¿Atrapado en un cuerpo equivocado?: Charla con Miquel Missé

Caleb Woods @caleb_woods

 

Hoy charlamos con Miquel Missé, reconocido activista trans para comentar su último libro "A la conquista del cuerpo equivocado" (2018, ed Egales) que puede adquirirse aquí.
 


-Dices que de joven descubriste que no te identificabas con las chicas y que por eso decidiste hacerte chico. ¿Qué significa no identificarte con las chicas?

 

Sentía muy profundamente que no era como el resto de chicas, costándome mucho encontrar mi lugar de forma que, en general, me identificaba mucho más con los chicos. Dadas mis aficiones, mi estilo, cómo me veía bien vistiéndome etc. seguramente por atribuciones culturales me identificaba mucho más con los chicos.  Y todo ello hace 15 años, cuando los referentes de la transexualidad eran inexistentes, generándome todo ello bastante angustia hasta que un día descubrí  gente que, a pesar de haber nacido en un cuerpo, se identificaba con el otro género.

 

No pienso que exista una realidad biológica que tenga que ver con la transexualidad, creo que tiene mucho más que ver con los marcos que son posibles, pero entonces encontré en esa identificación una forma en que vivir.

 

 

-¿Si a ti no te gustaba “el rosa” (las princesas, el ballet, hablar en el patio…) sino que te gustaba “el azul” (los caballeros, el boxeo, jugar a fútbol en el patio…), ¿no te hacía eso –meramente- una chica masculina o a que se identifica con todo aquello entendido típicamente como masculino?

 

Probablemente sí, pero cuando uno no tiene referentes de esa posibilidad de existencia –cuando las mujeres masculinas no están presentes en nuestro imaginario o que cuando lo están es de forma totalmente estigmatizada- y entonces se te presenta la posibilidad de ser otra cosa… pues eso es lo que pones en marcha. Pero sí, técnicamente yo soy tanto una mujer que podría haber sido una mujer masculina como un hombre trans. Las dos son posibilidades, aun cuando yo he optado por vivir como un chico. Es decir, no podría argumentar biologicamente porque no vivo como una mujer masculina, más allá de que no es eso lo que sentí en un momento determinado. 

 

 

-Con todo, la idea que defiendes es, precisamente, que las personas trans no tienen un problema con su cuerpo –“un cuerpo equivocado”-, sino que es la sociedad quien tiene un problema con que “determinados cuerpos” tengan determinados roles.

 

Claro, pero lo cierto es que, al final, la gente trans acaba teniendo un problema con su cuerpo. Cuando uno se piensa como persona trans acaba entrando en ese marco y acaba atribuyéndole al cuerpo los problemas que probablemente tenga la sociedad. Históricamente las personas trans nos hemos construido para darnos sentido en oposición a nuestros cuerpos, hemos tenido luchas muy fuertes, lo entiendo; pero creo que deberíamos mirar hacia fuera e interrogarnos sobre el origen de nuestro malestar, más allá de nuestro cuerpo.

 

 

-¿Sugieres entonces que, en una sociedad mucho menos encorsetada –donde hombres y mujeres pueden ser masculinos y femeninos con libertad-, habría muchas menos personas trans pues muchos menos necesitarían cambiar su cuerpo para encajar? De allí que afirmes que quizás en otra sociedad no hubieras optado por hormonarte, ¿no?

 

Así es, exacto. No obstante, esa es una sociedad que ahora mismo no existe y que no sé si soy capaz de imaginar.

 

 

-En este sentido, dices que no hay nada de innato en ser hombre y mujer. ¿Qué distinción haces entre sexo y género?

 

Como primera aproximación podríamos decir que por ‘sexo’ entendemos los distintos cuerpos posibles desde una perspectiva biológica, mientras que el ‘género’ son todos aquellos aprendizajes culturales que definen lo masculino y lo femenino –qué es ser hombre y mujer- que, en este caso, no tienen nada de biológico.

 

No obstante, lo cierto es que yo también me adhiero a las críticas hacia esta distinción, como si fuera realmente posible hacer una distinción radical entre ambos sexos, o incluir toda la diversidad sexual-biológica en esas dos categorías –macho y hembra- tal y como lo ha evidenciado el movimiento intersex.

