¿Qué es realmente la filosofía liberal?: Charla con Juan Ramón Rallo

 
Hoy charlamos con Juan Ramón Rallo, economista y pensador liberal sobre su último libro "Liberalismo. Los 10 principios básicos del orden liberal" 

 

 

1) Individualismo: Sostienes que la condición de personalidad es la (mayor o menor) capacidad o potencial capacidad de agencia. No obstante, podemos imaginar casos de seres sin ninguna capacidad o potencial para la agencia que pareciera que querríamos incluir como sujetos de algunos derechos. Por ejemplo, pensemos en recién nacidos con alguna enfermedad que asegurara a ciencia cierta que no podrían desarrollarse.

 

Que la capacidad de agencia sea una condición suficiente para la personalidad jurídica y por tanto para ser sujeto de derecho, no quiere decir que sea una condición absolutamente necesaria para casos frontera en los que queramos dar derechos a las personas en función de que puedan desarrollarla total o parcialmente. Y en esa parcialidad también se contemplarían derechos sometidos a tutela a través de un individuo, una asociación o una colectividad que velarían por los derechos parciales de ese individuo.

 

Pero, entonces, y para clarificar, ¿sostienes que la capacidad de agencia o la potencia de la misma es una condición suficiente o también condición necesaria?

 

Creo que esos sujetos sí tienen una capacidad de agencia, aunque evidentemente parcial y muy limitada. El recién nacido tiene una mínima capacidad de actuar, aunque sea instintiva. Es decir, considero que hay argumentos sobrados dentro del liberalismo para incluir esas personas como sujeto de derecho, precisamente porque tienen cierta capacidad de agencia. Además, por mucho que estén condenados a no desarrollarse, esa condena depende de un determinado estadio de la tecnología que quizá no es previsible que cambie a corto plazo, pero que evidencia que sí conservan esa potencialidad. En todo caso, el recién nacido debe estar sometido a tutela porque para ejercer esa capacidad parcial muy reducida de agencia necesita que tutelen el ejercicio de sus derechos.

 

Dicho esto, como se trata de casos frontera, podría llegar a entender la argumentación -aunque no coincido con ella- de liberales que sostienen que esos sujetos mencionados no serían titulares de derechos porque la capacidad de agencia de esos sujetos está muy poco desarrollada. Por ejemplo, entendería que en una sociedad liberal, una vez se alcanza un coma irreversible, se entienda que la vida ya ha terminado y se considere que ese individuo deja de ser un sujeto de derecho. Esto es, que la personalidad jurídica se ha extinguido y que la persona ha muerto.

 

 

2) Igualdad jurídica: Si tal y como sugiere la citada W. McElroy (1992): “La justicia requiere que todos los seres humanos reciban aquello que individualmente merecen” quizás sí habría espacio para la discriminación positiva. Planteamos la siguiente línea argumental (Rachels 1978) (Warren, 1977). Consideremos una sociedad en que el grupo X tiene toda clase de dificultades sociales –no legales- que consideraríamos injustas. Por ejemplo, el grupo X es contratado con mucha dificultad porque, aun cuando su capacitación real es igual a los demás, existen sesgos socialmente extendidos contra X. En un contexto así, si se instaurara alguna política más o menos intensa de discriminación positiva –por ejemplo, obligar a todas las empresas de más de 100 trabajadores a tener 5 trabajadores del grupo X- el resultado podría ser, precisamente, maximizar el número de individuos que es tratado con merece. ¿Un planteamiento así sería compatible con el liberalismo?

 

Difícilmente. Lo que merece cada uno es que se respeten sus derechos, mientras lo que aquí se plantea es cierto tipo de igualdad de trato ante el mérito, presuponiendo cierto tipo de igualdad de resultados como fin al que se tiene derecho. Precisamente, una de las ideas que se intentan criticar en el libro son las concepciones finalistas de justicia distributiva. Insisto, la justicia consiste en que a cada cual se le respeten sus derechos, lo que incluye el derecho a discriminar en el trato privado.

