Preguntemos a las madres: ¿por qué los permisos iguales e intransferibles no podrán mejorar su situación en el estado español?

Suhyeon Choi @choisyeon


Hace décadas que colectivos de madres reclaman un permiso de maternidad más largo. El actual permiso de 16 semanas, que lleva vigente y sin modificaciones desde 1989, no alcanza a cubrir los seis meses de lactancia materna exclusiva que recomiendan organismos como la AEP[1]. Tampoco cubre las necesidades de las criaturas, defendidas por expertos y expertas en desarrollo infantil, al no garantizar la fase de exterogestación que necesita un bebé para madurar fuera del vientre materno[2]. A pesar de las demandas de estos colectivos, la maternidad ha sido excluida de las agendas políticas. Cuando finalmente un gobierno español ha tomado la iniciativa de invertir algo de presupuesto para la conciliación, ha sido para aprobar unos permisos paternos según la propuesta de la Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción (PIINA) apoyada por partidos políticos como Unidas Podemos, PSOE y Ciudadanos. El objetivo es la igualación de los permisos de maternidad y paternidad intransferibles (que no obligatorios), como medida para acabar con la brecha de género en el empleo. Su teoría se asienta  en que puesto que las mujeres somos penalizadas laboralmente por nuestra maternidad, igualar el tiempo de permiso remunerado de los padres, evitará la discriminación. Los permisos iguales e intransferibles han sido aprobados mediante decreto por el saliente gobierno del PSOE, con el voto a favor de dos partidos tan diferentes como Podemos y  Ciudadanos.

 

Hace aproximadamente un año nació la Plataforma PETRA de madres feministas por unos permisos transferibles. El principal objetivo de esta plataforma es visibilizar la maternidad, dar voz política a las madres desde una perspectiva feminista y desmontar los argumentos que sostienen los permisos iguales e intransferibles.  El principal argumento de PETRA es que los permisos iguales e intransferibles no son una medida feminista, puesto que además de no responder a las demandas de las madres y de conceder derechos sobre todo a los padres, perpetúan la devaluación e invisibilización de la maternidad, lo que constituye una operación simbólica patriarcal. La Plataforma defiende que un verdadero reconocimiento de la maternidad debe garantizar a las mujeres y a sus criaturas herramientas para conciliar en esa etapa tan vulnerable, donde el riesgo de exclusión laboral y social es grande. A diferencia del feminismo hegemónico de la PPiiNa, que es antimaternalista, centrado en el empleo y paternalista con las madres, PETRA se enmarca en un feminismo que defiende poner la vida en el centro y se opone por lo tanto  a las lógicas capitalistas, defiende que las madres puedan elegir libremente sin imposiciones externas, y la reapropiación de las mujeres de sus cuerpos (partos respetuosos, derecho de lactancia, derecho de recuperación posparto, derecho al reconocimiento de la díada madre-bebé.) En la crianza temprana, paternidad y maternidad no son iguales y las mujeres que han gestado pasan por una serie de procesos exclusivos (embarazo, parto, posparto, lactancia, puerperio) que deben ser protegidos a través de los correspondientes recursos. La negación, invisibilización, devaluación, y apropiación de la maternidad ha sido siempre una estrategia básica del patriarcado. Por ese motivo, la Plataforma PETRA defiende la ampliación de los permisos parentales y que la mayor parte de estos tengan un carácter transferible, para que cada familia decida cómo organizarse. De esta manera, las mujeres que deseen incorporarse a su empleo tempranamente podrán hacerlo, repartiendo con su pareja (si la tienen) el permiso transferible, pero también dando la posibilidad de que las madres que así lo elijan puedan ampliar el tiempo de cuidados.

