La democracia en Atenas (I): origen y desarrollo

12/04/2019

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Introducción

 

La palabra “democracia” define actualmente un sistema político cuya soberanía reside en el pueblo, que ejerce el poder directamente o por medio de sus representantes[1]. No obstante, para llegar a este modelo, las formas de gobierno de los diferentes sistemas políticos tuvieron que ir evolucionando poco a poco, remontando sus orígenes a la antigua Grecia, especialmente Atenas, conocida universalmente a lo largo de los siglos como la cuna de la democracia.

 

La democracia griega se vinculaba directamente con la polis, es decir, la comunidad de ciudadanos que residían en un espacio físico concreto y regido por las mismas leyes. Esta comunidad de ciudadanos utilizaba la política como una actividad colectiva que permitía decidir los destinos de la sociedad a través de una serie de instituciones. La política se dirigía al hombre, que es quien permitía sostener al Estado y su desarrollo[2].

 

En cuanto a las formas de gobierno que conoció la antigua Grecia destacaron tres: la monarquía, el gobierno de los aristócratas y la democracia. La monarquía reunía todo el poder y el gobierno del Estado en las manos de un solo hombre, el rey o basileus, mientras que el gobierno de los aristócratas lo dejaba en unos pocos, basándose generalmente en el prestigio de su linaje familiar y riqueza. Estos dos sistemas políticos mantenían una sociedad estratificada[3]. Aunque fueron las primeras formas de gobierno en el mundo griego, en algunas polis estos sistemas entraron en crisis, reemplazándose por el pacto entre iguales (hómoioi). A la vez, los grandes linajes se fragmentaron, priorizándose la estructura de la familia nuclear, un proceso que se acompañó de una organización del territorio. De este modo, la ciudad sufrió una transformación completa, cuyo último resultado fue precisamente la aparición de la democracia, que nació en la ciudad de Atenas[4].

 

Los principios básicos de la democracia ateniense fueron la ley y la justicia, que permitieron el desarrollo de una sociedad que, como veremos a continuación, no era tan igualitaria como cabría suponer. Destacaba como principio rector la isonomía, definida como la igualdad de derechos y deberes que tenía el ciudadano ante la ley y la participación política en el Estado y en el poder, la eleuthería o libertad, la isogoría, que define la igualdad de nacimiento, la isegoría, consistente en la libertad de palabra de los ciudadanos que permitía participar en la asamblea y la koinonía, la comunidad que colabora mutuamente en busca de un bien común[5].

 

La democracia ateniense fue vivida muy intensamente por los habitantes de Atenas, que  juzgaban la participación en la esfera pública como la dedicación más elevada y noble para las personas; un entusiasmo que contrastaba con la escasa proporción de ciudadanos que podían participar en el gobierno de su ciudad. De esta forma, nos encontramos que la democracia del mundo griego era un sistema político con carácter excluyente y muy restrictivo, donde únicamente participaban los varones adultos y nacidos en Atenas, ya que eran los únicos considerados como legalmente ciudadanos. Sin duda, viéndolo desde la perspectiva actual consideraríamos que el sistema ateniense era bastante “antidemocrático”, puesto que limitaba la participación en la vida política a unos pocos elegidos, mientras que negaba este derecho a mujeres, a los que no habían nacido en la ciudad, y a los esclavos (cuya mera existencia ya pondría en duda todo el sistema).

 

Las reformas de Solón

 

Sabemos que en Atenas, a lo largo del siglo VI a.C., se había consolidado la estructura de la ciudad-Estado (o polis) gracias a la independencia política y la buena situación económica que habían conseguido. En este periodo, Atenas se encontraba gobernada por los arcontes, unos magistrados elegidos entre los principales clanes familiares de la aristocracia. Estos hombres prominentes (o eupátridas) formaban la élite dirigente y latifundista que poseía la mayoría de los recursos económicos, lo que provocó tensiones sociales y el empobrecimiento del pequeño campesinado. Ante esta situación, Atenas sufrió una época de golpes de Estado, de tiranías y de diversas reformas legales. De este modo, cabe concluir que la democracia no surgió de manera espontánea en Atenas, sino que fue el resultado de un proceso de larga duración con cambios sociales, políticos y económicos conseguidos gracias a las conquistas que hizo el pueblo tras levantarse reiteradamente contra los aristócratas[6]

 

En este complejo marco sociopolítico nos encontramos a Solón, uno de los principales reformadores atenienses.  Con sus diferentes reformas (año 594 a.C.), el pueblo empezó a acceder a la propiedad de la tierra, adquiriendo a la vez sus primeros derechos políticos[7]. Solón también dividió a los ciudadanos en cuatro grupos diferentes basándose en sus rentas y propiedades. Además, canceló numerosas deudas de los sectores más desfavorecidos de Atenas, lo que trajo una disminución de la presión fiscal y judicial que permitió abolir la esclavitud por deudas. De esta forma, y a partir de entonces, surgió en Atenas una conciencia ciudadana, fortaleciendo el estatus de la polis frente a las anteriores agrupaciones de eupátridas, base del régimen aristocrático del pasado.