 

Dicho esto, habría algunas circunstancias en que ciertas compensaciones en respuesta a discriminaciones pasadas sí serían justificables. Por ejemplo, si a las mujeres se les hubiera prohibido aprender a leer y a escribir, entonces con levantar esa restricción legal no sería suficiente. Allí sí que habría espacio para reclamar un derecho por parte de los miembros de este colectivo estatalmente discriminado a recibir una compensación (contra aquellos directamente responsables de su discriminación o quizás contra la colectividad por haberlo permitido). Ahora bien, esto no debe confundirse con la discriminación que cada individuo a nivel particular decida realizar, en ejercicio de su libertad de relacionarse solamente con quien quiera (por mucho que a los demás nos pueda parecer reprobable). Tenemos la obligación moral -no jurídica- de contribuir a mejorar la situación de esas personas, pero no a costa de cercenar las libertades de terceros inocentes.

 

¿Entonces, el liberalismo permitiría comercios con carteles a la entrada tipo “no contratamos negros”, por ejemplo?

 

Sí, pero con un matiz importante que menciono en el libro, el proviso anti-habilitación. Es decir, si estuviéramos en un tipo de sociedad en que, por lo que fuera, la inmensa mayoría de las personas se comportaran de ese modo racista y eso impidiera un mínimo ejercicio de la libertad individual de esos otros individuos (los negros), entonces allí sí creo que habría base para oponerse a ese bloqueo de su capacidad de acción.

 

Ahora bien, fuera de ese caso que unas personas decidieran no relacionarse con otro tipo de personas -llegando incluso a la creación de guetos- sin obligar a nadie a seguir su forma de vida sería deplorable, pero compatible con el liberalismo.

 

 

3) Libertad personal: Son tres los motivos que ofreces en contra de los derechos positivos. Te planteamos objeciones a ellos.

 

3. a) “No puede equiparse el agredir a alguien, que el permitirle un mal”. Cierto, pero de ello no se sigue que el permitir cualquier mal sí sea aceptable. Esto es, que sea peor clavarle un cuchillo a alguien que no retirárselo  no muestra que no retirárselo sea lícito (incluso cuando esa lesión no nos sea imputable).

 

Pero entonces, ¿hasta qué punto se extienden las obligaciones de cada uno a la hora de evitar mal a terceros?Podría hablar hasta cierto punto de un “deber de socorro”, pero incluso eso me parecería muy problemático. De hecho, en los códigos penales occidentales la omisión del socorro se trata de un delito muy acotado -uno debe estar junto con la posible víctima, que no sea necesario exponerse a ningún riesgo, etc. En el mejor de los casos las implicaciones que tendría plantear un deber así serían muy limitadas pues ¿qué carga máxima se estaría dispuesto a asumir?

 

Se acostumbra a decir algo tipo “si el coste que a uno le supone esa ayuda es muy poco y el beneficio que obtiene un tercero es muy alto, entonces sí existe un deber”. Ahora bien, ¿cómo se determina lo que es poco y mucho? Se estaría subordinado la existencia de deberes a percepciones subjetivas, lo que además conlleva que al más altruista le carguemos con muchos deberes y al más egoísta con muy pocos. De hecho, plantearlo en estos términos de “cantidades de sacrificios” conlleva una lógica utilitarista en la que, directamente, ninguna clase de derechos tiene cabida.

 

3. b) “La libertad negativa es el presupuesto indispensable que necesitan todas las personas para determinar su plan de vida”. Cierto, pero tan indispensable como algunos otros bienes básicos. ¿Acaso es más fundamental la libertad negativa que unos alimentos, por ejemplo? (Precisamente en la pág. 49 afirmas: “Sin medios materiales, la libertad de acción de los individuos apenas abarcaría la libertad de pensamiento y acaso de expresión”.)

 

Es evidente que los medios materiales son necesarios para poder realizar los planes de acción que cada uno albergue. Pero para diseñar ni siquiera esos planes de acción y para acceder a cualquier recurso material lo que primeramente es indispensable es la libertad negativa de actuar sin imposiciones externas. Es decir, con medios materiales y sin libertad no puedes hacer nada, mientras que con libertad y medios materiales al menos puedes intentar conseguir esos recursos. Por eso hablo de la libertad como el presupuesto básico para la configuración de los planes vitales de una persona, incluso para determinar cada cual los bienes que se consideren básicos. Insisto, no niego que sin determinados recursos uno pueda mantener su capacidad de agencia de forma sostenida en el tiempo, pero la libertad sigue siendo el presupuesto indispensable para todo ello.

