¿Para qué sirve un partido político?

19/04/2019

 Autor @jhonkasalo

 

En menos de dos semanas España celebra elecciones a Cortes (Congreso de los Diputados y Senado), que serán seguidas muy de cerca por otras dos elecciones, al Parlamento Europeo y a todos los ayuntamientos del país. A primera vista se podría pensar que los protagonistas de estos comicios son los candidatos o el electorado, pero a mi modo de ver, los protagonistas son otros: los partidos políticos. A pesar del desprestigio actual sobre los mismos y hasta su supuesta situación de crisis, estos siguen siendo actores imprescindibles para el funcionamiento de cualquier sistema democrático, incluso los que quieran alejarse un poco de los métodos representativos para ir a explorar las virtudes de la democracia directa o participativa. Pero, ¿qué es un partido político? ¿Puede existir política sin partidos? ¿Para qué sirven? En este artículo haremos una breve aproximación a estas preguntas.

 

En cualquier manual de ciencia política podemos encontrar definiciones sobre la noción de partido político, la mayoría de las cuales nos llevaran a algo similar a nuestra propuesta de mínimos. Por partido político entendemos una organización que agrupa individuos que defienden y promocionan unos determinados intereses, ideas o medidas, con cierta voluntad de permanencia en el tiempo y el objetivo último de obtener poder político para implementar su programa político.

 

Esta definición es ciertamente amplia y permite ser aplicada a distintos momentos históricos donde algunos grupos organizados podrían encajar en ella, por ejemplo, en el senado romano, en la italia medieval o en la revolución francesa. Sin embargo, la noción moderna de partido político la podemos encontrar en el Parlamento Británico del siglo XIX, donde los Tories y los Whigs pasan a organizarse en el Partido Conservador y el Liberal respectivamente.

 

El siglo XIX es un periodo de profundos cambios sociales y económicos en Europa, y esto se refleja en las demandas políticas de la ciudadanía (extensión del sufragio, derechos laborales, emancipación de la mujer...). El conocido politólogo italiano Giovanni Sartori expone como la existencia de pulsos en la sociedad y su consiguiente fragmentación promueven el surgimiento de posiciones políticas enfrentadas, surgiendo una competición entre ellas a través de partidos políticos. De hecho los cleavages o clivajes teorizados por Lipset y Rokkan explican el surgimiento de partidos entorno a estos nuevos espacios de competición política, de acuerdo con las profundas divisiones sociales aparecidas en ese periodo.

 

A principios del siglo XX los partidos ya eran una realidad consolidada en muchos países occidentales. Sus funciones podían variar según el sistema político que analizemos, pero a grandes rasgos podemos señalar las apuntadas por Sartori. En primer lugar, los partidos servirían como instrumentos de socialización política y creación de opinión. Esta puede ser seguramente la función que a día de hoy los partidos hayan dejado de desempeñar en mayor medida, pues existen mecanismos mucho más efectivos (televisión, redes sociales...) para politizar a la ciudadanía. En segundo lugar, los partidos tendrían una función de armonización de intereses en la sociedad. De hecho, esto encaja con la famosa cita atribuida a Benjamin Disraeli, parties are organised opinion. Un partido sería un grupo de personas que organiza sus ideas o intereses en un programa político mínimamente coherente y cohesioado 

 

En tercer lugar, los partidos actúan como mecanismo de formación de las élites políticas, pues al fin y al cabo, de dichas organizaciones surgen las personas que acabaran ocupando los cargos públicos. Esto también es a día de hoy cuestionable, viendo la cantidad de políticos con éxito que han surgido como outsiders del sistema de partidos (Trump, Beppe Grillo, Zelenski...). En cuarto lugar, los partidos canalizan las demandas de la ciudadanía hacia el poder político. Esto explicaría que si surgen nuevas demandas no canalizadas por los partidos existentes (por ejemplo, la protección del medio ambiente), aparezcan partidos nuevos. En quinto lugar, los partidos sirven como refuerzo y estabilización del sistema político. De esta función hablaremos más abajo.

 

Cabe señalar que algunas de las funciones de los partidos políticos no son meras interpretaciones que haga un académico observando su rol en la sociedad, sino que directamente las fija la propia ley. Así, en el caso español el artículo 6 de la Constitución indica que “Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política (...). Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos.”