 

Solón también intentó evitar que volviesen a existir tiranías en la ciudad, por lo que decidió dividir el poder entre varios órganos políticos donde pudiesen participar los ciudadanos. Desde entonces, el principal criterio para ser elegido miembro del gobierno de la ciudad fue la riqueza y no el origen familiar, aunque Solón también intentó integrar a los miembros de las clases inferiores. Esta reforma hizo que las magistraturas de la polis tuviesen que dar cuenta de su gestión a la Asamblea de los ciudadanos (ekklesia), quienes además participaban plenamente de esta institución. Asimismo, quedó establecido el Consejo o boulé, una restringida agrupación de cuatrocientos hombres (cien de cada grupo censitario) y el Areópago, que funcionaba como tribunal y que reunía a los principales aristócratas atenienses[8]. Solón también otorgó a los atenienses varones y mayores de veinte años la plena ciudadanía, sentando una de las bases para el establecimiento de la futura democracia aun cuando aun no podría considerarse como tal. Ello se debe a que Solón seguía defendiendo un sistema político de carácter oligárquico basado en la eunomía, esto es, la buena ordenación, manteniendo las clásicas nociones aristocráticas de mérito, riqueza y justicia[9]. Con todo, podemos ver en Solón a un reformador muy avanzado a su tiempo que esbozó diversos de los elementos que hoy consideramos esenciales de todo sistema político: la división del poder y los mecanismos de fiscalización del mismo.

 

Tras el gobierno de Solón, Atenas sufrió un período de anarquía y otro de tiranía, bajo el dominio de Pisístrato y su familia, aunque éstos fueron derrotados tras producirse una alianza entre la familia de los Alcmeónidas y los habitantes de Delfos y Esparta. Finamente fue el aristócrata Clístenes quien consiguió hacerse con el poder, puesto que contaba con el apoyo de una gran parte de la población ateniense. Clístenes continuó el camino empezado por Solón, otorgando nuevos derechos políticos al pueblo. Asimismo, sustituyó (de una manera bastante artificial) las cuatro tribus antiguas de Atenas por otras diez nuevas, basadas en el lugar de residencia y no sólo en el de nacimiento[10], que se convirtieron en las nuevas circunscripciones electorales. Con esta nueva división, eliminó todos los privilegios de nacimiento existentes anteriormente y permitió que el nuevo Consejo de los Quinientos encontrase en estas tribus sus miembros[11]. Clístenes consiguió involucrar a todo el Ática (Atenas y su territorio) en la toma de decisiones, participando activamente en la política a través del Consejo de los Quinientos, la Asamblea y los tribunales de justicia, además de debilitar los vínculos entre la población rural y parte de la aristocracia[12]. Esta nueva situación fue denominada como isegoría (igualdad de palabra) ya que el término “democracia” tenía en estos momentos un sentido peyorativo asociados al gobierno de los campesinos o demoi.

 

Destaca también otra interesante medida introducida por Clístenes: el ostracismo[13], consistente en la expulsión y exilio de la ciudad durante diez años de un líder político considerado como impopular. La finalidad del ostracismo era evitar que las rivalidades entre los distintos líderes llevasen a un conflicto que pusiese en peligro la estabilidad de la ciudad, además de evitar que acaparasen demasiado poder[14].

 

 

 Figuras 1 y 2. Fragmentos de ostraka con nombres de políticos exiliados. Museo del Ágora de Atenas. Fotografías de la autora.

 

Las medidas de Solón y de Clístenes no fueron tan democráticas como las que se realizaron en un periodo posterior, pero si constituyeron una buena base para desarrollar este nuevo régimen político. El establecimiento del Consejo de los Quinientos, con su carácter rotatorio y sus estrictas restricciones para permitir la reelección de sus miembros, permitió precisamente que se extendiese la participación política por el Ática, sentando las bases de la democracia del siglo de Pericles. Estas reformas contribuyeron a reducir de forma notable los privilegios de una minoría de ciudadanos, aun cuando no fueran suficientes para contentar al resto del pueblo que comenzó a reivindicar cambios más profundos que condicionarían el desarrollo de la democracia ateniense, al centrarse, no solo en la igualdad formal ante la ley, sino a transformar las relaciones de poder social y económico de una forma más equilibrada.

