La apuesta de Pascal

Kay @kaysha

 

A la hora de discutir la racionalidad del teísmo es habitual recurrir a toda clase de complejos argumentos metafísicos sobre la causa última del universo, el sentido de la vida, o el fundamento de la moralidad. Razonamientos destinados a sugerir que la creencia en un ser sobrenatural es, no una cuestión de fe, sino una exigencia lógica.

 

Supongamos, sin embargo, que hubiéramos revisado con detenimiento todos estos argumentos y encontráramos que ninguno fuera realmente convincente. Que lo que aparecía como un sólido silogismo, escondería una o varias falacias sutiles pero innegables. ¿Habría entonces lugar para un teísmo racional? A mediados del s. XVII el francés Blaise Pascal propondría la siguiente reflexión: caben cuatro sencillas posibilidades en relación a Dios y nuestro pensamiento:

 

Si el ateo acierta y Dios no existe, entonces su incredulidad le reportará algunos beneficios con respecto al devoto creyente: tendrá los domingos por la mañana libres, no tendrá que ayunar en cuaresma… Ahora bien, si se equivoca, lo que le espera son las llamas del infierno, en contraposición al paraíso que aguarda a su oponente. Luego –pregunta Pascal- en vistas a que no podemos estar seguros, ¿no sería mucho más prudente creer en Dios? Esto es, dado el valor esperable para cada una de esas opciones, ¿no sería infinitamente más racional apostar por Dios? Sí, sin duda, quizás la probabilidad de que exista Dios es muy baja. Pero, sea cual sea esa posibilidad, como el coste esperable de errar es tan sumamente alto –propiamente infinito- solo un loco se atrevería a no hacerlo; no apostar en su favor es del todo irracional.

 

La primera objeción que este planteamiento recibiría tendría que ver con la imposibilidad de creer en algo por razones puramente pragmáticas. Por ejemplo, por mucho que alguien nos ofreciera 1000€ para creer que el cielo es verde, seríamos incapaces de hacerlo; por mucho que lo intentáramos seríamos incapaces de pensar honestamente que el firmamento sobre nuestra cabezas se asemeja a la hierba bajo nuestros pies[1].

 

Consciente de ello Pascal respondía diciendo que la conversión debería ser un proceso gradual de autosugestión. El primer día que nos forzáramos a ir a la Iglesia, a leer teología, y a rezar  puede que nos parecieran ridículo, pero que, poco a poco, el sentimiento religioso iría calando en nosotros. Que a fuerza de repetirnos esta “mentira” nos la acabaríamos creyendo hasta desarrollar una fe genuina y sincera con la que asegurarnos prudentemente un lugar a la derecha del Señor.  

 

Un siglo más tarde Diderot propuso aún otra objeción, esta vez más dura: ¿cómo saber a qué dios debemos apostar? Esto es, ¿y si por poner nuestro corazón del lado de Jesús no solo ocupamos en vano las mañanas de los domingos sino que, además, nos ganamos la ira de Alah? Ciertamente no parece que pueda haber una salida a esta objeción. Con todo, los pascalianos destacan que aunque el argumento anterior no sirva para decidir entre diversas religiones, lo cierto es que el mismo nos abocaría al teísmo haciendo del mismo una postura enteramente racional [2].  

 

Ahora bien, ¿es así realmente? ¿Qué razones –lógicas o pragmáticas- tengo para creer que si existe un dios, le importan cosas tales como qué piense o deje de pensar? ¿Por qué no suponer, por ejemplo, que existe un dios que hierve en su caldero a todos aquellos que se aparten de la evidencia existente y apuesten por creer en aquello más conveniente? (Nicholl 1978) (Mackie 1982) Al fin y al cabo, a nadie le gusta que le amen solo por conveniencia, ¿porque dios debería ser distinto? Es más, podríamos incluso confeccionar una tabla como la anterior en la que añadir posibles deidades caracterizadas todas ellas por castigar immisericordiosamente a todos aquellos que osaran creer en las mismas.

 

En conclusión, aun cuando aceptáramos la teoría de juegos implícita en estas disquisiciones –que no estaría carente de objeciones- e incluso si diéramos por bueno el enfoque pragmático como regla para la conducción de nuestra vida, no parece que la apuesta de Pascal nos aboque al teísmo en ninguna de sus vertientes.

 

[1] Ejemplo extraído de https://www.iep.utm.edu/pasc-wag/

[2] Véase https://plato.stanford.edu/entries/pascal-wager/
 

-Nicholl, Larimore (1978) "Pascal’s Wager: The bet is off", Philosophy & Phenomenological Research 39:274-80.

-Mackie, J.L. (1982) The Miracle of Theism, Oxford, pp. 200-03.
 

 

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