EcoCréditos (IV): (Des)igualdades en un mundo desigual

28/06/2019

Cristian Grecu @taguwan

 

Una vez explicado y justificado el modelo de los EcoCréditos, convendría destacar tres grupos de problemas. En primer lugar,y más evidentes, los relacionados con la implantación de un modelo tal: ¿qué banco central lo gestionaría? ¿los Estados estarían de acuerdo? ¿qué hacemos con los insumisos? Etc. Con todo, aun y la inmensa importancia de estas preguntas, no serán abordados en esta serie de artículos teóricos centrados en la justicia de la propuesta.

 

En segundo lugar descatarían los problemas relativos a la sostenibilidad demográfica, un punto que será tratado en próximo artículo.

 

En tercer lugar, y éste es el objeto de esta parte, existen los problemas relacionados con la implantación de una solución igualitaria (recordemos que la asignación de EcoCréditos es,  a priori, igual para cada humano) en un mundo desigual. Examinemos, pues, por un lado, la potencial injusticia de un renta igual de EcoCréditos entre personas y colectivos con responsabilidad histórica diversa en el cambio climático; y por otro lado, examinemos esta potencial injusticia cuando hablamos de desiguales consecuencias que tiene el cambio climático sobre diferentes personas y colectivos.

 

Injusticias históricas

 

Es bien sabido que el desarrollo económico de las varias regiones del planeta ha sido profundamente diferente, en su momento histórico, en su velocidad y en su intensidad. Esta asimetría, por lo que nos interesa aquí, se manifiesta en dos variables importantes: volumen de contaminación pasada y presente emitida como consecuencia de este desarrollo económico, y la riqueza o bienestar material producido por este desarrollo económico.

 

Pues bien, dado un límite máximo a la contaminación global (digamos X), conseguido, en parte, gracias a la contaminación ya emitida antes de establecer tal límite, ¿es justo que los que son en mayor medida responsables que este límite sea X y no x+10 disfruten de los mismos derechos de contaminación que el resto? Todavía más, ¿es justo que estos mismos responsables disfruten de un nivel de vida y de confort superior al resto sin tenerlos que indemnizar de alguna manera?

 

Para resolver estas cuestiones tenemos que definir bien el concepto de responsabilidad. Una opción sería definirla de manera restrictiva, es decir, individual: cada individuo es solo responsable de las acciones tomadas a conciencia, etc. y cortoplacista (sin importar lo que hicieran los antepasados). En este escenario habría que repasar cada una de las acciones de las personas vivas y su repercusión sobre el medio ambiente.

¿Se le podría exigir a un individuo históricamente contaminador que pague una compensación al resto de la humanidad por el hecho de haber reducido el techo ecológico? Para resolver esto vayamos al principio de daño. ¿Existe un daño sobre terceros como consecuencia de sus acciones contaminadoras? Bien, podríamos decir que sí, puesto que en principio disminuye la capacidad de los terceros de contaminar sin que acontezca el apocalipsis como consecuencia.

 

Pero la mera aplicación del principio de daño quizás no es satisfactoria aquí. Antes que nada, porque el techo ecológico que la humanidad determine (la cantidad X de contaminación que pactamos no superar) es, o tiene que ser, eminentemente convencional. Esta convención es nueva (es decir, el límite X no era conocido por el contaminador histórico, ni siquiera la existencia de un límite), y por tanto quizás se podría argumentar que exigirle cumplimiento retroactivo de un acuerdo posterior no es razonable.

 

De todas maneras, como hemos argumentado anteriormente, el mal causado por la contaminación en un mundo finito es como una agresión infinitesimal, que tiene efectos inmediatos sobre las personas y sus condiciones de vida y tiene efectos en tanto en cuanto nos acerca a la extinción. Esto quiere decir que sea cual sea el número X que se fije, o incluso si no se fija uno y el “techo ecológico” no es convencional sino natural (hasta que el planeta no pueda acogernos como especie) el contaminador histórico ha reducido este número X con sus acciones, cosa que, si asumimos un “derecho igual a agredir a los otros” al reducir el número de agresiones totales posibles, ha perjudicado los derechos de los otros en beneficio propio, hecho eminentemente objeto de compensación.

 

Otra defensa posible sería el desconocimiento de este límite por parte del contaminador histórico. Esto nos llevaría a una disquisición potencialmente interesante sobre sí a efectos de determinar esta responsabilidad ecológica, la cosa relevante es el conocimiento del mal causado o la voluntariedad de la acción contaminadora. Por muy pertinente que pudiera ser esta reflexión, lo que interesa aquí es determinar si, como principio, los contaminadores históricos son responsables ante los demás. Si, una vez aceptado este punto, queremos moderar o absolver de responsabilidad a los individuos en función de la conciencia con la que contaminaban, es otra cuestión.