 

3.c) “No es cierto que una persona necesite coaccionar al resto para desarrollar su capacidad de agencia. Cooperando es suficiente” Pero eso no parece cierto al menos en muchos casos; por ejemplo, pensemos en huérfanos desamparados. Sin coacción estatal que recaude impuestos no parece que se les pueda proveer de unos mínimos vitales, ¿no?

 

En esos casos me parecería más sensato obligar a las personas que quisieran tener hijos a que contrataran seguros que pudieran cubrir los gastos de sus hijos. Más que eximir a los padres y cargar a la sociedad con esa responsabilidad.

 

Pero pensémoslo en términos más teóricos. Supongamos que existiera un ser necesitado incapaz de auto proveerse y que su existencia no le fuera imputable a nadie. Un niño "que cae del cielo". ¿Debería la comunidad -sus individuos- sacrificar parte de su tiempo y energía (o riqueza) para ayudar a esta persona? ¿Puede el liberalismo aceptar unas mínimos obligaciones positivos?

 

Bueno, pero no creo que eso fuera unas obligaciones positivas mínimas. Tenerte que hacer cargo de un niño te cambia la vida radicalmente.

 

Claro, pero ¿si fuera posible distribuir esa carga entre los miembros de la sociedad -p.ej. imponiendo un pequeño impuesto con el que contratar tutores- y así reducir mucho su impacto?

 

Entonces nos retrotraemos al caso anterior: ¿qué es un sacrificio mínimo o pequeño? Volvemos a hablar de “costes pequeños para conseguir grandes beneficios”, lo que irremediablemente implica juicios de valor subjetivos. Lo que, en el mejor de los casos, implica cargar con más deberes al altruista -ya que a él le disgusta menos ayudar a los demás- y cargar muy poco al muy egoísta -para el que ayudar a los demás nunca es un pequeño sacrificio-. Es más, si lo planteáramos en esos términos esas obligaciones se volverían casi redundantes porque el que fuera altruista ayudaría motu propio y el egoísta no haría nada.

 

 

4) Propiedad privada: Abres la puerta a rentas de inserción mínimas condicionadas como aplicación del proviso de Locke. Podrías desarrollarlo brevemente.

 

Destaco que cuando se habla de los derechos de propiedad debe tenerse presente que los mismos conllevan la imposición de una restricción en los demás, una obligación de respeto que se ha creado sin recabar el consentimiento de nadie. Dicho esto, podría suceder que en algunas configuraciones de los derechos de propiedad, habría personas que se verían incapacitadas de acceder a los mismos, no por un problema de falta de capacidad o trabajo, sino por cosas tales como un bloqueo social (como el que mencionábamos antes) o un equilibrio de preferencias anti-intercambio que les impediría el acceso a la propiedad. Pues bien, es razonable plantear que si uno está obligado a respetar los demás derechos de propiedad sin poder él reclamar lo mismo a los demás, entonces –cabría argumentar- se rompería la simetría jurídica que defiende el liberalismo. Rota esa simetría habría entonces a un posible derecho de compensación que respondería o vendría a indemnizar esa “privación” de acceso a la propiedad (manteniendo la obligación de respetar la de los terceros). 

 

 

5) Autonomía contractual: Qué tiene que decir el liberalismo sobre los contratos “forzados por una situación de necesidad económica” o donde no hay ninguna alternativa más que aceptar lo que sea.

 

Para empezar, la idea de que nunca hay otra opción no me parece demasiado realista. Evidentemente, podemos construir algún ejemplo de laboratorio donde así sea, pero la gente no acostumbra a tener sólo una opción. Como mínimo, suele tener la opción de negociar con otros. Sobre todo en una sociedad con propiedad descentralizada. En una sociedad donde todo estuviera monopolizado por una persona, sí podría darse esa situación, pero en esa sociedad también sería aplicable el proviso de Locke. Pero, por lo general, esta me parece una idea poco realista.

 

Pero la pregunta es: ¿el liberalismo acepta que, igual que existen coacciones personales en las que se vulneran tus derechos, pueden existir también coacciones impersonales - creadas por el ambiente, la situación económica, etc. - y que tenga un efecto análogo (es decir, viciar el consentimiento)?