 

Otro argumento que desmonta la Plataforma es la falsa idea de que los permisos iguales e intransferibles acabarán con la desigualdad de la mujer en el mercado laboral. La maternidad no es la razón fundamental por la cual un 40% de mujeres españolas en edad laboral están excluidas del mercado laboral. La principal causa es que en España el empleo es muy escaso y precario. Los bajos salarios, las pésimas condiciones laborales, la temporalidad, la escasez de empleo público y la falta de licencias remuneradas largas y de ayudas a la conciliación, hace que muchas mujeres cuando son madres pasen a engrosar las listas del paro y, a diferencia de lo que ocurre en otros países, jamás vuelvan al mercado laboral. En España, la brecha salarial entre las mujeres que son madres y las que no lo son está por debajo de la media de la Unión Europea[3]. Lo que sin duda es el factor más determinante de la exclusión laboral de las mujeres es el alto grado de polarización del empleo: tanto la brecha de género en el empleo como la brecha salarial nos indican que en los niveles socioeducativos y de renta altos hay mucho más empleo y menos brecha salarial, llegando a tasas de empleo como las de Suecia, y en los niveles socioeducativos y de renta bajos hay una enorme brecha salarial y de empleo. En otros países de Europa este efecto no se da de manera tan acusada. Por ejemplo: en los niveles socioeducativos bajos, la brecha salarial en España es la tercera más alta de la UE-28, sólo por detrás de Estonia y Letonia para las personas que han completado secundaria como máximo;  sin embargo para las mujeres españolas que son directoras o gerentes,  la brecha salarial es del 19%, mucho menor que en Francia (28%) y en Alemania (37%)[4]. Por lo tanto el motivo principal de la brecha salarial no es la maternidad, sino la desigualdad de la sociedad española, que hace que el empleo de calidad esté concentrado en las clases más altas.

 

Otro rasgo socioeconómico característico y estructural de España son las altísimas tasas de pobreza infantil, algo que ya era preocupante antes de la crisis y lo sigue siendo. En España la presencia de menores en el hogar es un factor clave en el riesgo de pobreza: todos los hogares con menores superan la media de riesgo de pobreza por tipo de hogar (21,6), mientras que todos los hogares sin menores están igual o por debajo de esa media[5]. Los permisos iguales e intransferibles no conseguirán acabar con esta desigualdad, puesto que canalizan recursos a los hogares de familias biparentales con dos empleos estables (precisamente las que menos riesgo de pobreza tienen) y mantienen la manida y falsa consigna del “feminismo liberal” según la cual el empleo femenino podría por sí solo combatir la pobreza. Las familias monomarentales son un claro ejemplo de ello, pues aún con una tasa de empleo del 90%[6], siguen teniendo un riesgo de pobreza y exclusión social muy alto: 53,3% (2016)[7]. Riesgo que se ve acrecentado por la falta de recursos o recursos erróneos, como los permisos iguales e intransferibles, que harán que estas familias dispongan de la mitad del tiempo de cuidados remunerados, discriminado a sus criaturas respecto a las nacidas en familias biparentales, que tendrán el doble. Teniendo en cuenta la desigualdad y la polarización, la Plataforma PETRA no solo defiende la ampliación de los permisos y su transferibilidad, también  tienen en cuenta la situación de las madres no asalariadas y las precarias y defienden la necesidad de introducir medidas de conciliación  con criterios universalistas y redistributivos,  como por ejemplo las prestaciones universales por hijo a cargo.

 

Así pues, cuando hablamos de conciliación no debemos olvidar que estamos hablando de crianza y de los derechos de madres y de las criaturas a ser cuidadas en un ambiente familiar. Por este motivo, las políticas de conciliación no pueden adaptarse a las exigencias del mercado laboral, más bien al revés, debería transformarse el mercado laboral para que la maternidad y la crianza tuvieran cabida (por ejemplo a través de reducción de la jornada laboral, empleos dignos, amplios permisos parentales, recursos de conciliación suficientes, etc.) Tampoco debemos olvidar que la igualdad nunca podrá ser total, porque el proceso biológico del parto sigue siendo de las mujeres, por lo tanto las empresas sabrán que muchas de sus empleadas van a tener bajas por riesgo de embarazo y de lactancia y se pedirán excedencias o reducciones de jornada para suplir las míseras 16 semanas de permiso. Estos últimos recursos han estado también a disposición de los padres, pero las estadísticas demuestran que los hombres apenas hacen uso ellas[8]. Cuidar no es la prioridad para ellos, y por eso, los permisos iguales e intransferibles destinan a los padres 4 meses remunerados al 100%,  pero no se ha demostrado que eso garantice que los padres vayan a cuidar durante ese periodo, y tampoco que ese sea el modo más óptimo de canalizar los recursos para defender los intereses de las mujeres ni para apoyar la crianza. En definitiva, cuando en nombre de la igualdad se obvian las diferencias no puede haber justicia social.