 

Esta respuesta de mínimos (responsabilidad restrictiva) nos lleva a, si se quiere, aplicar una justicia dirigida a los responsables vivos, que a pesar de esto no haría prácticamente nada para corregir estas desigualdades estructurales entre pueblos y regiones del mundo. De este modo, la reflexión anterior nos llevaría a considerar la responsabilidad colectiva de las personas que habitan en regiones del mundo beneficiarias de la contaminación pasada.

 

Lo podríamos enfocar de dos maneras. Primera: son responsables porque son herederos de los responsables inmediatos -los contaminadores originales-, individualmente considerados (los descendientes biológicos o legales) o colectivamente considerados (como pueblo o como Estado). Segunda: no son responsables como herederos sino como personas/pueblos que se benefician materialmente de esta injusticia, no solamente perpetuándola, sino “revalidándola” o “resucitándola” a cada instante.

 

La primera de las respuestas, de ser aceptada y extrapolada a la variada casuística de la historia mundial nos llevaría a situaciones altamente absurdas, donde se empezarían a pagar indemnizaciones milenarias por los hechos ocurridos durante las cruzadas, el imperio romano o incluso durante el paleolítico. Las sociedades avanzadas empezaron a establecer mecanismos jurídicos como los plazos de prescripción de la responsabilidad civil o la posibilidad de rechazar herencias por este motivo: el pasado de los abuelos no tiene que condenar los nietos, que no pudieron elegir en su momento.

 

Si la respuesta individualista a la responsabilidad peca de desatender los males estructurales de las sociedades presentes, la respuesta de la herencia imprescriptible peca de ignorar completamente la agencia que tienen los individuos para modelar su destino individual.

 

La segunda de las posibilidades ya es más razonable: si uno se beneficia de una injusticia (especialmente de una injusticia que perjudica a individuos vivos), aunque no la haya causado seguramente sí que es responsable de repararla, o de resarcir estos individuos. Ahora bien,  ¿cómo aplicaríamos un mecanismo de corrección por esta injusticia?

 

En primer lugar aclarar que esta definición de responsabilidad más amplia es compatible con la definición restrictiva que hemos dado al principio. Si nos fijamos bien, este beneficio injusto de los habitantes de zonas acomodadas del planeta no es muy evitable por los beneficiarios y por lo tanto no generaría responsabilidad en el sentido restrictivo; estamos contemplando pues más casos de responsabilidad que la restrictiva antes expuesta. Una misma persona podría ser, a la vez, responsable -restrictivamente- de la contaminación directa y responsable -de manera más amplia- por beneficiarse de una injusticia.

 

Por otro lado, no todo el mundo que habita en zonas beneficiadas por la contaminación histórica lo es en la misma medida, y no todo el mundo que habita en zonas perjudicadas es perjudicado en la misma medida. Aquí el factor de renta es importante: el llamado cuarto mundo (los pobres del Norte) tiene un bienestar mayor que los pobres del sur, a pesar de beneficiarse mucho menos de esta desigualdad histórica que la gente con más renta del norte. Y la misma comparación se podría hacer con los ricos del sur en comparación con los pobres del norte. La solución, pues, pasaría para aplicar un factor de corrección colectivo (vivos en una zona que tiene una prosperidad/seguridad mayor como consecuencia de haber contaminado en el pasado), que a la vez sea corregido por un factor individual (¿cómo se traduce en tu riqueza/bienestar personal esta pertenencia colectiva?).

 

Todo esto, evidentemente no prejuzga ¿el que? y se podría acumular perfectamente a las transferencias en EcoCréditos que se produjeran (por voluntad solidaria o caritativa y, sobre todo, por obligación moral y legal de evitar el sufrimiento y la vulneración de derechos humanos en otras zonas del planeta) entre territorios y personas. En todo caso la lógica que aplica a un caso y al otro es de naturaleza diferente: en un caso hay transferencias por responsabilidad individual derivada de acciones o “beneficios injustos”, y en el otro caso hay una obligación genérica de evitar el sufrimiento humano y de garantizar los derechos fundamentales de terceros

 

Consecuencias asimétricas de la contaminación: Países Bajos y Nepal

 

Si antes hemos hablado de causantes asimétricos de la contaminación histórica, ahora hablamos de consecuencias asimétricas que esta contaminación puede tener sobre varios individuos o colectivos. Pongamos dos ejemplos de este caso.

 

Primero: una de las consecuencias previstas del aumento de la temperatura global es el aumento del nivel de los mares. Hay muchos pueblos y ciudades situados justo a la costa que serían los primeros afectados por este aumento. No solamente serían los primeros, sino que, incluso si se fundiera todo el hielo del mundo, habría zonas del planeta que no serían afectadas por este fenómeno. En este caso, un aumento en la contaminación afecta asimétricamente a Países Bajos y a Nepal.