 

No, salvo que esas situaciones sean el resultado de una conculcación de los derechos de terceros. Evidentemente, hay coacciones indirectas. Supongamos que el Estado te empobrece masivamente con impuestos y esto te aboca a la prostitución. Por supuesto, aquí hay una coacción de raíz que te está empujando a eso. El liberalismo sí acepta que existen coacciones que pueden conculcar tus derechos y condicionar el ambiente para que tomes determinadas decisiones. Lo que no acepta (o al menos yo le veo un encaje bastante difícil) es que situaciones que son resultado del ejercicio de los derechos individuales de otros y que a una persona le resultan subjetivamente negativas supongan una coacción para esa persona.

 

 

6) Reparación del daño: Concibes el ius puniendi como un derecho de la víctima a ser restituido, indemnizado o a realizar una venganza privada (dadas toda una serie de prudencias que detallas). De acuerdo a esta concepción ¿cómo se trataría a los homicidas?

 

Creo que este problema es relativamente fácil de resolver, ya que en estos casos queda un derecho latente a ejercer la coacción sobre un tercero, y este es un derecho que puede ser apropiado por cualquiera. Por tanto, un homicida es un deudor itinerante, contra el que cualquiera puede dirigirse. Esto legitimaría, por cierto, la labor de los cazarecompensas, precisamente porque se convierten en titulares de ese derecho acreedor de la víctima, de la misma manera que si una persona muere sin herederos y tiene propiedades, las propiedades que deja libre son ocupables por cualquiera.

 

 

7) Libertad de asociación: Sostienes que el derecho a la secesión es consustancial al liberalismo, como parte del derecho de asociación y des-asociación. Reconoces igualmente que existe un derecho a la rebelión contra el Estado injusto. ¿Significa eso que el liberalismo apoya el separatismo violento (en los casos en que sea la única vía para la secesión)?

 

Depende de cómo. Sí creo que se puede llegar a justificar, pero al final esto nos remite a la cuestión de la desobediencia civil, pues tanto la secesión como el levantamiento en armas no son más que formas de desobediencia civil. Y, por supuesto, creo que hay un derecho a la desobediencia civil, cuando tus derechos se ven conculcados, aunque la fuerza de dicho derecho dependerá de cómo esta violación de derechos se haya producido.

 

En el caso de la creación de nuevos estados vía secesión, hay una serie de problemas adicionales. En primer lugar, ¿cómo te levantas en armas para secesionarte y qué derechos de terceros atacas al hacerlo? En segundo lugar, crear un estado es crear una maquinaria de coacción masiva. Por tanto, en la medida en que tú incluyas dentro de tu estado a personas que no están de acuerdo con esa secesión, también estás ejerciendo violencia contra terceros. En el capítulo 10 del libro planteo la posibilidad de que si un estado extranjero atenta contra los derechos individuales de sus ciudadanos, nuestro estado (u otro estado extranjero) pueda iniciar una ofensiva para restituirlos. El caso de la secesión podría encajar de un modo análogo. Si tú te quieres separar, esto va a hacer que haya gente viviendo bajo tu bota, el estado del que te has separado (que pasa a ser el estado extranjero) tendría el derecho a defender a esos ciudadanos de tu coacción.

 

Pero respondiendo más concretamente a la pregunta, sí creo que, bajo un conjunto restringido de circunstancias (la secesión la lleva a cabo un grupo de manera unánime o casi unánime, ofreciendo plenas garantías respecto a las libertades de aquellas personas que no se quieren secesionar - se les exime de pagar impuestos, o se les confieren fueros de legislaciones extranjeras -, y además esa secesión no implica violencia ni daños a terceros) sí existiría ese derecho de rebelión frente al estado que impide la secesión.

 

 

8) Libre mercado: En el caso en que el libre mercado no fuera la forma más eficiente de distribuir bienes y servicios, por ejemplo, porque los fallos de mercado fueran algo extendido, ¿el liberalismo seguiría defendiéndolo? ¿Seguiría siendo la única forma de organización legítima?

 

Si hablamos de fallos de mercado, primero debemos pensar cuáles son. En el libro comento que las externalidades negativas es una cuestión de definición adecuada de derechos de propiedad. Sobre los bienes públicos, planteo el posible encaje de transferencias forzosas en algunos casos muy concretos, (sin que eso atente contra el libre mercado). Por su parte, en el caso de los monopolios, puede tener un encaje el proviso de Locke o la provisión de antihabilitación que comento en el cuarto capítulo. Y en relación al problema de la información asimétrica creo que, en general, el mercado lo resuelve completamente. Aún así, incluso asumiendo que no pudiésemos resolver el asunto de la información asimétrica (como de hecho ya sucede en muchos casos), el liberalismo seguiría prefiriendo esta situación a una organización centralizada donde sí que se resuelva.

