Transformando sociedades. La tríada de Hegel

07/06/2019

Pierre Herman @lepipotron

 

Para un amante de la historia como el que escribe estas líneas, resulta llamativo observar los cambios sociales que han tenido lugar con el paso de los siglos. Sin embargo, no siempre queda claro el modo o por qué ocurrieron, quedando muchas veces ocultos en un maremágnum de fechas y personajes que encierran en su seno el motor del cambio. Los historiadores y sociólogos han dedicado grandes esfuerzos a intentar hilvanar los hechos con estas transformaciones, tejiendo una tela con la que han buscado confeccionar el traje de la historia. Pero a esta dupla hay que sumar alguien más: los filósofos. Son ellos los que combinan mejor que nadie las preocupaciones de una época con las aspiraciones del ser humano, dándoles un nombre y una explicación para entenderlas.

 

 

 

 

De entre ellos destaca especialmente el idealista alemán George Wilhem Friedrich Hegel (1770-1831). Hegel quedó muy influenciado por la Revolución Francesa, la cual pasó de ver con buenos ojos, a acabar decepcionado cuando la situación degeneró en el período conocido como el Terror. Pero no en vano, este hecho sería esencial para analizar las transformaciones sociales y dar lugar a su teoría de la (tríada) dialéctica.

 

Para introducir estos términos, permitidme que recurra al Diccionario de la Real Academia Española [1]. Si buscamos la palabra dialéctica, veremos que dos de sus acepciones, la cuarta y la novena, definen el término como:  

"4. f. Método de razonamiento desarrollado a partir de principios.  Y 9. f. Fil. En la tradición hegeliana, proceso de transformación en el que dos opuestos, tesis y antítesis, se resuelven en una forma superior o síntesis."

 

Y es en esta última, donde aparece la mencionada tríada que será fundamental en el desarrollo del presente texto.

 

Sintetizando sociedades

 

Antes de entrar en la definición de los tres términos –tesis, antítesis y síntesis-, me gustaría comentar que voy a ceñir mi análisis a un aspecto práctico del mismo. Detrás de estos conceptos, Hegel desarrolló un análisis en profundidad, pero que por motivos de espacio y claridad, escapan al objetivo del presente texto. (Véase la bibliografía recomendada para ampliar en este sentido) [2]:

 

Para el filósofo germano, el concepto de tesis significaba el origen, la base o el punto de partida. Se trata por tanto de un punto fijo, que podemos materializar en la sociedad de una época, con sus costumbres, tradiciones y formas de entender la vida. Y sobre ella, su inercia y rigidez, se pretende aplicar el motor del cambio, para lo cual hemos de mirar al siguiente concepto, la antítesisSabiendo que el prefijo ‘anti’ significa opuesto o contrario, la antítesis es un término claramente en contraposición al de tesis. Hegel estableció que una tesis se da por verdadera hasta que una antítesis la contradiga.  Por lo tanto, si partimos de una sociedad origen o tesis, la antítesis se caracterizará por enfrentarse a los principios, generalmente éticos, morales y/o religiosos de la misma que entrarán en un conflicto dialéctico que desembocará en lo que Hegel denominó como síntesis.

 

Así, la síntesis es la consecuencia del conflicto entre la tesis y la antítesis, una especie de sistema híbrido que absorbe elementos de ambas, pudiendo ésta tomar diversas formas. Cabe señalar que el ente resultante lleva asociado elementos de ambas fuerzas que lo engendraron, de modo que ninguna provoca la destrucción total de la otra, algo que se saldría totalmente del análisis de Hegel y del que pocos ejemplos históricos podemos encontrar. Y es que siempre que una civilización ha acabado con otra, ha adquirido legajos de la vencida.

 

El motor del cambio social

 

Sabiendo que este proceso hegeliano comienza con una tesis, ésta ha de fijarse en primer lugar. En una sociedad, podemos encontrar las tesis en sus instituciones, valores y tradiciones, los cuales suelen presentar una cierta rigidez al cambio. Así que una vez definida ésta y fijados los principios sobre los que se quiere actuar, se la enfrenta a una antítesis, la cual debe encerrar tres aspectos clave: El primero es la contradicción con la tesis, el segundo la negación de aspectos de ésta y el tercero, lógicamente, el choque resultante.

