¿Qué pensión me espera?: Charla con Domingo Soriano

Fabian Blank @blankerwahnsinn

 

Hoy charlamos con Domingo Soriano, destacado periodista económico.

 

 

-Sostienes que, a medio plazo, las pensiones caerán: la tasa de sustitución que hoy se sitúan en torno al 80% se desplazará alrededor del 50%. ¿Por qué?

 

Sin entrar en muchos tecnicismos, y simplificando, podemos decir que los trabajadores abonamos alrededor del 25% de nuestro salario para pagar las pensiones. Pues bien, si existen unos 3 trabajadores por pensionista entonces ese jubilado podrá recibir un 75% (i.e 25%x3) del sueldo de esos trabajadores. Ahora bien, a medida que el número de trabajadores por pensionista se reduzca se reducirá también la pensión que estos generen (a menos claro que aumentáramos el porcentaje de cotización). Y dado que incluso los estudios más conservadores prevén una reducción del número de trabajadores por pensionista, entonces necesariamente la tasa de sustitución caerá. Es decir, lo que uno reciba como pensión cada vez diferirá más de su último sueldo y del salario medio de la economía española en ese momento (lo que, no obstante, no puede identificarse totalmente con una bajada análoga de la capacidad adquisitiva real). Insisto, las cifras anteriores son simplificaciones muy importantes, pero sirven para darnos cuenta de los elementos esenciales de nuestro sistema de pensiones.

 

 

- ¿Podría paliarse este problema con un aumento demográfico, vía natalidad o vía inmigración?

 

Sobre la cuestión de la natalidad yo soy relativamente escéptico. Pensemos que el principal problema de las pensiones se manifestará entre el 2040 y el 2060, cuando la generación del baby boom español (nacida en los años 50 a 75) termine de jubilarse (en esos años tendremos el máximo número de jubilados). Pues si empezáramos ya a mejorar la natalidad el hipotético remplazo generacional difícilmente llegaría a tiempo, en especial cuando las nuevas generaciones se incorporan cada vez más tarde al mercado. Es cierto que, tal y como destacan algunos economistas, una natalidad más saludable podría servir de cara a los mercados para recibir financiación con más facilidad. Con todo, fiar las pensiones a la emisión de más deuda no parece un camino demasiado positivo.

 

Ahora bien, mis dudas respecto al aumento de la natalidad se centran en su viabilidad. Ningún país rico de nuestro entorno con el que podamos compararnos ha conseguido tener unas tasas de natalidad que alcancen el nivel de reemplazo (Algunos países nórdicos han alcanzado el 1,8 o 1,9, lejos aún de la tasa de remplazo situada en los 2,1 hijos/mujer de la que hablan los expertos.) Dicho de otro modo, sí, de acuerdo, natalidad ¿pero cómo se hace eso? El cambio socio-cultural que requeriría es inmenso, algo que, si se consiguiera, necesitaría muchísimos años. Últimamente los partidos políticos han hablado algo más de la cuestión: facilidades a la conciliación, abrir más guarderías… Pero la efectividad que tienen estas medidas se ha comprobado bastante limitada. En resumen, un aumento realista de la natalidad sería un paliativo más bien pobre y que, en todo caso, llegaría relativamente tarde.

 

Inmigración. Sí, desde un punto de vista teórico tu puedes decir: “por cada trabajador que se jubila, lo sustituimos por un trabajador inmigrante”. Bien, pero la realidad es muy distinta. Los trabajadores no son como peones, que si se me rompe uno voy a otra caja y lo sustituyo sin problemas. Si se te jubila un ingeniero no te basta cualquier inmigrante, necesitas otro ingeniero… Conseguir atraer a tu país el tipo de trabajador que tu mercado solicita no es tan sencillo, y más cuando compites con otros tantos Estados.

 

Por no hablar de la cuestión cultural o de asimilación. De nuevo, que millones de personas ajenas a una sociedad se integren adecuadamente en la misma también tiene sus dificultades y costes.

 

Luego sí, si pudiéramos replicar el modelo irlandés o canadiense que ha sido capaz de atraer y mantener muchos inmigrantes de alta cualificación, sería muy positivo, pero faltaría ver si España podría conseguirlo. Es decir, a la gente que habla de inmigración yo le diría: sí, de acuerdo, pero ¿cómo lo hacemos?