 

Y es que desde el libre mercado es posible crear ámbitos donde no existe libre mercado justamente para resolver algunas ineficiencias que pueda haber en él. Esto liga con la teoría de la empresa de Coase, donde una empresa es un órgano de planificación central dentro del mercado. Efectivamente, no sería eficiente que todas las decisiones o relaciones que existen dentro de una empresa se resolvieran en el mercado, pero precisamente por eso nacen empresas dentro de él. El problema aparece al invertir la secuencia, cuando la existencia de organizaciones centralizadas expulsa al mercado para resolver los problemas que estas tienen. En definitiva, el mercado se puede componer de organizaciones centralizadas allí donde el mercado no sea eficiente, pero al revés no.

 

 

9) Gobierno limitado: Sostienes que el minarquismo no es contrario al liberalismo, pues es legítimo obligar a alguien a sufragar parte de los costes de aquellos servicios de los que se beneficie (al menos cuando tras ese pago forzado siga beneficiándose). ¿Podrías desarrollar esta idea?

 

El liberalismo es la defensa de un orden político minimalista. Si ese orden político minimalista es imposible de construir en ausencia de estado, al liberal no le queda más remedio que defender el mínimo estado indispensable para llegar a ese orden minimalista, pues en caso contrario se defiende un orden pre-político, donde no hay conciliación de derechos individuales.

 

Es decir, en mi opinión es necesario un Estado mínimo porque es la mejor forma de conseguir las reglas de liberalismo se respeten, esto es, que tu derecho y mi derecho puedan convivir. Para el caso del Estado vale lo dicho en el capítulo cuatro sobre los bienes públicos (que en este caso sería el Estado como tal). Es decir, si el beneficio que están obteniendo todas las personas que buscan una vía para coordinarse es muy superior al quebranto generado por esa transferencia forzosa -por ejemplo, obteniendo una seguridad y unos tribunales imposibles de conseguir de otro modo- entonces es legítimo que obligues a contribuir a la defensa o pagar impuestos que sostengan ese mínimo, ya que, incluso con esa obligación, mi situación final es mejor que si no se me obligara.

 

Pero esta clase de razonamientos permitirían intervenciones mucho mayores de las que quiere un liberal; abriría la puerta a toda clase de paternalismos.

 

Obligar a un colectivo de personas a hacer algo que todas desean hacer no es paternalismo: paternalismo es obligarlas a hacer algo que no quieren hacer pero que pensamos que en el fondo es mejor para ellas. Pero si quieren hacerlo, ¿por qué se las obliga a ello? Para resolver un problema de acción colectiva que acaso el mercado no resuelve adecuadamente (es decir, son incapaces de coordinarse por medios voluntarios entre ellas). Pero la clave es que no se conduce a las personas a un equilibrio social que no desean, sino al equilibrio social que sí desean.

 

 

10) Globalización: Un mundo sin fronteras, ¿es eso posible?

 

Sí que lo es, aunque un mundo sin fronteras no significa un mundo desordenado sin control de circulación alguno. Alguno pueden entender que libertad migratoria implica una circulación irrestricta sin ningún tipo de cautela; ahora bien, en la medida que la libertad de circulación afecte al orden público  de forma fundada (por ejemplo, grupos terroristas, propagación de enfermedades, delincuencia organizada…), desde mi punto de vista sería igual de legítimo que el Estado limitara la circulación de un ciudadano suyo o de uno extranjero. Pero más allá de esas cautelas consustanciales al mantenimiento del orden público, no solo es posible, sino deseable.

 

Con todo, esta libertad de circulación también se tiene que conciliarse con la política urbanística que sea capaz de gestionar estos cambios demográficos. Por supuesto, el derecho de circulación y de establecimiento en propiedades desarrolladas existentes es una cosa, y otra bien distinta es la ocupación de las zonas comunes, algo que no es admisible ni para un extranjero ni para un nacional. Al final, desde mi punto de vista, globalización o libertad migratoria es simetría de derechos, es decir, que lo que no se permite a un nacional no se le permite a un extranjero y viceversa, sin que valgan privilegios de ningún tipo.

 

 

 

 

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