 

Sobre este choque se podrían decir muchas cosas. Cualquier antítesis no provoca un conflicto e inicia el cambio. Requiere un apoyo y una consistencia que la haga resistir a los envites con la tesis y durar en el tiempo. Así podemos ver a lo largo de la historia diversos movimientos sociales que han fracasado sistemáticamente debido a que no sobrevivieron al propio choque con aquello a lo que se pretendían oponer. Un ejemplo claro es el Ludismo [3], un movimiento desarrollado en el siglo XIX en el Reino Unido y que se oponía a la introducción de maquinaria en el proceso productivo por considerar que expulsaba al trabajador del mismo. Pese a protestas y actuaciones a lo largo de ese siglo, nunca consiguieron frenar la entrada de maquinaria en las fábricas y hoy en día queda más que patente el fracaso del movimiento.

 

Pero es cierto que una vez que el choque se produce y se prolonga en el tiempo, ya sea por agotamiento o el surgimiento de un nuevo dinamismo, va surgiendo una tendencia que puede superar al conflicto de partida. Y es aquí donde la síntesis nace y se desarrolla llevando asociado elementos de la tesis y la antítesis originarias, en una proporción variable, algo esencial. Y lo es porque sólo así será capaz de absorber todo aquello que se sitúe en su ámbito.

 

Dicho esto, se pueden entrever dos cuestiones. La primera es que, si os fijáis, la síntesis nace de la contraposición de dos ideas, lo que en muchos aspectos la lleva a ser contrapuesta a ambas. ¿Cómo puede surgir y desarrollarse algo contrapuesto a dos ideas contrapuestas de por sí? Básicamente con la asimilación y con la inercia de la síntesis, la cual engullirá todo aquello que se le enfrente, ya que la misma por su concepto no admite lucha. Esto nos lleva a la segunda particularidad. Si decimos que la tesis no admite lucha y asimila todo aquello que se le acerca, entonces ¿cómo se puede provocar cambios en ella? ¿Creando una anti-síntesis? No, porque como acabo de señalar, una síntesis no admite enfrentamiento. De nuevo, Hegel nos da la respuesta. Si particularizamos de nuevo en una sociedad, para provocar cambios en una síntesis, es necesario fijarla antes y transformarla en una en tesis. Por hacer un símil, sería como levantar el pie del acelerador, permitiendo que algunos aspectos de la síntesis queden rígidos y puedan ser enfrentados a una nueva antítesis. De este modo estamos ante un proceso dinámico que se puede desarrollar en el tiempo a base de iteraciones. Si se consiguen fijar aspectos de una síntesis, ésta puede transformarse en una nueva tesis, pudiendo ser enfrentada a otra antítesis y seguir provocando cambios sociales a lo largo del tiempo. 

Fuente: Propia


La tríada en la historia

 

Un primer ejemplo claro lo vemos en las religiones y en la evolución del paganismo, la cultura grecorromana, las religiones monoteístas e incluso en el surgimiento del ateísmo. Vemos por ejemplo como muchos dioses paganos fueron adaptados en el mundo grecorromano y como incluso la esencia de éstos continuó en el cristianismo, eso sí, ahora bajo la forma de santos, vírgenes y apóstoles. Y haciendo un poco más de zoom, quizás encontremos el ejemplo más claro en el imperio romano. Así, al imperio politeísta (tesis), se le enfrentó el cristianismo monoteísta (antítesis), surgiendo como síntesis un imperio con el cristianismo como religión central.

 

Dando un salto de siglos y buscando una influencia notable posterior a su persona, hemos de mirar a Karl Marx. Y es que las teorías de Hegel aportaron en la época conceptos novedosos que incluían aspectos prácticos del conocimiento, plasmándolos en la relación que existe entre la sociedad y la naturaleza a través del trabajo. Pero sin duda, el aspecto hegeliano que más interesó a Marx giró en torno a tres conceptos: Familia, sociedad civil y Estado. Hegel estableció una relación dialéctica entre ellos, afirmando que se trataban de tres momentos contrapuestos en el desarrollo de las sociedades. Marx, logró extraer el jugo a esta disertación y pese a llegar a conclusiones diferentes, la base y estructura de sus razonamientos fue la misma que desarrolló Hegel. Es decir, la dialéctica hegeliana fue el cimiento filosófico a partir de la cual le fue posible a Marx desarrollar sus teorías. A nivel de ejemplo, podemos ver esta influencia en el marxismo en ideas como el materialismo histórico, la lucha de clases o la concepción social, observándose que se trataron de antítesis que fueron enfrentadas a la tesis social de la época, buscando mediante una serie de pasos llegar a un modelo de Estado nuevo.

