Afganistán y la guerra fría: hasta el 11S

25/04/2019

@ goofy1981

 

Afganistán fue un país “no alineado” durante la Guerra Fría, es decir, no apoyó a ningún bando. Su primer Ministro Daud Khan (Primer Ministro 1953-1963; Presidente 1973-1978), miembro de la familia real, aprovechó la competición entre Estados Unidos y la Unión Soviética -que construían carreteras y hospitales en el país y concedían becas a estudiantes afganos para estudiar en su territorio- con el objetivo de añadir Afganistán a su esfera de influencia.

 

La primera cuestión sería ¿por qué los Estados Unidos y la Unión Soviética estaban interesados en Afganistán? Para empezar, ambos querían que el máximo número de Estados entrara en su esfera de influencia. Además, ambas superpotencias anhelaban el control de los recursos naturales del país para fines económicos: el petróleo y los oleoductos. La última razón es que Afganistán suponía una importante posición estratégica, pues acercaba la Unión Soviética a un acceso seguro al Mar Arábigo, cosa que era muy positiva para su comercio, contra lo que Estados Unidos tenía un lógico interés en evitar.

 

Con la constitución de 1964 Afganistán se transformó en una monarquía constitucional que excluía a los miembros de la familia real de la esfera política. Este último hecho provocó que Daud Khan fuera expulsado de la política y –posteriormente- perpetrara un golpe de estado en 1973, (cuando el país estaba atravesando una durísima sequía que causó alrededor de 100.000 muertos.) Daud Khan era de izquierdas pero mantuvo una política centrista. 

 

En 1978 hubo una revolución violenta por parte de grupos de la izquierda radical afgana que consideraban que Daud Khan estaba volviendo a antiguas políticas monárquicas y más conservadoras. Esta “revolución de Saur” provocó que Nur Muhammad Taraki, del partido prosoviético Khalq, pasara a ser el presidente, se implementaron derechos iguales entre sexos y las tierras fueron redistribuidas. De este modo, Taraki implementó una rápida reforma comunista en contra de lo que Moscú les había advertido, pues los soviéticos opinaban que el país era muy conservador para una reforma tan drástica y que necesitaría de un periodo de transición más extenso y suave [1]. Similarmente, la Unión Soviética temía que los Estados de Occidente percibieran ese cambio tan abrupto como una prueba más de la extensión del comunismo por Oriente Medio, rico en petróleo, y probablemente apoyaran a la oposición a fin de estabilizar este avance.

 

Unos meses antes de entrar en Afganistán, el Politburó soviético había descartado la medida; “La única manera de garantizar que la revolución afgana no fracase es enviando tropas, pero no podemos hacerlo. El riesgo es demasiado alto”, había afirmado Yuri Andrópov, jefe del KGB y futuro líder soviético, en marzo de 1979. Aún así, el miedo a “perder” la influencia en Afganistán provocó que la Unión Soviética invadiera Afganistán. Brézhnev pensaba que las repúblicas centroasiáticas de la URSS se verían amenazadas si Afganistán caía bajo el control de los islamistas o las milicias afines a Occidente. En estas repúblicas había uzbecos y tayikos, y la Unión Soviética consideraba que podían unirse a las filas de las guerrillas fundamentalistas islámicas [2].

 

En marzo de 1979 un grupo de la resistencia declaró la yihad contra el régimen laico afgano y los soviéticos. Además, se produjeron fuertes disputas entre los líderes del partido Khalq y Taraqi murió de una grave enfermedad (al menos de acuerdo con  los informes oficiales, aunque existe controversia al respecto.) Tras la muerte de Taraqi, Hafizullah Amin -otro líder del partido Khalq- pasó a ser el nuevo primer ministro.

 

Desde 1978 la presencia soviética en Afganistán había ido incrementando. Amin había pedido hasta diecinueve veces a Brézhnev que enviara tropas soviéticas a Afganistán antes de que en 1979 las tropas Soviéticas entraran en Kabul. Con todo, Amin fue asesinado –o, según algunas fuentes, se suicidó- un día después de la invasión Soviética. (Cuál sea la conexión exacta entre ambos fenómenos aún se discute.)

 

Situado en el corazón de Asia, Afganistán marcó, si no causó, la abrupta y dramática disolución de la Unión Soviética y el final de la Guerra Fría.

 

Los soviéticos colocaron a Babrak Karmal como su gobernador marioneta. Declararon que querían instaurar un liderazgo más moderado que tuviera un mayor apoyo popular e implementar paulatinamente  reformas de gran calado (para así evitar la represión violenta que ejercía el Khalq, salvando entonces el sistema comunista imperante en el país.) Pero gobernar Afganistán en esas circunstancias era imposible: el ejército soviético podía invadir un pueblo o un valle, pero cuando se centraban en otro sitio las guerrillas retomaban el control.

 

La invasión soviética provocó que las revueltas locales y espontáneas se transformaran en una resistencia más estructurada para hacer la yihad contra los invasores infieles. De este modo, se formaron partidos políticos que fueron apoyados económica y militarmente por Paquistán, Estados Unidos y países islámicos como Arabia Saudí. Siete grupos de guerrilla afganos se encontraron en 1985 para hacer la yihad juntos contra los comunistas. El grupo que formaron se llamó Muyahidín.

