¿Qué es el ecofeminismo?: Charla con Alicia H. Puleo

Veronica Reverse @vereverse


Hoy charlamos con Alicia H. Puleo, profesora de filosofía en la Universidad de Valladolid, para reflexionar sobre sus libros "Ecofeminismo para otro mundo posible" (ed. Cátedra, 2011) y el más reciente y divulgativo “Claves Ecofeministas. Para rebeldes que aman a la Tierra y a los animales (ed. Plaza y Valdés, 2019)".

 

 

-Afirmas que las distintas corrientes del ecofeminismo beben en último término de la “ética del cuidado”. ¿En qué consiste esta doctrina?

 

La ética del cuidado (Care Ethics) es una corriente de la Filosofía Moral surgida en los años ochenta del siglo pasado gracias a las investigaciones de Carol Gilligan quien, trabajando en estudios sobre cómo surge la conciencia moral en la infancia y cómo se desarrolla en la adolescencia y la vida adulta descubrió que los criterios con los que se estaba evaluando el nivel alcanzado por una persona tenían un fuerte sesgo de género. Se desestimaba el tipo de moral que se centra en la responsabilidad hacia los otros dependientes y vulnerables, considerándola un estadio inferior, y se valoraba únicamente una forma de pensar que atendía a las relaciones justas entre individuos independientes. El cuidado y la compasión eran consideradas formas poco desarrolladas de la conciencia moral; justamente, las actitudes que han caracterizado históricamente a las mujeres. Gilligan llamó a esos valores “la otra voz de la ética”. Su planteamiento busca que junto a la justicia, se valore también el cuidado. Y si lo pensamos, comprendemos que el cuidado es indispensable para la vida. De ahí que el ecofeminismo se apoye en la ética del cuidado, cuidado para el mundo humano y no humano.

 

 

-¿De qué modo, de acuerdo con el ecofeminismo, los dualismos y las jerarquizaciones son perjudiciales para la naturaleza y las mujeres?

 

No toda jerarquización es perjudicial. Necesitamos clasificar y jerarquizar en muchas ocasiones de nuestra vida. Y lo hacemos continuamente para tomar decisiones. Pero hay ciertos dualismos jerarquizados que recorren la historia del pensamiento y han sido aplicados para sojuzgary oprimir. Por ejemplo, razón / emoción; humano / animal; mente / cuerpo; espíritu / materia; libertad / necesidad; civilizado / primitivo y otros emparentados a estos, han sido aplicados para sostener que el hombre tenía derecho a dominar a la mujer, al esclavo y al animal porque era un ser racional, superior, espiritual, libre y civilizado que podía utilizar a los demás, que eran simples cuerpos, para sus propias finalidades.

 

 

-¿Qué es la voluntad de dominación y de qué manera conduce a la crisis ecológica?

 

La voluntad de dominación es un impulso presente en numerosos seres vivos. Pero en el mundo humano, si bien puede estar presente tanto en hombres como en mujeres, podemos detectarla con mucha intensidad en el mandato de construcción de la subjetividad masculina patriarcal. El sociólogo Josep Vicent Marqués, pionero de los estudios de la masculinidad, sostenía que la consigna de la construcción social del varón era “ser varón es ser importante”. Tal consigna suele dar lugar a conductas de dominación para demostrar la superioridad sobre otros.

 

 

-¿Compartes la crítica de Plumwood al racionalismo como causa última de la opresión de la mujer y la naturaleza?

 

No; pienso que la opresión de la mujer y de la naturaleza ha tomado diversas formas históricas, algunas nada relacionadas con el racionalismo. El racionalismo ha servido en algunos pensadores para sostener que las mujeres eran más próximas a la naturaleza y menos aptas para la cultura y el intelecto. Pero otros filósofos y filósofas, como por ejemplo el cartesiano Poulain de la Barre, han utilizado el racionalismo para combatir los prejuicios existentes contra las mujeres. Ahora bien, si entendemos el racionalismo como un dualismo mente/cuerpo que incluye también la absurda teoría del animal máquina cartesiano, según la cual los animales no humanos eran incapaces de sufrir y, por lo tanto, no merecían ninguna consideración moral, desde luego, es causa de opresión. Más que hablar de racionalismo a la manera de Plumwood, yo prefiero hablar de razón instrumental en el sentido frankfurtiano: una razón que ha perdido la capacidad de crítica sobre sí misma.

 

-¿Qué significa que reivindicas la unidad y continuidad de la Naturaleza? ¿A qué te refieres cuando mencionas críticamente el concepto griego de “hibrys”?