 

 

-¿Y por qué no cubrir el déficit (presente o futuro) con cargo a los presupuestos generales? Que lo que no paguen las cotizaciones lo llenen los impuestos. ¿Qué problema habría en recortar ciertas partidas comparativamente menos importantes para solventar el déficit de la SS (o alternativamente subir los impuestos)?

 

Ningún problema, pero ¿quién está proponiendo algo así? ¿Se puede recortar el gasto público en los 36.000 millones de déficit real que existe en la Seguridad Social? Por supuesto, yo estaría encantado de coger el rotulador rojo e irme a los presupuestos generales a recortar en partidas que considero perfectamente prescindibles. Pero lo que no es posible es sostener –como dicen varios de los actores del Pacto de Toledo- que con los presupuestos generales se complementará la caja de la seguridad social sin decir a la vez qué recortes se harán por el otro lado o qué impuestos se subirán.

 

 

-¿Entendemos entonces que consideras que no cabría ligar las pensiones al IPC, al menos sin importantes subidas de impuestos?

 

Sí, se pueden ligar al IPC a corto plazo: podrías ir emitiendo deuda para pagarlo y probablemente los primeros años no pasaría nada. Ahora bien, si no se recortara por otro lado o se subieran los impuestos llegaría un punto en que sería claramente insostenible y que las pensiones deberían desplomarse.

¿Subir los impuestos? Tampoco es nada sencillo ya que, como es sabido, el aumento de impuestos puede tener un efecto depresivo en la economía y producir una bajada en la recaudación. Si tú subes las cotizaciones encarecerás el trabajo, y cuando un bien se encarece su demanda disminuye. Si tú subes el IRPF o IS, los incentivos para trabajar más y enriquecerse disminuirán, así como también disminuirá el atractivo del país para la inversión. Sucederá que ese trabajador cualificado y bien remunerado se verá ante dos ofertas: la de trabajar en España por una cantidad o la de trabajar en otro lugar de Europa por bastante más. (Sin duda este efecto se daría principalmente en los márgenes, pero esos 200 o 300 mil trabajadores de alta remuneración para las que estas subidas serían relevantes suponen un activo tributario importantísimo para el país). Subir los impuestos tiene siempre consecuencias, y si un Estado no es competitivo desde el punto de vista fiscal paga las consecuencias.

 

 

-Predices que la edad de jubilación aumentará hasta situarse cerca de los 70 en 2040. ¿No es eso excesivo, al menos para mucha gente y tipos de trabajo?

 

Con excepción de algunos pocos puestos de trabajo –minero, albañil…- no. (Y sería excesivo a los 70 pero también a los 55.) Pero la inmensa mayoría de trabajos sí pueden realizarse hasta edades avanzadas. Es más, ¿dónde está escrito que una persona tenga que trabajar en el mismo sitio a lo largo de toda su vida laboral? Debemos cambiar esta forma de pensar y empezar a plantear que las personas pueden resituarse laboralmente en función de su edad. Consideremos el caso de un policía o un militar, por ejemplo: es evidente que un profesional de este tipo no puede estar hasta los 70 años “al pie del cañón”, pero eso no significa que pasados los 60 años ya no pueda aportar nada dentro de su campo. Desde tareas más administrativas a formación de jóvenes etc. Al contrario, sería absurdo desperdiciar todo sus conocimientos.   

También me gustaría hacer una reflexión: en los últimos años en España se ha producido un gran avance en materia de integración de la discapacidad. Se ha trabajado de forma muy positiva para que se vea que las personas con discapacidad pueden ser perfectamente válidas laboralmente hablando, con independencia de que tengan algunas dificultades en algún sentido o que no puedan desempeñar cualquier profesión. Pero simultáneamente se están concediendo incapacidades laborales a personas que perfectamente podrían seguir trabajando por el simple hecho de que no pueden hacerlo en su puesto original por sufrir alguna dolencia. Esa dualidad es absurda. A la vez que, de forma sumamente positiva, incluimos en el mercado laboral a personas con alguna discapacidad, expulsamos a otras con dificultades mucho menores. Sin duda serían necesarias políticas públicas inteligentes e imaginativas para facilitar esta recolocación, dar por perdidas a tantas personas no tiene sentido. Echar a la basura tanto talento y capacidad para crear riqueza es tan perjudicial para la propia persona a la que se le dice que ya no puede aportar nada más a la sociedad, como para la sociedad en su conjunto que se priva de activos tan importantes. 

 

 

-Apuestas por el ahorro privado como medida paliativa ante el recorte importante que prevés. ¿Es esa una opción factible para el gran porcentaje de trabajadores precarios/mileuristas españoles? (Precisamente aquellos que más lo necesitarían dada su escueta pensión).

