La representación política (I): la teoría de la representación virtual

21/06/2019

Matt Briney @mbriney

 

La representación política es un elemento indispensable de los sistemas democráticos contemporáneos. Para algunos, esto es algo que deberíamos lamentar: dada la complejidad de nuestras sociedades, es posible que la democracia directa resulte irrealizable, y que estemos obligados a aceptar la representación política como un mal necesario, pero un mal al fin y al cabo. Otros, en cambio, ven en la representación política un elemento dinamizador de la democracia. En un artículo publicado en 1997, el teórico político David Plotke contestaba así a quienes negaban las credenciales democráticas de la representación política: “[L]o contrario de la representación”, afirmaba, “no es la participación. Lo contrario de la representación es la exclusión. Y lo contrario de la participación es la abstención” [i].

 

En todo caso, independientemente de si nos encontramos entre los enemigos o los defensores de la representación política, cabe reconocer que esta no va a desaparecer de un día para el otro, por lo que puede resultar interesante conocer más a fondo sus diversas modalidades. Este es el objetivo principal de esta serie de artículos.

 

Como es inevitable en estos casos, la selección es incompleta y hasta cierto punto, arbitraria. Aun así, espero que la discusión sea capaz de proporcionar herramientas útiles para entender varios aspectos de la representación política, al menos tal y como se viene practicando desde mediados del siglo XVIII. Porque es allí, de hecho, donde empieza nuestra investigación. Hacia la segunda mitad del siglo, se produjeron entre el Imperio británico y las colonias en América del Norte una serie de disputas acerca del alcance y la justificación de la autoridad de la metrópolis, que alcanzaron un punto álgido con la aprobación de la Stamp Act en 1765. Dicha ley establecía, por primera vez en la historia, un impuesto directo sobre las colonias de carácter exclusivamente recaudatorio.   

 

Por supuesto, muchos colonos reaccionaron a esta decisión con hostilidad. ¿Con qué autoridad, se preguntaban, podía el gobierno británico cobrar impuestos sin su consentimiento? Un argumento bastante popular era el siguiente: para que un ejercicio del poder político sea legítimo, es necesario el consentimiento de aquellos sobre quienes se pretende ejercerlo (lo que requiere, como mínimo, que estos estén representados políticamente). Ahora bien, puesto que los colonos no estaban representados en el Parlamento británico, este requisito no se cumplía. En palabras del famoso eslogan atribuido a James Otis Jr: “No taxation without representation” [ii].

 

Este desafío a la autoridad del Imperio británico fue recibido con sorpresa desde la otra orilla del Atlántico. Como explica el historiador Jack P. Greene, “del mismo modo que no existían precedentes de impuestos contributivos sobre las colonias con anterioridad a la Stamp Act, tampoco nadie había tratado de justificar explícitamente por qué este tipo de medidas quedaban fuera de la autoridad del Parlamento” [iii]. Thomas Whately, un escritor y político inglés, que por aquel entonces trabajaba para el primer ministro George Grenville, se apresuró a tratar de refutar el desafío colonial. En su tratado The Regulations lately Made concerning the Colonies and the Taxes Imposed upon them, Considered, publicado en 1765, Whately afirmaba que el argumento contra la autoridad del Imperio británico sobre las colonias se erigía sobre una premisa fatalmente errónea, puesto que los colonos sí estaban, de hecho, representados en el Parlamento. ¿Y cómo podía ser esto así, si quienes vivían en las colonias carecían del derecho a voto? Para Whately, la respuesta era sencilla: los colonos estaban representados políticamente de manera virtual, pero no actual.

 

El argumento de Whately puede resumirse del siguiente modo: para que haya representación política, no es necesario que todos los grupos representados hayan podido elegir a sus representantes. Consideremos la siguiente situación: tenemos tres grupos (A, B y C), cuyos miembros comparten un determinado interés I. De acuerdo con Whately, si los miembros de A pueden elegir a sus representantes, y lo hacen en función de la probabilidad con que creen que este último va a defender I, entonces los miembros de B y C, en la medida en que comparten dicho interés, estarán también representados - independientemente de si pueden o no participar en la elección de sus representantes. Ahora bien, sostenía Whately, si prestamos atención veremos que esto es exactamente lo que sucede entre el Imperio británico y las colonias: puesto que comparten ciertos intereses, y dado que en Inglaterra sí existen grupos con derecho a voto, los colonos sí están representados, lo que echa por tierra sus reivindicaciones. Al estar representados, podemos cobrarles impuestos sin problema.

 

Como es de esperar, los argumentos de Whately no resultaron muy persuasivos. Para el escritor virginiano Arthur Lee, la idea de que los colonos estaban virtualmente representados en el Parlamento británico era tan absurda que "en los tiempos de la superstición, habría sido considerada una forma de brujería" [iv]. Sin embargo, hay que ir con cuidado porque, aunque la mayoría de críticos rechazaron sus conclusiones, no muchos pusieron en duda la propia posibilidad de representar virtualmente a un grupo. De lo contrario, se habrían visto obligados a concluir que la ausencia de representación política afectaba también a una enorme cantidad de gente dentro de las colonias, ya que, como ha puesto de relieve Joseph Fishkin, "tanto antes como después de la Revolución Americana, prácticamente toda la representación política existente en los Estados Unidos era virtual. Solo en el estado de Nueva Jersey estaban las mujeres representadas de forma actual" [v].