 

Otro argumento que utilizan en la defensa de los permisos iguales e intransferibles es acercarse más a los modelos europeos. Sin embargo, estos permisos nos pondrían a la cabeza de Europa en duración de permisos intransferibles y remunerados al 100% para los padres (3 meses en Suecia, Noruega, Islandia y Portugal y 2 en Alemania), y sin embargo, las mujeres españolas seguirían siendo las madres con menos tiempo disponible, junto con las maltesas (16 semanas mientras las suecas pueden disponer de 14 meses; las noruegas, finlandesas, danesas, alemanas, austriacas, británicas, eslovacas, húngaras y checas de 12 meses; y las islandesas de 6)[9]. Otro tema importante que nos diferencia, es que en estos países la mayor parte de la licencia parental es transferible. Una transferibilidad que permite a las familias organizarse como deseen, eliminando el paternalismo de los permisos intransferibles que imponen por ley la gestión de  los cuidados de una determinada manera. Si realmente se quieren desarrollar medidas de conciliación efectivas deberíamos conocer cuáles se han desarrollado con anterioridad, cuales han funcionado realmente y cuáles no. En Noruega, por ejemplo, en 2014 se redujo el tiempo de licencia remunerada intransferible para los padres, pasando de 14 a 10 semanas y ampliando la parte transferible[10], porque los padres hacían poco uso de este permiso y, al ser intransferible, se perdía. Si la mayoría de los partidos políticos españoles lanzan su mirada a estos países europeos cuando hablan de igualdad en el empleo y de conciliación, ¿por qué nos ocultan que sus modelos de licencias parentales distan mucho de parecerse a los permisos iguales e intransferibles que aquí se proponen? ¿Realmente un permiso de maternidad más amplio haría que empresas dejasen de contratar a las mujeres? No podemos olvidar que el permiso de maternidad es un derecho y que lo que realmente hace que las mujeres no tengan una posición de igualdad en el mercado laboral es la ausencia de derechos (como permisos amplios) que reconozcan y protejan legalmente los procesos reproductivos de aquellas que deciden ser madres.

 

En los países donde hay permisos parentales remunerados mínimo de doce meses (Noruega, Suecia, Finlandia, Alemania y Francia entre otros) es posible vivir una maternidad digna sin perder el vínculo con el mercado laboral de forma que cuando las mujeres se incorporan a sus empleos tienen facilidad para la conciliación. Sin embargo, en España muchas madres deberán abandonar el mercado laboral para criar y les costará mucho trabajo volver a él o quizás no vuelvan. Pero lo más importante es: ¿qué quieren las madres? Y ¿qué necesitan los bebés? Cuando se van a definir medidas de conciliación es realmente importante que se realicen estudios de opinión serios sobre las preferencias de las implicadas. Si no, se dictarán medidas paternalistas y no representativas de las demandas de las mujeres, y por lo tanto estarán abocadas al fracaso. La ausencia de estudios es notable, pero podemos mencionar la encuesta realizada por el Mouvement Mondial des Mères en el año 2010 a madres europeas. En esta encuesta se demuestra que tras los permisos parentales, un 76% de las madres europeas prefiere cuidar a sus criaturas a tiempo completo hasta los doce meses. Pasados los 12 meses, un 31% prefiere volver al trabajo (pero a tiempo parcial) y un 57% seguir cuidando a tiempo completo hasta aproximadamente los tres años. Sin embargo, esta cifra se reduce al 37% cuando los niños tienen de cuatro a seis años[11].  (Los resultados de esta encuesta distan mucho de las 16 semanas que disponen las madres para la crianza a tiempo completo en nuestro país)

 

Por otro lado, el adultocentrismo que caracteriza nuestra sociedad lleva a las criaturas a satisfacer sus necesidades en un ambiente que rara vez las tiene en cuenta. Si hablamos de los derechos del y de la menor es importante que no se basen en discursos políticamente correctos que no atienden a la diversidad social y a las necesidades de la infancia. Son numerosos los y las profesionales del ámbito de la salud infantil, la salud mental perinatal y la etnopediatría que establecen la importancia del vínculo materno en la infancia temprana. La exterogestación y la lactancia materna serían dos puntos clave para ser conscientes de que el permiso de maternidad debería ser mucho más amplio. Es muy difícil mantener la lactancia materna sin un bebé presente: el pecho no tiene horarios fijos y depender de herramientas como el sacaleches es extremadamente sacrificado para muchas madres, sobre todo cuando ni siquiera disponen de un espacio adaptado para la extracción en su puesto de trabajo.

