y varios abordajes, el 2 de junio el teniente Maurice rindió la nave honorablemente, no sin antes haber causado entre 50 y 70 bajas a los franceses y españoles, hundiendo 5 barcos, habiendo sufrido sólo 2 muertos y un herido en el proceso.

 

 

Epílogo: ¿pero, qué ha pasado aquí?

 

El lector aguzado se habrá percatado de que algo no cuadra en esta historia. ¿Un buque pequeño de 6 cañones tiene 120 hombres, 40.000 galones de agua, cabras y gallinas? ¿Nunca se movió en 17 meses? ¿resistió durante 3 días en batalla contra una fuerza infinitamente superior? ¿causó 50 bajas y 5 buques hundidos, sufriendo solo 3 bajas? Pues bien, durante el relato anterior no he mentido ni una sola vez; todo lo descrito es perfectamente verdad. La pieza clave del puzzle es que el HMS Diamond Rock es un buque, una nave de la Royal Navy, sí, pero solo en el sentido legal. Físicamente, Diamond Rock es eso, una roca o islote de basalto deshabitado de 175 metros de alto y 1 km de perímetro (véase aquí).

 

 

Verán, la Royal Navy, por aquél entonces, tenía prohibido asumir el control u ocupar territorio según el derecho británico. Así que cuando el comodoro Hood, tras una visita de los marineros británicos para cosechar hierbas para evitar el escorbuto, se percató de que era un emplazamiento clave para acosar el transporte marítimo francés, lo registró legalmente como una balandra capturada al enemigo ante el registro de la Royal Navy, entrando oficialmente en la flota británica.

 

Tras la batalla por la Diamond Rock, la escuadra de Villeneuve se dio cuenta de que estaba siendo perseguida por Nelson, con lo que  volvió a Francia, donde tras un par de escaramuzas fue forzada a retirarse a Trafalgar, donde tuvo lugar la por todos conocida batalla. A día de hoy, el HMS Diamond Rock sigue siendo considerada por la Royal Navy como un buque, y como tal, cada vez que un buque militar británico pasa por el estrecho de Santa Lucía, la tripulación saluda en cubierta y se lanzan un par de salvas con los cañones.

 

A pesar de esto, como se encarga de remachar un blog de historiadores navales franceses con sorna, “Le rocher est encore aujourd’hui Français.”

 

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