 

El concepto griego de hibrys me parece muy interesante y necesario en esta época porque alude a la necedad y locura de querer traspasar todos los límites. La desmesura era el peor de los errores, según los griegos. Y vivimos actualmente en una sociedad que nos invita continuamente a traspasar límites, a quererlo todo. Es el mensaje publicitario por excelencia que mantiene en funcionamiento el engranaje económico. Pero no se puede producir y consumir infinitamente en un planeta finito. Ya en los años 80 sobrepasamos la biocapacidad de los ecosistemas terrestres. Estamos destruyendo el mundo a una velocidad nunca antes conocida. Las olas de calor que sufrimos, el alargamiento de los veranos, la desaparición de las especies animales, la desertización que avanza, todo es un siniestro resultado de la cultura de la hibrys.

 

 

 -En “Claves ecofeministas” tomas a Epicuro como referente en vez de a un Platón o un Aristóteles. ¿Qué hay detrás de esta apuesta por un autor comparativamente “menor”?

 

Pensemos que los escritos de la escuela epicúrea fueron destruidos sistemáticamente cuando el cristianismo se convirtió en religión del Imperio romano. Muy poco se conserva de Epicuro y sus discípulos, de manera que sólo se lo ha juzgado por unos pocos textos. Epicuro comparte ciertas ideas de Aristóteles, por ejemplo, el valor que atribuye a la amistad. Es un autor materialista (en el sentido técnico filosófico), por lo que no hay en su ontología una degradación de la materia como en Platón. Los epicúreos disfrutaban de la Naturaleza. Por otro lado, la imagen de su escuela filosófica en donde libres y esclavos, hombres y mujeres reflexionaban y debatían paseando por un jardín que también era huerto de hortalizas para alimentarse, me parece un buen modelo para nuestras vidas.

 

-Reivindicas la concepción de la felicidad de Epicuro basada en la moderación, en los placeres sencillos y en el contacto con la naturaleza. ¿Por qué esta es una opción superior a una vida de excesos, de lujo y alejada de la naturaleza?

 

La respuesta está en los mismos epicúreos: porque los placeres sin autocontrol y alejados de la naturaleza terminan produciendo sufrimiento y enfermedad. El ejemplo de la comida o del alcohol nos puede aclarar lo que querían decir. Si como o bebo en exceso, el placer se convertirá tarde o temprano en dolor.  La mesura es clave para la felicidad.  Sí al placer, no a la desmesura.

 

En “Claves ecofeministas” dedicas un capítulo entero a la cuestión animalista. ¿Son los demás animales sujetos de derechos? ¿Por qué? ¿Podemos usarlos de algún modo, por ejemplo con fines médicos?

 

Somos animales humanos que tenemos unos compañeros de vida en la Tierra: los animales no humanos. Sin embargo, los ignoramos y explotamos. Los torturamos de mil maneras diferentes. Los matamos, los exterminamos. ¿Con qué derecho? ¿Por qué consideramos que sólo los humanos tenemos derechos? ¿No habrá un punto de vista interesado y sesgado en esta creencia que privilegia a nuestra propia especie? El caso de la experimentación con fines médicos que planteas es quizás el más complejo, ya que pone en juego nuestra vida de una manera que no lo hace, por ejemplo, el dejar de comer carne (opción que incluso favorece nuestra salud). Desde un punto de vista estrictamente moral, autores como Will Kymlicka y Sue Donaldson sostienen en esa excelente obra que es que ni siquiera la experimentación con fines médicos es aceptable.

 

 

-¿Por qué te opones a la gestación subrogada? ¿Qué es el patriarcado del consentimiento?

 

El alquiler de vientres  es un avance en la mercantilización del cuerpo de las mujeres. Yo la he considerado un caso más del extractivismo feroz que afecta al Sur global, de ese continuo flujo de recursos desde los países empobrecidos hacia el Norte. Así como la megaminería devasta la tierra y envenena el agua para la exportación, el alquiler de úteros somete a las mujeres pobres a técnicas agresivas para extraer un niño o niña, convertido en un producto más para el mercado.

 

 

 

-Concluyes “Ecofeminismo para otro mundo posible” matizando el viejo “Libertad, igualdad, fraternidad” con una propuesta de  “Libertad igualdad y sostenibilidad”. ¿En qué consiste este cambio?

 

Para practicar la fraternidad, hoy en día tenemos en primer lugar que preservar el planeta que es nuestra casa común. Millones de personas tendrán que abandonar sus tierras en las próximas décadas para sobrevivir. Si no conseguimos paliar las consecuencias de la crisis climática, habrá guerras por unos recursos cada vez más escasos. Y los ricos tendrán más posibilidades de sobrevivir que los pobres. Las desigualdades alcanzarán un récord histórico. Para referirse a este terrible panorama, el informe que acaba de hacer público un relator de la ONU habla de “apartheid climático”, señalando que más de 120 millones de personas en los próximos 10 años pasarán a sufrir pobreza extrema debido a la degradación ambiental. Por todo ello,  no me caben dudas de que, en la actualidad, no puede haber justicia sin ecojusticia.

 

 

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