 

La Carta Magna no se anda con chiquitas. No se trata que los partidos sean importantes porque siempre habrá personas que se quieran organizar para incidir en la política o porque los pueda votar mucha gente. Lo son porque el sistema político les encarga un rol fundamental en su funcionamiento. Es cierto que en España se puede concurrir a un proceso electoral a través de una Agrupación de Electores, pero suele ser algo muy excepcional. Esta alternativa a los partidos políticos consiste en que un conjunto de personas se presenten a unas elecciones concretas sin estar constituidas como organización política, debiendo formar otra nueva Agrupación si quieren concurrir a otras elecciones. Así pues, la misma naturaleza del sistema político español incentiva que el funcionamiento permanente en el tiempo se haga a través de una organización política, es decir, de un partido político.

 

No obstante, podemos analizar los partidos desde otra óptica menos legalista, poniendo el foco en su organización y funcionamiento interno. Actualmente la ciencia política suele distinguir diferentes tipos de partidos, correspondientes a determinados procesos históricos. En el siglo XIX los partidos eran “de notables”, esto es, fundamentalmente organizaciones pequeñas formadas por los individuos (nobles y burgueses) que ya ocupaban cargos de representación pública en el parlamento. Este era precisamente el caso de los Tories y los Whigs. Su ámbito de actuación era pues esencialmente el parlamentario, sin estar todavía abiertos a incorporar personas y demandas sociales fuera de esta institución.

 

A finales del siglo XIX aparece otro tipo de partido que cobrará fuerza a principios del siglo XX: los partidos de masas. Se trataba de los partidos que querían representar las demandas del proletariado industrial que acababa de surgir en ese siglo. El Partido Laborista sería un claro ejemplo, así como todos los partidos socialistas, socialdemócratas y posteriormente comunistas, surgidos en el viejo continente. En algunos casos también podríamos incluir a los partidos democratacristianos. Se trata de organizaciones mucho más grandes que las que existían hasta entonces, nutridas y sustentadas por un gran número de personas en sus bases y que buscaban tener una gran influencia tanto a nivel político como social (espacio público, centros de trabajo, universidades...).

 

Después de la Segunda Guerra Mundial, los consensos de postguerra rebajaron el nivel de polarización en muchas sociedades occidentales, lo cual naturalmente también influyó en los partidos. Es aquí cuando aparecen los denominados partidos Catch-all o “Atrapalotodo”. Los antiguos partidos de masas se dieron cuenta que no podían acceder al poder contando solo con el voto de su electorado más ideologizado, de modo que buscaron apelar al votante más centrista, lo que Anthony Downs teorizó como el votante mediano. Se trata de partidos que pretenden ser votados por personas que no tengan que identificarse necesariamente del todo con las ideas centrales del partido. Por ejemplo, que se pueda votar al Partido Socialista sin tener un perfil marcadamente de izquierdas o a la Democracia Cristiana sin llevar una vida fiel a los principios del Evangelio. Esta estrategia ha perdurado, en parte, hasta nuestros días.

 

Por último, a finales del siglo XX algunos académicos hablan ya de los partidos “cartel” (sí, como si del cartel de la droga se tratara). En esencia, este concepto indica que los partidos ya no están tan preocupados en cumplir las primeras funciones de las descritas más arriba, sino en conseguir copar en el máximo posible los puestos de representación que el Estado ofrece (cargos públicos electos o no), obtener recursos públicos del Estado, visibilidad, etc. Un ejemplo muy reciente de esto es toda la polémica con el acceso a los debates electorales en función de si se disponía de representación institucional previa o no. En definitiva, que la razón de ser de los partidos sea la obtención, reparto y mantenimiento de los espacios de poder, prebendas y recursos que el Estado ponga a su disposición, dejando en un segundo plano otras funciones. Esto se correspondería con la función de refuerzo y estabilización del sistema político, pero claramente de forma viciada en favor de los intereses particulares de los partidos y sus miembros.

 

¿Cuál es pues la situación de los partidos políticos hoy en día? Ciertamente, su influencia es menor que antaño, contando con menos votantes, militantes y apoyo popular que hace décadas (ver en este sentido la obra de Peter Mair Ruling the Void). Sin embargo, como ya se ha señalado, el sistema político les sigue reservando un espacio fundamental. Mientras esto siga así, su influencia en la política y en la sociedad seguirá siendo enorme. También cabe resaltar que mientras haya individuos que se quieran organizar para promover su visión del mundo, ideas o intereses a través del ejercicio del poder, seguiremos teniendo organizaciones políticas, o por lo menos, algo que se le parezca mucho, llámese o no "partido".   

 

 

    

 

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