 

Las Guerras Médicas (490-479 a.C.) –que enfrentaron victoriosamente a diversas ciudades griegas contra el imperio persa- supusieron una breve etapa de calma el desarrollo de la democracia ateniense. Tras su victoria en este conflicto bélico, Atenas pasó a convertirse en una potencia de carácter imperial, encabezando la Liga de Delos[15]. De manera bastante paradójica, el establecimiento del imperio ateniense coincidió con una actitud marcadamente anti-imperialista por parte de los ciudadanos de la polis. Ello se debe a que los griegos odiaban el imperialismo de otros pueblos (como los persas, por ejemplo) por lo que no aspiraban a gobernar territorios diferentes a los de sus propias ciudades. Y a la vez que mantenían este dualismo, el desarrollo del imperialismo ateniense dio un nuevo impulso a la democracia. Pasar de ser una potencia terrestre a convertirse a una potencia marítima provocó que se comenzasen a reclutar a los hoplitas -término con el que se designa al guerrero de la Grecia clásica, una especie de lancero pesado- para el ejército terrestre dentro de los ciudadanos de la clase media pero que también se llamase a filas a los más pobres para ingresar en las filas de remeros de los trirremes -las naves de guerra del mundo antiguo. A la vez, Atenas debía encargarse de la tarea de administrar la Liga de Delos y su propio imperio, por lo que las tareas del Consejo, de la Asamblea y de los tribunales se hicieron más complejas. Esta situación dio lugar a las reformas de Efialtes en el año 460 a.C., que transferían los poderes del Areópago a los anteriores organismos citados, cuyo número aumentó.

 

Todas estas medidas permitieron que la sociedad ateniense alcanzase una estructura más democrática que la de cualquier otra ciudad en el mundo antiguo. Consiguió obtener este sistema político gracias a dos factores, uno de los cuales aún no hemos mencionado. El primero de ellos fue la esclavitud, que permitió liberar de trabajos manuales a muchos ciudadanos, dejándoles tiempo para dedicarse a otros oficios y, por supuesto, la política. El segundo es el establecimiento del imperio ateniense, que permitía que los ciudadanos centrasen sus esfuerzos en colaborar política y militarmente con los organismos de la polis[16]. Fue también este ambiente el que propiciaría las reformas que realizaría Pericles y que consolidarían el incipiente régimen democrático.

 

 

 

[1] Definición de la RAE: https://dle.rae.es/?id=C9NX1Wr

[2] ROCHE CÁRCEL, J.A. (2013) “La frágil construcción de la democracia en la Grecia Antigua”. Res Publica: Revista de Filosofía Política, número 30, pp. 18-19.

[3]ROCHE CÁRCEL, J.A. (2013) “La frágil construcción de la democracia en la Grecia Antigua”. Res Publica: Revista de Filosofía Política, número 30, p. 20.

[4]BRAVO, G. (2005) Historia del mundo antiguo. Una introducción crítica, Alianza Editorial, p. 231.

[5]ROCHE CÁRCEL, J.A. (2013) “La frágil construcción de la democracia en la Grecia Antigua”. Res Publica: Revista de Filosofía Política, número 30, p. 23-24.

[6]ÁLVAREZ GARCÍA, H. (2009) “Las instituciones políticas de la democracia ateniense”. Revista de Derecho UNED, número 4, p. 13.

[7] ÁLVAREZ GARCÍA, H. (2009) “Las instituciones políticas de la democracia ateniense”. Revista de Derecho UNED, número 4, p. 13.

[8] BARCELÓ, P. y HERNÁNDEZ DE LA FUENTE, D. (2015) “Breve historia política de la Grecia Clásica”. Guillermo Escolar Editor, pp. 11-12.

[9]ROCHE CÁRCEL, J.A. (2013) “La frágil construcción de la democracia en la Grecia Antigua”. Res Publica: Revista de Filosofía Política, número 30, p. 24.

[10]ROCHE CÁRCEL, J.A. (2013) “La frágil construcción de la democracia en la Grecia Antigua”. Res Publica: Revista de Filosofía Política, número 30, p. 24-25.

[11]ÁLVAREZ GARCÍA, H. (2009) “Las instituciones políticas de la democracia ateniense”. Revista de Derecho UNED, número 4, p. 13.

[12]BARCELÓ, P. y HERNÁNDEZ DE LA FUENTE, D. (2015) “Breve historia política de la Grecia Clásica”. Guillermo Escolar Editor, pp. 14-15.

[13] El término ostracismo deriva de los fragmentos de cerámica u ostraka donde se escribían los nombres de aquellos a quienes se deseaba expulsar.

[14]BARCELÓ, P. y HERNÁNDEZ DE LA FUENTE, D. (2015) “Breve historia política de la Grecia Clásica”. Guillermo Escolar Editor, p. 16.

[15] La Liga de Delos era una asociación de carácter político-militar en la que se encontraban las ciudades-estado del Ática, de las islas del mar Egeo y de la costa de Asia Menor, con el objetivo de defenderse de posibles ataques de los persas.

[16] PLÁCIDO, D. (1989) “La Pentecontecia”. Historia del Mundo Antiguo, tomo 24, p. 55.

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