 

Por lo tanto, no resulta extraño que las respuestas a Whately cuestionaran principalmente la identidad de intereses entre el Imperio Británico y quienes residían en las colonias. Como protestaba Daniel Dulaney, alcalde de Annapolis, en Inglaterra los votantes "están inseparablemente conectados con los intereses de los no electores", mientras que "no existe ni un elector en Inglaterra que vaya a verse afectado directamente por el cobro de impuestos en América". La crítica de Dulaney asumía la idea, bastante extendida en la época, de que para que los intereses de alguien se vieran genuinamente afectados por una decisión política este debía tener en juego algo materialmente valioso. No obstante, esto no sucedía en este caso: todos los votantes se hallaban en la metrópolis, lo que impedía que tuvieran intereses en juego en las decisiones relativas al cobro de impuestos directos a las colonias. Pero es obvio que en las colonias sí residían ciudadanos cuyos intereses se veían afectados por estas decisiones. Para los críticos como Dulaney, esto mostraba que los intereses de los votantes y los de los colonos no podían ser idénticos. En consecuencia, uno de los requisitos fundamentales de la representación virtual quedaba incumplido.

 

Con la llegada de la Revolución Americana, el argumento de Whately cayó en desgracia. Aun así, como hemos visto, la doctrina de la representación virtual siguió gozando de cierta fama durante bastante tiempo. Entre otras cosas, fue utilizada para oponerse a la extensión del derecho a voto a las mujeres o a los descendientes de los esclavos. Según esta modificación del argumento, las mujeres comparten intereses con sus maridos (intereses relativos a la estabilidad del hogar), así que ¿por qué deberíamos darles el derecho a voto? Desde luego no para que pueden estar representadas políticamente, puesto que ya lo están. Hoy en día este razonamiento parece difícil de aceptar. Asumimos, en general, que no existe ninguna razón plausible por la que debamos otorgar el derecho a voto a todos los hombres adultos y al mismo tiempo denegárselo a todas las mujeres, independientemente de su edad. Visto el papel que ha ido a jugando a lo largo de la historia, ¿no estaríamos mejor si nos deshiciéramos de una vez por todas de la representación virtual?

 

Tal vez esto sea precipitado. La principal razón por la que la representación virtual de los colonos, las mujeres o los negros resulta normativamente insuficiente es que estos poseen, en efecto, la capacidad de votar (o, como mínimo, no puede argumentarse que la posean en menor grado que los miembros de otros grupos que sí tienen derecho a voto). Pero esto no sucede con otros grupos, como por ejemplo los niños. Estos, al menos cuando son suficientemente pequeños, carecen de la capacidad de votar. Por ello, resulta difícil sostener que les estamos dañando o tratando injustamente si no les concedemos el derecho a voto o garantizamos que puedan ejercerlo [vii]. Respecto a los niños, y otros grupos, es una pregunta abierta si la representación virtual es un mecanismo institucional deseable. Esto dependerá, entre otras cosas, de si realmente hay intereses coincidentes entre ellos y sus progenitores, o de si dicho mecanismo mejoraría la protección de sus intereses. En la medida en que sea deseable, tal vez haya un lugar para la representación virtual en las democracias contemporáneas [viii].

[i] Plotke, David. 1997. "Representation is Democracy", Constellations 4(1): 19-34; 19..

[ii] http://boston1775.blogspot.com/2009/04/james-otis-jr-on-taxation-without.html.

[iii] Greene, Jack P. 2010. The Constitutional Origins of the American Revolution. Cambridge: Cambridge University Press, 69.

[iv] Citado en Bailyn, Bernard. 1967. The Ideological Origins of the American Revolution. Cambridge, MA: Harvard University Press, 168.

[v] Fishkin, Joseph. 2018. "Taking Virtual Representation Seriously", William & Mary Law Review 59(5): 1681-1728; 1706.

[vi] Citado en Ely, John Hart. 1980. Democracy and Distrust: a Theory of Judicial Review, 83.

[vii] Para una reciente defensa de la necesidad de otorgar el derecho a voto a los niños con relativa prontitud, véase: http://justice-everywhere.org/democracy/why-should-children-have-the-right-to-vote/.

[viii] Para un intento reciente de defender la legitimidad de algunas formas de representación virtual, véase el texto de Fishkin citado en la nota v.

Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Please reload

Buscador

Entrevistas

Qué opinan las voces más destacadas sobre los asuntos más candentes.s

Series

Diversos temas tratados con mayor profundidad y extensión en formato de series de artículos monotemáticos

colabora.jpg

Si quieres quieres criticar o complementar este texto, si no compartes su perspectiva, no lo dudes, haznos tu propuesta a la redacción.

¿En desacuerdo con este artículo?

Please reload

Revista Libertalia

Filosofía y Humanidades

  • Twitter - Revista Libertalia
  • Facebook - Revista Libertalia
  • LinkedIn - Revista Libertalia
  • SoundCloud - Revista Libertalia

Revista Libertalia es un proyecto sin ánimo de lucro ni línea editorial centrado en la filosofía y las humanidades.

 

Nuestro objetivo es promover la reflexión seria y profunda entre gente joven de dentro y fuera de la academia, tratando los diversos temas de forma compleja, pero con un lenguaje claro y directo.

 

Si estás interesado en colaborar con nosotros no lo dudes, enviándonos tus textos; nuestro equipo estará a tu disposición para acompañarte en el proceso de edición y publicación;  o bien ayudándonos a financiarnos a través de Patreon. 

Recibe la Newsletter