 

Entiendo perfectamente que el ahorro sea muy difícil para mucha gente. Y es que es cierto que el mercado español tiene un claro problema de productividad, y por ende, de sueldos bajos. Conseguir un mercado laboral mucho más productivo sería la mejor receta contra el problema de las pensiones.

 

Dicho esto, si bien es evidente que ahorrando 50€ al mes uno no se asegura la pensión, cuando yo animo al ahorro aunque sea en cantidades tan humildes es porque creo que es un muy buen hábito, y no tanto por lo que 50€ al mes supondrían. Efectivamente, 50€ al mes no demasiado – a pesar de que son una cantidad razonable a 50 años vista -, pero el objetivo sería que uno pudiera abandonara el mileurismo en algún punto de su vida y que ese ahorro, manteniendo los buenos hábitos ya creados, pudiera aumentar también.

 

 

-En este sentido, has escrito que las reglas de cálculo actuales perjudican precisamente a las clases más bajas. ¿Podrías desarrollarlo?

 

Nuestro sistema de reparto tiene ventajas importantes: es una red de seguridad, da una cierta estabilidad etc. Ahora bien, el sistema de reparto, al no existir un ahorro real individual, se basa en unas normas que, por lo general, perjudican a los más pobres. Me explico.

 

Al determinarse la pensión con arreglo al sueldo medio de los últimos X años no se tiene en cuenta cuanto tiempo lleva uno trabajando, si 20 años o 40. Esto conlleva que si un joven de clase humilde se pone a trabajar a los 16 años, se le hace la misma media que si un universitario se ha puesto a trabajar cerca de los 30. Al no existir un ahorro individual todo el trabajo extra que ha puesto ese trabajador más humilde desaparece. Si se optara por un sistema de bolsa individual seguramente el trabajador más cualificado seguiría ganando, pero la diferencia con el más pobre se habría reducido.

 

Es más, al tomarse como base para el cálculo la media los últimos X años de vida laboral, se beneficia aun más al trabajador más rico que es, precisamente, quien acostumbra a ver un mayor aumento en su sueldo a lo largo de su vida, en contraposición a los trabajos peor remunerados, cuyo salario se mantiene o crece muy lentamente.

 

Asimismo, también sucede que cuando una persona muere, todo o casi todo lo que haya cotizado no puede quedar para su familia, lo que –de nuevo- acostumbra a perjudicar más a los trabajadores menos cualificados, al tender estos también a tener tasas de mortalidad más altas.

 

Ya digo, este sistema conlleva beneficios para las clases más populares –especialmente para los que no han cotizado mucho porque les garantiza un mínimo-, pero es falso que, como se dice, sea un sistema que en su forma actual esté diseñado para beneficiarlos especialmente.

 

 

-Finalmente, qué sistema de pensiones te parecería más adecuado. Líneas maestras.

 

Siendo realistas no creo que a día de hoy pudiera tener lugar ninguna reforma importante. Cualquier reforma responsable que se hiciera hoy sería tremendamente impopular para millones de votantes, un muerto con el que ningún partido querrá cargar, naturalmente. ¿Qué sucederá? Se irán endureciendo las reglas de cálculo y existirá siempre el peligro que, en la próxima crisis, se dé un recorte a la griega, quizás algo menor, del 15 o el 20%. Como mucho, quizás sería plausible cambiar para asimilarse al modelo sueco, o potenciar los planes de empresa como sería el caso danés u holandés.

 

Semi-idealmente apostaría por un sistema de capitalización individual. Que el Estado obligara al ciudadano a ahorrar una parte de su renta para que pudiera asegurar su jubilación. ¿Obligar? Sí, porque de lo contrario podríamos tener el problema del free rider: gente que no ahorraría pero que, llegada la vejez, reclamaría una ayuda estatal que los políticos, dado el peso en votos que esa gente supondría, no podría negarse. El resultado sería algo así como una mezcla entre el sistema chileno, holandés y danés, de ahorro privado obligatorio o semiobligatorio desde el inicio de la vida laboral. Este sistema puede estar controlado/supervisado por el Estado: por ejemplo, con una vigilancia sobre los fondos que se ofertan o, incluso, con la oferta de fondos de inversión públicos que compitan con los privados, para el que no se fíe del sistema financiero. Además, es un sistema que podría complementarse con algún tipo de renta de inserción mínima universal.

 

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