 

Es decir, lo más sencillo sería trazar la distinción entre sexo y género en paralelo a la de naturaleza y cultura, pero creo que no sería preciso. La forma en que interpretamos la misma biológica viene mediatizada por elementos culturales.

 

 

-Luego, siguiendo esta misma lógica, quizás sería más adecuado distinguir entre transexualismo y transgenerismo. Transexuales serían aquellas personas que genuinamente desean cambiar su cuerpo mientras que transgénero serían personas que, sin tener ningún problema con su cuerpo, desean adoptar roles del sexo opuesto (aun cuando opten por cambiar también el cuerpo para que esa transición sea aceptada socialmente con mayor facilidad).

 

¿Qué se está planteando? ¿Que por un lado la gente transexual entiende que “debería haber nacido en otro cuerpo” y que hará lo que sea para modificarlo mientras que las personas trasngénero tienen una idea más crítica –ni mejor ni peor- con el género y entienden que su transición pasa no por modificar su cuerpo sino adaptarse a unos patrones culturales? Sí, estaría de acuerdo. Ahora, dicho esto, creo que estas distinciones son siempre matices muy pequeños. Dentro de la propia comunidad trans hay debate entre los límites entre una cosa y otra sin que exista un consenso fuerte al respecto.

 

Igualmente, aunque es interesante pensar en cómo sería un mundo más plural, es importante pensar qué hacemos en el ahora donde existen inmensas presiones para adecuarse a unas categorías cerradas y rígidas y cómo se gestiona todo ello en relación al propio cuerpo.

 

 

-En una línea similar afirmas que te opones a los “esencialismos”. ¿Qué significa exactamente?

 

No creo que exista una esencia innata de hombre o mujer, lo que, sin embargo, ha formado parte del imaginario de la transexualidad durante mucho tiempo (y aun lo forma). Es decir, siempre ha habido una lucha o tensión dentro del movimiento trans por concepciones más o menos esencialistas. Las más esencialistas, que yo no comparto, básicamente acaban situando la solución del malestar de las personas trans en el cambio del cuerpo, cuando el problema reside en la existencia de una sociedad profundamente rígida en sus categorías sobre qué vidas son aceptables para cada cuerpo. Es esa rigidez la que crea que haya personas que se sientan “expulsadas” o que no encajen, buscando entonces modificar su cuerpo.

 

 

-¿Qué estrategias propones para erosionar esa rigidez?

 

Primero asumir que, desgraciadamente, este sería un proceso muy largo, que probablemente esto será doloroso aun por mucho tiempo. Creo que es muy importante toda la cuestión del empoderamiento y la autoestima corporal de la gente trans, basado en dejar de pensarlo como algo aislado y conectarlo con otras experiencias similares de malestar corporal que nuestra sociedad genera, estableciendo diálogos y vínculos con el movimiento de personas gordas o el movimiento de personas con diversidad funcional. El colectivo trans podría enriquecerse mucho de las estrategias de resilencia de esos otros grupos.

 

En segundo lugar creo que es muy importante romper con la lógica que establece a cada cuerpo una identidad y a cada identidad una expresión de género visibilizando hombres femeninos y mujeres masculinas para que en el imaginario colectivo existan también esas formas de vivir que no pasen necesariamente por la transición.   Sin embargo, estamos en todo lo contrario, en una deriva en que cada vez más gente transita y transita a edades más tempranas.

 

 

-Desde ciertos sectores del feminismo se adopta una posición muy crítica con el movimiento trans y se acusa a sus miembros de reproducir y perpetuar estereotipos y roles de género sexistas. ¿Qué opinión te merece?

 

Considero que muchas de estas críticas están sobredimensionadas. El feminismo español no ha sido un feminismo historicamente tránsfobo –como podía serlo el existente en el mundo anglosajón. También creo que la discusión por redes sociales hace que se importen problemas como si fueran nuestros cuando no lo son. Yo que participo en la lucha trans en Barcelona desde hace 15 años no podría decir que el feminismo ha sido beligerante con la cuestión trans. Otra cosa es que algunos sectores del feminismo –con toda legitimidad- decidan no organizarse o comprometerse con el activismo trans. Sí que existen algunas voces tránsfobas –de nuevo, sobredimensionadas por las redes-, pero no sería justo tildar en base a ellas al feminismo de tránsfobo. Al contrario, en el Estado español ha habido un movimiento transfeminista muy potente.