 

Los Estados Unidos veían el conflicto como una tensión más de la Guerra Fría, y la CIA apoyó a las fuerzas anti-Soviéticas a través del servicio de inteligencia de Pakistan en la Operación Ciclón [3]. También empezaron a proveer al Muyahidín con misiles antiaéreos Stinger. Además, EEUU compró todas las armas israelíes capturadas por los soviéticos clandestinamente, y las dió a las guerrillas. Según el congresista estadounidense Charlie Wilson, que fue clave en la financiación de los misiles Stinger, el Muyahidín no había ganado ni una batalla contra los soviéticos antes de obtener dichos misiles; después, nunca volvió a perder.

 

Por su parte, el director de la CIA, William Casey, visitó secretamente Paquistán en numerosas ocasiones para encontrarse con los oficiales del ISI (Inter-Services Intelligence, cuerpo militar de la inteligencia de Paquistán) que coordinaban el apoyo al Muyahidín, y observó personalmente el entrenamiento de las guerrillas al menos en una ocasión [4]. Además, la CIA ayudó a Osama bin Laden a construir un campo subterráneo en Khost, un campo que bin Laden empleó para entrenar a soldados del Muyahidín. Se calcula que unos 35.000 soldados árabe-afganos recibieron entrenamiento militar en Paquistán por un coste de 800 millones de dólares hasta 1988. Con la llegada al poder de Ronald Reagan el apoyo estadounidense al Muyahidín se aceleró, llegando a alcanzar la cantidad de unos 3 billones de dólares. Algunos de los principales beneficiarios afganos de la CIA fueron comandantes como Mawlawi Jalaluddin Haqqani y Gulbudin Hekmatyar, que fueron aliados de bin Laden durante muchos años. Tan es así que Haqqani, uno de los asociados más próximos de bin Laden en la década de 1980, recibió pagos directos de agentes de la CIA.

 

 

Presidente Reagan con líderes de la resistencia afgana discutiendo sobre las atrocidades de los Soviéticos en Afganistán. 2/2/83. Ronald Reagan Library.

 

No obstante, es de destacar que otros tantos países también colaboraron; Egipto renovó las armas de su ejército y envió las anteriores al Muyahidín. Turquía vendió las reservas de la Segunda Guerra Mundial a los jefes militares, y Gran Bretaña y Suiza proveyeron a las guerrillas con misiles Blowpipe y armas antiaéreas Oerlikon respectivamente, después de considerar que no funcionaban bien en sus ejércitos. Sin embargo, fue China quien proveyó las armas más relevantes.

 

La guerra entre Rusia y el Muyahidín devastó el país pobre de por sí y provocó que 2 millones de refugiados huyeran a Paquistán y otros 1.8 millones a Irán. Mikhail Gorbachov, entonces líder de la Unión Soviética, reemplazó al presidente Karmal por Mohammad Najibullah, que tampoco consiguió que los afganos aceptaran la presencia soviética en el país. Por consiguiente, las tropas soviéticas abandonaron Afganistán en 1988, creándose un vacio de poder que daría comienzo a una guerra civil. Asimismo, cuando las tropas soviéticas se marcharon, los Estados Unidos dejaron de financiar a Hekmatyar y a su partido Hezb-i-islami, y redujeron la asistencia humanitaria a los refugiados afganos en Paquistán. 

 

De acuerdo con algunos autores lo cierto es que Estados Unidos potenció la intervención de la Unión Soviética en Afganistán, queriendo que ésta viviera su propio “Vietnam”. “No presionamos a los rusos para que intervinieran, pero a sabiendas aumentamos la probabilidad de que lo hicieran”, dijo Zbigniew Brzezinski​ (asesor de seguridad nacional del presidente Jimmy Carter entre 1977 y 1991) en una entrevista con Le Nouvel Observateur. Similarmente, el politólogo Alexéi Bogatúrov en su libro Historia de las relaciones internacionales, 1945-2008 afirma que: “La guerra afgana deterioró la posición económica de la URSS y torpedeó la unidad social soviética. El creciente número de víctimas provocó descontento en el país”.

 

Najibullah consiguió mantenerse en el poder durante tres años, pero en 1992 Kabul cayó en manos del Muyahidín y un estado islámico fue declarado inmediatamente.

 

[1] History of afghanistan. (2019). http://www.historyworld.net/wrldhis/PlainTextHistories.asp?historyid=ad09.

[2] Yegórov, O. (2019). ¿Por qué la URSS envió tropas a Afganistán?. [online] Es.rbth.com. https://es.rbth.com/historia/82556-urss-tropas-afganistan [Accessed 8 Apr. 2019].
[3] Soviet-Afghan War. https://en.wikipedia.org/wiki/Soviet%E2%80%93Afghan_War#1980s:

[4] Billard, R. (2010). Operation Cyclone: How the United States Defeated the Soviet Union. Undergraduate Research Journal At UCCS,3.2, 17

 

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