¿El fin del capitalismo?: Charla con Santiago Niño-Becerra

Franck V. @franckinjapan


Hoy charlamos con Santiago Niño-Becerra, reconocido economista y autor de la trilogía El crash, sobre cuyo provocador volumen final –‘El Crash. Tercera Fase'— le preguntamos:

 

-¿Qué significa que nuestro modelo de funcionamiento económico se ha agotado (como antes se agotaron otros modelos con el crack crash del 29 o la crisis del petróleo del 73)? Es decir, ¿por qué no estamos saliendo meramente de la parte recesiva/depresiva del ciclo económico?

 

A ver, en el 29 sí se manifestó el agotamiento de un modelo económico: el que se puso en funcionamiento tras la crisis de 1873; pero la crisis de la energía no supuso un cambio de modelo: dio lugar a un aumento en la productividad energética y al inicio de la crisis de la deuda en los países subdesarrollados, lo que fue terrible, pero no implicó un cambio de modelo. Los crashes se producen cuando el modelo económico y social que se ha estado aplicando se agota, y un modelo se agota cuando las condiciones que propiciaron su puesta en marcha y desarrollo ya no dan más de sí. Tras la I GM la productividad se disparó, lo que propicio un aumento de la oferta, y aunque el crédito creció, la capacidad de demanda no pudo seguir el ritmo de la producción en un entorno en el que la intervención del Estado en la economía era nulo; el aumento de la especulación por las falsas expectativas de aumento de beneficios hizo el resto en un modelo que no estaba diseñado para convivir con todo eso. La Depresión fue inevitable.

 

 

-Brevemente, dos pinceladas, ¿cómo será la vida económica del futuro?: ¿Concentración empresarial? ¿Paro por las nubes? ¿Flexibilidad laboral máxima? ¿Responsabilización del individuo?

 

Un cambio de modelo supone que las cosas, aunque se conserve el marco de referencia -se va a seguir en el Capitalismo- pasan a hacerse de otra manera. En el que ha sido nuestro modelo, en el modelo vigente desde la II GM, el individualismo y el aumento de producción han sido las enseñas; ahora ya están pasando a serlo la concentración y la productividad. Eso supone que el papel de la inversión pasa a ser máximo, es decir, el del capital, y decreciente el del trabajo. Tendemos hacia posiciones oligopolistas desempeñado por grandes corporaciones que pueden cooperar en campos concretos; a una demanda de trabajo según necesidad, lo que se traduce en un subempleo muy elevado; en una vida laboral compuesta, para la mayoría de la población activa, por trocitos de trabajo, con el impacto que ello tiene en la renta, en la recaudación fiscal y en las cotizaciones sociales; en un papel de los Estados en declive y el traslado hacia la ciudadanía de responsabilidades hasta ahora atendidas por los sectores públicos.

 

 

-Prevés un escenario muy negativo, que muchos tildarían de apocalíptico o catastrofista (y más con las referencias cinematográficas que vas recogiendo). ¿Qué 3 o 4 datos les darías a los más escépticos, quizás no para convencerlos, pero sí para que reflexionen?

 

Habitualmente se califica de apocalíptico y catastrofista lo que no gusta: en los meses previos al crash del 29 hubieron voces que advirtieron de que la especulación estaba escapando a toda lógica, y fueron calificadas de aguafiestas; en el 2005 fuimos algunos los que dijimos que la deuda privada había alcanzado cotas absurdas e insostenibles y fuimos tachados de agoreros. Lo cierto es que hay dos variables que hoy han escapado a todo control. Por un lado la deuda: el planeta se debe a sí mismo 225 billones de dólares: cada humano debe 30.000 dólares, contando bebés, ancianos, residentes en Manhattan y habitantes de un suburbio de Nairobi; es simplemente impagable, pero esa deuda se halla contabilizada en los balances de los bancos como un activo seguro con las implicaciones potenciales que ello tiene. Por otra parte la capacidad productiva ha llegado a cotas totalmente desvinculadas de la capacidad de consumo: en el planeta, por ejemplo, hay un exceso de capacidad productiva de automóviles del 20%, el equivalente a toda de producción automovilística de España. Es una situación insostenible que se arreglará pero cuyo arreglo tendrá consecuencias.

 

 

-Sobre el progreso tecnológico: Ya ha habido grandes revoluciones tecnológicas que sí han generado más trabajo del que han destruido. Sin embargo sostienes que con la Inteligencia Artificial este equilibrio está en peligro. ¿Propones quizás algo así como un neo-ludismo para el s.XXI?

 

La enorme y fundamental diferencia entre la actual ‘revolución tecnológica’ y las tres anteriores habidas desde principio del siglo XIX radica en que las anteriores, aunque fueron aumentando la productividad, seguía siendo necesaria contribución del factor trabajo para la generación de PIB, contribución que se convirtió en la búsqueda del pleno empleo como objetivo incluso político tras la II GM, mientras que hoy ya se ha llegado a una situación en la que es posible generar PIB con cero unidades de factor trabajo. Es cierto que la tecnología genera empleo, un tipo muy concreto de empleo, pero se ha estimado que por cada puesto de trabajo que la tecnología crea destruye seis, y si eso está sucediendo hoy, podemos imaginar que puede suceder en un horizonte a cincuenta años. Jeremy Rifkin estimó en un estudio publicado en el 2001 que si la tecnología continuaba evolucionando al ritmo con que lo había hecho en los últimos años, en algún momento del siglo XXI tan solo hará falta el 5% de la población mundial para generar el 100% del PIB del planeta.