 

Segundo: hay personas con un estado de salud (a causa de su edad o de varias dolencias y afecciones, o incluso de una constitución física más débil) mucho más susceptibles de notar los efectos de la contaminación que otras. Un aumento en la contaminación atmosférica afectará mucho más a la gente de 80 años o a las personas con alguna inmunodeficiencia que a los deportistas olímpicos, para poner dos extremos. La cuestión vuelve a ser: ¿sería justo dar una cantidad igual de EcoCréditos a los holandeses y a los nepaleses, a la persona de 80 años y al campeón de halterofilia?


Para resolver esta cuestión hay que volver a plantearnos: cuál es la parte relevante, a efectos morales, de una agresión? Una respuesta que se queda coja es “la intensidad, en términos absolutos, de la agresión”. Y es que si una persona A y una persona B se dan mutuamente puñetazos de, digamos, 1000 Newtons de fuerza cada uno, pero la persona A tiene una resistencia física tal que el puñetazo le causa un hematoma mientras que la persona B tiene una resistencia tal que el puñetazo le causa una hemorragia interna, no diremos que las agresiones han sido simétricas. El hecho físico ha sido el mismo, pero su consecuencia -la lesión-, ha sido muy desigual. Y esta segunda parte es la que nos interesa en términos de justicia: evaluar la magnitud de la vulneración de derechos y de la producción de un mal, no evaluar fenómenos físicos.

 

Pues bien, si lo que nos preocupa es la lesión, podemos decir que, para producir el mismo sufrimiento, la persona de 80 años tiene que dar muchos más puñetazos de 1000N al atleta que el atleta a la persona de 80 años. Esto quiere decir, aplicado a nuestro caso: la persona débil tiene que tener más derechos de contaminación (más EcoCréditos) que la persona fuerte, porque el EcoCrédito es solo una divisa que representa el hecho físico, la contaminación, y no la consecuencia de la misma, es decir, las consecuencias sobre los individuos de la contaminación. 

 

En todo caso, por muy sólida que fuera la lógica que nos lleva a esta conclusión, la aplicación inflexible y pura de este mecanismo podría llevar a problemas prácticos sustanciales. Hagamos, pues, un ejercicio de reducción ad absurdum para ver cómo lo que acabamos de explicar podría convertir el modelo en inaplicable.

Supongamos que hay un planeta con 100 personas, de las cuales 99 resistieran, 1000 unidades totales de contaminación antes de morir, mientras que la persona más débil del planeta resistiera solo una unidad de contaminación total. Esta persona débil, siguiendo la lógica anterior, tendría que tener derecho a contaminar 1000 veces más que el resto de terrícolas. Esto nos llevaría a pensar, si hacemos los números,  [99x + (100099x) =1000], que las 99 personas pueden contaminar aproximadamente 0.01 cada una mientras que la persona débil puede contaminar aproximadamente 99.01. Esto nos lleva a pensar que hay ocasiones pensables en las cuales habría que moderar ese factor de corrección en pro de la sostenibilidad del sistema, so pena de convertir el sistema en insostenible.

 

Finalmente, cabría resaltar que los problemas anteriormente descritos no son intrínsecos de la propuesta de los EcoCréditos sino que son problemas de justicia distributiva más general, y sea cual fuere la respuesta que les demos (todas ellas, como se ha visto, compatibles con el sistema de EcoCréditos), tiene más que ver con nuestras nociones de justicia y moralidad que con nuestra postura respecto a los EcoCréditos. Podría rechazarse todo lo dicho aquí sin rechazar por ello al sistema de EcoCréditos.

 

Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Please reload

Buscador

Entrevistas

Qué opinan las voces más destacadas sobre los asuntos más candentes.s

Series

Diversos temas tratados con mayor profundidad y extensión en formato de series de artículos monotemáticos

colabora.jpg

Si quieres quieres criticar o complementar este texto, si no compartes su perspectiva, no lo dudes, haznos tu propuesta a la redacción.

¿En desacuerdo con este artículo?

Please reload

Revista Libertalia

Filosofía y Humanidades

  • Twitter - Revista Libertalia
  • Facebook - Revista Libertalia
  • LinkedIn - Revista Libertalia
  • SoundCloud - Revista Libertalia

Revista Libertalia es un proyecto sin ánimo de lucro ni línea editorial centrado en la filosofía y las humanidades.

 

Nuestro objetivo es promover la reflexión seria y profunda entre gente joven de dentro y fuera de la academia, tratando los diversos temas de forma compleja, pero con un lenguaje claro y directo.

 

Si estás interesado en colaborar con nosotros no lo dudes, enviándonos tus textos; nuestro equipo estará a tu disposición para acompañarte en el proceso de edición y publicación;  o bien ayudándonos a financiarnos a través de Patreon. 

Recibe la Newsletter