 

Sobre la reproducción de roles de género. ¿Por qué la gente trans no debería reproducirla? ¿Dónde está escrito que la gente trans deba ser especialmente revolucionaria? La gente trans hace lo que puede, y probablemente desde una mirada mucho más crítica ya que ha tenido que pasar una ruptura con el sistema de género. Entiendo perfectamente que una persona quiera ser –digamos- normativa pues quiere ser reconocida en una sociedad que es muy rígida que no interpreta tantos colores. Las personas trans reproducen estereotipos tanto como muchos hombres y mujeres cis.

 

 

-¿Cómo deberían actuar los padres ante un niño o adolescente que dice ser trans?

 

Mi interés no se centraría tanto en los casos concretos sino en los discursos que se están alimentando en torno a la transexualidad infantil que tienen derivadas problemáticas. Cuando un niño muy pequeño dice que quiere ser niña lo que nos está diciendo es que hay toda una serie de cosas que desde la categoría de niño no se pueden hacer. Lo más fácil sería decir “si va a ser más feliz como niña que sea una niña”, y aunque entiendo perfectamente que esas transiciones se desarrollen creo que hay que apostar en paralelo por algo mucho más transformador, si nos quedamos en el relato de la transexualidad infantil habremos generado, como transexualidad adulta,  un parche para no abordar algo mucho más complejo.

 

 

-¿Pero si una familia te pidiera consejo al respecto para su caso concreto, qué les dirías?

 

Me guardaría un poco de dar consejos a esas familias, que hacen algo muy difícil, que genera mucha culpa, que es muy juzgado etc.  Insisto, creo que lo más importante es empezar a generar discursos y relatos a los que estas familias se puedan acoger. Crear marcos de interpretación y modelos de acompañamiento desde los que hacer las cosas que no sean la transexualidad infantil.  En el libro trato de iniciarme en ese debate pero falta mucho trabajo.

 

 

-Y el Estado qué posición debiera adoptar ante las personas trans en materia de DNI, prisiones, interpretación de la ley de violencia de género etc.

 

El Estado debería dejar de hacer tantas preguntas respecto a las personas trans y pensar cómo su propia normativa y estructura promueve esa visión binaria y sexista que causa el malestar trans. Por ejemplo, ¿cómo se compromete el Estado a la hora de asegurar que un niño pequeño que quiere vestirse de princesa no encuentre problemas en su escuela, para que esa sea una posibilidad válida? De hecho, todavía muchas escuelas las escuelas están en las antípodas de eso: son lugares que consideran que según qué cosas deben hacerse de forma segregada (ir al baño, la clase de gimnasia, los vestuarios). Así contribuimos permanentemente a la idea de que los niños hacen unas cosas y las niñas otras. Entonces cuando un día un niño nos dice que se quiere vestir de princesa nos llevamos las manos a la cabeza y solo se nos ocurre que pueda vivir como una niña.

 

¿Por qué en nuestro sistema sanitario cuando nace una persona con características sexuales ambiguas o intersexuales decidimos que lo mejor es normativizar ese cuerpo para que sea macho o hembra, en vez de dejar que se desarrolle con libertad? ¿Por qué las personas homosexuales deben realizar un proceso de publicitación de su sexualidad “saliendo del armario”? Discutamos las normas de la heterosexualidad preguntando a quién beneficia.

 

Pues bien, que después de causar ese malestar el Estado pregunte cómo puede ayudar, hacernos según que cuestiones “más amables” es un poco absurdo y deshonesto.

 

 

-Concluyes el libro diciendo que sabes que mucha gente se enfadará por lo que afirmas. ¿Por qué?

 

Más que enfadar, quizás sería herir, porque cuando uno es una persona trans que tiene que justificar ante el mundo su transición también necesita algunos argumentos –clavos ardientes- para sostener ese embate tan difícil. Una argumentación que requiere de unos cimientos para coger fuerzas y que son muy necesarios para explicarnos al mundo y a nosotros mismos –yo también los he utilizado- pero que, en algunos casos, pongo en cuestión. Yo si hubiera leído este libro con 14 años probablemente lo hubiera quemado.

 

 

­-¿Un ejemplo?

 

La creencia de que la modificación corporal nos cambiará.

 

Puedes encontrar la reseña de a "A la conquista del cuerpo equivocado" aqui.

 

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