 

-¿Qué importancia tiene que las cotizaciones sociales se desplomen? Todo lo que no pueda recaudarse allí podría sacarse de un nuevo “Súper Impuesto de Sociedades” acorde con las Súper Corporaciones que prevés. Mientras la economía vaya creciendo el Estado podrá seguir distribuyendo sus frutos, aun cuando ahora vayan a situarse en unos pocos árboles gigantescos, ¿no? ¿Dudas de la capacidad estatal en ese sentido?

 

Cuando a principios de la década de 1950 se instauró el Welfare State (en España se tardó bastante más) dos de sus coberturas principales -las pensiones y el subsidio de desempleo- se realizaron en base a cuatro supuestos: pleno empleo del factor trabajo, salarios crecientes e indexados a la inflación, demanda de trabajo permanentemente al alza, y esperanza de vida tras la jubilación de máximo diez años. Hoy no se están cumpliendo ninguno de esos supuestos. El sistema de pensiones no es financieramente sostenible, aunque la esperanza de vida caiga tras los recortes que se establecerán en sanidad. Por otra parte la recaudación vía impuestos sobre beneficios, al margen del fraude fiscal y de la ingeniería fiscal, no va a más porque las corporaciones tienden a reinvertir esos beneficios y, además, la tendencia es pasar a la imposición indirecta, y todo ello en un entorno de necesidad decreciente del factor trabajo y de declive del papel de los Estados..

 

 

-¿Por qué aseguras que la renta básica es inminente e inevitable? ¿Por qué, por ejemplo, la legalización de la marihuana será una exigencia del nuevo contrato social?

 

 

La renta básica es inevitable porque hoy una guerra es imposible. Con un subempleo creciente y unas rentas medias a la baja la única vía posible pasa por instaurar una renta que garantice un mínimo a una mayoría de la población que no va a ser necesaria, un mínimo con el que se podrán pagar unos bienes básicos muy baratos debido a la creciente productividad. La marihuana, legalizada en un número creciente de países, aporta un efecto calmante y relajante muy conveniente en un escenario carente de expectativas para la mayoría de la población, al margen de que generará recaudación fiscal y eliminará un foco de delito.

 

 

-Que el trabajo humano deje, progresivamente, de ser necesario –que el PIB y el trabajo se disocien-  ¿no sería una noticia maravillosa? ¿Que las máquinas trabajen para nosotros y que, progresivamente, la renta básica vaya aumentando conforme aumenta su productividad? Sin duda los costes de transacción pueden ser tremendos –debiéramos trabajar con ahínco para minimizarlos-, pero el mundo del mañana puede ser muy positivo.

 

 

Si la población desciende en proporción a la capacidad de mantenimiento ecológico del planeta sí, si esa población es capaz de ocupar su tiempo en actividades creativas y enriquecedoras tanto a nivel individual como colectivo. Aunque técnicamente en teoría fuese posible, es imposible en la vida real un planeta en el que trabajen 350 millones de personas y 7.200 millones estén mirando al cielo y dejando pasar las horas. Psicológicamente la humanidad no está preparada para algo así, pero es que, además, la degradación ambiental que esa humanidad innecesaria crearía sería inasumible. En el futuro pienso que se implementarán medidas que programarán el crecimiento demográfico.

 

 

-El capitalismo, en su huida hacia adelante, por sus contradicciones internas, es un monstruo que se auto-devorará hasta desaparecer. El opio del pueblo será el opio. El progreso tecnológico liberará al hombre del trabajo y la escasez.  ¿Santiago Niño-Becerra le da la razón a Marx?

 

El Sistema Capitalista tiende hacia su desaparición al igual que otros sistemas del pasado: el Feudal, el Mercantilista,… Un sistema es propio de un momento histórico y nace debido a unas necesidades: el capitalismo nació debido a que la burguesía precisaba de una libertad que la monarquía absoluta no podía darle y porque fue necesario un sistema jurídico que protegiese la propiedad privada de unos bienes de producción cada vez más complejos. No hubo nada mágico en su aparición ni lo habrá en su muerte debido a que lo colectivo y la concentración del capital están borrando aquellas necesidades. Por otra parte, el Capitalismo, más que otros sistemas, ya nació con su muerte escrita en la frente: si el capitalista más hábil vence a los demás y se lo queda todo, se implantará un monopolio, peligro que fue detectado y frenado por los Estados porque entonces se precisaba de una elevada competencia debido a las fronteras y filtros nacionales. Marx tuvo la sagacidad de ver esas contradicciones: en su búsqueda por conseguir el monopolio los capitalistas incrementarán el capital constante lo que imprimirá una tendencia decreciente a la tasa de ganancia, lo que entonces se evitó pero ahora es inevitable. Lo que Marx no vio cuando escribió ‘El Capital’ porque entonces el aumento en la productividad era muy limitado, fue la capacidad de reacción del Capitalismo aumentando salarios y reduciendo tiempo de trabajo, todo ello abonado por las políticas fiscales de unos Estados que fueron buscando la redistribución de la renta a fin de comprar la paz social en un entorno de Guerra Fría a la vez que contribuían al aumento de ganancias de los capitalistas a través del consumo público. Pero hoy ya no hay que comprar la paz social del mismo modo que entonces, ni hace falta que un capitalista aguerrido se haga dueño de todo. Pienso que si trajésemos a Karl Marx al presente entendería perfectamente lo que ya está sucediendo y mañana va a suceder.

 

 

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