 

Pero esta influencia no terminó aquí. Si entramos en las primeras décadas del siglo XX, Lenin y otros revolucionarios regresarán a Hegel en busca de inspiración filosófica con las que apuntalar y orientar los principios de las revoluciones que tuvieron lugar. Uno de los mejores ejemplos de esta influencia en el terreno práctico la tenemos en el mismo Lenin, el cual llegó a escribir en 1914: <<La dialéctica es la enseñanza que muestra cómo los opuestos pueden ser y cómo son (cómo se vuelven) idénticos, -en qué condiciones son idénticos, transformándose uno en otro,- por qué la mente humana debe captar estos opuestos no como muertos, rígidos, sino como vivos, condicionales, móviles, transformándose uno en el otro [4].>> Si uno cambia opuestos por la pugna tesis-antítesis y el proceso por el cual uno se transforma en otro por el concepto de síntesis, vemos inmediatamente la aplicación de la tríada de Hegel. Para Lenin y otros revolucionarios rusos, los opuestos eran el zarismo y el modelo de estado basado en la dictadura del proletariado, buscando mediante sucesivas transformaciones y choques, desembocar en un estado comunista puro.

 

Dando un salto a la actualidad, cabe preguntarse si aún seguimos bajo el influjo de la tríada de Hegel. Algo así podría rechinarnos por ser patente que vivimos en un mundo muy dinámico, donde las sociedades están sufriendo importantes transformaciones en poco tiempo. Con todo, y pese a este dinamismo, la realidad es que posiblemente estemos inmersos en procesos de tesis-antítesis-síntesis pero de muy corto recorrido quedando éstos camuflados en la vorágine de información actual. Por ejemplo, esto puede quedar patente en temas tan actuales y que no han estado exentos de controversia como el aborto, la aceptación social de la homosexualidad, la lucha por el reconocimiento de los derechos de la mujer e incluso los movimientos migratorios. Si uno se fija en detalle, durante las últimas décadas varias asociaciones, grupos e iniciativas, a modo de antítesis, se han enfrentado a la tesis social imperante, buscando una dinámica que podemos fácilmente extrapolar a la síntesis de Hegel. El resultado, aunque demorado en el tiempo, provocó el surgimiento de la mencionada síntesis y una mayor aceptación social de los temas mencionados. Pero si queremos ver cómo una síntesis puede ser fijada en tesis y volver a provocar cambios en ella, la aceptación de la homosexualidad es un buen ejemplo. En una segunda iteración, con algunos aspectos ya fijados, una nueva antítesis ha buscado el reconocimiento y aceptación de otros colectivos sexuales. Es fácilmente identificable que en la actualidad estamos inmersos en la síntesis de este nuevo proceso hegeliano.

 

Resumiendo, la tríada de Hegel como motor de cambio social no deja de ser una posible explicación y no tiene por qué ser perfecta. Pero al mismo tiempo se trata de una herramienta interesante para analizar la historia desde otro enfoque y buscar comprender las transformaciones que en su seno han tenido lugar.

 

[1] Definición de Dialéctica según el Diccionario de la Real Academia Española https://dle.rae.es/?id=DeWShVH

[2] "Tesis, antítesis y síntesis" https://www.significados.com/tesis-antitesis-y-sintesis/
[3] “Breve explicación histórica sobre el Ludismo” https://www.aulafacil.com/articulos/cultura-hoy/ludismo-t1490
[4] Cita extraída de https://www.marxists.org/archive/lenin/quotes.htmDuquette,

 

Lectura recomendada: 

 

  • David A.: Hegel: Social and Political Thought, Internet Encyclopedia of Philosophy. https://www.iep.utm.edu/hegelsoc/#SSSH6c.iii.3Maybee,

  • Julie E. (2016): Hegel’s Dialectics, Stanford Encyclopedia of Philosophy. https://plato.stanford.edu/entries/hegel-dialectics/Gadamer,

  • Hans George (2005): La dialéctica de Hegel: Cinco ensayos hermenéuticos. Ed. Cátedra (Colección Teorema)

  • Kojève, Alexandre (2013): Introducción a la lectura de Hegel. Ed. Trotta

  • Rojas, Mauricio (2012): Las desventuras de la bondad extrema. Ensayos sobre Hegel, Marx y las raíces del totalitarismo. Ed. Mauricio Rojas. https://bibliotecademauriciorojas.files.wordpress.com/2012/04/m-rojas-las-desventuras-de-la-bondad-extrema-2.pdf

 

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