 

Usar la ingeniería social en la crianza es muy peligroso, pues hay demasiado en juego. Y no es buena idea obligar a una persona a cuidar, la corresponsabilidad debe instaurarse por otras vías, sobre todo la educación. Además, se debe luchar por una corresponsabilidad real en todos los ámbitos (no solo en la crianza) y en todas las etapas de la vida. Centrar la importancia del papel del padre exclusivamente en los primeros meses de la criatura (justo cuando la díada madre-bebé es tan importante) es muy reduccionista y no resuelve el problema de base: que los hombres se integren en la cultura del cuidado (y no solo del cuidado de bebés, sino de niños y niñas, de adolescentes, de personas mayores dependientes y de personas con capacidades diferentes que tengan algún grado de dependencia). Por lo tanto, no se debería aumentar el permiso de paternidad con el objetivo de que milagrosamente aumente la corresponsabilidad; más bien al revés, cuando aumente la corresponsabilidad, los padres exigirán estar más tiempo con sus criaturas. Y, al igual que las madres, cogerán excedencias, reducciones de jornada y pedirán permisos más amplios.

 

Un Estado que se comprometa con la equidad debe dar voz a las mujeres, de manera que ellas elijan si quieren ser o no ser madres y la forma en que desean criar. Por eso no solo se deben garantizar unos derechos reproductivos gratuitos sino que se debe invertir en infancia para que todos los niños y las niñas puedan disfrutar de una crianza en dignidad. Sin embargo, en esta última campaña electoral, hemos podido comprobar cómo los partidos políticos solo hablaban de infancia pensando en aumentar la tasa de natalidad, y cómo las medidas que se proponen (guarderías de cero a tres años, permiso de paternidad) han sido concebidas en función del mercado de trabajo y no de las necesidades de las criaturas, quedando por lo tanto excluidos todos los criterios y las medidas que no entren dentro de una lógica economicistaEs paradójico que partidos políticos tan dispares y con ideologías opuestas, compartan sin embargo la defensa de los permisos iguales e intransferibles. La hegemonía de este criterio reduccionista y antimaternalista quizá se deba a que ni siquiera las luchas feministas han conseguido hacer de las madres un sujeto político, y por eso, sus intereses quedan fuera de los programas electorales. Cada vez que los partidos políticos, en nombre del feminismo, hablan de la concesión de privilegios a los padres al tiempo que obvian la maternidad, el patriarcado afianza un poco más su dominio sobre las mujeres.  

 

 

 

[1]https://www.aeped.es/comite-lactancia-materna/documentos/recomendaciones-sobre-lactancia-materna-comite-lactancia-materna

[2]Se puede encontrar una gran bibliografía al respecto. Recomendamos la obra “Enopediatría. Infancia, biología y cultura” (2017) de Maria José Garrido Mayo.

[3]Véase el studio Gender equality in the workforce, RAND Europe, 2014: https://www.rand.org/pubs/research_reports/RR462.html

[4] Zoom económico, 2016/09 https://www.fundacionalternativas.org/laboratorio/documentos/zoom-economico/brechas-salariales-de-genero-en-espana

[5] INE, Encuesta de Condiciones de Vida (ECV). Año 2017

[6] Encuesta población activa (INE)

[7] INE: http://www.ine.es/jaxiT3/Datos.htm?t=11203

[8] El Pais, 7/03/2016  “Los hombres piden menos del 4% de las excedencias para cuidar menores”

https://elpais.com/ccaa/2016/03/07/catalunya/1457365002_840824.html

[9]   Datos extraídos de Maternidad, Igualdad y Fraternidad (2017, ed. Clave editorial de Patricia Merino

[10] Brandth, b. y Kvande, E. (2015) «Norway country note», en p. Moss (ed.) International Review of Leave Policies and Research, 2014.

[11]Datos extraídos de Maternidad, Igualdad y Fraternidad (2017, ed. Clave editorial, de Patricia Merino

 

Las autoras son integrantes del Equipo de coordinación de la Plataforma PETRA Maternidades Feministas

 

 

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